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domingo, 9 de enero de 2011

Palabras a un río (Arnaldo Calveyra)

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poesía poesía poesía...
esa agua lánguida que nos arruga blancamente
las yemas de los dedos

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¿Ya le escribiste al río,

río incesante del más allá?



¿a sus campos que son almohadas

de pastizales azules?



¿nombrarlo ya sabrías?



un verso vuela, flecha lanzada,

no para seguir buscando

apagando agua



¿empezaste a nombrar los cielos

caminadores de las costas?



¿a contestar a su reclamo

en un anochecer de pajonales

-recubre esteros-,

pajonales de fin del mundo?



no lejos de la mano que escribe

huellas de pies descalzos

en la arena



una nube

que buscara

ablandar

su imagen

en el agua



tardes,

son conversaciones

con un río



en que la distancia juega

a que lo borra

-remansado caracol

hallado entre espartillos-



de tus pasos llega



¿nombrarlo ya podrías?



ayeres convertidos

en hojas temblorosas



son ahora

esas imágenes



de los años llegan

por resucitar

en tu mente

un río



fotos dispersas

bajo una luz de lámpara



al sol azul

de la memoria



anocheceres

llegando a las barrancas



¿tu conversar de ríos?



¿empezaste

a ser palabras

de tu río?



¿ya te recibiste en río?



alamedas

fotografiadas

por el ausente



río de un caracol

en tu oído



por el cuerpo

adivinado



tu sol adelgaza



haciendo lo imposible

por no ahogarse

en las orillas



la voz, el silencio

con que abandona

la tarde



ya es nadie,

Narciso,

tu imagen en el agua



huevos de perdiz

hallados en pajonales

de tu mente



Hudson,

en caminatas semejantes...



arboledas

a flor de frescura



al entrar en el agua

te enredaste en las ramas



¿cuánto perdura una imagen

en el agua?



tu cuerpo en crecida

luna diurna de amigos



avanzas, transformas

costas, leguas, nubes



¿empezaste

a ser raíces

de tu río?



¿aguas zoólogas,

luz de nadie?



desiertas las imágenes,

los campos desiertos



rancho pausado

al borde del remanso



un espinillo

baila

con el sol



ausente

verías aprontarse

y pasar

la creciente



deletrearlas

como a sueños

las costas



¿a qué juegas, espinillo?



por recibirte

puse en presente las cosas de mi cuarto.

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amanecer en el Río Paraná
                                                                                                                                                  en la ciudad homónima





en Poesía Reunida

Adriana Hidalgo Editora

2008
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domingo, 26 de diciembre de 2010

Cadáver XIV (*)

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en el medio de la nada, porque no había rastro alguno del hombre
aún hasta allí llegaban los ecos de las campanas
/grafito infame, 4:45/
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(*) con Marina Cecilia Kohon
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/

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XIV


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Espera fragor de ventanas

mensajes, dedos algodón

tiñiendo un veredicto.



En vano espera

en las manos y en los ojos

le crecen espasmos de caléndulas

órbitas de orquídea escarlata



Su veredicto:



la venia intensamente verde

una lengua lechosa que huele a sus ojos, a sus manos

que crecen la hierba observada a través de la ventana de algodón



espera

todas las señales de los hilos transatlánticos

quiere saber si tiene alguna chance, si sobrevivirá al latido de azaleas

espera y ata sus fetiches, fabrica filamentos que adhiere a las ventanas

espera abandonado en líquido albino y sin sonido

espera

espera

su veredicto.

 
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sábado, 25 de diciembre de 2010

más poesía entrerriana todavía

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Alfredo Veiravé nació en 1928 y murió en 1991




Radar en la tormenta



Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar

el poema aterriza en la pista, a ciegas,

(entre relámpagos)

carretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas, descienden

de él, pasajeros aliviados de la muerte:

las palabras.



(De “Historia natural”, 1980)





Aunque nos citáramos por teléfono



Me asombró esta noticia científica: frente a la inmensidad

del Cosmos, todo parece frívolo, las preocupaciones humanas insignificantes.

Y realmente me obligó a cerrar el libro de Sagan esta otra: si nos soltaran

al azar dentro del espacio cósmico más escéptico

la probabilidad de que nos encontráramos

sería inferior a una parte entre

mil millones de billones de billones (10 33).

No obstante, mientras encendía el fuego de la chimenea,

tuve la esperanza de que girando lentamente entre islas estelares

una vez, cada 250 millones de años, una tarde fría de otoño

con lloviznas, yo podría pasar al lado tuyo, cuando solitaria,

tomas el lento whisky de la noche oscura, a 40 millones de años luz de Resistencia.



(De “Radar en la tormenta”, 1985)







AVISO A LOS NAVEGANTES



Escribe el poema y déjalo dormir entre los otros

colócalo en el freezer, de costado para que no ocupe

mucho

lugar en la heladera como aconsejaba Catulo;

después de un tiempo, una mañana cuando te levantes

con electricidad en los cabellos y sientas que él

te llama con una voz que se oye en la cabeza

y que es la de otro poeta más querido que tú,

vuelve a leerlo como si fuera ajeno

y sabrás si vale la pena corregirlo o romperlo,

o tocarlo para saber si aún está vivo.

No dejes que interfieran los otros escritos bajo

otras circunstancias psicoanalíticas de lo real, lo

simbólico o lo imaginario,

y sabrás qué cosas dice de aquello que no está

escrito.

Entonces si ese espacio vacío está lleno

sálvalo de la destrucción y engendra una fuerte

convicción sin pensar

en otra cosa que no sea el ritmo sagrado de los

planetas.




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domingo, 28 de noviembre de 2010

Cadáver X (*)

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claroscuritancias:
los enseres del ritual brillan
como si se hubieran tragado la luna
/grafito infame, 1,99/
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(*) Con Marina Cecilia Kohon
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
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X


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la opción era ir por ir

/por ahí/

entre la roca y la arena

una fina lámina dorando el instantesiglo



y amarrar el fagot

desechar la tabla rasa

quedarnos sólo con la música

obsedidos danzando cromáticos de odas



amarrar a cubierta

tu plumífera maquinaria de piel

prestarle sones al albor perfumoso



quedar oyendo en puerto de palos

el cedro luengo, la cruda, las danzas del eco

calentar los ojos



venas entregadas y sellar las pieles



/juntos/

bajo los cedros

proseguir la danza

/solos/



y al final del cielo

amarrar las notas

que desvisten tu paladar



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domingo, 31 de octubre de 2010

Cadáver VI (*)

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saber subirse al tejado de tu frente
y obliterar con tu nombre
mi obituario

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( * ) Con Marina Cecilia Kohon, Bahía Blanca

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/VI/
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y que un desencuadre respirado desde los pájaros

vaya largo venga lerdo ande dentro arda todo

o en el aire las palabras soplen

sueltas el apenas calor

olido juntos



como cristal suspendan el grabado

de la espera a fuego

que hablen de nosotros de las bocas

bebiendo alas

olido juntos



y que en la torre nada de lo ido duerma

ave abismo sapiencia cénit

fulgor fecundo entre

el martirio manso

de las calas



que tiempo y espacio se escurran

en nuestro cáliz lejos la herida cerca las marcas de los días

y sólo nosotros bebiendo alas

olido juntos

 
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lunes, 20 de septiembre de 2010

777

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siete

setenta y siete


setecientos setenta y siete






el ruido en las monedas duerme


con volutas de nubes equidistantes


a mis mal dientes y a tus bordepiernas






apretajurarte un poco hasta que te despinpeines


y no dormirse al hojear fotos nunca sacadas


si sé lo que hiciste con tu última tristeza






setecientos setenta y siete


setenta y siete


siete…






…barruntos de monedas posapárpados




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in par (*).3

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(*) Cicero dixit ex Creta
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     mañana, ágora sugiere urano

   notables generaciones grabadas en el granito pulcro



impar




          pergaminos heredados, repetidos Pater Patriae

entre barbas, coronas,

        palmas de olivo y túnicas punzó

               de nunca más






impar  la  lengua





           y las líneas de la mano emparentadas con el sol



hasta el principio del tiempo


     calor de arena, olor a sangre




         impares crines, trote impar

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in par (*).1

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(*) Cicero dixit
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impar,

             panes y peces



surcos en la arena con varas de caoba o de haya


          s e g ú n   e l   r a n g o


para marcar los puntos cardinales



cuentas y balanzas, arroz, cerámicas



          sacos en el carro hacia casa



el rumor del atardecer soplando naranjas


                         a través de las cortinas


                     entre murmullos calmos

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domingo, 19 de septiembre de 2010

in par (-)

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(-)Cicero dixit
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impar, número preferido a la hora de la borra, del bronce, de las tripas de palomas y raíces negras para tatuajes

                                        leer incendios, inciensos

sandalias equivocadas, no por hado: por falta de olfato

    y las huellas expoliadas en el tiempo

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domingo 6am

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sí, está bien,


pero en un rato


cuando pueda respirar






primero convocarme de las sábanas


del aire hormonal, de los cráteres lunares, la tierra,


de las plantas ahí, que nos miran y sueñan su propio canibalismo






dejáme que entre un poco el aire


y me acuerde cuándo soy, quién estoy


dónde somos estos romboides redondeados






sí, claro


después del agua


de ver las aves tragarse el cielo:


como la boca tremenda nos comió a los dos






¿cómo fuimos?






al menos minutos


para sentir las piernas


degustar el olor que sobrevive


y volver acá, una pieza, quinta sed


junto a las encabritadas erosiones de arena






sí, en un momento más


si la nuca se alivia de corriente;


cuando por fin el cielo vuelva a estar arriba


y recuperemos el sentido de todo lo que se ha fugado






bajarse del carrusel


antes que cierren el parque


y tengamos que mudarnos dentro






sí, ya vamos


un segundo más


por unos instantes


no se te ocurra pedirme


que abra los ojos o me mueva






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sábado, 28 de agosto de 2010

q 20

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no pedir bendiciones de alabastro y obsidiana

a la hora lamentable de los huesos:

ser llovido a brasa multilente

por la serie decimal

de tu mirada

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martes, 25 de mayo de 2010

Solitudes.33/7

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me enjabono una ensalada de tristezas
mientras minucias de sol
me dejan ciego

voy a caminar

dormir hasta derretir mi cara

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sábado, 27 de marzo de 2010

X X X





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la noche intenta abovedarse
saca cuatro hojas de una alforja
donde demora anagramas viejos
y líquenes de tus talones
anidan en mis labios

me crece un geranio en los lagrimales
seis cactus en los brazos
un cedro y un olmo me valen de pies
----------------------y me ofrecen de pie

en tus crestas del pecho
cisnes y gallos
entreverados
braman tu nuevo parto
y picotean semillas
molidas por nuestro choques

parecen nylon las sábanas contra el esqueleto

vivero herbolario invernadero

me dejo tachar las horas del costado
con tus ojos
y dibujar de nuevo por tus dedos

soy otro:
el que somos

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domingo, 17 de enero de 2010

L l u v i a



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súbese a besos
sobrados de saliva
tu reino lluvioso
por patios molares
de terrazas postergadas
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más allá:
vidrios picados a gotas,
bromas de luz
que apenas habilita algunos haces
por las rendijas relegadas de esta tarde
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más acá:
susurros precarios
piden permiso entre las rodillas
o ponen su grito en cielos de suelo mullido
.
lleva la lluvia
collares traslúcidos
a los cuellos rojos,
y sinuosos mapas al aire par
como ramitas de ruda o de frutillas

llueve, vos y yo,
poco importan las puertas
todo nos es cosas muertas
o flores secas
de la lluvia para allá
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sábado, 9 de enero de 2010

Poemarrados

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mojada y desnuda, como ida
va por en medio de los negros escribas de cartón
de antaño
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sus levitas sudan, brillan sordas flamas sus botones
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claro
después de todo ha dejado los dedos de sus pies cavos
grabados en las gravas de las orillas añosas
apenas dos segundos
.
su perfume
(perfecto perro)
lo borra todo de un soplido
nada más que para privar
a la vista del mensaje
.
ella es así, nunca para
costumbre de continuo atardecer en su aliento
peregrino
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tuvieron que guardarse
plumas y tinta
otra vez
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jaulas insuficientes
para tanto
encanto
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viernes, 8 de enero de 2010

Danza de las plumas de agua

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…todo era un poco así, y cada tanto algún ladrido de perro perdido a lo lejos en la noche serena. Ir caminando por un patio colonial desconocido pero familiar al mismo tiempo, asomarse al aljibe, y en lugar de un mirarse al espejo de agua mansa, ver las estrellas como un cardumen de diamantes inquietos arremolinarse parsimoniosos para irse cóncavos por un sumidero enorme, como haberse lavado la cara en una fuente al revés y negra. ¿Era agua o cielo? Lo mismo, parecía adrede; pero de un momento a otro creía ver más allá del agua. Donde hubo barro había ahora piedras coloridas con algo de cantarinas, no sabía bien por qué; y allá, bien abajo, algo que bien podía ser espesa sangre oscurecida por el torrente subyacente y multiplicado entre las napas. Entonces le pareció verla nadar en la napa contigua, alegre, única, dispuesta. Le sonrió apenas mientras se miraban y fue un diálogo atávico lleno de coincidencias y proximidades, de tibiezas y ternuras y entendimientos. Se dejó guiar de la mano y sin contacto a la vez, engrosar juntos el dócil caudal del paseo durante algún tiempo que pareció milenario; brotar de una bomba como cascada en miniatura; gotear del brocal fuera del cántaro empuñado por una niña de campo; vaporizarse y volar arriba con el calor dorado de la comarca; congelarse luego a la altura de las islas níveas diseminadas en lo celeste. Se dejó arrastrar por caricias ventosas que arrostraba alegre, con dulzura y pertinacia; se dejó llevar con ella, que se dejaba llevar por los sistemas naturales. Una noche llovieron en una acequia aledaña al pozo en que, sin saberlo, se había ido a mirar solo para verla y cederse juntos, juntos a los caprichos líquidos y telúricos de aquella melga del trigal, que en la caída (más un grato flotar) se veía como un diamante dorado sobre el que iba una flota interminable de fertilidad y olor a azufre, a tierra mojada, a cosecha de pan tibio y vida en familia. Fueron desgranados ambos en la molienda y también juntos entraron al horno. Se tostaron allí como al sol, pero sobre lenguas de maderos al rojo vivo que restallaban furiosos, y también eran un poco de agua, igual que ellos; luego livianas migas en picos ligeros y palpitantes hacia estridentes nidos de horquetas estratégicas; por último plumones que el viento empujó como testigos de esas noches de patios coloniales y aquel aljibe estival, todo casi siempre un poco así, y cada tanto algún ladrido de perro perdido a lo lejos en la noche serena...
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viernes, 18 de diciembre de 2009

1732

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los poros se erizan
avisan que has traspasado fronteras
invasión tan esperada

sus invisibles látigos
nos humedecen salados
nos acelera el pulso
exquisito intruso
en la piel y en el remanso
de las sensaciones
inmateriales que nos animan

ayer te vi cercar de nieve
mis solitarias latitudes
ayer estuve

oteando al amanecer
desde mi guarida
el corcel negro y bravío
que en su luenga sombra
aquí te traía

cuando desensillaste
ya era la tarde
de otro día

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