.
.
.
.
.
.
cada olor con que la piel
arme su arnés dactilar
suda sueño aquí
aquí donde hoy
por parches grises
de las gradas
camino de hormigas carnívoras
aquí soy dos
fuga, fuego, lente, hiato,
matriz alterna, magma
lejos agujero solo
y un par más de hebras de retazos
.
.
.
juntando papeles perdidos por oscuros rincones a bordo de la nave a la deriva alejandrocabrol@gmail.com alejandrocabrol@hotmail.com
---V0C35---
(16)
//0La5//
(8)
07r05 4u70r35
(66)
0jo5
(15)
11uv1a
(11)
35k4m45
(9)
35Qu1na
(5)
3n Ca5a
(6)
50n3705
(18)
7i3rra
(3)
a mano alzada
(35)
A7ulej0s
(2)
A8ua
(24)
AB3C3D4R10
(1)
Acaró71c0
(19)
AiR3
(5)
al80r35
(7)
Alas
(16)
Amar1ll0
(7)
Ár80l35
(10)
Arcanos
(26)
área de Lino
(1)
Argelado
(6)
Autoparlante
(4)
AV35
(10)
Azulapislázuli
(9)
B3lls
(7)
Ba-húles
(13)
barcos
(16)
Bilingual
(15)
bocetos
(21)
Breviario
(40)
Burning Blues
(6)
ByN
(11)
c0n 5an8r3
(10)
C4ndy-C4r4m3L1a
(3)
cabos sueltos
(20)
Caducho
(1)
canciones
(22)
Canciones Traducidas
(6)
carbones rapaces
(8)
cegueras
(15)
cicatrices
(29)
Cu3n705
(23)
D A 2
(31)
d-rota
(10)
D1x10nar10 P3rr0
(2)
D3 M4dru84d4-MuyT4rd3
(4)
D35ang3l4d0
(10)
Da8u3rr071p05
(5)
DDJJ
(3)
de antes
(15)
de/s/memorias
(15)
dedos húmedos
(14)
DesProsas
(1)
Deudas Impagas
(25)
Deudas Pagas
(16)
en las nubes
(36)
Entre Ríos
(2)
Erotozoo
(32)
Espejos
(1)
F0705
(6)
f10re5
(17)
fantomloop
(10)
Five Hundred Thousand Fingers
(1)
Fu380
(11)
g07a5
(12)
H13r8a5
(12)
H3bra5
(11)
H3bra5 para las c1nc0 de la Tarde
(1)
Haduendes
(8)
Hu31145
(3)
Humar3da
(6)
Inner Twitter
(4)
intertextos
(2)
IraAmarga
(9)
jirones
(46)
Ju3v35
(4)
kitch
(14)
Lilamorados
(6)
Lit3raTunning
(1)
LúD1ka
(23)
Lun35
(5)
Luna
(5)
M4n05
(8)
N38rur45
(7)
Naufra8105
(9)
noche
(51)
numeral
(35)
Ocres
(45)
Ok7u8r3
(8)
P135
(7)
paedia
(17)
para los navegantes
(6)
Paraná
(3)
Pé7r3o
(17)
Peceras
(24)
perfume
(21)
Ple8ar1a5
(8)
Plumas
(13)
Plumifacencias
(3)
PostAle´s
(1)
PR05A1KA
(6)
Recuentos de Marzo
(14)
reveses
(15)
rojo
(37)
Roturas varias
(31)
sal
(4)
serial killed
(1)
Serie Q
(43)
SeriePerlas
(11)
Silencio en fuga
(7)
Sinceralia
(1)
SiSm0g0ní45
(4)
sol
(5)
soliloquios
(38)
Solitudes
(15)
SuCesión
(1)
Surreal
(21)
teorías y conceptos
(3)
Tiempo
(4)
trabajos
(3)
Trípticos
(8)
TXTosterona
(1)
un dedo
(24)
urbaNeo
(10)
V
(3)
V13rn35
(3)
V1g1L145
(2)
V480n35
(10)
Vademécum
(10)
Venezuela 2013
(9)
Verano
(2)
Verdores
(27)
Versalia
(50)
viajes
(39)
zzzF3R45
(10)
Mostrando entradas con la etiqueta IraAmarga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IraAmarga. Mostrar todas las entradas
jueves, 28 de abril de 2011
viernes, 22 de octubre de 2010
.
.
.
mon carpio, VCX-CFR, II:4

.
.
.
. . . deberás andar buscando alguna razón
para volver a evitarlo . . .
.
.
.
pero como los olores se enraízan
ningún puente ningún parque ninguno de nosotros ya podría
esta vez saltear las mil cimas
que se ciñen a los tules de tu notte /norte/ le dernier chanson
y las luces del vano del subsuelo
de las pestes y los pastos y los postes
y los postres entre peltre apoltronado PUAJJJ
/get out OH legario/
,
,
,
.
.
mon carpio, VCX-CFR, II:4

.
.
.
. . . deberás andar buscando alguna razón
para volver a evitarlo . . .
.
.
.
pero como los olores se enraízan
ningún puente ningún parque ninguno de nosotros ya podría
esta vez saltear las mil cimas
que se ciñen a los tules de tu notte /norte/ le dernier chanson
y las luces del vano del subsuelo
de las pestes y los pastos y los postes
y los postres entre peltre apoltronado PUAJJJ
/get out OH legario/
,
,
,
antiflama espacial para una gula que se sacia al revés y ante nadie
infalible inmersión inmaculada de una mano
de un mono
+ un gnomo
en las vísperas del armageddon
un día antes del siglo primero
un fuego fatuo al fondo
due, la notte eterna
due, la notte eterna
.
.
.
qué más da?
.
.
.
domingo, 17 de octubre de 2010
esporas /^/
.
.
/CXVI/
.
dos estruendos bastan
para quitar la carraspera...
¿¡qué dos estruendos!?
¿dije dos estruendos... dos?
dos palmadas, a lo perro vago
y después darse vuelta y seguir
lejos de las giladas que se buscan amontonar sin cesar ni César
tu pavada:
una montaña de ropa que se pasa de moda antes de salir a oferta...
un cenicero aplastado contra un pómulo
astillas perennes sin cicatrices ni olvidos
una percha sucia de piel y rabia y leche rancia apelotonada
un sorbo de mal café para irse pronto
y oler a calles, a humedad hasta los huesos
al pelo largo del invierno ceñido a tu cintura
al aire first class que se te demora en el canal del pecho,
pendular de dije envidiado enviciado
juicioso por la obligación metálica de los eslabones adheridos
envidiados enviciados
juiciosos por sujeción a su extensión alrededor de tu cuello envidiado
enviciados mis dedos por soñarlos entre horario antes y hora después
todavía lejos y tarde,
más acá o más allá de los sonidos del calambre bajo la lengua
del perfume que me queda envidiado enviciado entre los dedos a la altura de la nariz
cuando me toca el milagro de compartir el aire de unos metros a la redonda
(?)
/what the fuck!/
dos estruendos y chau carraspera
a cagar al patio lejos del limbo este
que no te queda,
que no te cabe,
cómo querer calzarle un stiletto a tamaño orangután execrable
vaya, vaya nomás
los giles de gala a otro domo
donde se soben las carencias con otros iguales o peores...
y así
cerrar la puerta: muerto el perro se acabó la rabia; a rey muerto, rey puesto . . .
y todas esas condenadas coronas que no te quedan, flaco
mientras por acá la carne se pasea viva y lava
leve y loba
verla y albor
ver la burla de que esté tan cerca
y que sea una provocación sólo para mí
que me quedo de brazos cruzados y estiro las piernas
mirando al momento irse para siempre, envidiado, enviciado,
juicioso a fuerza de falta de calce ...
entonces
me voy renguenado enviciado e insidioso, juicioso mal.
.
.
.
.
/CXVI/
.
dos estruendos bastan
para quitar la carraspera...
¿¡qué dos estruendos!?
¿dije dos estruendos... dos?
dos palmadas, a lo perro vago
y después darse vuelta y seguir
lejos de las giladas que se buscan amontonar sin cesar ni César
tu pavada:
una montaña de ropa que se pasa de moda antes de salir a oferta...
un cenicero aplastado contra un pómulo
astillas perennes sin cicatrices ni olvidos
una percha sucia de piel y rabia y leche rancia apelotonada
un sorbo de mal café para irse pronto
y oler a calles, a humedad hasta los huesos
al pelo largo del invierno ceñido a tu cintura
al aire first class que se te demora en el canal del pecho,
pendular de dije envidiado enviciado
juicioso por la obligación metálica de los eslabones adheridos
envidiados enviciados
juiciosos por sujeción a su extensión alrededor de tu cuello envidiado
enviciados mis dedos por soñarlos entre horario antes y hora después
todavía lejos y tarde,
más acá o más allá de los sonidos del calambre bajo la lengua
del perfume que me queda envidiado enviciado entre los dedos a la altura de la nariz
cuando me toca el milagro de compartir el aire de unos metros a la redonda
(?)
/what the fuck!/
dos estruendos y chau carraspera
a cagar al patio lejos del limbo este
que no te queda,
que no te cabe,
cómo querer calzarle un stiletto a tamaño orangután execrable
vaya, vaya nomás
los giles de gala a otro domo
donde se soben las carencias con otros iguales o peores...
y así
cerrar la puerta: muerto el perro se acabó la rabia; a rey muerto, rey puesto . . .
y todas esas condenadas coronas que no te quedan, flaco
mientras por acá la carne se pasea viva y lava
leve y loba
verla y albor
ver la burla de que esté tan cerca
y que sea una provocación sólo para mí
que me quedo de brazos cruzados y estiro las piernas
mirando al momento irse para siempre, envidiado, enviciado,
juicioso a fuerza de falta de calce ...
entonces
me voy renguenado enviciado e insidioso, juicioso mal.
.
.
.
domingo, 19 de septiembre de 2010
erogenie de futuro conurbano
.
.
.
.
.
es hora es retacear textos un poco, voy guardando algo para la edición física, real cien por cien en algún momento del año que viene, si se puede abril o mayo; se aceptan ideas, donaciones, monedas y buenos deseos, jajjaaajjaaaa au revoir!
.
.
.
tell us where you go with that gun in your hand /head/ /that silver-bullet gun ahead again/
.
.
.
puesto es esos términos, chiquita, /o sea entre la espada y la pared/ es justamente una pared, como si dijéramos: hay unos patines y un tren bala... qué hacemos?
la respuesta se cae por la tapita
.
.
.
y un día vamos a despertarnos de verdad /en una de esas.../
.
.
.
o sea que textos ocultos exclusivos para el papel, sí
.
.
.
mientras tanto seguiremos el camino de hormigas
o mirando por la ventanilla de los aviones
PD: no vale empañar ni mojar el vidrio, las puertas se van abriendo /y se van cerrando/ de a una a la vez y de cuando en cuando
.
.
.
domingo, 12 de septiembre de 2010
boceto de buraco(*)
.
.
.
.
.
.
Cordelia agrega maderos al hogar y se deja pasar por encima por un reloj de arena en la mecedora que heredara; ahora ella también debería ser abuela, pero ningún hombre llegó a colorear sus pómulos a lo largo de las décadas.
Entre todas las peleas, la última la dejó afuera de una oportunidad digna y quizá sea en eso en que piense ahora, mirada absorbida por la forma de las llamas.
Se mece. Mata tantas horas de esa forma que siempre es el mismo momento de antes, que es igual al del día anterior, cuyo anterior resulta idéntico al año de... todos se parecen o se disfrazan del anterior; y así, ad eternum.
Se somete a esa imprecación interna increpándose a sí misma una y otra vez con una calma asfixiante y enjundiosa, sin saber si las respuestas son excusas aparentes o ventanas inservibles.
Percibirse flácida, seca, dejada, intacta irremediablemente, le da asco, pero su cara destila una altanera amargura aristocrática, tan intocable como sus labios o su himen.
Entre los trapos que le abrigan los inviernos austeros /no como antes, y también algo de eso pueda ser lo que hace que las llamas la hipnoticen/ sigue buscando el calor juicioso de la fogata, meciéndose.
Nada queda de aquella espiga que oliera a promesas de cosecha y oro; ni rastro de algo cerca de la idea de hembra. Cada tanto escapa de las llamas y la constante renguera de cenizas, ese crepitar de resinas, le parece cada uno un naufragio, un no, un rechazo de su gracia y de sus primicias, la danza de amagues que nunca entregara por culpa de su padre, de su abuelo, de los escudos de la familia rastreables hasta la sangre misma que bautizara a Henry I.
Amarillo y naranja, algún azul lateral cada tanto, fagocitado por las lenguas del madero. Nunca el rojo orgulloso sobre blanco, la coronación, el quiebre. Nunca máculas, fervor, fulgor, rubor, crúor. Jamás lágrimas visibles tampoco, para bien o para mal.
Cordelia leyendo cartas viejas en cartapacios resecos, mirando macilentos papeles familiares que de alguna manera increíble se salvaron de los saqueos, como ella; increíblemente más deteriorada que las hojas que lee, y a la vez que intacta. Soñaba a veces con instancias de tinta masculina, ser firmada de una vez, la mancha orgullo por fin.
Cordelia muriendo en vida, pulcra hasta en los labios y pensamientos de los demás. En cambio su boca no puede ya exfoliar sonido alguno que le pertenezca, ni estirar los labios a fuerza de buenos recuerdos; quizá por eso se le ajaron prematuramente. Se odia con podredumbre de semilla vana.
El único lazo es la cadena de plata que no muestra, corona para los días que le retumban en el pecho a grito suelto de lo que no fue. Todo se quedó a metro y medio del fuego de la carne, como ella, que fantasea curarse con las llamas para encontrar los testamentos desaparecidos.
.
.
.
.
.
(*) agujero, hueco, /lunfardo argentino/
/XXIX/.
.
.
Cordelia agrega maderos al hogar y se deja pasar por encima por un reloj de arena en la mecedora que heredara; ahora ella también debería ser abuela, pero ningún hombre llegó a colorear sus pómulos a lo largo de las décadas.
Entre todas las peleas, la última la dejó afuera de una oportunidad digna y quizá sea en eso en que piense ahora, mirada absorbida por la forma de las llamas.
Se mece. Mata tantas horas de esa forma que siempre es el mismo momento de antes, que es igual al del día anterior, cuyo anterior resulta idéntico al año de... todos se parecen o se disfrazan del anterior; y así, ad eternum.
Se somete a esa imprecación interna increpándose a sí misma una y otra vez con una calma asfixiante y enjundiosa, sin saber si las respuestas son excusas aparentes o ventanas inservibles.
Percibirse flácida, seca, dejada, intacta irremediablemente, le da asco, pero su cara destila una altanera amargura aristocrática, tan intocable como sus labios o su himen.
Entre los trapos que le abrigan los inviernos austeros /no como antes, y también algo de eso pueda ser lo que hace que las llamas la hipnoticen/ sigue buscando el calor juicioso de la fogata, meciéndose.
Nada queda de aquella espiga que oliera a promesas de cosecha y oro; ni rastro de algo cerca de la idea de hembra. Cada tanto escapa de las llamas y la constante renguera de cenizas, ese crepitar de resinas, le parece cada uno un naufragio, un no, un rechazo de su gracia y de sus primicias, la danza de amagues que nunca entregara por culpa de su padre, de su abuelo, de los escudos de la familia rastreables hasta la sangre misma que bautizara a Henry I.
Amarillo y naranja, algún azul lateral cada tanto, fagocitado por las lenguas del madero. Nunca el rojo orgulloso sobre blanco, la coronación, el quiebre. Nunca máculas, fervor, fulgor, rubor, crúor. Jamás lágrimas visibles tampoco, para bien o para mal.
Cordelia leyendo cartas viejas en cartapacios resecos, mirando macilentos papeles familiares que de alguna manera increíble se salvaron de los saqueos, como ella; increíblemente más deteriorada que las hojas que lee, y a la vez que intacta. Soñaba a veces con instancias de tinta masculina, ser firmada de una vez, la mancha orgullo por fin.
Cordelia muriendo en vida, pulcra hasta en los labios y pensamientos de los demás. En cambio su boca no puede ya exfoliar sonido alguno que le pertenezca, ni estirar los labios a fuerza de buenos recuerdos; quizá por eso se le ajaron prematuramente. Se odia con podredumbre de semilla vana.
El único lazo es la cadena de plata que no muestra, corona para los días que le retumban en el pecho a grito suelto de lo que no fue. Todo se quedó a metro y medio del fuego de la carne, como ella, que fantasea curarse con las llamas para encontrar los testamentos desaparecidos.
.
.
.
martes, 20 de julio de 2010
niebla
.
.
.
niebla
es la niebla
entonces es la niebla
pero entonces la niebla
tapia nueva
más sólida que mi desnudez
un secuestro de palabras
me desdibuja a musgos
y desanda mis muslos
amputa de sí mismo
hoscos silencios
.
.
niebla
es la niebla
entonces es la niebla
pero entonces la niebla
tapia nueva
más sólida que mi desnudez
un secuestro de palabras
me desdibuja a musgos
y desanda mis muslos
amputa de sí mismo
hoscos silencios
lo tapo lo trepo lo tumbo
lo traspaso de bruces
y lo voy gastando
con las uñas
.
.
.
un día de éstos
alguna ciudad
del otro lado
.
.
.
lunes, 12 de julio de 2010
.
.
.
.
diario de lunes; fotos frías y textos que olvidaremos al mismo tiempo que leemos, mientras se escriben nuevas historias sin sentido y las hojas acumuladas vuelan hasta el ocio del tedio, la noticia que nunca saldrá es este olor a vida entre tus muslos, la savia sabia esencia en este ambiente ambulatorio de lunes ocre y arcos, mejor dicho: el recuerdo de la savia ambulatoria por pasillos salobres del recuerdo ante un diario de lunes, julio 2010
.
.
.
domingo, 11 de julio de 2010
rosario cadenas
.
.
.
.
.
.
/CXI/
.
lebreles hambrientos ahuyentar
y listo
el sismo entonces
un payaso que se tuerce de amargura
sin testigos a mano que puedan jurar su circo
dice aborrecer de los insectos
/porque no le da el pellejo/
pero se muere por serlo;
por saber zumbar sutiles sones sin secretos
mira al frente medio de costado
sin poder esconder sus miserias
sus complejos de inferioridad y acidez oscura
queriendo convencer sobre algo para lo que no le alcanza la luz de la mirada
no es difícil
imaginar sus soledades ordeñadas en silencio
el retrete posterior
y un silencio pantagruélico
hirviendo en sus orejas rejas ...
nunca va a decirlo, pero se maldice por ser tan corto
y anda menospreciando a los insectos que preñan las flores que le hacen caer las babas
------------ y la lava
entre las sábanas
después se acuesta y duerme para olvidar lo poca cosa que hace tanto es...
.
.
.
.
.
.
.
.
/CXI/
.
lebreles hambrientos ahuyentar
y listo
el sismo entonces
un payaso que se tuerce de amargura
sin testigos a mano que puedan jurar su circo
dice aborrecer de los insectos
/porque no le da el pellejo/
pero se muere por serlo;
por saber zumbar sutiles sones sin secretos
mira al frente medio de costado
sin poder esconder sus miserias
sus complejos de inferioridad y acidez oscura
queriendo convencer sobre algo para lo que no le alcanza la luz de la mirada
no es difícil
imaginar sus soledades ordeñadas en silencio
el retrete posterior
y un silencio pantagruélico
hirviendo en sus orejas rejas ...
nunca va a decirlo, pero se maldice por ser tan corto
y anda menospreciando a los insectos que preñan las flores que le hacen caer las babas
------------ y la lava
entre las sábanas
después se acuesta y duerme para olvidar lo poca cosa que hace tanto es...
.
.
.
sábado, 24 de abril de 2010
/ Malhumorada amargura/ Tel Aviv, set 05
*
*
El Puente de los Suspiros /hoy Paseo de Los Poetas. Paraná, hace un siglo. Thanks GIA
.
.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
he nacido en ácido
asido a dos dosis,
así
amargo
largo letargo
marca en karma carmesí
cual cataratas van las mal ratas
acatando atacar
atan
matas de latas a patas
saltan faltas
y las matan
a cada lado tres tarros
traen tristes torres truncas
tras trenes van torvos toros
/tus restos de retos rotos/
detrás de trotes de tropas
todo lodo
me acomodo
lo domo solo a mi modo
lo adobo
lo doro y como
me embarro en carros de sarro
enterrado hasta los codos
revierte suerte…
¡Revienten!
vientres rupestres
advierten
enclenques pestes silentes
verte
en mi muerte
y tenerte
.
.
.
*
El Puente de los Suspiros /hoy Paseo de Los Poetas. Paraná, hace un siglo. Thanks GIA
.
.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
he nacido en ácido
asido a dos dosis,
así
amargo
largo letargo
marca en karma carmesí
cual cataratas van las mal ratas
acatando atacar
atan
matas de latas a patas
saltan faltas
y las matan
a cada lado tres tarros
traen tristes torres truncas
tras trenes van torvos toros
/tus restos de retos rotos/
detrás de trotes de tropas
todo lodo
me acomodo
lo domo solo a mi modo
lo adobo
lo doro y como
me embarro en carros de sarro
enterrado hasta los codos
revierte suerte…
¡Revienten!
vientres rupestres
advierten
enclenques pestes silentes
verte
en mi muerte
y tenerte
.
.
.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


