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domingo, 26 de diciembre de 2010

puerto y barco

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Barcos endebles, barco de papel que botamos luego de que haya cumplido su ciclo de hoja, de haberle escrito todas las palabras de plomo que nos supuraron y pacientemente posterior armado. Bastante después desde la costa lo miramos irse con muchas de las preguntas que nos dejó su silencio urticante: picapalos pertinaces en nuestra nuca... soltarlos sin dolor ni censuras y al final, cuando estén ya en el punto de no retorno a tierra, prenderlos fuego con la colilla del último cigarrillo del día; y exhalar al cielo esa bocanada de humo sintiendo en la quemazón del gusto que todo lo que allí se va es para bien, porque vendrán cosas mejores, o en todo caso, nuevas hojas en blanco a nuestro puerto...

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domingo, 19 de diciembre de 2010

para Nito, un día de éstos, que son los días todos

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"Con el Espíritu en el adviento
botá tu barca
al mar de la esperanza
en la brújula
pone rumbo a la felicidad
dejando que tu corazón
haga de timonel"

Nito
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en las aguas de los días

varias barcas



la tea de la tuya

me guía entre mares

cuando la bruma de las noches

confunde puerto seguro con sinuosas piedras



de tus velas he aprendido

el oficio de otear el horizonte para perfume

antes que por destino



la resina de tu quilla

cultivada en la misma tierra

que nos alumbró a destiempos

lleva un nudo que anunciaba la amistad

que me has regalado



resina que imprime al barco

olor a casa

y chispea en fogatas compartidas

esa pizca necesaria de silencio

para poder volar



ave que abreva en cubierta

luego de custodiar las cúspides

donde nos subimos a recordar estrellas

y a mojarnos las mejillas con su hado

mejor que para fijarnos por dónde ir



ave antigua:

su nido mora en tu corazón


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domingo, 28 de noviembre de 2010

Cadáver VIII (*)

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traer sonidos a cuestas
desde tenues ecos
nada más

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        (*) Con Marina Cecilia Kohon
   http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
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                                                                          respirar allí
                                                                                                        difícil cosa
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/VIII/
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sobre el cóncavo pretil de la costa este

extiende, escucha, espera el aire

intenta ver más allá de lo póstumo

sin saber de dónde viene esa música



alarga su mano el oído

trata-asir la fina ondulación

del movimiento

el rumor tibio

de un ángel en la lejanía



agita mástiles de días despeinados

y se prende de las piedras niqueladas

que montan guardia en las costas de salitre



la voz junto al palmar se sueña

deja que el estero la arrodille

/mientras/

el oído sigue atento al arpegio de humo

de esa costa lejana.


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domingo, 21 de noviembre de 2010

azulejo.uno


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Caín, engañado, arquetipo de Edipo Hierofante 
más sólo y lúcido día a día: el espanto mismo
expulsado para siempre

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el animal emerge del fondo del útero, oxida sus retinas, sus pulmones, vuelve a cero su prememoria y comienza el ciclo de las Tríadas...

no lo sabe ni le importa, ni idea tiene de que el proceso de algunos minutos equivale a lustros interestelares del que algunos conservan cicatrices, mientras la mayoría pierde esas marcas de nacimiento...

el animal emerge y está al otro extremo del orgasmo primigenio, a años luz de cerrarse, eslabón de su propio orgasmo, quizá inalcanzable

alguna vez estará en la arena, en lo oscuro, el frío como esqueletos que lo encienden a su verdadera condición, soledad; un par de ramas, la noche bronca, algo similar a vida llena de muerte le desgarrará el pecho para que no quede dónde ir, a quién llamar...

pero ahora emerge y una lentitud pasmosa, desorbitante, le graba cada instante para que cuando en la arena se encuentre fieramente fiera, cara a cara con sí mismo, nada total hociqueándole las facciones en las suyas, sal entalcando el paladar, ahí sí: niño, huella, archipiélago enhebrado, un millón de escamas, parición extinta hasta los adentros del animal que emerge de su propio útero y se extraña, se espeja, duda, flotado al vacío... y llora

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intuís

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B:
a la magia del Parque se la heredaron los Chanás
residentes originarios de estas tierras
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hay algo en el agua, en el aire, en la luz ladeada del atardecer
que hace que las cosas cobren ese encanto que se ata a los
corazones de los transeúntes; un halo póstumo tiñe la piel de
cobre y cuerdas, con barro y madera volvemos a las plumas,
a los pájaros que no dejan de ser los mismos a través de siglos 
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mientras se va lo último del aire que quedaba

el pie deja una marca en lo rojo apenas

y entonces: verse

sentirse

irse



sentir sed

la nariz hiperestimulada

esa picazón



y una esquirla de brillo a los costados del ojo

nos mira desde arriba

como si no fuéramos nosotros

los que nacemos

estos colores



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domingo, 31 de octubre de 2010

Cadáver V (*)

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en los márgenes adversos de la retama
retamos a los demás
a vernos


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( * ) Con Marina Cecilia Kohon, Bahía Blanca

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/V/
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voces de veces y vasos de volcanes en la memoria

pasillos que se derrumban a la altura

del destercer intento

/torcido/



de regresarme por el camino de este

amor abrojo

/destorcer/

sería borrarte



/el regreso uno/

debajo de la tierra

dibujo con los dedos

uñas del sendero trunco



me exilio en los pasillos con mis uñas

en el fotograma de vos y yo

en tus voces

/de memoria/

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domingo, 24 de octubre de 2010

clodel

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caminar diagonales, caminar espaldas, capital diezmada

terminal ojos rojos y en la retaguardia irascibles

avispas, prolegómenos, facundias



de memoria andar, caminar, caminar espadas

destejer de la nada palos borrachos

sus vegetales nevadas



caminar espaldas, los ojos rojos

y detrás de los párpados

el recuento minucioso:

tempestades

 
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domingo, 17 de octubre de 2010

:85

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la sonrisa redonda redonda sonrisa la
escozor suavemente intrépido tras rojas arcillas
trepana formas


ensuciarse los dedos en rincones morados que callan las noches
que guardan la muerte esa que te levita
que te rescata
y no te despierta



a lo lejos silbatos de barcos inexistentes

 acá un barco sin agua


silba
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martes, 25 de mayo de 2010

Solitudes.33

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se puede acaso bailar con el alma al lado tuyo
oyendo una gavota

es posible asimismo flotar nirvanas deconocidos hasta para un yogui nato

en la fuente un agua extraña la racia de tus dedos bautismales

lejos, sí, asquerosamente tarde: reirás?

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carabela rapsoda

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/la santa/

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los barcos y los botones

        abanican en tu pelo

                   una negrura

clavada al lazo ileso del exilio



                        en las barandas



en la balaustrada oriental del laberinto



                           aquí



  en el patio a cuadros



una audiencia, un concurso de silencios

pero más

del de tu imagen gritona




deus ex machina



deuteronomía

nada más que en mis papeles

eufonías filosas que sonríen cada tanto desde lejos




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/la niña/
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palabras exasperadas

gargantoprimido

/aire fino/

exhalación irresuelta

ylaexhalaciónlaexhalaciónlaexhalación



si las plantas dicen que no vasvenís

desde los días de uvas



parangón

para puentes

y fortuitos cadalsos



una moneda apretacuellos

                       solo una, la única



nada que hacer más que callarse, amague de primavera,

                  y fisgonearte

una vez bandeado el recodo sur








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/la pinta/
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ver al cielo amplio

una caravana el agua sin fronteras

hasta equinoccio equino

de equis ecos

punto y aparte



otra tarde sin bajas en el frente

ni altas en los papeles estos



el ejército impune sin sangre

tendón hinchado



bandera blanca, un mármol insoportable



la capital quieta

te ve irte y no se aguanta

el olor provinciano que le queda


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sábado, 24 de abril de 2010

----- / Cupiste Cupido / -----

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cupiste cupido
apenas en el hueco de mi mano
en un soplo del hálito divino
que a flancos y flores
me respira

en silencios también, esos silencios
en hogazas de luz
de la mañana
hasta en nubes apretadas por las siestas
supiste caber, cupido

te busqué en el cajón de los cubiertos
hasta en ropa que no uso, y hojas secas
pero nunca aparecías

en los diarios
y en mil aires de canciones
detrás de los árboles de octubre
en los fuegos de otros ojos
y otros fuegos
y otras veces te busqué
entre los recuerdos
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"starts with a sort of an electronic whispered german parlament from a celestial enviroment, something like a scratch in the back n´ neck, hypnos and pyros together, against each other, more or less like that… what d´you want /from me/? nothing at all, a new bluer kind of white, buy it by design, be all that you can be, be a winner, eat to get slimmer, it could be us tonight... fly the farest skies, and I have no purpose, and I have no reason for reasons to get back, and I have no religion, and I don´t know what is what /love/... /Zooropa/... don’t worry baby, it’ll be alright /Zooropa… / you got the right shoes /Zoorop… /to get you through the night /Zooro… / It’s cold outside, but brightly lit /Zoor…/ skip the subway… Let’s go to the overground. Get your head out of the mud, baby. Put flowers in the mud, baby. Ooooverground /Zoo.../ No particular place names. No particular song. /Zo…/ I’ve been hiding. (Well, so...) /Z…/ What am I hiding from?... Don´t worry baby, it´s gonna be alright. Uncertainty could be a guiding light. I hear voices, ridiculous voices... She´s gonna dream of the world she wants to know, baby. She´s gonna dream out loud. She´s gonna dream out loud... dream out loud. Zooropa U2"

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que cupiste, cupido
te decía,
en mosaicos suspendidos
de esas tardes
de domingos solitarios
hasta el tuétano
en las balas que no esculpen los dragones
o en murmullos de gente por las calles

que aprendiste a caber
o dejas ver
tu silueta a claridad desperdigada
entre amagues de revanchas y mutismos
cada vez que caía y me paraba
te volvía a buscar
y ahí estabas…

una sombra con solapas trasnochadas

al fin cupiste cupido
la milésima pieza de aquel puzzle
que no venden
en los puestos de las ferias
ni se ven cuando niño
/de la mano/
tras vidrieras

un poliedro hecho de tantas dimensiones
que el más tenue goteo distorsiona
y dibuja los paisajes olvidados
solo vueltos en sueños
cada tanto

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sábado, 6 de febrero de 2010

mamushka de sueñomos (sueños+gnomos)




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Anoche volví a hacerlo, después de casi dos años. No sé como decirte, fue una sensación horripilante, desesperante, de enorme ahogo… como si en algún punto del espacio intermedio el hilo se hubiera roto. Y cuando digo hilo me acuerdo, lo siento, lo palpo, lo lamo casi con frenesí, vuelvo a vivirlo ya restablecido del todo, en calma y con profundidad, intenso.

Pero anoche era un hilo marioneta. Uno de esos vínculos entre pescador y ser acuático que se manifiestan desde la alteridad de caña, de un lado, y desde la propia jeta rajada por anzuelos del otro. No sabría explicarlo, porque no era una relación desigual entre pescador y pescado. Era más bien como si de ambos lados los hilos terminaran en millones de ganchos ínfimos dulcemente incrustados en cada miembro, y luego un tirón, como una extirpación de pituitaria violenta y sin anestesia, un vacío palpitante en la contracurva superior del paladar. Un manchón negro en el pecho, a siete centímetros de profundidad, con límites desparejos y de tendones con sus hilillos desgarrados.

No sé si habrá sido la distancia, la sed emotiva, la atmósfera de la noche que pedía par, o una pesadilla malsana en plena vigilia. La verdad no sé. Sólo sé que estaba roto, suspendido.

Empezó a las nueve y media de tu lado de la noche, espontáneo, crudo, repentino. Miraba la luna y ecos laterales disonaban en todas direcciones. Después de bañarme salí a caminar porque no aguantaba que me entrara tanto aire puro, era la amplitud de garganta luego de la ablación. No sé cuánto duró, no sabría decirlo. Pero diría que cuatro horas seguro, como mínimo.

Flotaba dibujando arabescos en un remanso tibio y estancado en cuya superficie la luz de la luna también dibujaba a su antojo. Un desfile de días y de cosas y de gente, de verdad bastante indiferente, aunque de alguna manera tenían que ver con nosotros. Raro, no se deja explicar, como todo lo que nos pasa siempre: tan nítidamente claro que se nos hace inasible y las palabras naufragan cada vez que intentan acercarse al reino. Como si una marcha de incontables días detrás de un camino de hormigas nos ayudara a sitiar su fortaleza, cuando todo lo que hace es mostrarnos sólo algunas de sus puertas más externas. Así de indirecto, y por eso mismo más innegable, imposible de ser falsado.

No sé si andabas gris o lejana, apagada o apocada, triste o ida, en la cama o sentada en una vereda con la mirada perdida y la garganta cerrada. No sé si eras la isla, el agua, la canoa, el pescador, un hipocampo o ese mantel de cielo que aspiraba y empujaba contra el agua al mismo tiempo.

Cuando desperté lo recordé enseguida, no me había acostado boca abajo. Hacía casi dos años que no lo hacía. Entonces, entre las ganas y la duda, entre el sopor y un mareo, me quedé así, asido a los extremos de las sábanas para no caerme del pedazo de madera. Una boya suelta con un poco de hilo que colgaba sangrante y sus espasmos rojizos se diluían entre las fauces marrones del remanso, que sudaba copiosamente. Nada más quedaba esperar que los caprichos de la corriente me devolvieran a suelo firme en algún momento. El desfile funerario circundante sonaba a ramalazos tenues, y a dedos curtidos sobre el corazón desnudo. Un gnomo falaz que caminaba a los tumbos por un suelo fangoso que amenazaba mandar la balsa al fondo del estanque triste.

Todo volvió a la normalidad al amanecer, momento/proceso en que la luz disfraza cada contorno cierto con un manto definido, racional, firme, y exorciza cada duda en un chasquido. Medio ojo abrí nada más. Y un amague de sonrisa al ver que el gnomo asido a la madera eras vos en mi pecho, que sin querer me habías dejado un mechón de tu pelo en la boca, esos hilos...

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miércoles, 20 de enero de 2010

¿Respuestas?

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Después de tanto andar por tantos lados
buscando enloquecido entre la bruma
la pócima vital que Moctezuma
soñara en su primer ritual sagrado,

sé que no hay preciso resultado
a esta anti aritmética suma;
ni frase, ni mensaje que resuma
(pues las musas no atienden los feriados)

la solución feliz para la vida.
El amor, la pasión, gente querida,
puedan darte, quizá, claros motivos

a las zozobras propias de estar vivo.
No existe el secreto definitivo:
cada uno reacciona en su medida.

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viernes, 8 de enero de 2010

Inexorable

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(Prosa poética dedicada a Félix García, y a quien esté atravesando períodos de sequía)

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El memorioso emisario de las musas afirma con hondo pesar, al círculo íntimo, estar seco de voces. Mientras lo dice, su mirada cae con rigor pétreo y un hondo suspiro lo vacía. Lamenta que sus días se gasten en silencio, atemperados apenas con familiares y letras de amigos que la vida ha sedimentado. En los peores momentos juzga insuficiente ese abrigo para la insoportable crudeza del invierno que debe enfrentar solo.

Los del jueves esbozan sonrisas de padre, alternan su rol unos momentos, lo consuelan; con paciencia le recuerdan que tal cosa es imposible. Le cuentan de Agamenón y su ejército sitiado por el hambre y los infieles, al pie de la montaña, cuando le bastó una sola palabra para que ésta se abriera y los salvara de la muerte. Sus huestes jamás la repitieron, pues su poder de fuego era privativo del gran Agamenón. Y del fragmento de las escrituras: “Una palabra tuya bastará para sanarme”.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera; sucesivos ciclos complementarios de día y noche precisos para convivir en armonía. Dolientes, sí. Quizá demasiado prolongados intervalos.

El sabe de sobra que mirarse al espejo es lo opuesto a verse; que para ver en serio hay que cerrar los ojos e intuir arcanos corpúsculos tras los párpados. Quiere, elige seguir volando, mas se siente abatido. Aunque la secreta impresión sea la de ya no pertenencia al estrato puro donde se arraigó, a ese nimbo que le fue predestinado desde su alumbramiento. Como si fuera una incierta intuición del cercano final. Mientras, observa con incredulidad los mojones que ha sembrado en el camino; algunas veces como a débiles cenizas del victorioso fuego a través de indómitas lágrimas, otras con sencillo pero profundo orgullo que eriza la piel. Le cuesta reconocer que esos cisnes perlados o aquellas ardientes epifanías de singular belleza sean de su propia creación, si ni siquiera ha precisado barro o polvo para animarlos, sólo un inusitado bache de aire y poca tinta han sido suficientes.

Llegará, como siempre al fin llega, un día cualquiera en que la chispa arderá: de una azarosa imagen, una mirada, un aroma (lo mejor de la chispa es que nunca se sabe cómo surgirá). Primero será una melodía que hacía tiempo no tarareaba, después un calor en la cara, en el pecho, en las sienes; cierto sudor en la palma de las manos y gota a gota, un torrente de palabras irá mojando rituales páginas con sangre cósmica, mientras en la espalda resurgirá el casi olvidado escozor de mágicas alas, regresando todo a su lugar.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera. Dolientes pausas multiplicadas por la inexorable herrumbre del tiempo. Claro que habrá un último espacio entre la última oda y la despedida final, pero éste no lo es, ya verás. No hay silencio en ti; olvídate del silencio, Félix.
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viernes, 18 de diciembre de 2009

Naufragio

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haré nevar tus escamas
en mi pecho húmedo
con tu saliva

tu cabello mi máscara
tus gemidos música
y tu aliento el mío

cada cueva será horadada
y tu superficie toda
habrá de saberme

cada embate recogerá tu hálito
mis manos se llenarán de tu humedad
desenfrenada

mil zumbidos tibios
llenarán tus oídos a vacíos
mientras una marea en tus entrañas
nos marea

naufragaremos aferrados
a retazos de cordura
posteriores al letargo
del barco largo
en tu cintura

rasgarás la cima
de la dureza
jamás dormida
de mis caderas

.
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1727

*

*

*

Palpitando tu presencia
ya mis músculos se alertan
mientras mi piel erizada
ya no piensa en nada
más que poseerte

entro en sigilosas sábanas
como si viniera del Sahara
y te reclamo el líquido
que me sacia y me completa

soy entonces la saeta
un morado aguijón romo
tus costas con mis aguas como
noche perfecta

y de nuevo te reclamo
y a tu vista me relamo
me desboco me desquicio
tu aceite, rosado vicio
el caudal de mi corbeta

un amanecer entre tus piernas
brilla libando la leche
dulzona de ciertas flores

golpeo un ritmo sin tregua
mientras tus pechos pendulan
y mi espada se estrangula
en la imantada cueva
de mi indomable yegua

y soy cópula estrellada
soy un nervio agarrotado
que tu ojo ha devorado
y en tu cuerpo ha perdido

dos frutas chocan el limbo
están llamando a tu puerta
es la música sedienta
del par baile concurrido
y parece sin final
el viaje al salado nido


*

*

*