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miércoles, 8 de diciembre de 2010

MCXXIII

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...de la noche traigo retazos horizontales invertebrados, rotos
sangre cuya oscuridad no sirve para parirla de nuevo
y un número de ceniza guardado en la memoria...
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en el agua, los colores mudan a otros tonos
sobre todo a la hora de los sobretodos
/grafito estéril, 1:39/
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reloj de mármol; filo, retreta; la luz del día deja su última sangre contra el cielo gris de esta ciudad de piedra y de costado, minucias que con la poca fuerza que les queda, llegan apenas hasta el borde de la ventana y no alcanzan a enrojecer la pieza; de la ventana hacia adentro, un microcosmos recargado con lo espeso donde ella estira los tendones del tiempo por delante

ella; los hilos de ella en algún rincón espasmos de vacío tiemblan, las tenazas, las carencias, las encías y los poros erizados, más el martillo en la nuca de cada segundo durante las últimas cinco horas que ha esculpido en la carne de silicio de su alma una fantasmagoría infernal, esdrújula, filosa, pez introspectivamente

ella por los rincones y en la ventana pesan todos los siglos latidos de la ciudad: ensordecedores pasos auscultan su temblor, el galope de los gigantes barbados, la lengua estoica, la sangre caliente manada por el metal, partos secretos y pactos rotos; cada día de historia ahí afuera es un lamento agudo que comba el vidrio, arañazos que intentan romper esa barrera donde todavía ella en un rincón

ahora ella, o siempre; el alféizar: una frontera que respira lo áspero de las piedras, los ángulos de las estatuas de ahí afuera; su pecho expulsa el vapor que condensa bruma en la pieza pulmón ... podrá arrastrarse y quejarse tanto cuanto quiera, pero el alumbramiento es inminente

la criatura petróleo expande sus túneles internos, intensamente presiona sus vísceras; para poder seguir respirando se le llenan la frente y el cuello de venas, de espasmos

ahora ella es un embudo para la ciudad, la ciudad una mancha en el mapa, una estrella desdibujada desde el cosmos, el cosmos una curva mínima, una vuelta de caracol entre tantas de las huellas dactilares del padre de la criatura; criatura que mira el ombligo de su madre encerrada desde adentro, innominado, abominable, abyección enhiesta en sus entrañas zumba desde el día aquel... el padre ahora duerme lejos, en otros brazos; ella no duerme hace tres lunas, los ojos amenazan saltársele de las órbitas de Mercurio, del reloj de mármol sobre el que está tirada enrojeciéndolo

convulsiones, metamorfosis, estratificaciones circulares espiraladas como fogatas nocturnas; desde el vidrio hacia adentro, ella y todo ese cuarto se da vuelta al revés de sí mismo

ella: un ojo de la ciudad; la ciudad una cruz cartográfica, una estafeta, una estación para el dios barbado

señales de partida, sirenas, luces, estampida vertical vertiginosa; a la orilla del lago, cerca del monasterio de Victoria, un pescador desvelado pidió tres deseos

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domingo, 31 de octubre de 2010

q 34

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nada más que nadar angosto y agua


agua borravina y un tembladeral


posterior a que derríbenos


la cosmogonía ilesa


de párpados



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martes, 26 de octubre de 2010

MCXXII

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Se levanta. Tarde. Se pinta y abre las ventanas demorándose contra el peor postigo. Se sienta. Mira. Sigue mirando. Tarde. Humo con olor a flores secas, a maderos. Tarde. Tarde, tarde. Una cruci-ficción dilatada e indirecta, por interpósita persona al cubo de la enésima potencia. Los ojos le cuestan más que antes. Tarde. Se levanta. No puede brillarle así el pelo. Y la piel y las piernas y los hombros. Y la pintura. Sin hoguera pero maderos, alrededor del aquelarre late, tiembla, respira, lo ausculta todo un temblor de equilibrio, una relojería precisa de control inmediato dentro del caos. Tarde. Más que desquiciantemente tarde. Cerrar las manos para callar el perfume, ese, a maderos. Desprende un par de tientos de los de más arriba y sin suspirar, condesciende al aire brillarla menos, deja que pase. Que las cosas pasen, que eso pase, que todo se le pase. Que pase de largo. Tarde. Peor, mil veces más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. Del poco valor y de la escasez de plumas de la última temporada. De la voz ni noticias. No es que se siente, algo le mantiene el cuerpo a poca altura del suelo. Ve sin mirar, o será que mira sin ver. O lo peor: mira y ve, pero no le importa. Suenan los postigos, uno: el peor de todos. Pero no, tarde. De tarde, sí, pero tarde, pétreamente tarde. Ni un trago encima, encima. De las hogueras no los fuegos ni el calor, sino las cenizas, lo único que queda. Se pinta y abre. Despídese de todo, hasta de sí. Por encima de los horizontes curvos, un aire. El suyo. Ese callado. Las cenizas, la pintura. El tenue aviento del fulgor sido. Tarde. Tarde tarde tarde. De tarde, un abismo de luz se come el espacio que dormía. Más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura otra vez y ahora su cara es una mancha entre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. De lo inútil que en esta temporada ha sido la pesca de ángeles. Y ahí queda. Apenas una mancha de sal en el aquelarre, un abandono. Una trampa, un perfume tarde que se sienta, se pinta y cae.

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retexto de Marina Cecilia Kohon 
------------/versión lírica/----------


http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/





cómo levantarse de una cama de cenizas
de la cruci-ficción que le imponen las voces
el grotesco aquelarre
de un día demasiado tarde




late, tiembla sentada en el borde de la cama
suspendida por su perfume de maderos
en medio del caos
condesciende al aire brillarla menos

mira sin ver
de las hogueras no los fuegos ni el calor
sino cenizas
despídese de todo

se pinta/deja que el abismo de luz
se coma el espacio que dormía
todo es una trampa
una mancha de sal sobre bocas de vidrio
cae
cae
sólo queda su perfume.



domingo, 24 de octubre de 2010

q 33

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y aún por la tarde, en el paladar, el gusto


que nos despertó con manos abiertas


cuando llovía a pierna suelta


de mañana temprano


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viernes, 18 de diciembre de 2009

Liquidación

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en el sonoro fonemario de tu garganta
se descubrió el mito de las cavernas
esa cavidad perfecta

y entonces hubo fuegos de palabras
anquilosadas

al encarnar con cursores allí se pescan morfemas enjaretados con mediomundos
feedback total

bramidos bravos
o en tu nariz cosquillean breves bellos vellos

tus ojos son dos luceros en el cielo las estrellas en el campo las espinas y en el medio...
tu flequillo es el limpiaparabrisas de mi torpe trópico

si sí, si no si... sí!

ayer era mañana, anteayer
cuestión de situarse entonces en algún lado
hoy se licúan humores negros
tornasolados

las palabras sufren huelgas de vocales
sindicales

impagos de sobra tiempo y lugar

los sonidos se multiplican de noche
en una cópula presagiada
saliva salada
ovalados hados
secas secreciones surcan los bosques de cedro
y una columna hongoide
de humo blanco
made in hong kong
eyacula sobrantes suciedades
en la chimenea fofa
de mi fábrica de tintas

plusvalía de mármol
capital que no paga
llena de carteles

sold out chill out 30% off


presente su ticket
por mesa de entradas
y me conocerá
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Juegos de niño

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entre andrajos y vigilias
regurgita la tarde
una imagen tuya

y es probable que entonces
mis cinco sentidos
jueguen con tu piel:

al "veo veo" en tus piernas
con tu pelo a la "cachada"
o de a dos a la "escondida"

siempre queda el recurso
de una lerda "rayuela"
en las vueltas de tu ombligo

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