.
.
.
.
.
.
dulce condena suena
contra el vidrio
al atardecer
.
lo marrón rojizo
en medio del bosque
y ecos del silencio agazapado
.
un gesto improbable
de lo inesperado
el último día
.
[vos habrás estado en quinto grado con regla de tres, el amigo invisible y algún libro
escapando del adiós entre tus padres
raya al medio
y sobre todo
una estela tirante hecha de lo no dicho
dejando tu mirada en las baldosas del trayecto]
.
octavio con tres centenarias
una noche
carreras desnudas por el lobby del hotel
festejando lo fácil de la apuesta
en las alfombras
.
maría en el baño
-el mismo que chueco
había inundado-
mientras los demás dormían
el veintidós a las ocho de la mañana
.
la sonrisa limpia
que se pierde al otro año
junto a lo rápido de dejar de verse
.
todo concluye al fin
lágrima fácil
y tonta
.
no falsa todavía
sino inocente
demasiado
.
[entonces no te veía ni sabía todavía con la piel cuánto puede doler soñar
soñar despierto porque dormido no, porque tu nombre era una repetición de primero a tercer grado, pero no vos
vos no]
.
espasmos del color que viene ahora
campera roja en la plaza
mirar la furia helada
del mar
ahí
.
primera traición:
lo frágil de la palabra amistad
queigualcuandodespuésahorasiempre
.
dulce condena en la radio
pero más que nada
todo lo olvidado
.
.
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.
juntando papeles perdidos por oscuros rincones a bordo de la nave a la deriva alejandrocabrol@gmail.com alejandrocabrol@hotmail.com
---V0C35---
(16)
//0La5//
(8)
07r05 4u70r35
(66)
0jo5
(15)
11uv1a
(11)
35k4m45
(9)
35Qu1na
(5)
3n Ca5a
(6)
50n3705
(18)
7i3rra
(3)
a mano alzada
(35)
A7ulej0s
(2)
A8ua
(24)
AB3C3D4R10
(1)
Acaró71c0
(19)
AiR3
(5)
al80r35
(7)
Alas
(16)
Amar1ll0
(7)
Ár80l35
(10)
Arcanos
(26)
área de Lino
(1)
Argelado
(6)
Autoparlante
(4)
AV35
(10)
Azulapislázuli
(9)
B3lls
(7)
Ba-húles
(13)
barcos
(16)
Bilingual
(15)
bocetos
(21)
Breviario
(40)
Burning Blues
(6)
ByN
(11)
c0n 5an8r3
(10)
C4ndy-C4r4m3L1a
(3)
cabos sueltos
(20)
Caducho
(1)
canciones
(22)
Canciones Traducidas
(6)
carbones rapaces
(8)
cegueras
(15)
cicatrices
(29)
Cu3n705
(23)
D A 2
(31)
d-rota
(10)
D1x10nar10 P3rr0
(2)
D3 M4dru84d4-MuyT4rd3
(4)
D35ang3l4d0
(10)
Da8u3rr071p05
(5)
DDJJ
(3)
de antes
(15)
de/s/memorias
(15)
dedos húmedos
(14)
DesProsas
(1)
Deudas Impagas
(25)
Deudas Pagas
(16)
en las nubes
(36)
Entre Ríos
(2)
Erotozoo
(32)
Espejos
(1)
F0705
(6)
f10re5
(17)
fantomloop
(10)
Five Hundred Thousand Fingers
(1)
Fu380
(11)
g07a5
(12)
H13r8a5
(12)
H3bra5
(11)
H3bra5 para las c1nc0 de la Tarde
(1)
Haduendes
(8)
Hu31145
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Humar3da
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Inner Twitter
(4)
intertextos
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Ju3v35
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Lit3raTunning
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(23)
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Luna
(5)
M4n05
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N38rur45
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Naufra8105
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Ok7u8r3
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domingo, 2 de octubre de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
para foto sepia:
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escarnio en ojo insomne
a través de lentes espiralados
contra el relato ciego y ciego de la tarde
mudo y ciego
raza de pasos atrás desandando lerdo
una huella un millón de veces despabilada
a a
c s
i í
a ha
g g
o o
lluvia un poco
las voces, los horóscopos
los diarios y la radio
y nada:
nadie cuenta los zarpazos del tsunami interno
que nos hace naufragar a la deriva de nosotros mismos...
especie de danza de espejos que no busca verse
sino encontrar lo irrepetible
.
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floristholiografía
de una savia alterna
que se va desdibujando
a sangre y setos desacertados
/grafito infame, t;yu/
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escarnio en ojo insomne
a través de lentes espiralados
contra el relato ciego y ciego de la tarde
mudo y ciego
raza de pasos atrás desandando lerdo
una huella un millón de veces despabilada
a a
c s
i í
a ha
g g
o o
lluvia un poco
las voces, los horóscopos
los diarios y la radio
y nada:
nadie cuenta los zarpazos del tsunami interno
que nos hace naufragar a la deriva de nosotros mismos...
especie de danza de espejos que no busca verse
sino encontrar lo irrepetible
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domingo, 6 de febrero de 2011
cazador en la trampa
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voy a encasquetar toda la pólvora que quede
y guardarla para una frente pulcra
antes de cerrar los ojos
voy a reciclar la huella, sitios llenos de polvo
de los días vacíos
y dormir ahí
a desenvolver el papel, volver a envolverlo
pero con ceniza dentro, con las raíces
de esa palabra que hace temblar
rodillas, pecho, garganta
y detona el eco pétreo
del agua
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detrás de los ojos, otros dos ojos que se cierran
para que los del primer plano abran
sus mortíferos relámpagos
/grafito infame, 2:27/
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voy a encasquetar toda la pólvora que quede
y guardarla para una frente pulcra
antes de cerrar los ojos
voy a reciclar la huella, sitios llenos de polvo
de los días vacíos
y dormir ahí
a desenvolver el papel, volver a envolverlo
pero con ceniza dentro, con las raíces
de esa palabra que hace temblar
rodillas, pecho, garganta
y detona el eco pétreo
del agua
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domingo, 26 de diciembre de 2010
nada
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absolutamente nada
ni las hojas más inverosímiles
ni el más inolvidable de los perfumes
ni el amanecer, aquel, de entonces
nada nada
ni siquiera los recuerdos más antiguos
cincelando siglos antes la memoria
al abrigo de impacientes párpados
ni la luna, ni la noche, ni la lluvia
ni yo mismo
nada, nada… nada
abrirá este nicho abovedado
dentro del pecho
esta muerte peor, porque es en vida
mi propia vida
nada nada, nada de nada
salvo alguna casual y breve chispa
/fragor de estragos/
de la luz de tu mirada
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absolutamente nada
ni las hojas más inverosímiles
ni el más inolvidable de los perfumes
ni el amanecer, aquel, de entonces
nada nada
ni siquiera los recuerdos más antiguos
cincelando siglos antes la memoria
al abrigo de impacientes párpados
ni la luna, ni la noche, ni la lluvia
ni yo mismo
nada, nada… nada
abrirá este nicho abovedado
dentro del pecho
esta muerte peor, porque es en vida
mi propia vida
nada nada, nada de nada
salvo alguna casual y breve chispa
/fragor de estragos/
de la luz de tu mirada
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domingo, 21 de noviembre de 2010
q 39
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que la costumbre de ser luz,
de llenarse los ojos de ventanas
y explotar en colores los perfumes
del paisaje encarnado,
siga desnudándose en tus ojos
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amanecer no sólo cuando sale el sol
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que la costumbre de ser luz,
de llenarse los ojos de ventanas
y explotar en colores los perfumes
del paisaje encarnado,
siga desnudándose en tus ojos
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martes, 26 de octubre de 2010
MCXXII
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Se levanta. Tarde. Se pinta y abre las ventanas demorándose contra el peor postigo. Se sienta. Mira. Sigue mirando. Tarde. Humo con olor a flores secas, a maderos. Tarde. Tarde, tarde. Una cruci-ficción dilatada e indirecta, por interpósita persona al cubo de la enésima potencia. Los ojos le cuestan más que antes. Tarde. Se levanta. No puede brillarle así el pelo. Y la piel y las piernas y los hombros. Y la pintura. Sin hoguera pero maderos, alrededor del aquelarre late, tiembla, respira, lo ausculta todo un temblor de equilibrio, una relojería precisa de control inmediato dentro del caos. Tarde. Más que desquiciantemente tarde. Cerrar las manos para callar el perfume, ese, a maderos. Desprende un par de tientos de los de más arriba y sin suspirar, condesciende al aire brillarla menos, deja que pase. Que las cosas pasen, que eso pase, que todo se le pase. Que pase de largo. Tarde. Peor, mil veces más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. Del poco valor y de la escasez de plumas de la última temporada. De la voz ni noticias. No es que se siente, algo le mantiene el cuerpo a poca altura del suelo. Ve sin mirar, o será que mira sin ver. O lo peor: mira y ve, pero no le importa. Suenan los postigos, uno: el peor de todos. Pero no, tarde. De tarde, sí, pero tarde, pétreamente tarde. Ni un trago encima, encima. De las hogueras no los fuegos ni el calor, sino las cenizas, lo único que queda. Se pinta y abre. Despídese de todo, hasta de sí. Por encima de los horizontes curvos, un aire. El suyo. Ese callado. Las cenizas, la pintura. El tenue aviento del fulgor sido. Tarde. Tarde tarde tarde. De tarde, un abismo de luz se come el espacio que dormía. Más escandaloso que endiabladamente tarde. Se sienta. Se le corre la pintura otra vez y ahora su cara es una mancha entre la pintura. Culpa de la hoguera. De lo pobre de la cacería. De lo inútil que en esta temporada ha sido la pesca de ángeles. Y ahí queda. Apenas una mancha de sal en el aquelarre, un abandono. Una trampa, un perfume tarde que se sienta, se pinta y cae.
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retexto de Marina Cecilia Kohon
------------/versión lírica/----------
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
cómo levantarse de una cama de cenizas
de la cruci-ficción que le imponen las voces
el grotesco aquelarre
de un día demasiado tarde
late, tiembla sentada en el borde de la cama
suspendida por su perfume de maderos
en medio del caos
condesciende al aire brillarla menos
mira sin ver
de las hogueras no los fuegos ni el calor
sino cenizas
despídese de todo
se pinta/deja que el abismo de luz
se coma el espacio que dormía
todo es una trampa
una mancha de sal sobre bocas de vidrio
cae
cae
sólo queda su perfume.
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retexto de Marina Cecilia Kohon
------------/versión lírica/----------
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/
cómo levantarse de una cama de cenizas
de la cruci-ficción que le imponen las voces
el grotesco aquelarre
de un día demasiado tarde
late, tiembla sentada en el borde de la cama
suspendida por su perfume de maderos
en medio del caos
condesciende al aire brillarla menos
mira sin ver
de las hogueras no los fuegos ni el calor
sino cenizas
despídese de todo
se pinta/deja que el abismo de luz
se coma el espacio que dormía
todo es una trampa
una mancha de sal sobre bocas de vidrio
cae
cae
sólo queda su perfume.
domingo, 15 de agosto de 2010
De Dido
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restar morrales sin preseas
a esta tarde
restar morrales sin preseas
a esta tarde
alterna
retarla a duelo
rotarla
pátinas y cuero negro
picante suavidad que dibuja cardenales
retarla a duelo
rotarla
pátinas y cuero negro
picante suavidad que dibuja cardenales
en los pliegues de la piel.
concomitancia vaciando dibujos
a líneas de saliva
el laberinto que huele a Cartago
y a toda la serie de guerreros
en su mejor esfuerzo
concomitancia vaciando dibujos
a líneas de saliva
el laberinto que huele a Cartago
y a toda la serie de guerreros
en su mejor esfuerzo
entre telas que cuelgan
antes del primer instante
después de la hora
de la siesta
cantar al contacto de tu pelo
que me deshabita
contar con tacto tus desvelos
copas de mañana
raíces ayer
marañas que he olvidado
aún antes de volver
hasta su aroma
oler al tiempo ido
entre ramas de olmos
en ciernes de consumarse
oler la flor seca que muere a tus pies dos días luego de serte piel
dentro del círculo dibujado por los pies
desnudos en la arena
.
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antes del primer instante
después de la hora
de la siesta
cantar al contacto de tu pelo
que me deshabita
contar con tacto tus desvelos
copas de mañana
raíces ayer
marañas que he olvidado
aún antes de volver
hasta su aroma
oler al tiempo ido
entre ramas de olmos
en ciernes de consumarse
oler la flor seca que muere a tus pies dos días luego de serte piel
dentro del círculo dibujado por los pies
desnudos en la arena
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domingo, 18 de julio de 2010
q 4
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:
:
:
:
que te me trepes al tope de estos túneles
donde tristes trenes trepanan
vapor tungsteno
cuando no es cierto otro rumbo
que dentro
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:
:
:
:
que te me trepes al tope de estos túneles
donde tristes trenes trepanan
vapor tungsteno
cuando no es cierto otro rumbo
que dentro
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lunes, 12 de julio de 2010
k j
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/V/
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/V/
la marcha dura más que las estaciones o los sitios mudan de nombre, cambian los paisajes y el clima se pone inhóspito después del tercer mes, entonces cueros del morral a los pies y a seguir con los ojos sin perder el brillo aquel que lo bautizara en su tierra; piensa en la niñez de lino matinal, en los estíos entre arrozales y sembrados de cebada que le enseñaba a contar su padre desde los cambios de luna y la posición de ciertos astros ancestrales del cielo
hacia el mediodía rememora la hora de despertar, el olor de sus hermanos y la tibieza de las mantas de llama que lo hacía figurarse en una carpa a veces, en una cueva que lo abrigaba del mundo cuando veía a su madre cantando en voz baja entre el vapor de los recipientes que les darían de tomar sentados en círculos, sin dejar de mirarse a los ojos, enseñanzas del viejo que hablaba por las noches cuando la fajina los traía alrededor del ceremonial fuego que imponía silencio; entonces se sentía más aún pequeño y tomaba a todos los que allí estaban mentalmente de la mano y con todos ellos se sentía uno con un hormigueo ululante que le cerraba los ojos y se los hacía apuntar hacia arriba aún cerrados, decían los viejos que así se volvían la unidad, mirándose a los ojos mientras comían, momento íntimo irrepetible
apenas mecerse al son de esos sonidos guturales que sabían a miel, a mano abierta, a los pájaros que veía aprender a volar
sigue la marcha y sonrisas al evocar aprender a trabajar las piedras, los metales, la madera; sus hermanas tejían lanas y atuendos rituales, ponían flores sobre cintas y las casas se veían contentas desde lejos
dominar la paciencia, aprender a respirar al ritmo de los animales a los que se acercaba en cada aprendizaje, sentir el agua en el cuerpo mientras las expediciones de correo e intercambio; la lengua de los otros, la propia, las demás... todo de a poco pero sin pausa
en la cuarta estación le llegan perfumes tenues de una planta que sólo tuvo entre sus manos una vez y jamás pudo olvidar, recrea ese color extraño inolvidablemente vivo, los movimientos diferentes de las hojas cuando las sostenía
dos soles después recién se acrecentó su olfato y anduvo intentando saber de dónde le llegaba
al otro día un crecimiento silvestre que no mediría ni un palmo; se pasó el día sentado en ese sitio al pie de la montaña intermedia, creyó que era un signo del lugar indicado o una alucinación, el mensaje olvidado
piensa cómo le quedará la barba y cada tanto alguna aglomeración de agua cedida por la lluvia lo deja recordarse nomás un momento
se cubrió con esa hierba, subió la ladera sin problemas, ahí arriba podría pasar lo que le restaba de tiempo oliendo campos enteros, invadido por la sensación que soñaba cada tanto; le habían dicho el nombre de la planta pero a esa edad no se pregunta, nada más se escucha
por más que intentara recordar su nombre, le venían sonidos raros, tanto como su color y aroma, no acertaba a recordarlo
pasan los días por encima de su cuerpo, se siente bendecido, mira al sol pasar siempre hacia el mismo lado y en la espalda raíces para mensajes a los suyos a través de las piedras; no quiere moverse, no come más que una hoja de la planta por día
se debilita de a poco, tranquilo, le sobraron unos días de marcha, intenta nunca cerrar los ojos aunque lo único que los llene sea ese celeste de a ratos manchado, y lo verde interno que se agría gris paulatinamente; nunca se imaginará que siglos después sus despojos mal entrazados serán una de las más valiosas momias en Hanover, un sitio extrapolado al de su entorno natural, perdido en la historia
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domingo, 13 de junio de 2010
-1671- /set2007/
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Afuera todo cambia
adentro…
contornos desdibujados
mueven límites inciertos
afuera no es más claro
depende: la luz del día
árida inunda
o castiga
nada es seguro
ni planes para mañana
ni reglas anticipadas
del hombre
dueño del mundo
lo externo acaricia, empuja
y lo peor,
nos relega
desastres de luz eterna
nada somos
más que hormigas
en minúsculas hileras
impalpable mutación
dentro y fuera
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Afuera todo cambia
adentro…
contornos desdibujados
mueven límites inciertos
afuera no es más claro
depende: la luz del día
árida inunda
o castiga
nada es seguro
ni planes para mañana
ni reglas anticipadas
del hombre
dueño del mundo
lo externo acaricia, empuja
y lo peor,
nos relega
desastres de luz eterna
nada somos
más que hormigas
en minúsculas hileras
impalpable mutación
dentro y fuera
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domingo, 9 de mayo de 2010
El último organito /tango/
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qué precioso gotán por favor... la versión del Polaco Goyeneche sobre todo; remite a lo llevado por el tiempo, al barrio, a la nostalgia, a lo que ya se fue para siempre, irremediablemente, a la idea del pasado glorioso y al "paradiso perduto"... para escuchar y bailotear por dentro, totalmente gris y dulce...
NOTA: la foto es Paraná hacia 1940/50, la esquina de San Martín y Urquiza /todavía no era peatonal!!!/ desde la vereda de enfrente al actual Club Social, más o menos. O a la altura de la escultura "Puntos Cardinales" de Mary Valente. De paso, /y al margen/ muchos recuerdos para ella, por los tiempos compartidos en artes visuales y su/nuestra querida familia.
www.mun2mp3.com
Letra y música: Roberto Goyeneche / Néstor Marconi (1989)
Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal
con un caballo flaco, un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.
Con pasos apagados, elegirá la esquina
donde se mezclen luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.
El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar.
Y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma, sentado en el umbral.
Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.
Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.
El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar.
Y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma, sentado en el umbral.
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PD: Hallazgo tardío: mezcla de Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y un Syrah de pura cepa.... cómo no me di cuenta antes?
La letra de este tango son dos sonetos alejandrinos /a la vieja usanza/ encadenados, que repiten y utilizan a manera de estribillo sus dos tercetos. Apenas un par /de tres/ licencias poéticas:
no riman los versos en redondillas como marca la escolástica específica, usa rima asonante a veces, y palabra final aguda.
Per Dieu!
Disfrutémoslo en la sangre...chan chán...
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qué precioso gotán por favor... la versión del Polaco Goyeneche sobre todo; remite a lo llevado por el tiempo, al barrio, a la nostalgia, a lo que ya se fue para siempre, irremediablemente, a la idea del pasado glorioso y al "paradiso perduto"... para escuchar y bailotear por dentro, totalmente gris y dulce...
NOTA: la foto es Paraná hacia 1940/50, la esquina de San Martín y Urquiza /todavía no era peatonal!!!/ desde la vereda de enfrente al actual Club Social, más o menos. O a la altura de la escultura "Puntos Cardinales" de Mary Valente. De paso, /y al margen/ muchos recuerdos para ella, por los tiempos compartidos en artes visuales y su/nuestra querida familia.
www.mun2mp3.com
Letra y música: Roberto Goyeneche / Néstor Marconi (1989)
Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal
con un caballo flaco, un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.
Con pasos apagados, elegirá la esquina
donde se mezclen luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.
El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar.
Y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma, sentado en el umbral.
Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.
Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.
El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar.
Y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma, sentado en el umbral.
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PD: Hallazgo tardío: mezcla de Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y un Syrah de pura cepa.... cómo no me di cuenta antes?
La letra de este tango son dos sonetos alejandrinos /a la vieja usanza/ encadenados, que repiten y utilizan a manera de estribillo sus dos tercetos. Apenas un par /de tres/ licencias poéticas:
no riman los versos en redondillas como marca la escolástica específica, usa rima asonante a veces, y palabra final aguda.
Per Dieu!
Disfrutémoslo en la sangre...chan chán...
sábado, 24 de abril de 2010
Legado /Yacarta, set 05/
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Revisionismo crónico, temprano, indolente, incoloro. Versión incluida en "Letras Vivas 2005", desde donde pretendía mirarme hacia acá. O sea, para adelante. Ahora hago el camino inverso. Dejé estructura, puntuación y mayúsculas de entonces. La foto es Paraná a principios del siglo pasado. La esquina de San Martín y Urquiza. El ex Bar Flamingo, la actual galería VM/AG property. Por este detalle de la imagen, agradezco a Gisela Altamirano, que me hizo llegar algunas excelentes tomas de entonces mailway.
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Mañana, o en el futuro,
cuando estas tristes palabras
olvidadas, releídas,
ya no signifiquen nada.
Cuando descansen sin luz
en un viejo aparador
o aun conserven la tinta
del ajado borrador.
Siendo un libro consumado
o mensajes a un amigo,
abrigando algún mendigo
o en bibliotecas de barrio;
sabré esto que pensaba
cuando no sabía tanto
y todavía creía
en encontrar encanto.
Será despedida
o reencuentro conmigo,
simple memoria de vida,
un mojón en el camino.
Cuando ya no existan más
y hayan vuelto a ser ceniza
en algún fuego barato
como acto de justicia...
O las halle sin querer
entre los papeles viejos
y las lean al descuido
un hijo, quizá su nieto,
riendo de la locura,
mamarrachos del abuelo.
Recordaré los lugares
en donde entonces estuve,
lo mucho, aunque fuera poco,
que con mi familia tuve.
Que vivir es sacrificio,
enorme malentendido,
pero el solo viaje vale
lo que se haya sufrido.
Que hay principios que no pagan,
pero traen una paz
que riquezas materiales
nunca podrían comprar.
Que la gente es engañosa
casi siempre, en general,
pero los pocos que quedan
no se pueden reemplazar.
Cada día el sol asoma
y renueva la esperanza.
Recibir es antes dar.
El arte, en cualquier modo
es la única balanza
que nos puede rescatar;
recordar esos errores
para ya no cometerlos,
jugarse por las personas
que en las malas estuvieron.
No dejar para mañana
decir a alguien: “te quiero”
sobrellevar los temblores
en los peores momentos,
y valorar instantes
de sentimiento certero.
Rencor, envidia, maldad,
son hijos de la ignorancia,
abrigar odio es perder
tiempo de importancia.
Cuando estas frases, frescas
–en el futuro, de antaño-
refuercen mi débil fe
o me produzcan más daño…
Si sirven para que un pibe
consiga el favor de ella
que tanto quiere obtener,
o bien, hacen que se anime
a buscar su propia estrella
en las letras esta vez…
Si algún día insospechado
alguien cree comprender
un cierto significado
entre líneas al leer;
o pretende compartir
los deseos y los miedos,
tal o cual forma de ver
en los vocablos que enredo.
Será una doble lectura,
o triple, o entendimiento,
tendrá su magia perdida
o un sinsabor sin remedio.
Después de todo no son
otra cosa, estas palabras,
que un llamado al corazón
a que sus puertas nos abra.
La sencilla conjunción
de símbolos ordinarios
percibidos en función
del simple signo binario.
No mucho más que herramienta
de carácter primitivo
de las cuales nos valemos
pensativos seres vivos.
Un falso equívoco al cubo,
un error multiplicado,
gran incomunicación
con palabras despistando.
Diciendo, para ahondar
en detalles, los criterios
más nos vamos alejando
hacia hipótesis de tedio.
Esa cruel tragicomedia,
la ilusión de los sentidos,
bufonada o pesadilla
de señores aburridos.
¡Pero qué grato vivirla!
Sin importar cuánto queda,
el secreto es, cada día,
como la última moneda,
gastar toda la energía
en eso que nos parezca
que vale la pena.
.
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Revisionismo crónico, temprano, indolente, incoloro. Versión incluida en "Letras Vivas 2005", desde donde pretendía mirarme hacia acá. O sea, para adelante. Ahora hago el camino inverso. Dejé estructura, puntuación y mayúsculas de entonces. La foto es Paraná a principios del siglo pasado. La esquina de San Martín y Urquiza. El ex Bar Flamingo, la actual galería VM/AG property. Por este detalle de la imagen, agradezco a Gisela Altamirano, que me hizo llegar algunas excelentes tomas de entonces mailway.
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Mañana, o en el futuro,
cuando estas tristes palabras
olvidadas, releídas,
ya no signifiquen nada.
Cuando descansen sin luz
en un viejo aparador
o aun conserven la tinta
del ajado borrador.
Siendo un libro consumado
o mensajes a un amigo,
abrigando algún mendigo
o en bibliotecas de barrio;
sabré esto que pensaba
cuando no sabía tanto
y todavía creía
en encontrar encanto.
Será despedida
o reencuentro conmigo,
simple memoria de vida,
un mojón en el camino.
Cuando ya no existan más
y hayan vuelto a ser ceniza
en algún fuego barato
como acto de justicia...
O las halle sin querer
entre los papeles viejos
y las lean al descuido
un hijo, quizá su nieto,
riendo de la locura,
mamarrachos del abuelo.
Recordaré los lugares
en donde entonces estuve,
lo mucho, aunque fuera poco,
que con mi familia tuve.
Que vivir es sacrificio,
enorme malentendido,
pero el solo viaje vale
lo que se haya sufrido.
Que hay principios que no pagan,
pero traen una paz
que riquezas materiales
nunca podrían comprar.
Que la gente es engañosa
casi siempre, en general,
pero los pocos que quedan
no se pueden reemplazar.
Cada día el sol asoma
y renueva la esperanza.
Recibir es antes dar.
El arte, en cualquier modo
es la única balanza
que nos puede rescatar;
recordar esos errores
para ya no cometerlos,
jugarse por las personas
que en las malas estuvieron.
No dejar para mañana
decir a alguien: “te quiero”
sobrellevar los temblores
en los peores momentos,
y valorar instantes
de sentimiento certero.
Rencor, envidia, maldad,
son hijos de la ignorancia,
abrigar odio es perder
tiempo de importancia.
Cuando estas frases, frescas
–en el futuro, de antaño-
refuercen mi débil fe
o me produzcan más daño…
Si sirven para que un pibe
consiga el favor de ella
que tanto quiere obtener,
o bien, hacen que se anime
a buscar su propia estrella
en las letras esta vez…
Si algún día insospechado
alguien cree comprender
un cierto significado
entre líneas al leer;
o pretende compartir
los deseos y los miedos,
tal o cual forma de ver
en los vocablos que enredo.
Será una doble lectura,
o triple, o entendimiento,
tendrá su magia perdida
o un sinsabor sin remedio.
Después de todo no son
otra cosa, estas palabras,
que un llamado al corazón
a que sus puertas nos abra.
La sencilla conjunción
de símbolos ordinarios
percibidos en función
del simple signo binario.
No mucho más que herramienta
de carácter primitivo
de las cuales nos valemos
pensativos seres vivos.
Un falso equívoco al cubo,
un error multiplicado,
gran incomunicación
con palabras despistando.
Diciendo, para ahondar
en detalles, los criterios
más nos vamos alejando
hacia hipótesis de tedio.
Esa cruel tragicomedia,
la ilusión de los sentidos,
bufonada o pesadilla
de señores aburridos.
¡Pero qué grato vivirla!
Sin importar cuánto queda,
el secreto es, cada día,
como la última moneda,
gastar toda la energía
en eso que nos parezca
que vale la pena.
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domingo, 7 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
el cuento del tío /2007/
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Tío Carlos conocía al dedillo las leyes de la calle y nos las reveló desde el vamos, aunque no siempre las respetara; aun cuando al infringir algunas arriesgara su vida. El más joven de los tíos, tan cercano como un primo más, en cierto modo supliendo a nuestro padre, muerto cuando mis tres hermanos y yo éramos niños, empujaba su negocio mayorista de pollos. Arrancó como un simple empleado hasta crecer y transformarse en competencia de anteriores jefes, gracias a su innata pericia para subsistir en la jungla de cemento. Su táctica no era justamente la honestidad; porque para trepar, no alcanza con manejarse lícitamente; y trampear, o ser más rápido que otros, le divertía sobremanera. A veces, hasta nos refería detalles de la lucrativa maniobra diaria que, por derecha, hubiera llevado meses conseguir.
Al ser yo el mayor de los hermanos, quise inculcar a los más chicos buenos ejemplos, hasta donde pude; igual crecimos al influjo de tío Carlos.
No habíamos dejado de ser niños y ya trabajábamos para él. Cuando fuimos grandes, influí en mis hermanos persuadiéndolos de encarar un negocio entre los cuatro, al ver que Carlos obtenía ganancias desproporcionadas a las nuestras; no le gustó la idea, pero no le dejamos otra opción, en una movida digna del maestro que tuvimos; luego repartimos el negocio a la mitad: una para él, la otra para nosotros y desde entonces no tuvimos noticias suyas.
Ya por nuestra cuenta, no preví el vigor, el liderazgo y la falta de escrúpulos de Marcelo y Martín, los del medio, quienes tomaron las riendas del negocio sedientos de fortuna a cualquier precio, con el tío en un arraigado pedestal de modelo a imitar. Incluso creí advertir en ellos demasiada convergencia genética como para tener a mano evitar que siguieran sus pasos.
Para el noventa y cinco nos habíamos afianzado en el mercado provincial y emprendido una amplia red sumando Corrientes y Misiones a nuestra ruta, auxiliados por la facilidad crediticia de la época. Contactamos un masivo productor brasileño. Por diferencia cambiaria, triplicábamos ganancias sin faenar, solo revendiendo. Todo iba viento en popa. Ni tío Carlos hubiera soñado conseguir tamaña proyección comercial.
Durante un viaje al norte, me enteré de que cerraban Frigorífico Santa Clara, uno de los estatales más notables de la provincia. Dos parlamentarios encargados de ese establecimiento me citaron planteando abiertamente vendernos bajo cuerda, un portentoso lote de cajones de pollo existente en cámara a precio irrisorio. Hasta insistieron en mostrármelo mientras lo tasaban oralmente. Me dieron una tarjeta de presentación donde sus nombres y celulares eran amparados bajo la sagrada investidura del gobierno provincial. Solo teníamos una semana para decidirlo y dos para concretar el trueque, en Casa de Gobierno. Cuando les expuse la oferta, mis hermanos ni dudaron. Sus ojos inflados de codicia emulaban la imagen de Tío Carlos. Expuse mis reservas al respecto; olía mal que fuera tan barato, precisábamos calmarnos y pensar; confirmar que la mercadería no estuviese vencida, tomar los recaudos posibles, hasta el más mínimo cuidado parecía poco teniendo en cuenta semejante transacción. Cincuenta mil pesos por una cantidad vendible en tres meses, cuando menos, si nos proponíamos ampliar nuestra venta. Con ese monto se podían construir dos casas modestas, o comprar siete autos cero kilómetro. Debíamos andar con pie de plomo, sopesar hasta el último detalle. Pasaron tres días hasta tomar una decisión. No había cómo razonar con los dos del medio, intratables e irascibles de ansiedad por cerrar el trato; el más chico no decidía y sabiéndolo, ni opinaba. Yo me opuse firmemente, pero no había Cristo que los persuadiera. “Si no lo hacemos nosotros, lo hace otro”, decían. Salomónicamente acordamos que el riesgo y las ganancias serían solo de ellos dos. Eso los conformó y concluyó el debate.
Una semana después de hacer la oferta nos visitaron en nuestra empresa; mis hermanos los examinaron con ojo clínico buscando la quinta pata del gato, dispuestos a comprender el yeite escondido que los delatara. Ambos funcionarios se miraban y sonreían, mofándose de la inocultable desconfianza de esos comerciantes que pretendían estar a la altura del caso, pero a quienes su lenguaje corporal los probaba inexpertos. Martín y Marcelo se sintieron vergonzosamente muchacheados. Pusieron punto final a la negociación conciliando los últimos detalles. Los representantes oficiales recalcaron la confidencialidad del arreglo.
Anduvieron de aquí allá a las corridas, cobrando facturas, pidiendo entregas a cuenta a clientes de confianza, luego de exponerles brevemente la causa, quemando bienes conjuntos que los endeudó con nosotros dos. Por último, no les quedó otra alternativa que acudir a préstamos de parientes, amigos, y hasta de extraños.
El día fijado fuimos con tres térmicos a Casa de Gobierno para efectuar la operación. Nos aguardaban en la esquina posterior. Yo cuidaba los camiones. Marcelo y Martín entraron con ellos a una oficina situada en el entrepiso donde le presentaron a un tercer funcionario, superior de ambos, que saludó mostrándose ocupado y entró enseguida a una oficina contigua. Una vez que los cuatro rubricaron el contrato, uno de los agentes provinciales le sugirió a Martín que fuera ubicando los camiones a la vuelta de donde estaban, para trasvasar la carga. Martín fue hacia donde yo estaba y entre los dos trasladamos los tres mastodontes al sitio indicado maldiciendo el tránsito de la hora pico. Adentro, Marcelo recibía las órdenes de carga legalmente selladas. Luego, uno de los oficiales se excusó por un momento, llevando a que su jefe firme el contrato y cuente el dinero. Marcelo y el otro quedaron charlando de nimiedades a la espera del tercero. El otro ofreció a Marcelo algo de beber. Sí, un café estaría bien. O algo más fuerte, si tenía. Tomó el teléfono para pedirlo al mayordomo, le habló con la típica actitud de confianza híbrida proferida a subalternos. Al colgar sonrió resignado, manifestando que si a Marcelo no le molestaba, iría a buscarlo él mismo, aduciendo que si lo esperaban tardaría una eternidad. Ahí quedó mi hermano, nervioso a la espera de ambos sujetos. Pasaron cinco minutos y se alarmó. A los siete, como aún no habían regresado, salió urgido al pasillo temiendo que algo anduviera mal. Preguntó a cuanta persona se cruzó por los hombres que hasta recién habían estado con él en esa oficina. Nadie los conocía. Ni con sus nombres completos pudo dar con ellos. No figuraban en la nómina de empleados, ni siquiera eran autoridades oficiales. Nos buscó alterado de incredulidad y desconcierto. Por más que rastrillaron la zona con agentes de Policía durante cinco horas, les fue imposible ubicar el paradero de esos tres individuos. Durante cinco meses, diariamente, Marcelo y Martín rondaron Casa de Gobierno infructuosamente, avergonzados de haber sido víctimas de tan perfecto cuento del tío. Ah… Hablando del tío. Al año siguiente, me enteré de que Carlos había puesto un supermercado enorme en Goya, Corrientes.
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Tío Carlos conocía al dedillo las leyes de la calle y nos las reveló desde el vamos, aunque no siempre las respetara; aun cuando al infringir algunas arriesgara su vida. El más joven de los tíos, tan cercano como un primo más, en cierto modo supliendo a nuestro padre, muerto cuando mis tres hermanos y yo éramos niños, empujaba su negocio mayorista de pollos. Arrancó como un simple empleado hasta crecer y transformarse en competencia de anteriores jefes, gracias a su innata pericia para subsistir en la jungla de cemento. Su táctica no era justamente la honestidad; porque para trepar, no alcanza con manejarse lícitamente; y trampear, o ser más rápido que otros, le divertía sobremanera. A veces, hasta nos refería detalles de la lucrativa maniobra diaria que, por derecha, hubiera llevado meses conseguir.
Al ser yo el mayor de los hermanos, quise inculcar a los más chicos buenos ejemplos, hasta donde pude; igual crecimos al influjo de tío Carlos.
No habíamos dejado de ser niños y ya trabajábamos para él. Cuando fuimos grandes, influí en mis hermanos persuadiéndolos de encarar un negocio entre los cuatro, al ver que Carlos obtenía ganancias desproporcionadas a las nuestras; no le gustó la idea, pero no le dejamos otra opción, en una movida digna del maestro que tuvimos; luego repartimos el negocio a la mitad: una para él, la otra para nosotros y desde entonces no tuvimos noticias suyas.
Ya por nuestra cuenta, no preví el vigor, el liderazgo y la falta de escrúpulos de Marcelo y Martín, los del medio, quienes tomaron las riendas del negocio sedientos de fortuna a cualquier precio, con el tío en un arraigado pedestal de modelo a imitar. Incluso creí advertir en ellos demasiada convergencia genética como para tener a mano evitar que siguieran sus pasos.
Para el noventa y cinco nos habíamos afianzado en el mercado provincial y emprendido una amplia red sumando Corrientes y Misiones a nuestra ruta, auxiliados por la facilidad crediticia de la época. Contactamos un masivo productor brasileño. Por diferencia cambiaria, triplicábamos ganancias sin faenar, solo revendiendo. Todo iba viento en popa. Ni tío Carlos hubiera soñado conseguir tamaña proyección comercial.
Durante un viaje al norte, me enteré de que cerraban Frigorífico Santa Clara, uno de los estatales más notables de la provincia. Dos parlamentarios encargados de ese establecimiento me citaron planteando abiertamente vendernos bajo cuerda, un portentoso lote de cajones de pollo existente en cámara a precio irrisorio. Hasta insistieron en mostrármelo mientras lo tasaban oralmente. Me dieron una tarjeta de presentación donde sus nombres y celulares eran amparados bajo la sagrada investidura del gobierno provincial. Solo teníamos una semana para decidirlo y dos para concretar el trueque, en Casa de Gobierno. Cuando les expuse la oferta, mis hermanos ni dudaron. Sus ojos inflados de codicia emulaban la imagen de Tío Carlos. Expuse mis reservas al respecto; olía mal que fuera tan barato, precisábamos calmarnos y pensar; confirmar que la mercadería no estuviese vencida, tomar los recaudos posibles, hasta el más mínimo cuidado parecía poco teniendo en cuenta semejante transacción. Cincuenta mil pesos por una cantidad vendible en tres meses, cuando menos, si nos proponíamos ampliar nuestra venta. Con ese monto se podían construir dos casas modestas, o comprar siete autos cero kilómetro. Debíamos andar con pie de plomo, sopesar hasta el último detalle. Pasaron tres días hasta tomar una decisión. No había cómo razonar con los dos del medio, intratables e irascibles de ansiedad por cerrar el trato; el más chico no decidía y sabiéndolo, ni opinaba. Yo me opuse firmemente, pero no había Cristo que los persuadiera. “Si no lo hacemos nosotros, lo hace otro”, decían. Salomónicamente acordamos que el riesgo y las ganancias serían solo de ellos dos. Eso los conformó y concluyó el debate.
Una semana después de hacer la oferta nos visitaron en nuestra empresa; mis hermanos los examinaron con ojo clínico buscando la quinta pata del gato, dispuestos a comprender el yeite escondido que los delatara. Ambos funcionarios se miraban y sonreían, mofándose de la inocultable desconfianza de esos comerciantes que pretendían estar a la altura del caso, pero a quienes su lenguaje corporal los probaba inexpertos. Martín y Marcelo se sintieron vergonzosamente muchacheados. Pusieron punto final a la negociación conciliando los últimos detalles. Los representantes oficiales recalcaron la confidencialidad del arreglo.
Anduvieron de aquí allá a las corridas, cobrando facturas, pidiendo entregas a cuenta a clientes de confianza, luego de exponerles brevemente la causa, quemando bienes conjuntos que los endeudó con nosotros dos. Por último, no les quedó otra alternativa que acudir a préstamos de parientes, amigos, y hasta de extraños.
El día fijado fuimos con tres térmicos a Casa de Gobierno para efectuar la operación. Nos aguardaban en la esquina posterior. Yo cuidaba los camiones. Marcelo y Martín entraron con ellos a una oficina situada en el entrepiso donde le presentaron a un tercer funcionario, superior de ambos, que saludó mostrándose ocupado y entró enseguida a una oficina contigua. Una vez que los cuatro rubricaron el contrato, uno de los agentes provinciales le sugirió a Martín que fuera ubicando los camiones a la vuelta de donde estaban, para trasvasar la carga. Martín fue hacia donde yo estaba y entre los dos trasladamos los tres mastodontes al sitio indicado maldiciendo el tránsito de la hora pico. Adentro, Marcelo recibía las órdenes de carga legalmente selladas. Luego, uno de los oficiales se excusó por un momento, llevando a que su jefe firme el contrato y cuente el dinero. Marcelo y el otro quedaron charlando de nimiedades a la espera del tercero. El otro ofreció a Marcelo algo de beber. Sí, un café estaría bien. O algo más fuerte, si tenía. Tomó el teléfono para pedirlo al mayordomo, le habló con la típica actitud de confianza híbrida proferida a subalternos. Al colgar sonrió resignado, manifestando que si a Marcelo no le molestaba, iría a buscarlo él mismo, aduciendo que si lo esperaban tardaría una eternidad. Ahí quedó mi hermano, nervioso a la espera de ambos sujetos. Pasaron cinco minutos y se alarmó. A los siete, como aún no habían regresado, salió urgido al pasillo temiendo que algo anduviera mal. Preguntó a cuanta persona se cruzó por los hombres que hasta recién habían estado con él en esa oficina. Nadie los conocía. Ni con sus nombres completos pudo dar con ellos. No figuraban en la nómina de empleados, ni siquiera eran autoridades oficiales. Nos buscó alterado de incredulidad y desconcierto. Por más que rastrillaron la zona con agentes de Policía durante cinco horas, les fue imposible ubicar el paradero de esos tres individuos. Durante cinco meses, diariamente, Marcelo y Martín rondaron Casa de Gobierno infructuosamente, avergonzados de haber sido víctimas de tan perfecto cuento del tío. Ah… Hablando del tío. Al año siguiente, me enteré de que Carlos había puesto un supermercado enorme en Goya, Corrientes.
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viernes, 18 de diciembre de 2009
Naufragio
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.
haré nevar tus escamas
en mi pecho húmedo
con tu saliva
tu cabello mi máscara
tus gemidos música
y tu aliento el mío
cada cueva será horadada
y tu superficie toda
habrá de saberme
cada embate recogerá tu hálito
mis manos se llenarán de tu humedad
desenfrenada
mil zumbidos tibios
llenarán tus oídos a vacíos
mientras una marea en tus entrañas
nos marea
naufragaremos aferrados
a retazos de cordura
posteriores al letargo
del barco largo
en tu cintura
rasgarás la cima
de la dureza
jamás dormida
de mis caderas
.
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.
haré nevar tus escamas
en mi pecho húmedo
con tu saliva
tu cabello mi máscara
tus gemidos música
y tu aliento el mío
cada cueva será horadada
y tu superficie toda
habrá de saberme
cada embate recogerá tu hálito
mis manos se llenarán de tu humedad
desenfrenada
mil zumbidos tibios
llenarán tus oídos a vacíos
mientras una marea en tus entrañas
nos marea
naufragaremos aferrados
a retazos de cordura
posteriores al letargo
del barco largo
en tu cintura
rasgarás la cima
de la dureza
jamás dormida
de mis caderas
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