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domingo, 13 de febrero de 2011

mapa

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los zumbidos del final de la última ciudad de entonces
los sorprendió solos a plena luz del día
fatalmente ensimismados
/grafito infame, 8:65/

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nadie es capaz de oír nuestra historia

o leer en la árida superficie

/imaginada a cincel/

verdades últimas



cuidábamos más el fuego

en horas del zonda

porque habíamos adivinado que con todas las cenizas

rugientes rezagos de domingo

íbamos a quedarnos para siempre en la blancura de los muros



empezamos por el piso

sin pensar que un día la quiniela del destino

nos había dejado palpar entrevisión de latidos en el útero mismo del laberinto



mientras tanto lo abrigábamos

y no creo que nunca nadie haya hecho tal flama

frenético satán en algún sitio gobernado por imperios de deseo



mosaico a mosaico

mínimas erupciones fueron empapelando

esta próspera petrificación que por entonces ignorábamos





ahora funciona el frutal fracaso que nos latía mármol en las venas

y poco a poco ha mutado al ópalo de hoy

rodeados de árboles y calles



y a toda hora se sientan en los bancos sin mirarnos

salvo fotos postales o algún niño boquiabierto

que se ríe de cómo nos dejan las palomas



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miércoles, 22 de diciembre de 2010

south side

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interminablemente caminar durante días
y que el paisaje traiga solamente
todas las filosas variedades del blanco
/grafito estéril, 2:56/

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al sur de todo:

el muro de los lamentos



donde todas las gotas de rocío de las calas

/y cada roca/

 regala sombras

minutos de la hora rota



cuando cada arista de la tarde viene

a sentirse, a sanarse,

a servirse el elixir perlado

que duerme al sur de todo:

en el muro de los lamentos

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domingo, 28 de noviembre de 2010

Cadáver IX (*)

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anagramas epicentro del calor visual
una gubia grata que los viaja
circundorsalmente
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                                                                              (*) Con Marina Cecilia Kohon
                                                               http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
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   por la ventana lo verde
                                                                                                                    y algún celeste
                                                                                                                        del ojo al vagón, futuro barco
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IX


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hasta los límites

de todo el espacio ronco

y la vena azul marcada así



todo el tiempo que nos lleve

recoger los pedazos del ángel caído

separar las esquirlas de la sangre viva



toda la luz que pueda caber ilesa

en las cuencas del costado

o lo que cueste irse



o quedarse

hasta los límites

de esta lámina dorada

atravesándonos

lo que nos lleve.


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domingo, 21 de noviembre de 2010

q 39

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amanecer no sólo cuando sale el sol
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que la costumbre de ser luz,

de llenarse los ojos de ventanas

y explotar en colores los perfumes

del paisaje encarnado,

siga desnudándose en tus ojos

 
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domingo, 25 de julio de 2010

q 7

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que me quieras respirar como yo quiero

levitar sismos en tu ombligo

hasta que las montañas

admitan tallarnos

para siempre



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jueves, 15 de julio de 2010

q 2

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que me quepas por los poros impolutos

de sentir azules y cenizas

hasta ser tu perfume

ciego

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lunes, 12 de julio de 2010

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difícil individualizar cada elemento de la derrota, integrar los detalles sin que falte alguno, querer decir cada arista de la tristeza atómica... antes de intentar hacerlo caer muerto y desde el suelo ver mejor un panorama tétrico, yermo, más largo que cualquier memoria posible

hay sonidos que no música, lamentos respirando caos y caos engendrando lápidas sin nombre

six o´clock in the corner of Bleed and Death, un rincón suburbano que desvanece sus cloacas intravenosas en un comic de letargo dialogal monológico

volvamos /volvé, tengo que volver/ a la curva, a tirar los dados all that summer, case you don´t recall, only in my head

conjuros de pluma y plomo, balas desgarbadas entre rumores incomprensibles
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sábado, 26 de junio de 2010

:97

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/IL/
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dijo basta con las manos y se recluyó por el resto de la semana. marchaba sin color por los senderos de piedra. a esa altura quedaba de nosotros poco más que una perceptibilidad vaga; ni huellas dejábamos. . .
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martes, 25 de mayo de 2010

Solitudes.33/7

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me enjabono una ensalada de tristezas
mientras minucias de sol
me dejan ciego

voy a caminar

dormir hasta derretir mi cara

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jueves, 15 de abril de 2010

---/1797/---

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una abeja
cupo
en
sonatas
ambidiestras

sólo una

ese fulgor frugal
de tiempos
y lamentos

tanto aire

tanta evanescencia
desprendida
de
corolas
estivales

una nieve
acre y ocre
a contramano
al revés

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miércoles, 31 de marzo de 2010

mañana salimos

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Antes, una selva minada de insectos carnívoros. Pigmeos antropófagos desnudos. Víboras que no cabrían por la puerta de mi cuarto. Criaturas increíbles, indómitas. Seres con dudoso fin haciendo piruetas escandalosas alrededor del fuego, que quizá extrañe.

Ayer un viento cegador, y yo en medio del desierto. Ninguna ropa que me salve del castigo de esta erosión venenosa. Lengua de lija y sin agua. El cielo vuelto un rulo enorme. Me tomó medio día encontrar una roca y tirarme a su socaire hasta entrada la noche. Entonces marchar o congelarse, o las dos cosas. Había perdido el camello los primeros días de ese invierno. Nada que hacer. Las llamas o nada.

Ahora los humedales del Mississippi o de Misiones, ni idea. Lo sabría si viera un ser humano, algún artefacto, un elemento cultural de cualquier tipo. Apenas querer salir de la cama para tratar de no ser fagocitado por el limo y un vómito tibio hasta más arriba de los tobillos. Todo el tiempo quitando ramas, lianas, yuyos gigantescos. Quedarse quieto es ahogarse entre la exageración forestal o irse hundiendo en la pasta móvil del suelo. Ni siquiera una pulgada de tierra seca para descansar, recuperar las piernas. Marcas de uñas por todos lados, manos vegetales a cada rato. Magullones, ojos ardidos, muchísima sed. Barro barro barro, siempre.

Lo único que queda es treparse a un árbol hasta que los músculos se aflojen, pero ¿con qué ímpetu? Ni siquiera tengo machete para marcar camino. Un hervor omnidireccional de verdes. Un aire casi líquido. Insectos zumbantes taladran los oídos y la piel. Este aire húmedo hace transpirar más que la parrilla de los domingos que tanto nos gustaba.

Es tan arduo orientarse si no hay cielo. Hasta que con las últimas luces encuentro el árbol. Tiene una cavidad a poca altura. Con suerte queden unas gotas de lluvia de ayer.

Las junto en mis manos y no resisto restregarme la cara. Por fin agua. Tres, cuatro, cinco veces. Abro los ojos y entonces late la brújula. Me asomo al living. Arriba de la mesa, destapada, la urna con sus cenizas me avisa el rumbo de mañana.

Hoy mismo cumplo su última voluntad.



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domingo, 28 de marzo de 2010

X X H

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a los golems invisibles
y olvidados
a las chispas que suele supurar mi carne
y en un hálito de palmas son palomas contra el cielo

a las comisuras

al olvido de piedra y de saliva
a tus ojos

a los mares pétreos que marean los segundos afilados
esas monedas que nos acarician la nuca
como patas

a las fieras de aire
a las escaleras
al silencio

para que rebote en algo y vuelva
y sea

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lunes, 22 de marzo de 2010

susurro incisivo

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hay algo
que no dice
la distancia obscena

piedras armazón alambres

otra cosa
nace marismas
las mece
se mueven me miran
y murmuran

murmuran cemento moho piedras

y todavía un poco más allá
algo más oblicuo
que el silencio
calla

piedras piedras
calla
piedras


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jueves, 18 de marzo de 2010

palabras de piedra

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y si hoy no tuviera ganas de hablar…
qué?

no es que no quiera
las palabras son de piedra ahora
ruedan por vacíos a mis pies
y se las traga un sólo silencio
más que negro

voy a roerme precipicios
callar estas caídas
a guardarme en los pantanos del pecho
la/estrangulación/morada-a/besomuerto
sin aire

piedra inerte contra el vacío
cuesta abajo
inacabable


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sábado, 13 de marzo de 2010

te trajo un viento /réquiem para los años viejos/

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te trajo un viento

diste vueltas y quizá me hayas mareado
pero ayer , agua inasible
maíz pisado que las gallinas… (*)

hoy las sombras, los ecos y las tardes
te pasean por desiertos en camellos
/son mis ojos/

te trajo un viento

el primer otoño verde que recuerde
y lo fue
todo

paleta a trescientos sesenta grados
donde ahora sobra madera
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que raja el viento...


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(*) A pedido de Mimí, modifico el post incluyendo la llamada, que permite agregar o completar la frase. Si bien este poema es de dominante triste, la modificación aporta la instancia lúdica que nunca deben perder los versos para conservar frescura. Siéntanse libres de delirar a gusto, gracias!

lunes, 1 de febrero de 2010

radiografía --------------------------------------------/al amigo Manuc, por "Las pérdidas torpes"/


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quizá sea esta luna, más esta noche
más alguna piedrita vieja
en el zapato
que ahora me reclama alpinismos tardíos
y para qué

me conformo con andar descalzo
hasta que la arena del tiempo
coma y cure cada ampolla

dejo aquí lo bueno, allá lo malo
y aprenderé a aprender
la siempre piedra

jugábamos al pan y queso sin saber jugarlo
ignorando que no éramos jugadores
sino que algo llamado destino
nos estaba jugando a algo
donde todos pierden

entonces prefiero
respirar hondo
sostener con cuidado
este instante
en las manos
y descalzo tirar la piedra
a esta noche
hasta la luna

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viernes, 8 de enero de 2010

Partida

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¡Era ella! Estaba seguro. La sintió a través de su espalda por todo su cuerpo con un breve hormigueo y su inconfundible perfume.

Hacía un año que cada domingo transponía las solemnes verjas coloniales de ese lugar donde el tiempo se niega a transcurrir, reiterando el camino memorizado. Hasta jugaba a ir a la parcela con los ojos cerrados. Doce peldaños abajo, final de la escalera; cien pasos a diestra, otros quince retumbaban a través del pasillo, cuatro más torciendo a la derecha, veinte a la izquierda, ya sobre el césped y abrir los ojos. Ninguna sorpresa.

Nunca había superado esa sensación bochornosamente ridícula de llevar flores que pesaban más en su cara que en las manos; quizás por no haberlas regalado a tiempo. Como tantos otros gestos diarios soslayados en su momento y lamentados cuando es demasiado tarde para obrarlos.

Allí lo invadía una desazón que lo mantenía tenso el resto del día. Le agobiaba no haber vuelto nunca a sentir su presencia; ni haberla soñado siquiera. Ahí sentado monologaba tardíos diálogos. Ella lo veía y oía cada vez, sin juzgarlo ni poder manifestarse, incapaz de transferirle la inmensa paz que disfrutaba o su franco perdón, tan profundo como incorpóreo.

Él le hablaba como siempre, con la mirada ida, alternando charlas inconclusas con noticias de cuando ya no estaba. Y de repente…allí estaba. ¡Era ella! Estaba seguro. La sintió subir por su espalda, traspasar su cuerpo un segundo de fugaz hormigueo helado junto a su inolvidable perfume.

Espontáneas lágrimas rodaron por su cara humedeciendo el virtual mantel de mármol para sus citas. Lo que él no supo y ella advirtió, pero debió olvidar pronto, fue que mientras esas lágrimas se secaban en la piedra, otras gotas, fruto esparcido por amor de pareja, la engendraban en un nuevo vientre.
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