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sábado, 14 de febrero de 2015

El último organito


El último organito (óleo)
Juan Carlos Limmo (Argentina)



audio versión del grandioso Goyeneche


Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco, un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclen luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.



El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.



"...El ciego inconsolable del verso de Carriego..."

En este precioso tango compuesto por don Homero Manzi, se pueden observar dos sonetos alejandrinos encadenados que comparten y utilizan como estribillo sus tercetos. Evoca un paisaje barrial ya perdido y se hace referencia al poeta paranaense Evaristo Carriego. El texto al que se refiere  pertenece al libro póstumo llamado "Poesías" editado en 1964 por Los libros del mirasol



Has vuelto

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
........El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven... la novia... ¡quién sabe!
Alegrías, penas,
vividas en horas distantes. ¡Qué suave
se le pone el rostro cada vez que suenas
algún aire antiguo! ¡Recuerda y suspira!
Has vuelto, organillo. La gente
modesta te mira
pasar, melancólicamente.
Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.

¡Adiós, alma nuestra! parece
que dicen las gentes en cuanto te alejas.
¡Pianito del dulce motivo que mece
memorias queridas y viejas!
Anoche, después que te fuiste,
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste-
lloraban los ojos del ciego.

domingo, 2 de enero de 2011

del ejercicio del escriba ... (*)

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(*) de Marina Cecilia Kohon
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/

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Costanera de Paraná, un atardecer de noviembre 2010.-
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Y escribir, escribir bajo el fleco turmalina del ocaso, ese punto donde mueren las vocales hasta desangrarse de palabras. Fundirse en el charco. Poder resucitar en las fauces de una aurora boreal, una espiral envolvente de expresiones que nos gire. No temerles. Abrirse a este cúmulo brillante entrelazando todos los pasados y presentes, exhumarse y zambullirse, tenderse y confiar… confiar que la gravedad ha desaparecido, que no habrá caída y que entonces las palabras fluirán como partículas de luz más allá de nuestros límites.




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intento de retexto de mi parte
 
 
...escribir es cribar, escrivivir, escarbar de tal manera que los temblores que nos azulan las venas empiecen a surgir a través de palabras que veremos como una ingente fila de hormigas negras que llevan el triple de su peso cada una y hacen una escisión exacta, mágica, filosa, en esa línea imprecisa, extraña, inexistente, que el ser humano se empeña, a falta de mejor nombre, en llamar horizonte...

... escribir, escandir, latir al mismo ritmo de una música añeja que de alguna manera nos despierta, nos usa de antenita entre esto y lo otro; tambor esencial entre el animal y el dios por el que eternamente oscilamos en este camino de hormigas y amagues de vacíos, de ríos o de cielos... terciopelo la piel, áspera la lengua, y en el medio un músculo extraño eclosionando alcanforado a fuerza de crisoles de una mezcla física y etérea que remite a lo remoto, a las ramitas secas de las coníferas cuya resina se traduce a lo perenne que nos habita y trasciende, que no pesa más de veinte gramos y debería oler a ese humo de cuando quemamos una piña seca y el perfume nos limpia para poder seguir adelante y escribir, escandir, latir al mismo ritmo de esa música añeja que nos despierta a la eternidad...



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