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jueves, 30 de diciembre de 2010

esas canciones

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querer curar con la música...
qué realidad vestida de sueño
/grafito infame, 2:26/
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... todas las canciones que duermen a la vera de voces inolvidables y escuchamos en labios de transeúntes sus remedos; todas esas glosas que se disfrazan de tren y nos van llevando por diferentes estaciones de la vida: una noche, un amor, una noche de amor, una borrachera, un olvido, acaso una cena, ese adiós; a la infancia, a una ofensa, a la desnudez indefensa que disfrutamos

esas canciones que vuelven, que nos miran el alma cuando los párpados de un parlante se despiertan justo mientras pasamos por la vereda del vecino, una esquina poco frecuente, una casa cualquiera

canciones que sabemos de memoria pero extrañamente creíamos olvidadas hasta que su acorde sigiloso, serpiente audible, vino a mordernos la muñeca descuidada y zas, empezamos a cantarla a la par sin darnos cuenta que el veneno no es tan malo como parecía...

melodías simples o de trueno, arpegio y filo, florituras en el aire del verano que nos embolsa la cara para volver a estar en las entrañas de agosto en pleno enero, o al revés; entonces del tren y del ofidio, en un chasquido se van abriendo ventanas, o a través del relumbre de un cd que se cae al piso mientras buscábamos el resúmen del teléfono, de la tarjeta, de la mar en coche...

la radio suele ser una estación de tren; la casualidad un vagón perpendicular que nos aborda a la fuerza

alguien silba afuera, o dice unas palabras que nos hacen recordarlas, peces dorados en el estanque de las horas, oídos de anzuelo, memoria emotiva y alguna letra que te hace pensar:

                          "...puta madre, cómo hubiera querido decirlo así..."

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

MCXXIII

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...de la noche traigo retazos horizontales invertebrados, rotos
sangre cuya oscuridad no sirve para parirla de nuevo
y un número de ceniza guardado en la memoria...
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en el agua, los colores mudan a otros tonos
sobre todo a la hora de los sobretodos
/grafito estéril, 1:39/
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reloj de mármol; filo, retreta; la luz del día deja su última sangre contra el cielo gris de esta ciudad de piedra y de costado, minucias que con la poca fuerza que les queda, llegan apenas hasta el borde de la ventana y no alcanzan a enrojecer la pieza; de la ventana hacia adentro, un microcosmos recargado con lo espeso donde ella estira los tendones del tiempo por delante

ella; los hilos de ella en algún rincón espasmos de vacío tiemblan, las tenazas, las carencias, las encías y los poros erizados, más el martillo en la nuca de cada segundo durante las últimas cinco horas que ha esculpido en la carne de silicio de su alma una fantasmagoría infernal, esdrújula, filosa, pez introspectivamente

ella por los rincones y en la ventana pesan todos los siglos latidos de la ciudad: ensordecedores pasos auscultan su temblor, el galope de los gigantes barbados, la lengua estoica, la sangre caliente manada por el metal, partos secretos y pactos rotos; cada día de historia ahí afuera es un lamento agudo que comba el vidrio, arañazos que intentan romper esa barrera donde todavía ella en un rincón

ahora ella, o siempre; el alféizar: una frontera que respira lo áspero de las piedras, los ángulos de las estatuas de ahí afuera; su pecho expulsa el vapor que condensa bruma en la pieza pulmón ... podrá arrastrarse y quejarse tanto cuanto quiera, pero el alumbramiento es inminente

la criatura petróleo expande sus túneles internos, intensamente presiona sus vísceras; para poder seguir respirando se le llenan la frente y el cuello de venas, de espasmos

ahora ella es un embudo para la ciudad, la ciudad una mancha en el mapa, una estrella desdibujada desde el cosmos, el cosmos una curva mínima, una vuelta de caracol entre tantas de las huellas dactilares del padre de la criatura; criatura que mira el ombligo de su madre encerrada desde adentro, innominado, abominable, abyección enhiesta en sus entrañas zumba desde el día aquel... el padre ahora duerme lejos, en otros brazos; ella no duerme hace tres lunas, los ojos amenazan saltársele de las órbitas de Mercurio, del reloj de mármol sobre el que está tirada enrojeciéndolo

convulsiones, metamorfosis, estratificaciones circulares espiraladas como fogatas nocturnas; desde el vidrio hacia adentro, ella y todo ese cuarto se da vuelta al revés de sí mismo

ella: un ojo de la ciudad; la ciudad una cruz cartográfica, una estafeta, una estación para el dios barbado

señales de partida, sirenas, luces, estampida vertical vertiginosa; a la orilla del lago, cerca del monasterio de Victoria, un pescador desvelado pidió tres deseos

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domingo, 28 de noviembre de 2010

u n d o n e

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en una taza duermen
hectáreas de tanta sangre
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oniromancia en la borra de té
este domingo

oniromancia enredando el pelo del amanecer
borra dibujadora de rupestres arpegios
en el té que supo a cielo
bebido mirando el suelo


cielo que huele a té,
el que me deja esta borra
donde leer líneas imprecisamente
ahoraquelaluz...


oniromancia en el vapor donde danza la guerrera
antes de evanescerse y entrar por la nariz
ahoraquelaluz...


por la ventana un fulgor de pájaros
apenas
decide despertar al mundo este domingo
recién bañado

este domingo oniromántico puertas adentro
ahoraquelaluz...


pero antes
antes que la luz explotara el génesis de este domingo
las manos eran las que soñaban llenarse
de hebras vivas goteando
acá en mi cara


y todavía antes de que la luz 
supusiera algo soñable, asequible
íbamos mirando el suelo
vos allá, yo acá


como si nadie más pisara el laberinto




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martes, 26 de octubre de 2010

MCXXII

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Se levanta. Tarde. Se pinta y abre las ventanas demorándose contra el peor postigo. Se sienta. Mira. Sigue mirando. Tarde. Humo con olor a flores secas, a maderos. Tarde. Tarde, tarde. Una cruci-ficción dilatada e indirecta, por interpósita persona al cubo de la enésima potencia. Los ojos le cuestan más que antes. Tarde. Se levanta. No puede brillarle así el pelo. Y la piel y las piernas y los hombros. Y la pintura. Sin hoguera pero maderos, alrededor del aquelarre late, tiembla, respira, lo ausculta todo un temblor de equilibrio, una relojería precisa de control inmediato dentro del caos. Tarde. Más que desquiciantemente tarde. Cerrar las manos para callar el perfume, ese, a maderos. Desprende un par de tientos de los de más arriba y sin suspirar, condesciende al aire brillarla menos, deja que pase. Que las cosas pasen, que eso pase, que todo se le pase. Que pase de largo. Tarde. Peor, mil veces más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. Del poco valor y de la escasez de plumas de la última temporada. De la voz ni noticias. No es que se siente, algo le mantiene el cuerpo a poca altura del suelo. Ve sin mirar, o será que mira sin ver. O lo peor: mira y ve, pero no le importa. Suenan los postigos, uno: el peor de todos. Pero no, tarde. De tarde, sí, pero tarde, pétreamente tarde. Ni un trago encima, encima. De las hogueras no los fuegos ni el calor, sino las cenizas, lo único que queda. Se pinta y abre. Despídese de todo, hasta de sí. Por encima de los horizontes curvos, un aire. El suyo. Ese callado. Las cenizas, la pintura. El tenue aviento del fulgor sido. Tarde. Tarde tarde tarde. De tarde, un abismo de luz se come el espacio que dormía. Más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura otra vez y ahora su cara es una mancha entre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. De lo inútil que en esta temporada ha sido la pesca de ángeles. Y ahí queda. Apenas una mancha de sal en el aquelarre, un abandono. Una trampa, un perfume tarde que se sienta, se pinta y cae.

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retexto de Marina Cecilia Kohon 
------------/versión lírica/----------


http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/





cómo levantarse de una cama de cenizas
de la cruci-ficción que le imponen las voces
el grotesco aquelarre
de un día demasiado tarde




late, tiembla sentada en el borde de la cama
suspendida por su perfume de maderos
en medio del caos
condesciende al aire brillarla menos

mira sin ver
de las hogueras no los fuegos ni el calor
sino cenizas
despídese de todo

se pinta/deja que el abismo de luz
se coma el espacio que dormía
todo es una trampa
una mancha de sal sobre bocas de vidrio
cae
cae
sólo queda su perfume.



domingo, 24 de octubre de 2010

clodel

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caminar diagonales, caminar espaldas, capital diezmada

terminal ojos rojos y en la retaguardia irascibles

avispas, prolegómenos, facundias



de memoria andar, caminar, caminar espadas

destejer de la nada palos borrachos

sus vegetales nevadas



caminar espaldas, los ojos rojos

y detrás de los párpados

el recuento minucioso:

tempestades

 
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viernes, 18 de diciembre de 2009

Hojas al viento

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el retoño ensimismado apenas
en la yema de dedos imprecisos con la suerte
un racimo en miniatura

un oasis entre gargantas de arena
esparcido brillante, diferente
y los mismos dedos sudan

un abismo que se abisma a sí mismo
el temblor antes del sismo

conciente de no saber la manera
cómo deciden los duendes
dibujar vagas figuras
con las almas andariegas
que crecen y se desprenden
y el viento junta

la primavera las llena
del verdor latente
que las anuncia

marrones de otoñal faena
idas en la aérea corriente
huracanadas hurgan
danzas y sones de canciones nuevas

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