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en rápidos del río
a la vera de días iguales
un péndulo bate minutos-remo
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ayer todo el día
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aunque las olas espumaban:
el dedo, la llaga, las llaves
sonaban y no aparecían
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nos hubiéramos quedado a quemar el mundo
o nos podríamos haber pelado sin fronteras
ni metáforas; descuartapizarnos ilesos
remando cuesta arriba los harapos
de trapos tirados
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dos amagues
de muñecos
pinchasábados
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lástima que el péndulo insular nos abjurara
sin dudar insuflar la rara tinta
que con forma de eñe e infinito
aspergiera volcanes
mientras hundo
en silencio
en la bala saliviva de tu boca
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un tifón despiadado y memorioso
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una pátina traslúcida
que recorre de los techos
al subsuelo líquido tu lengua
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una noche de remos hacia Roma
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esta clave de sol
este clavo en los maderos
que miramos y sentimos y nacemos
hasta la mirra eremita y final de cada astilla
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una vez a la par, tres muertes juntas
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sin poder esperar a que el ocaso
nos despierte, nos duerma, nos moje tanto
como la lluvia desatada acá dentro de los poros
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