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/XXX-III/
sorpresa extensa la iconocidad de jueves
desde los idus de marzo
cabeza digna con melga al medio el trono entre piedras
un gris recuerdos de algún día de verano;
intriga plena:
el otro lado del cuento
el ojo sedente que mira y clava sombras en un ombligo de eternidad
trapo albo se afina adherido a fronteras del reinado
mataría
por
esa
sonrisa sorpresa zarpazo sensual serpiente silente
sortear señales
todas las eses de licuarse viendo y siendo
el otro lado...
hay algo que la chispa esconde ahí
¿será lo que no la deja nacer
o un escudo?
¿qué capa cabe?
qué bien que falte entonces. . .
una veta se escapa a la química occipital de la desnudez imposiblemente cierta
ser feliz es la trampa
temblar ante la flama y ese olor a leña verde recién cortada
humo blanco entonces hoy sí
sentarse así
temiendo que el momento se evapore igual que el humo
y ya no quede
más que una sombra de pefume en la ropa
y
la
memoria
frágil del olor alas
¿cómo es posible dormir tan despierto?
una oración a sangrarme los labios
humo rojo
verano y jueves
idus de marzo...
gracias
algo como una bandera inmóvil y letal
lente sedente que diafragma con estulticia un llamado incapaz de respirar ante la carne tendida
el hachazo tácito la mirada
una tacita echada mirando
una minada fértil de perfume y humo blanco
que se posa en la punta de la lengua
antes de serse fuego impropio
de ser sed eterna y tercer ojo y esta noche
fina raja de la nuca al entrecejo
gong
conjurador de tigres, lapidario brevemente hasta las manos ungidas con melaza
no podría destejer cada capa de la crisálida
la operación del ojo que cegó varas de bambú al son de la noche química
ver nacer del ojo el caudal tieso y enroscado
a las columnas de la gruta
un cartel que nace el nombre
que nació mi nombre
cuando no había letra ni excusa para llamarme
pétalos, cenizas tarde....
anaquel de roble y almohada herida
al centro de prisión innata
treinta veces tres incisiones
y la imagen de jofainas
hervideros donde las abejas principian pasillos sin final
a cielo abierto
dentro de la gruta sin principio
luego lluvia y los velos
agua sanadora
gotas rojas de olvido
caerse, quebrarse, estar más desnudo que a hueso pelado. . .
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