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viernes, 22 de octubre de 2010

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mon carpio, VCX-CFR, II:4



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  .   .   .   deberás andar buscando alguna razón
                                         para volver a evitarlo  .    .    .


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                                 pero como los olores se enraízan


ningún puente ningún parque            ninguno de nosotros ya podría


                                 esta vez saltear las mil cimas


que se ciñen a los tules de tu         notte /norte/ le dernier chanson


                          y las luces del vano del subsuelo


                                          de las pestes y los pastos y los postes
                                     y los postres entre peltre apoltronado  PUAJJJ


                                                     /get out OH legario/


                                                                       ,
                                                                       ,
                                                                       ,


antiflama espacial para una gula que se sacia al revés y ante nadie
infalible inmersión inmaculada de una mano
de un mono
+ un gnomo


en las vísperas del armageddon  
un día antes del siglo primero
un fuego fatuo al fondo
 due, la notte eterna
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qué más da?
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domingo, 13 de junio de 2010

un borrador de mayo 2007


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versión corregida en taller de G.G.
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camino

por ínfimos filamentos

de oscuros días





pretendo buscar

algo que me hermane

con el barro de la vida de verdad





circular proceso

de rostros y tiempos

y mugre adherida



colosal desfile de insanos insectos urgidos de sangre



ansío rapsodias

entre sobras de raros ángeles



la dicha:

para siempre

tras mis retinas

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sábado, 12 de junio de 2010

todo

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todas las corolas

eclipsadas de oro viejo

las caracolas

cristales que no nos mezquinan filo

ni negrura litoral



todas las amapolas

que me amputan los reflejos

de horas solas

arduamente acero, tinta, estilo:

punzón que tatúa mal



todo el estío inmola

encastres de pluma y tejo,

canción que rola

al son de sus talones donde asilo

mi mal sangre del final
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entonces lo guardo todo en baúles verdes que apenas cierran

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martes, 25 de mayo de 2010

Solitudes.33

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se puede acaso bailar con el alma al lado tuyo
oyendo una gavota

es posible asimismo flotar nirvanas deconocidos hasta para un yogui nato

en la fuente un agua extraña la racia de tus dedos bautismales

lejos, sí, asquerosamente tarde: reirás?

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lunes, 22 de marzo de 2010

susurro incisivo

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hay algo
que no dice
la distancia obscena

piedras armazón alambres

otra cosa
nace marismas
las mece
se mueven me miran
y murmuran

murmuran cemento moho piedras

y todavía un poco más allá
algo más oblicuo
que el silencio
calla

piedras piedras
calla
piedras


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domingo, 17 de enero de 2010

Avíos




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en tu nombre mojar mi pan-cromosomas
y que saques de tu pecho
el punzón gelatina de mis rodillas

sernos merlot y velas en invierno
agua fresca en las muñecas del amanecer
otra mirada más húmeda que ésta
y llevarse las imágenes
como avío

una caricia criminal
y la flor eterna oler
para no olvidar…

y para ensayar el rompecabezas
de mi adn
he estirado tiempo
ovillado en tu piel
con microscopios de olfato

las insulares marismas
han venido luego
a gritarlo todo
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viernes, 8 de enero de 2010

V. M. M. (véme M)

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Miguel salió de casa como se había ido antes varias veces, hastiado, resuelto a no volver. Con el bolso al hombro hacia la comisaría, pensaba que los turnos de doce por veinticuatro le darían aire para razonar, pero en rigor solo eran una inconsciente sucesión de prórrogas, una refleja defensa interna contra las frecuentes amenazas de inminente soledad.

Llevaba seis años con Valeria. Los últimos meses habían sido ríspidos, como si se hubiesen mudado con ellos espectros asechantes que creían haber dejado atrás. Ella exigía dinero y atención entre otros ítems que él juzgaba bobadas de mujer e iban inflamando insidiosas mechas de violencia.

Antes, Miguel paliaba sus traumas hablando con Marcos, evitando ambos el analista. El consultorio era cualquier bar donde sirvieran el diván bien frío. Haber compartido años inocentes, la transición a ya no serlo, (cuando ambos se fijaron en Valeria -la Venus del barrio- y ella eligió a Miguel) e instrucción militar, les confería lealtad ciega. Pero eso había sido hacía mucho. Casi no se veían. El corte fue aquel operativo cuyo éxito hubiera promovido a Miguel a comisario, cuando halló un centro clandestino que conectaba drogas y prostitución a gran escala, e implicaba a un edil de esferas nacionales, quien, en apuros, obligó al jefe policial armar una cortina de humo a favor de su impunidad. Marcos fue martillo del inescrupuloso jefe, a sabiendas del perjuicio que obraría en Miguel. Aquel famoso escándalo catapultó a Marcos a una selecta elite de privilegios, dinero negro y carta blanca en la corrupta parafernalia, y a Miguel a una seccional de cuarta, con la insalvable cruz en su foja. Al tiempo supo, y nunca perdonó. Que Marcos ostentara su intocable status no evitó que le bajara un diente y estampara una notable cicatriz nasal, saldando la traición.

Alternando operativos, relevos y legajos de un lado a otro, Miguel acababa extenuado, y esa lasitud psicofísica volvía a torcer su eje emocional hacia Valeria, la mujer que lo subyugaba cual múltiple imán obsesivo desde la adolescencia. Volvía como si lo que había pasado antes de irse nunca hubiera sido, con ímpetu para luchar por la débil llama que los unía en dispersas felicidades, trataba de obviar la nociva cara de la moneda, sobrestimando el insípido valor de algunas horas calmas que la escasez de afecto exaltaba a rango de amor mayúsculo. Algunos días se secaban en silencio, y muchos entre gritos y portazos de litigios que se cobraban piezas ornamentales, sisando de a poco la decoración de la casa.

Ese día, cuando volvió a casa, Valeria se bañaba. Miguel se sacó el uniforme y lo dejó en la cama. Entredormido, la oyó hablar, reír distante. Cuando vino a él, la exploró con las manos. Cuando despertara del todo, la cópula heredaría esos juegos previos. Cobró plena razón a roce cutáneo, ya la oía nítidamente, y notó restos de un pregón foráneo en la charla táctil, inciertos silencios entre verbos que no creía haber dejado en esa boca, como si ella trajera flores de un prado que no les pertenecía. Un clic alzó su torso y mandó a las manos sentar encima, de espaldas, el otro cuerpo; memorizadas distancias atinaron la puerta del enlace urgente. Algo disonaba en ese orden. Sentía ajenos, lejanos brazos abollar aun la piel de ella. Sus dedos, radares milimétricos, repetían el análisis intentando sitiar al tercero. El olor del pelo lo denunció; sin los ojos veía recientes tactos grabados en la espalda, pliegues de pretéritas caricias que colgaban entre su cuello y sus senos; y esa mezcla de sentidos y supraconciencia que revelaba al intruso, hasta hubiera podido reconstruir en detalle poses y gemidos. Un súbito rencor postergó al letargo, mientras redoblaba el furor de las embestidas. La ubicó de frente a él sin dejar de penetrarla. Hubiera jurado que transformó su cara el último instante, que de espaldas musitaba el nombre del otro… ahora, sonreía. Ese rostro demostraba goce, pero del fondo, desde su capa más profunda e inocultable, afirmaba tácitamente que jamás sería del todo suya.

Hechizado de lúbrico agite, al borde del abismo, le gritó si Marcos se lo hacía así de bien, así de hondo, hasta el alma; como ella prosiguiera sorda y a la deriva, se quejó: ¡Por qué! ¡Por qué!.. El olor de esas otras manos en la espalda de Valeria punzaban tanto sus sienes, sus oídos, que debió cerrar los ojos y apretar los dientes con fuerza bruta para conservar la cordura.

La risible figura de durar usando su arma hasta matarla de placer, le recordó su uniforme, ahí al lado. Frunció un vergonzoso borrón de sonrisa rumbo al clímax, viéndola a los ojos confirmar la atroz sospecha, mientras Valeria extendía velas arrastrando ambas barcas a puerto. Aun no amarraban cuando la bala brotó del tórax de Valeria y entró al pecho del autor del disparo, dándole quince minutos de agonía suficiente para evocar todo, vaciarse de fracasos y de fluidos, todavía ceñido y empapado por la tibia inercia tiesa de quien amaba con locura.
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lunes, 21 de diciembre de 2009

A la luz negra (set 06)

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Al vaciarme de fluidos
quedo lleno de vacíos
que me suelen carcomer
disparándome preguntas
que casi nunca me gustan
ni consigo comprender.

Cierro los ojos en vano
pues los impulsos profanos
quedan del lado de adentro
y dejo a espaldas el fuego
aun sabiendo que luego
de rehuirle lo encuentro.

Al restregarme los ojos
desvelados, más que rojos,
fijo fotos censurables
traídas por el insomnio
al interno manicomio
de mi mente irrefrenable.

Abro ventanas y puertas
buscando aire y respuestas
intentando apaciguar
agudos rastros salobres
de energías superiores
que intuyo del más allá.

Pateo piedras descalzo
en camino a cielos falsos
como queriendo enmendar
tantos errores pasados,
heridas que habrán quedado
para siempre sin curar.

Enfrentando la corriente
pertinaz, indiferente
con anzuelos desmañados
a capturar esos peces,
o a convencer altos jueces
de ser por fin liberado.

Viene el sol exorcizante
de fantasmas urticantes,
de a poco se desvanecen
aplazando la tortura
de otra noche de locura
multiplicada mil veces.

Qué raro! la luz apaga
azules siluetas vagas
que en la oscuridad se mecen.
Vendrá de nuevo la maga
sin importar lo que haga
para evitarla... aparece
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viernes, 18 de diciembre de 2009

Naufragio

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haré nevar tus escamas
en mi pecho húmedo
con tu saliva

tu cabello mi máscara
tus gemidos música
y tu aliento el mío

cada cueva será horadada
y tu superficie toda
habrá de saberme

cada embate recogerá tu hálito
mis manos se llenarán de tu humedad
desenfrenada

mil zumbidos tibios
llenarán tus oídos a vacíos
mientras una marea en tus entrañas
nos marea

naufragaremos aferrados
a retazos de cordura
posteriores al letargo
del barco largo
en tu cintura

rasgarás la cima
de la dureza
jamás dormida
de mis caderas

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