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viernes, 18 de marzo de 2011

anguila sur-realista

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entre mayor y pulgar izquierdos, circularmente
lo que me quedó de la sangre de tu boca
hasta gastar cada dedo
-
/grafito infame, 6;61/
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no es un teléfono lo que cuelga en mi mano y sangra

este relámpago que con sus últimos coletazos

se despide del desayuno tunecino



arpas y flautas tal vez

pero no

un teléfono



arenas que un tiempo remoto

ha escondido entre mis cuadernos

y de noche regurgita en mi garganta

procelosos procesos de mar en vela, en vena

un virtuosismo oscurantista del que corro sin poder alejarme



después hay ojos

sí, pero no

un teléfono



aspas y astas indagando la raíz del viento

en eterna búsqueda de sones

desperdigados



no es un teléfono lo que corre por mis venas y clama

esa porción de magia extirpada de la espalda

allá lejos y hace tiempo: ida





ni suena ni sueña, sino que una picazón empuja mis uñas

al sino ardiente, volátil desesperadamente

uñas para dedos para cosas inasibles



ni saña ni señas del esqueleto acróbata

el vapor umbroso de cerámicas

crepitando al fuego



no es un teléfono aunque tenga números

o la cifra remota de la zafra

quizá a destiempos



un murmullo lejos rebotando en lajas

que lo multiplican y lo desflecan

hasta hacerlo incomprensible



coletazos de anguila tunecina

fría, sorprendida en vilo

hambre del número



y cuando se para y boquea

acalla aquieta arma

su propio museo

tunecino



quietud de aire, foto descuajeringada

sangre un poco en la boca:



hola...?

,

,

,

002

domingo, 13 de febrero de 2011

mapa

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los zumbidos del final de la última ciudad de entonces
los sorprendió solos a plena luz del día
fatalmente ensimismados
/grafito infame, 8:65/

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nadie es capaz de oír nuestra historia

o leer en la árida superficie

/imaginada a cincel/

verdades últimas



cuidábamos más el fuego

en horas del zonda

porque habíamos adivinado que con todas las cenizas

rugientes rezagos de domingo

íbamos a quedarnos para siempre en la blancura de los muros



empezamos por el piso

sin pensar que un día la quiniela del destino

nos había dejado palpar entrevisión de latidos en el útero mismo del laberinto



mientras tanto lo abrigábamos

y no creo que nunca nadie haya hecho tal flama

frenético satán en algún sitio gobernado por imperios de deseo



mosaico a mosaico

mínimas erupciones fueron empapelando

esta próspera petrificación que por entonces ignorábamos





ahora funciona el frutal fracaso que nos latía mármol en las venas

y poco a poco ha mutado al ópalo de hoy

rodeados de árboles y calles



y a toda hora se sientan en los bancos sin mirarnos

salvo fotos postales o algún niño boquiabierto

que se ríe de cómo nos dejan las palomas



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domingo, 26 de diciembre de 2010

Lucas, sus sonetos (*)

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(*) Transcripto de "Cuentos Completos / 3", Julio Cortázar (Punto de Lectura, Argentina, 2008) porque tenemos unos días para dedicar a la mismísima nada. Hay Crítica-Teoría Poética, intertextualidad, traducción, reescritura, notas, recreaciones de formatos aparentemente fijos e infranqueables, lúdica. En fin, más fresco que un jugo de naranjas recién exprimidas para duchar el cerebro en este crudísimo verano. Arrivederci!

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      Con la misma henchida satisfacción de una gallina, de tanto en tanto Lucas pone un soneto. Nadie se extrañe: huevo y soneto se parecen por lo riguroso, lo acabado, lo terso, lo frágilmente duro. Efímeros, incalculables, el tiempo y algo como la fatalidad los reiteran, idénticos y monótonos y perfectos.

      Así, a lo muy largo de su vida Lucas ha puesto algunas docenas de sonetos, todos excelentes y algunos decididamente geniales. Aunque el rigor y lo cerrado de la forma no dejan mayor espacio para la innovación, su estro (en primera y también en segunda acepción) ha tratado de verter vino nuevo en odre viejo, apurando las aliteraciones y los ritmos, sin hablar de esa vieja maniática, la rima, a la cual le ha hecho hacer cosas tan extenuantes como aparear a Drácula con mácula. Pero hace ya tiempo que Lucas se cansó de operar internamente en el soneto y decidió enriquecerlo en su estructura misma, cosa aparentemente demencial dada la inflexibilidad quitinosa de este cangrejo de catorce patas.

      Así nació el Zipper Sonnet, título que revela culpable indulgencia hacia las infiltraciones anglosajonas en nuestra literatura, pero que Lucas esgrimió después de considerar que el término "cierre relámpago" era penetrantemente estúpido, y que "cierre de cremallera" no mejoraba la situación. El lector habrá comprendido que este soneto puede y debe leerse como quien sube y baja un "zipper", lo que ya está bien, pero que además la lectura de abajo arriba no da precisamente




                                                                       139



lo mismo que la de arriba abajo, resultado más bien obvio como intención, pero difícil como escritura.

      A Lucas lo asombra un poco que cualquiera de las dos lecturas den (o en todo caso le den) una impresión de naturalidad, de por supuesto, de pero claro, de elementary my dear Watson, cuando para decir la verdad la fabricación del soneto le llevó un tiempo loco. Como causalidad y temporalidad son omnímodas en cualquier discurso apenas se quiere comunicar un significado complejo, digamos el contenido de un cuarteto, su lectura patas arriba pierde toda coherencia aunque cree imágenes o relaciones nuevas, ya que fallan los nexos sintácticos y los pasajes que la lógica del discurso exige incluso en las asociaciones más ilógicas. Para lograr puentes y pasajes fue preciso que la inspiración funcionara de manera pendular, dejando ir y venir el desarrollo del poema a razón de dos o a lo más tres versos, probándolos apenas salidos de la pluma (Lucas pone sonetos con pluma, otra semejanza con la gallina) para ver si después de haber bajado la escalera se podía subirla sin tropezones nefandos. El hic es que catorce peldaños son muchos peldaños, y este Zipper Sonnet tiene en todo caso el mérito de una perseverancia maniática, cien veces rota por palabrotas y desalientos y bollos de papel al canasto pluf.

      Pero al final, hosanna, helo aquí al Zipper Sonnet que sólo espera del lector, aparte de la admiración, que establezca mental y respiratoriamente la puntuación, ya que si ésta figurara con sus signos no habría modo de pasar los peldaños sin tropezar feo.



                                               ZIPPER SONNET

                                   de arriba abajo o bien de abajo arriba
                                   este camino lleva hacia sí mismo
                                   simulacro de cima ante el abismo
                                   árbol que se levanta o de derriba



                                                               140



                                   quien en la alterna imagen lo conciba
                                   será el poeta de este paroxismo
                                   en un amanecer de cataclismo
                                   náufrago que a la arena al fin arriba

                                   vanamente eludiendo su reflejo
                                   antagonista de la simetría
                                   para llegar hasta el dorado gajo
            
                                   visionario amarrándose a un espejo
                                   obstinado hacedor de la poesía
                                   de abajo arriba o bien de arriba abajo


      ¿Verdad que funciona? ¿Verdad que es -que son- bello(s)?

       Preguntas de esta índole hacíase Lucas trepando y descolgándose a y de los catorce versos resbalantes y metamorfoseantes, cuando hete aquí que apenas había terminado de esponjarse satisfecho como toda gallina que ha puesto su huevo tras meritorio empujón retropulsor, desembarcó procedente de Sâo Paulo su amigo el poeta Haroldo de Campos, a quien toda combinatoria semántica exalta a niveles tumultuosos, razón por la cual pocos días después Lucas vio con maravillada estupefacción su soneto vertido al portugués y considerablemente mejorado como podrá verificarse a continuación:


                                ZIPPER SONNET


                          de cima abaixo ou jà de baixo acima
                          este caminho é o mesmo em seu tropismo
                          simulacro de cimo frente o abismo
                          árvore que ora alteia ora declina

                          quem na dupla figura assim o imprima
                          será o poeta deste paroxismo
                         


           
                                                    141




                           num desanoitecer de cataclismo
                           náufrago que na areia ao fim reclina

                           iludido a eludir o seu reflexo
                           contraventor da própria simetria
                           ao ramo de ouro erguendo o alterno braço

                           visionário a que o espelho empresta um nexo
                           refator contumaz desta poesia
                           de baixo acima o já de cima abaixo


"Como verás", le escribía Haroldo, "no es verdaderamente una versión: más bien una "contraversión" muy llena de licencias. Como no pude obtener una rima consonante adecuada para acima (arriba), cambié la convención legalista del soneto y establecí una rima asonante, reforzada por la casi homofonía de los sonidos nasales m y n (aciMA y decliNA). Para justificarme (prepararme un alibi) repetí el procedimiento infractor en los puntos correpondientes de la segunda estrofa (escamoteo vicioso, trastocado por una seudosimetría también perversa)".

      A esta altura de la carta Lucas empezó a decirse que sus fatigas zipperianas eran poca cosa frente a las de quien se había impuesto la tarea de rehacer lusitanamente una escalera de peldaños castellanos. Trujamán veterano, estaba en condiciones de valorar el montaje operado por Haroldo; un bello juego poético inicial se potenciaba y ahora, cosa igualmente bella, Lucas podía saborear su soneto sin la inevitable derogación que significa ser el autor y tender por lo tanto e insensatamente a la modestia y a la autocrítica. Nunca se le hubiera ocurrido publicar su soneto con notas, pero en cambio le encantó reproducir las de Haroldo, que de alguna manera parafraseaban sus propias dificultades a la hora de escribirlo. "En los tercetos", continuaba Haroldo, "dejo firmada (confesada y atestiguada) mi infelix culpa dragománica (N.B.: dragomaníaca).


                                                                       142


El "antagonista" de tu soneto es ahora explícitamente un "contraventor", el "obstinado hacedor de la poesía", un re-fator contumaz (sin pérdida de la connotación forense...) desta poesía (de este poema, del Zipper Sonnet). Última signatura del échec impuni: braço (brazo) rimando imperfectamente con abaixo (abajo) en los versos terminales de los dos tercetos. Hay también un adjetivo "migratorio": alterna, que salta del primer verso de tu segunda estrofa ("alterna imagen") para insinuarse en el último de mi terceto segundo, "alterno braço" (¿el gesto del traductor como otredad irredenta y duplicidad irrisoria?)".

      En el balance final de este sutil trabajo de Aracné, agregaba Haroldo: "la métrica, la autonomía de los sintagmas, la zip-lectura al revés, sin embargo, quedaron a salvo sobre las ruinas del vencido (aunque no convencido) traditraduttore; quien así, "derridianamente", por no poder sobrepasarlas, difiere sus diferencias (différences)...".

      También Lucas había diferido sus diferencias, porque si un soneto es de por sí una relojería que sólo excepcionalmente alcanza a dar la hora justa de la poesía, un zipper sonnet reclama por un lado el decurso temporal corriente y por otro la cuenta al revés, que lanzarán respectivamente una botella al mar y un cohete al espacio. Ahora, con la biopsia operada por Haroldo de Campos en su carta, podría tenerse una idea de la máquina; ahora se podía publicar el doble zipper  argentino-brasileño sin irrumpir en la pedantería. Animado, optimista, mishkinianamente idiota como siempre, Lucas empezó a soñar con otro zipper sonnet cuya doble lectura fuera una contradicción recíproca y a la vez fundación de una tercera lectura posible. A lo mejor alcanzará a escribirlo; por ahora el balance es una lluvia de bollos de papel, vasos vacíos y ceniceros llenos. Pero de cosas así se alimenta la poesía, y en una de ésas quién te dice, o le dice a un tercero que recogerá esa esperanza para una vez más colmar, calmar a Violante.




                                                            143


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domingo, 14 de noviembre de 2010

Ok7u8r3/7

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descascarar el verdor acorde, bautismal
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caléndulas de las tripas de marzo paren crías borravinas, la princesa esconde la cara entre las sábanas de lino y es marzo

es marzo

marzo y la princesa, octópodo de octubre atando su cresta al ombligo de marzo

es marzo y la princesa acaba de dorarse bajo dos soles negros que la paren mientras pare

es el final, la vuelta de página, un principio nuevo de lo mismo viejo, el otro lado, el extremo opuesto del hilo que deja bailando su carretel en el tablero de mosaicos blancos y negros cuando la noche ha gastado más de la cuenta sus arenas

algo como un vivo cable de carne entregando sus rubores al marzo recién nacido de golpe en las fogatas de octubre

esta pulsión intrínseca que ni siquiera late adrede, desde la médula a los labios aceitando electricidades
es marzo

un cangrejo ovando en el camino de hormigas del mañana subterráneo, la locura de piel suave que sueña su pasado como si futuros propios la enajenaran, madre octópoda de octubre amamantando su furor, lavando los piececitos débiles contra el vientre de marzo, encuadrado con piedras del parque en blanco y negro

es marzo y algo se despierta extrapolado en las concavidades moradas de la hija de marzo

un tableteo triste de cuerdas guerreras, marzo musical sediento, desierto, falto de maná, salitrosidades, sedición de marzo que estalla en octubre
caléndulas preñadas de las sábanas de lino: este marzo de princesa entre las piedras, altar orejano, un octubre no deseado que sin embargo...


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viernes, 22 de octubre de 2010

/IX/

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carmines sin cara donde demarcar curva alguna





carbones y karmas





carascariciasypelo





algún mechón oliente



bostezos de hierba cuando parir tréboles

al verte



versiones aéreas de voces verdes



claro que los ojos pasan

y se quedan



claro que las marcas se alinean como la cuenta de días

de los presos



pero



después de todo



nadie nada en las aguas intrépidas

ningún alguien trepa la montaña semilla

mientras los brotes duermen



nadar en la nada



nevar nubes descalzas en las esquinas

de tu espasmo

de mañana



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domingo, 19 de septiembre de 2010

Payanga(") de Agosto

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(") Payanca, payanga o payana: juego infantil que consiste en hacer una serie de pruebas de habilidad manipulando con una sóla mano cinco piedras chinas o guijarros.

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Agosto tiró de las solapas y se llevó a las abejas que zumbaban sus insidias en las venas del vidrio para acá; se las llevó al otro lado del trópico, donde quizá mejores panales las esperen para otras alquimias de heredades más dignas que este prender y apagar prender y apagar prender y apagar prender y apagar y así, la luz cansada, para jugar arabescos de silencio y olor a pelo con el réquiem de tu sombra, que un rato delirante le hace escucharle a tu sombra verdadera encer/r/ada en la penumbra, e intenta tomar nota como puede, dentro de ese derretimiento de carretillas con manos mojadas.



Agosto cierra su morral, calla detalles y mira a lo lejos mientras empieza a caminar con su ritmo de peregrino eterno. Aprieta un poco los dientes como para sosegar lo que silencia y se decide a seguir viaje sin mirar atrás, pero a la vez con los ojos llenos de atrás. Lleva los pies hinchados de vendas, pinchados por el almanaque, la albahaca y los alcornoques, llenos de polvo de facundia y aullidos lobeznos que habrán dejado su marca /quizá, alguna vez/ en el reverso de los párpados y también de las venas estas azules.



Agosto y sus ramas, agosto y las letras recicladas de una futura marcha fúnebre que por ahora viborita lánguida para muslos y hule, donde huele todo bien. Agosto y agujas, mojones de una acupuntura invisible, que sin embargo…agosto y guijarros para la payanca: la del uno viene hecha justito apenas antes de decirse hola; la del dos con los ojos cerrados, como en los besos cardúmenes de malva, esos herbolarios tortuosos que mejor viveros de mandubés o de carpas; la del tres también, cómo no: pesquisa tenue, torpe, torpedos tentáculos enredados en los vestíbulos de pisos de parqué, pero mejor la del cuatro, a tientas oliendo mientras el hálito de las flores no nacidas todavía y sus semillas de cebolla, laten heredades de plenilunios a la sombra del perfil fenicio…



Antes de la del cinco un recreíto de inundaciones lacerantes que magullen un poco, como para recordar que anduvieron los hormigueros y los nidos, los esófagos y las falanges, los dedos y los dados, los brazos y los vasos con el bazo lleno de humo de tántalo y tarántulas, esas pilosidades para dolores vagos y a veces demasiado malos. Algún sopapo estilo satén o terciopelo, y tu sonrisa pijuda(*) lloviendo mares y mares y mares de mareas mareadas de nácar y alcanfor, apenasmente(-) saladitos pero no tanto, lo justo nomás como para que la lengua descanse de la abeja reina y se vuelva un poco zángana o no tan reptil, ofidio sinuoso y ojo rojo… descansar un poco de fagocitar centurias mientras el túnel de juncos se ensaya a sí mismo como una marisma de pañuelos y sábanas intactas, esas sabanas que las empresas forestales se relamen por talar, hasta de raíz respirar y que lo celeste reverdezca y alverre, ya medio mareado Agosto porque las lingas y las motosierras hacen parar los pelitos de la nuca y del antepecho de sus balcones que sin push up aletargan a más de una plástica planta de adorno que te mira de soslayo como diciendo pero querida qué máquina ruuum ruuummm



(*) ver diccionario please
(-) y los caballos sin zancos aturden al peregrino que llega tarde, aún para los premios, y le toca la cara más fulera de la cuadra, pobrecito


Pero Agosto no, Agosto se queda callado aunque le sea una incontenible, incontinente tortura china multiplicada varias veces por su misma masa logarítmica no mirar. Respira hondo, se tira al suelo y siente en la espalda el buen recibimiento de la f/l/oresta(&) y sus huéspedes, los bichitos hacendosos que planean nuevas rutas y planean bajo, desagradecidamente por parte de Agosto que se concentra en olvidarse de los dientes jugosos de balcones, que se aplica a la tarea

(&) de los yuyos, de la flor esta, de los futuros árboles cuyas semillas lo miran desde abajo reposar sus lunares un buen rato, oliendo a ellos casi

/para no saltar y atacar y matar y nacer y perder ganando, todo al mismo tiempo/



de llenarse los ojos de celeste y la espalda de verde, vuelto una extraña paleta de colores con el torso torvo, mucha cabeza para los hombros, chupetín de bleque y pelota de pelos, sin saber ya si se va a levantar muerto, Hulk o cenicienta del pecho de la abeja, que mientras tanto acumula cajones cling cling cling como hacían los kiwis contra la puerta imperdonable y las vacas se daban vuelta a mirar tanto intercambio comercial que les hicieron saltar los guantes y tener accesos de fiebre famosa hace unos años



Agosto Anguloso y Crescencia Indrémora tomando Baileys o absenta durante los paréntesis de la saña soñada y de la guerra ceñuda desorbitada, despaciosa, el humo manda mensajes que los gusanos entienden y no contestan, el humo huele a hola de nuevo, en los mientras se va el cling cling, vuelve la máquina al ruummm ruuummm y Agosto decide que es hora de cambiar los guijarros por piedritas chinas para retomar la payanga y hacer la del seis, porque la del cinco fue uno en cuatro sin vacas mironas pero mas kiwis, las verdulerías llenaban bolsas de consorcio para el comedor del barrio, las destilerías se esconden junto a toda la sapiencia, que duerme en la iglesia, y a la hora de la siesta no queda ningún negocio abierto /así son los pueblos/ mientras Agosto se prepara otra vez y suelta las ojotas por los aires, qué tanto gregré querida, afiná la motosierra que hay que despachar un equipo de mandrágoras a la frontera y otro de abedules para Socorro, la hermana no tanto tampoco que viene a hacer los pedidos domingos y feriados, siempre ella. A barrenar las barreras del oporto sin oprobio, a salpicar cada senda con viruta. Agosto atesta su morral de aserrín, pero para eso hubo de vaciarlo antes sobre el balcón carnal/oso y esperar el turno de otra ficha para seguir fabricando alces y muñecos de trapo, que invariablemente terminaban pegajosos no de miel ni de linimento, sino de algo superior, de agostidades intrínsecas oliendo mucho mejor que con una buena ducha matinal y desayuno.



Las capas se despegan, se despliegan imantando el aire con su fragancia, y nunca terminan de surgir, ni dejan de/2/-volverse anémonas que cambian de color a medida que los ojos desfilan por cada vereda de sus ventanas, de los cajones de su melaza.



Agosto a cuatro manos ya por la del siete en la payanca silente pero no muda, habilidades de mimo mimoso mimetizado con las crestas del pastizal imperdonable, queriendo encontrar petróleo además de miel. Cada tanto le falta aire, la reina no perdona las caronas y él, que ensilla y estriba y agosta angosto antes que los relinchos despierten a las vacas que siguen masticando lo mismo que ayer. Esto lo hace detenerse a pensar en qué pensarán tanto las vagas vacas, además de en engordar ollas y carpas o adornos, esos ojos no dicen nada señorita, vuélvase a poner su guante mientras seguimos topando esta tundra a mano alzada, sin calzado adecuado ni ropa de protección, que las astillan fecunden garabatos, agostitos y feriados por favor, dame un descanso, perdonáme aunque sea una, reina toposa del trópico rummm rummm, qué combustible para tu máquina que no hace humo pero suena.



Va la del ocho, especial apropiación de pose y pasos, nunca veleidades que lo dejen muchachearlo ni por asomo, ya es más difícil, los ojos cuestan, el aire pesa, las piernas tiemblan y el morral es una incomodidad innecesaria. Queda entonces de almohada para la reina que lo mira atontada por la improvisación de confort, o de escalón en las ancas, o al costado para oler el aserrín recién cortado, su espuma plumas, por favor. A la reina se le agranda la boca y ya los pastos les crecen por encima de las molleras, las vacas miran pero no ven, chau ojotas, manotazo de ahogado al morral, que no se pierda, no te pierdas, que se repitan toboganes sin túnicas esta vez.



Cuesta por las venas que aparecen en la frente, en el cogote, son coyotes comekiwis corraleras comemiel, angustia agostada y ganas de llover, pero ya la del nueve, si hubiera tribunas se harían ricos o venderían miel y cuero de vaca, famosa frutería autogestionada de barrio trasciende a nivel ultramarino, de lejos caen a buscar su postre generales en galenas, goleadores en goletas, cenicientas en cenizas y poetas en saetas cupidicarias al peor postor, nunca joya apenas taxi gratarola pa que se copen.



Vamos por las veredas

porque afuera…

vinimos sin carbón

y volvimos cocinados



Lentejuelas zarigüeyas espejismos tu esperanto

más hablado que la jerga de los ciegos

chorus:

no te espantes sólo dime la verdad

chan chán



Las gargantas no aguantan y se asoma la del diez, Agosto se para al borde de la del diez, la mira la huele; la reina se arroba en su robe de chambre punto com y se pregunta qué mi máquina, qué mi amor, dale que falta para llenar el camión y encima acaba de entrar un pedido de afrecho para Holanda, andan cortos. Sí sí, ya sé, pará. ¿Cómo pará? Sí, pará… cuál de todas las del diez querés: la de Sandro en el Madison nainchin sicstináin; la clásica de Creedence, la de Pink Floyd en vivo o la que yo me aprendí en mi barrio de chiquito?

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a esta altura del relato todo se ha ido al diablo
no hay secuencia posible
al narrador se le mueve el encuadre, pierde foco
y encima está oscureciendo en Acarolandia
todo el mundo a dormir que mañana hay que laburar!
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/228/

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fragor de saña estruja con jalea en tu mirada uno de sus más filosos artificios últimamente



las pupilas le quedan pegajosas, como a nosotros las yemas de los dedos

y las papilas a los gusanos de seda



la furia del amor ha durado tanto como un vaticinio y sus faldas arquean todavía algún

que otro tendón fatal, aquí , allá

a la deriva



la furia del amor ha durado tanto como un vaticinio y la muerte que rondaba definitivamente nos ha empapado sus crines espumantes lejos de las huellas que veníamos gritando a los cuatro vientos; el ocaso sopló ayes a las huellas, y el amanecer se cenó al ocaso antes de que el cenit nos desnudara para despedir a esta mañana naranja



la furia del amor había vaticinado todo lo que ha durado, ahora que las ventanas se quedan cortas de ojos para tanto llanto patas arriba



y nadie llora del otro lado de la ventana

o la noche nomás exhala sus aristas veteadas de jade e inmóvil juerga



quedan todavía los postigos ocres de las piernas brillando un poco sus temblores



el aire es el hilo de muñecos que nos emana, al mirar las pecas del cielo raso

que nos convida amagues de nuestras sombras hasta hace un rato, cuando dejabas que

cupieran mis semillas y te veía empequeñecerme hasta lo imposible



ningún daño más que rastros haciéndose memoria, detalles de las vainas lánguidas que somos para tormentas,



paramedicados,



paracaídas y pirañas,



pararrayos de poros, pulsera persa tu aliento

encima





cuando las llaves sonaron a felpa torpe de frutas mareadas que trasegaban elixires de

mañana

cuando sobraron migas para tácticas del camino propio



y los dedos fueron compases inaudibles inauditos inabarcables

en tus mapas pétreos de tesón y saña



y los dados dijeron su destinumérico de esta nochelo y sus adagios

en tus pomas postre de tazón y savia



decía entonces que el imperio pare sus cálices fértiles

sus vastas ciudades

sus castas concavidades

para que cuando el ecuador llegue a cinco, podamos percutir cada estertor eterno eternamente



y el amanecer despega del sol insaciable el fragor de la saña dos minutos antes

que suene el teléfono y me traiga de las pestañas a intentar armar este rompecabezas



esta renuente certeza que en alguna vida vieja bebimos nuestra sangre una noche de lujuria y fue pacto que nos hace encontrarnos cada vez que nos cruzamos en las vidas nuevas



una noche caliente entre las piedras

mientras renunciamos a que le crezca el pelo al tiempo



y volvemos a intentar armar rompecabezas



volvemos a intentar armar rompecabezas



intentar armar rompecabezas



armar rompecabezas



rompecabezas



rompe cabezas







juntos, ambos, los dos:



engranajes mínimos de la misma maquinaria cósmica



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mano abierta

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no me alcanza



/ni me importa/



la carnosa vacuidad

/sucesión/

de sal y cielo



la mortífera arquetípica

sin tierra

en los talones



ni las monedas de cobalto y sus vertientes



porque hay coronas y derrotas

               despiadadas todavía

         en las noches del morral


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domingo, 12 de septiembre de 2010

mepalea

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me dejo por la miel




/pausa/



y las esporas hacen lo suyo

en resabios de otoño

que persistían



/púa/



sutil secuela cuesta arriba

por aires cortos

vapor agreste



/paso/



aquí

en el barr/i/o

ante los agujerojos

detrás de las esquivoces

me dejo por la miel
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y casi piel guedejas

cabellera de caballerías

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sábado, 26 de junio de 2010

dracoedrus

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/XXII/
volvíamos de la noche lo peor posible, éramos la saña misma, aquél espolón de popa, amague de letargo esmirriado o mal venido después de la costa de piedras grises y demasiado grandes. fuerzas de exilio nos exorcizaban de algo que se moría tan cerca que daba temblor. habían pasado algunos meses ya desde la toma del romboide diestro... náda más penetrante que ese recuerdo de olor a sangre borrando cualquier asomo de hambre o de alegría. las moscas dibujaban fauces espeluznantes en lo que quedaba de cielo a horas del silencio. ni me miraba. oía su respiración traer llantos arduos. me dolía su estoicismo inútil, su gris eterno, esa tanta flema que parecía dejarlo intacto más allá, fuera de este delirio: más real que cualquier empirismo extremo que hayamos compartido ese tiempo. hacía de lo sagrado un trámite asqueroso; ignoraba la gloria que los trashumantes le rendían. juntaba sus cosas, las envolvía en un trapo y seguía adelante rodeado de silencio. yo atendía a los que llegaban para oírlo. juntaba peticiones, cartas, amuletos, los papeles, las piedras, la energía que le dejaban para ser filtrada en algún pedazo de algo que siempre era físico, y él iba a trocar por luz inexorablemente. sin darse cuenta. sin darle importancia... pero lo notable era que siempre volvíamos de la noche, por más imposible que pareciera nos recibía un paisaje diferente cada vez. entonces la luz nos caía dagas, nos abrasaba su haz mínimo. habíamos aprendido a mirar con el oído, a andar vendados para que la luz no lastimara...
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lunes, 10 de mayo de 2010

Las huellas de Upskalam

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La greda sin tiempo te ha estremecido, ha puesto su mano en tu hombro. Saber las cosas es latir en calma. Oler el aire y en las venas un arroyo manso. Mirar en silencio el croar del verde que prospera a la alta hora.




Hay un camino de hormigas, no lineal, sin hormigas. Son las huellas de Upskalam.



Hemos dormido tanto tiempo sin conciencia. Nos habíamos ido hace tanto. Por suerte en las hojas, en los animales, en cada elemento químico de la naturaleza habíamos dejado grabado el repertorio completo de sabiduría.



Es un susurro añoso y redondo, más tenue que lo tenue; huellas de Upskalam.



Imágenes prístinas o sensaciones de veracidad imposible de comprobar. Un idioma añejo. Símbolos puros hechos con retazos del dialecto inmortal. Corrientes de agua, humedad y formas, sonidos que palpitan más allá de duda alguna. Un trajín dulce, procesiones fértiles que percibimos descalzos por dentro, envueltos en lienzos del mismo color hacia la comarca única.



Una certera intangibilidad nos trae huellas de Upskalam.



Salta los abismos de la historia, nos devuelve lo extirpado y lo perdido de/en la memoria. Chispas puras avisan a la piel. Detrás de los párpados fulgura natura. Allí donde nada es tangible ni comprobable, pero no deja margen a la hesitación.



Es llave la marca, lengua impar, las huellas apenas de enorme Upskalam.

 
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sábado, 17 de abril de 2010

-----/Taurus Zen/-----

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aporte para http://literaturaenparana.blogspot.com/ foto temáticojocosa aportada por Graciela Chisty.

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Culpa de ella. Cada vez que nos vemos, pasa lo mismo. De un momento a otro se viene todo encima, sí o sí. Un poco se aprende a manejar el proceso con el tiempo, pero nada más que un poco, no del todo.

La conocí por mi hermana. Ella no habla de eso ni le importa, no me dice nada; a esta altura me mira y se sonríe nomás. Todo dicho. Ese brillo en sus dientes es un poco un apretón de manos; una tregua muda entre hermanos, un entendimiento que chispea en su dentadura un poco de coneja, como es toda ella, sobre todo porque siempre me trajo suerte. Creo que me puede estar devolviendo un favor sin darse cuenta, o al revés; o al revés por el lado de quién alcanza a darse cuenta, y de qué.

Decía que me la presentó ella una noche en lo de M., mientras sonaba Divididos bastante fuerte; arranqué con el pie izquierdo porque confundí su nombre. Se rió bastante. Bien!

M. es melómano y aparte fan de Divididos, o sea que también de Sumo y Las Pelotas, pero ya iban más de dos horas de Mollo y compañía sin parar. Sonaba “Ala delta”, /me acuerdo patente/ y ya la charla se había puesto interesante… pero con ese tema como que aterrizó digamos, o algo así. Yo no contaba las cervezas que pasaban por todos lados, ni los otros tragos. Llevaba la cuenta de las sonrisas y del atarse de miradas, una especie de danza, qué se yo…!

Cuestión que un estornudo, una sensación de globos oculares hinchados, /y no por mirar nada, eh?/ algo parecido a un dolor dulce creciendo en la zona baja de mi espalda. Hacía ruido al caminar, me sentía narigón y peludo… rarísimo!

El primer espejo que crucé, haciéndome el sota, decidió que ya estaba bien de tragos si no quería terminar la noche hecho suela… y eso que me las aguanto. Siempre fui el último en caer, aunque el primero con huelga de erres, con vocales empantanadas y risa exagerada, casi sin fundamentos. No, casi no: risas imposibles de justificar. Pero el del grupo que nunca ha perdido el control psicofísico, digamos, en nuestras reuniones de ese tipo.

De su lado todo parecía normal, fuera de algún brillo extra en su pelo, su cara y sus ojos, cómo no! …la voz tenuemente más musical y no animarme a mirarle los pies más que cada tanto, como quien no quiere la cosa, de pasada. Pero igual les digo: es su culpa, porque no me pasa con nadie más, che!

Ya van siete toreadas, con bandera roja y todo. Figurativamente la bandera, claro. Pero les estoy contando la primera. Vaya a saber cómo, a la altura de “El 38” ya ninguno de los dos parábamos de reírnos. El primer brindis cayó con “El burrito” y cuando empezó “El arriero” ya estábamos sentados en el rincón menos transitado del lugar. Pasamos en silencio casi todo “Tomando mate en La Paz”. Cuando sonó “Qué ves?”, aproveché la letra y le pregunté así, de sopetón. Ante su silencio risueño de miradas caídas, lloviznaron caricias y besos.

¡Qué lindo!

Cuento hasta ahí. Se han repetido los síntomas en distintas situaciones, siempre y solamente con ella, claro. Cambia el antes y el durante, pero el después evidencia que el durante cambia en parte nomás. El contexto nomás, no lo que pasa. Porque cada después que la veo, me quedan los oídos zumbando y el cuerpo lleno de algo que bien podrían ser escamas. Ella me dice que soy un toro. Por ahora no me animo a preguntar por qué...

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viernes, 29 de enero de 2010

albor




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este albor
itinerario incinerante
cuando cúpulas copulan
púas infinitesimales

un albor de árboles

sus tenues torrentes
laten ramas redondamente
que nos abrasan
....................z..

auscultar
fragmentar
diseccionar
cada verso para vos
y tenderlos en el aire

a fibra y olfato
segarnos sin saña
ni apuro
ni espera
ni demora
y desnudos de voces
palpitar lo verdadero

albores
desangrar
cada verso en vos
y tenderse al viento
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miércoles, 13 de enero de 2010

Blanco




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mirar de frente, llenarse,

respirar tan hondo que duela

y cerrar los ojos plenos

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tanto

voy

por

los

abismos

que me quedo

suspendido, mareado

pastosa la lengua de tu censo

piel tirante de venas, de vinos en vano

una borrachera de iconicidades sinusoidales me prestan

los brazos de una muerte segura lerda y breve tras los párpados

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hasta mañana

que no puedas dormir...

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igual que yo
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viernes, 8 de enero de 2010

Danza de las plumas de agua

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…todo era un poco así, y cada tanto algún ladrido de perro perdido a lo lejos en la noche serena. Ir caminando por un patio colonial desconocido pero familiar al mismo tiempo, asomarse al aljibe, y en lugar de un mirarse al espejo de agua mansa, ver las estrellas como un cardumen de diamantes inquietos arremolinarse parsimoniosos para irse cóncavos por un sumidero enorme, como haberse lavado la cara en una fuente al revés y negra. ¿Era agua o cielo? Lo mismo, parecía adrede; pero de un momento a otro creía ver más allá del agua. Donde hubo barro había ahora piedras coloridas con algo de cantarinas, no sabía bien por qué; y allá, bien abajo, algo que bien podía ser espesa sangre oscurecida por el torrente subyacente y multiplicado entre las napas. Entonces le pareció verla nadar en la napa contigua, alegre, única, dispuesta. Le sonrió apenas mientras se miraban y fue un diálogo atávico lleno de coincidencias y proximidades, de tibiezas y ternuras y entendimientos. Se dejó guiar de la mano y sin contacto a la vez, engrosar juntos el dócil caudal del paseo durante algún tiempo que pareció milenario; brotar de una bomba como cascada en miniatura; gotear del brocal fuera del cántaro empuñado por una niña de campo; vaporizarse y volar arriba con el calor dorado de la comarca; congelarse luego a la altura de las islas níveas diseminadas en lo celeste. Se dejó arrastrar por caricias ventosas que arrostraba alegre, con dulzura y pertinacia; se dejó llevar con ella, que se dejaba llevar por los sistemas naturales. Una noche llovieron en una acequia aledaña al pozo en que, sin saberlo, se había ido a mirar solo para verla y cederse juntos, juntos a los caprichos líquidos y telúricos de aquella melga del trigal, que en la caída (más un grato flotar) se veía como un diamante dorado sobre el que iba una flota interminable de fertilidad y olor a azufre, a tierra mojada, a cosecha de pan tibio y vida en familia. Fueron desgranados ambos en la molienda y también juntos entraron al horno. Se tostaron allí como al sol, pero sobre lenguas de maderos al rojo vivo que restallaban furiosos, y también eran un poco de agua, igual que ellos; luego livianas migas en picos ligeros y palpitantes hacia estridentes nidos de horquetas estratégicas; por último plumones que el viento empujó como testigos de esas noches de patios coloniales y aquel aljibe estival, todo casi siempre un poco así, y cada tanto algún ladrido de perro perdido a lo lejos en la noche serena...
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Límite de montaña

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El encargado vino a buscarme a la orden del plazo irrevocable. Como nunca me miró, no pude distinguir su rostro y aunque fuese previsible, me pareció lúgubre que vistiera de negro y ni siquiera se dignase a dirigirme la palabra. Es extraño saber desde el primero que éste día llegará y que al suceder, sorprenda.

Absorto por mi propio letargo no hubo tiempo para nada; la sorpresa de lo inesperado abarcó todo cuando su oscuridad me indicó seguirle. Mientras, pensaba que uno planea demasiado, concierta inciertas citas… nos vemos che… el mes próximo viajo a visitarte... listo, la semana que viene te llamo y arreglamos… y bajo la óptica de este instante esa actitud reviste una indiscutible indolencia o, como mínimo, extrema desconsideración para con nuestra propia finitud. Entonces, sabía lo que debía hacer sin que lo manifestase explícitamente, como si hubiera un código previo entre ambos.

Ignoro cómo fuimos de mi casa, de donde me buscó, a una bucólica loma húmeda donde amanecía. Subimos una colina de recuerdos de a ratos escarpada, a veces llana; el piso de la cuesta alternaba entre césped cual mullida alfombra, e incisivas piedras volcánicas que por poco no impedían avanzar. El descenso, en cambio, fue más parejo, más cómodo, con variados paisajes de amplios panoramas, como sospechaba.

Al ocaso, el fin del tránsito por esa montaña fue abrupto y súbito. La marcha toda cupo en un parpadeo y me devolvió a mi cuarto con una clara impresión de deja vù… y la casi seguridad de nunca haberlo abandonado. Al mismo tiempo, al margen de mi voluntad, estaban los rostros y la presencia de seres esenciales en mi camino, hasta ahora sin poder captar si en señal de recibimiento o despedida.

Y la sombra me enfrentó de lleno, mis manos tomaron mi cara, con el mismo gesto la arrancaron y se la dieron como si fuese un trapo sucio mal almidonado, una apócrifa careta carente ya de propósitos. Antes de ocupar este inerte vacío en el silencio, lo vi guardar sin cuidado entre sus ropas los harapos que otrora fuesen mis facciones, inaugurando la disgregación gradual de mi existencia, que se borrará del todo cuando el último que guarde memorias de mí, también deje para siempre esta montaña.
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V. M. M. (véme M)

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Miguel salió de casa como se había ido antes varias veces, hastiado, resuelto a no volver. Con el bolso al hombro hacia la comisaría, pensaba que los turnos de doce por veinticuatro le darían aire para razonar, pero en rigor solo eran una inconsciente sucesión de prórrogas, una refleja defensa interna contra las frecuentes amenazas de inminente soledad.

Llevaba seis años con Valeria. Los últimos meses habían sido ríspidos, como si se hubiesen mudado con ellos espectros asechantes que creían haber dejado atrás. Ella exigía dinero y atención entre otros ítems que él juzgaba bobadas de mujer e iban inflamando insidiosas mechas de violencia.

Antes, Miguel paliaba sus traumas hablando con Marcos, evitando ambos el analista. El consultorio era cualquier bar donde sirvieran el diván bien frío. Haber compartido años inocentes, la transición a ya no serlo, (cuando ambos se fijaron en Valeria -la Venus del barrio- y ella eligió a Miguel) e instrucción militar, les confería lealtad ciega. Pero eso había sido hacía mucho. Casi no se veían. El corte fue aquel operativo cuyo éxito hubiera promovido a Miguel a comisario, cuando halló un centro clandestino que conectaba drogas y prostitución a gran escala, e implicaba a un edil de esferas nacionales, quien, en apuros, obligó al jefe policial armar una cortina de humo a favor de su impunidad. Marcos fue martillo del inescrupuloso jefe, a sabiendas del perjuicio que obraría en Miguel. Aquel famoso escándalo catapultó a Marcos a una selecta elite de privilegios, dinero negro y carta blanca en la corrupta parafernalia, y a Miguel a una seccional de cuarta, con la insalvable cruz en su foja. Al tiempo supo, y nunca perdonó. Que Marcos ostentara su intocable status no evitó que le bajara un diente y estampara una notable cicatriz nasal, saldando la traición.

Alternando operativos, relevos y legajos de un lado a otro, Miguel acababa extenuado, y esa lasitud psicofísica volvía a torcer su eje emocional hacia Valeria, la mujer que lo subyugaba cual múltiple imán obsesivo desde la adolescencia. Volvía como si lo que había pasado antes de irse nunca hubiera sido, con ímpetu para luchar por la débil llama que los unía en dispersas felicidades, trataba de obviar la nociva cara de la moneda, sobrestimando el insípido valor de algunas horas calmas que la escasez de afecto exaltaba a rango de amor mayúsculo. Algunos días se secaban en silencio, y muchos entre gritos y portazos de litigios que se cobraban piezas ornamentales, sisando de a poco la decoración de la casa.

Ese día, cuando volvió a casa, Valeria se bañaba. Miguel se sacó el uniforme y lo dejó en la cama. Entredormido, la oyó hablar, reír distante. Cuando vino a él, la exploró con las manos. Cuando despertara del todo, la cópula heredaría esos juegos previos. Cobró plena razón a roce cutáneo, ya la oía nítidamente, y notó restos de un pregón foráneo en la charla táctil, inciertos silencios entre verbos que no creía haber dejado en esa boca, como si ella trajera flores de un prado que no les pertenecía. Un clic alzó su torso y mandó a las manos sentar encima, de espaldas, el otro cuerpo; memorizadas distancias atinaron la puerta del enlace urgente. Algo disonaba en ese orden. Sentía ajenos, lejanos brazos abollar aun la piel de ella. Sus dedos, radares milimétricos, repetían el análisis intentando sitiar al tercero. El olor del pelo lo denunció; sin los ojos veía recientes tactos grabados en la espalda, pliegues de pretéritas caricias que colgaban entre su cuello y sus senos; y esa mezcla de sentidos y supraconciencia que revelaba al intruso, hasta hubiera podido reconstruir en detalle poses y gemidos. Un súbito rencor postergó al letargo, mientras redoblaba el furor de las embestidas. La ubicó de frente a él sin dejar de penetrarla. Hubiera jurado que transformó su cara el último instante, que de espaldas musitaba el nombre del otro… ahora, sonreía. Ese rostro demostraba goce, pero del fondo, desde su capa más profunda e inocultable, afirmaba tácitamente que jamás sería del todo suya.

Hechizado de lúbrico agite, al borde del abismo, le gritó si Marcos se lo hacía así de bien, así de hondo, hasta el alma; como ella prosiguiera sorda y a la deriva, se quejó: ¡Por qué! ¡Por qué!.. El olor de esas otras manos en la espalda de Valeria punzaban tanto sus sienes, sus oídos, que debió cerrar los ojos y apretar los dientes con fuerza bruta para conservar la cordura.

La risible figura de durar usando su arma hasta matarla de placer, le recordó su uniforme, ahí al lado. Frunció un vergonzoso borrón de sonrisa rumbo al clímax, viéndola a los ojos confirmar la atroz sospecha, mientras Valeria extendía velas arrastrando ambas barcas a puerto. Aun no amarraban cuando la bala brotó del tórax de Valeria y entró al pecho del autor del disparo, dándole quince minutos de agonía suficiente para evocar todo, vaciarse de fracasos y de fluidos, todavía ceñido y empapado por la tibia inercia tiesa de quien amaba con locura.
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Inexorable

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(Prosa poética dedicada a Félix García, y a quien esté atravesando períodos de sequía)

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El memorioso emisario de las musas afirma con hondo pesar, al círculo íntimo, estar seco de voces. Mientras lo dice, su mirada cae con rigor pétreo y un hondo suspiro lo vacía. Lamenta que sus días se gasten en silencio, atemperados apenas con familiares y letras de amigos que la vida ha sedimentado. En los peores momentos juzga insuficiente ese abrigo para la insoportable crudeza del invierno que debe enfrentar solo.

Los del jueves esbozan sonrisas de padre, alternan su rol unos momentos, lo consuelan; con paciencia le recuerdan que tal cosa es imposible. Le cuentan de Agamenón y su ejército sitiado por el hambre y los infieles, al pie de la montaña, cuando le bastó una sola palabra para que ésta se abriera y los salvara de la muerte. Sus huestes jamás la repitieron, pues su poder de fuego era privativo del gran Agamenón. Y del fragmento de las escrituras: “Una palabra tuya bastará para sanarme”.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera; sucesivos ciclos complementarios de día y noche precisos para convivir en armonía. Dolientes, sí. Quizá demasiado prolongados intervalos.

El sabe de sobra que mirarse al espejo es lo opuesto a verse; que para ver en serio hay que cerrar los ojos e intuir arcanos corpúsculos tras los párpados. Quiere, elige seguir volando, mas se siente abatido. Aunque la secreta impresión sea la de ya no pertenencia al estrato puro donde se arraigó, a ese nimbo que le fue predestinado desde su alumbramiento. Como si fuera una incierta intuición del cercano final. Mientras, observa con incredulidad los mojones que ha sembrado en el camino; algunas veces como a débiles cenizas del victorioso fuego a través de indómitas lágrimas, otras con sencillo pero profundo orgullo que eriza la piel. Le cuesta reconocer que esos cisnes perlados o aquellas ardientes epifanías de singular belleza sean de su propia creación, si ni siquiera ha precisado barro o polvo para animarlos, sólo un inusitado bache de aire y poca tinta han sido suficientes.

Llegará, como siempre al fin llega, un día cualquiera en que la chispa arderá: de una azarosa imagen, una mirada, un aroma (lo mejor de la chispa es que nunca se sabe cómo surgirá). Primero será una melodía que hacía tiempo no tarareaba, después un calor en la cara, en el pecho, en las sienes; cierto sudor en la palma de las manos y gota a gota, un torrente de palabras irá mojando rituales páginas con sangre cósmica, mientras en la espalda resurgirá el casi olvidado escozor de mágicas alas, regresando todo a su lugar.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera. Dolientes pausas multiplicadas por la inexorable herrumbre del tiempo. Claro que habrá un último espacio entre la última oda y la despedida final, pero éste no lo es, ya verás. No hay silencio en ti; olvídate del silencio, Félix.
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El mar

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Como los años le habían enrulado los ojos y habían sido generosos con su pecho aéreo hasta la ignominia de ese aciago día, se dedicó a diseccionar amaneceres con prestancia de alfarería y precisión cirujana.

Daba vueltas a la cabaña del valle cual augurio de túnica mal tejida apenas blanca que la tarde grisácea desgastaba. Vagas hebras esas, diabólicas babas en mejillas insuficientes para tanta amargura aguada.

¡Tanta humedad! Manadas de mínimos arco iris borrosos se encendían en cada frente, por cada fuente; bufaban bajo tras puertas y ventanas.

Eso no era amor, él no salía a ver la lluvia con sol afuera: solo oía rugidos y susurros, el bien conocido llanto. Él, taciturno y apocado y poca cosa él, nacido de aquellos ojos que no olvidara ni cuidara, ahora fondeado y frondoso adorno primero del nuevo mar, surgido y muerto por el viejo amor.
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lunes, 21 de diciembre de 2009

A la luz negra (set 06)

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Al vaciarme de fluidos
quedo lleno de vacíos
que me suelen carcomer
disparándome preguntas
que casi nunca me gustan
ni consigo comprender.

Cierro los ojos en vano
pues los impulsos profanos
quedan del lado de adentro
y dejo a espaldas el fuego
aun sabiendo que luego
de rehuirle lo encuentro.

Al restregarme los ojos
desvelados, más que rojos,
fijo fotos censurables
traídas por el insomnio
al interno manicomio
de mi mente irrefrenable.

Abro ventanas y puertas
buscando aire y respuestas
intentando apaciguar
agudos rastros salobres
de energías superiores
que intuyo del más allá.

Pateo piedras descalzo
en camino a cielos falsos
como queriendo enmendar
tantos errores pasados,
heridas que habrán quedado
para siempre sin curar.

Enfrentando la corriente
pertinaz, indiferente
con anzuelos desmañados
a capturar esos peces,
o a convencer altos jueces
de ser por fin liberado.

Viene el sol exorcizante
de fantasmas urticantes,
de a poco se desvanecen
aplazando la tortura
de otra noche de locura
multiplicada mil veces.

Qué raro! la luz apaga
azules siluetas vagas
que en la oscuridad se mecen.
Vendrá de nuevo la maga
sin importar lo que haga
para evitarla... aparece
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