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domingo, 9 de enero de 2011

M u d a n z a

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este extranjero en la ciudad del soneto
quiere dejarle su pasaporte vencido
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le queda el soplo apenas suficiente

para intentar la tregua; tal vez tarde

demasiado en sentir que desde el mar de

sol es por fin nacido. Su relente



se empalma natural con la corriente:

ya es pluma, paloma; no hay que emparde

tanta altura, algún ave, y arde

en su aura el compás de ese torrente



que encandila de lejos y es estela;

algo ido, de ayer, memoria vuela

por si alguien recuerda y mira arriba



procurando saber cuál gema esconde

al ser querido muerto, que responde:

¿qué importa el cuerpo aquél, mientras yo viva?



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jueves, 30 de diciembre de 2010

esas canciones

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querer curar con la música...
qué realidad vestida de sueño
/grafito infame, 2:26/
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... todas las canciones que duermen a la vera de voces inolvidables y escuchamos en labios de transeúntes sus remedos; todas esas glosas que se disfrazan de tren y nos van llevando por diferentes estaciones de la vida: una noche, un amor, una noche de amor, una borrachera, un olvido, acaso una cena, ese adiós; a la infancia, a una ofensa, a la desnudez indefensa que disfrutamos

esas canciones que vuelven, que nos miran el alma cuando los párpados de un parlante se despiertan justo mientras pasamos por la vereda del vecino, una esquina poco frecuente, una casa cualquiera

canciones que sabemos de memoria pero extrañamente creíamos olvidadas hasta que su acorde sigiloso, serpiente audible, vino a mordernos la muñeca descuidada y zas, empezamos a cantarla a la par sin darnos cuenta que el veneno no es tan malo como parecía...

melodías simples o de trueno, arpegio y filo, florituras en el aire del verano que nos embolsa la cara para volver a estar en las entrañas de agosto en pleno enero, o al revés; entonces del tren y del ofidio, en un chasquido se van abriendo ventanas, o a través del relumbre de un cd que se cae al piso mientras buscábamos el resúmen del teléfono, de la tarjeta, de la mar en coche...

la radio suele ser una estación de tren; la casualidad un vagón perpendicular que nos aborda a la fuerza

alguien silba afuera, o dice unas palabras que nos hacen recordarlas, peces dorados en el estanque de las horas, oídos de anzuelo, memoria emotiva y alguna letra que te hace pensar:

                          "...puta madre, cómo hubiera querido decirlo así..."

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domingo, 26 de diciembre de 2010

nada

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absolutamente nada

ni las hojas más inverosímiles

ni el más inolvidable de los perfumes

ni el amanecer, aquel, de entonces



nada nada



ni siquiera los recuerdos más antiguos

cincelando siglos antes la memoria

al abrigo de impacientes párpados

ni la luna, ni la noche, ni la lluvia

ni yo mismo



nada, nada… nada

abrirá este nicho abovedado

dentro del pecho

esta muerte peor, porque es en vida

mi propia vida



nada nada, nada de nada



salvo alguna casual y breve chispa

/fragor de estragos/

de la luz de tu mirada

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domingo, 21 de noviembre de 2010

azulejo.uno


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Caín, engañado, arquetipo de Edipo Hierofante 
más sólo y lúcido día a día: el espanto mismo
expulsado para siempre

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el animal emerge del fondo del útero, oxida sus retinas, sus pulmones, vuelve a cero su prememoria y comienza el ciclo de las Tríadas...

no lo sabe ni le importa, ni idea tiene de que el proceso de algunos minutos equivale a lustros interestelares del que algunos conservan cicatrices, mientras la mayoría pierde esas marcas de nacimiento...

el animal emerge y está al otro extremo del orgasmo primigenio, a años luz de cerrarse, eslabón de su propio orgasmo, quizá inalcanzable

alguna vez estará en la arena, en lo oscuro, el frío como esqueletos que lo encienden a su verdadera condición, soledad; un par de ramas, la noche bronca, algo similar a vida llena de muerte le desgarrará el pecho para que no quede dónde ir, a quién llamar...

pero ahora emerge y una lentitud pasmosa, desorbitante, le graba cada instante para que cuando en la arena se encuentre fieramente fiera, cara a cara con sí mismo, nada total hociqueándole las facciones en las suyas, sal entalcando el paladar, ahí sí: niño, huella, archipiélago enhebrado, un millón de escamas, parición extinta hasta los adentros del animal que emerge de su propio útero y se extraña, se espeja, duda, flotado al vacío... y llora

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en "The Rozz"

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BA sábado 13/11-2010
como no había llevado nada nuevo y había dormido todo el viaje... salió ésto, ya en el bar;
en teoría tenía que ser poesía erótica, no sé si habrá cumplido con las características
pero se incluyó en lo leído esa noche. Gracias a Patricia Ortiz, Liliana Varela,
Elizabet Cincotta y Karina Sacerdote por la agradable velada
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en una mesita ratona, evocar la maratón de ratones desde el recuerdo, por la pluma, al papel...
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estás hecha para la tarima

para la metralla

para estrellarte tantas veces

como nos dure estar encima



para la parva

para la parca breve de cigarras

que destilan de la siesta las mejores caderas

costa saliva, uña, saña



estás hecha para la turba

para sonar barítona

tu garganta dentro de mis tímpanos




para marca roja en la puerta llena de flores

ileso aviso de ilusión entre piernas perfumadas

y labios perfumados que mojan la cara

con la miel que amo olerme en los dedos

de abeja perfumada



revolcarme en el subsuelo de tu lengua

y que tu espuma y tu ruido

se escondan en mi nariz

como acabo de guardarme

en el revés de tu ombligo

 
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viernes, 15 de enero de 2010

Knock turno




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este silencio cegador
de madrugada
sangre negra que me envenena la lengua

un paseo de dedos
por tu espalda
sin despertarte

dejar abiertas las ventanas
oler la noche
y sorprender ahí restos de tu sexo

indefensa a mi derecha
tu piel habita el limbo festejado
y frágil y desmedido y demasiado

*
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martes, 12 de enero de 2010

1782 (25/05/09)




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una puerta me despierta
tan tarde
que es temprano de nuevo
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abanicos insidiosos rescatados de octubre
llorados de luz
alguna vez serán horadados
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el vidrio se empaña con las palabras
fugaces y fugadas
fundantes
(fundas de diamante)
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se empeñan las palabras vidriosas
en carcomerse
/me
/nos
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alertas
distantes
y nunca llego
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1780 (24/05/09)




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hay una esfera azul
incandescente
entre tus manos
tus ojos
no se ven
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la dejas caer
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(siglos en llegar al piso)
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el impacto trasunta
las esquirlas
en millones de hormigas voladoras
que a su vez
mutan en otros seres al rozar algo
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después se reúnen de golpe
obedeciendo mudos mandatos
y un secular bedel de la puerta cero

(creo que dice llamarse Urigh...
pero no se oye)

suspende a la altura de su frente
una luminosidad confusa
que me despierta de tu cintura
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sábado, 9 de enero de 2010

Hormigueo

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hormigas mínimas caminan
mis venas,
donde repta tu nombre
entre sonrisas y hay luz esparcida
a cuatro vientos
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repica el sueño de anoche un par de veces,
ronda tu garganta y anida ondulado
en las mariposas del volcán,
ciudad capital:
tu ombligo
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tu sabor de fruta
y un aroma a almendras
me empapelan perennes
palabras
en podios del paladar
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me tiendo entonces
a entonar
tremendos truenos
metiendo la lengua entera hasta la garganta
del silencio que me inunda por tenerte enfrente
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viernes, 8 de enero de 2010

Límite de montaña

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El encargado vino a buscarme a la orden del plazo irrevocable. Como nunca me miró, no pude distinguir su rostro y aunque fuese previsible, me pareció lúgubre que vistiera de negro y ni siquiera se dignase a dirigirme la palabra. Es extraño saber desde el primero que éste día llegará y que al suceder, sorprenda.

Absorto por mi propio letargo no hubo tiempo para nada; la sorpresa de lo inesperado abarcó todo cuando su oscuridad me indicó seguirle. Mientras, pensaba que uno planea demasiado, concierta inciertas citas… nos vemos che… el mes próximo viajo a visitarte... listo, la semana que viene te llamo y arreglamos… y bajo la óptica de este instante esa actitud reviste una indiscutible indolencia o, como mínimo, extrema desconsideración para con nuestra propia finitud. Entonces, sabía lo que debía hacer sin que lo manifestase explícitamente, como si hubiera un código previo entre ambos.

Ignoro cómo fuimos de mi casa, de donde me buscó, a una bucólica loma húmeda donde amanecía. Subimos una colina de recuerdos de a ratos escarpada, a veces llana; el piso de la cuesta alternaba entre césped cual mullida alfombra, e incisivas piedras volcánicas que por poco no impedían avanzar. El descenso, en cambio, fue más parejo, más cómodo, con variados paisajes de amplios panoramas, como sospechaba.

Al ocaso, el fin del tránsito por esa montaña fue abrupto y súbito. La marcha toda cupo en un parpadeo y me devolvió a mi cuarto con una clara impresión de deja vù… y la casi seguridad de nunca haberlo abandonado. Al mismo tiempo, al margen de mi voluntad, estaban los rostros y la presencia de seres esenciales en mi camino, hasta ahora sin poder captar si en señal de recibimiento o despedida.

Y la sombra me enfrentó de lleno, mis manos tomaron mi cara, con el mismo gesto la arrancaron y se la dieron como si fuese un trapo sucio mal almidonado, una apócrifa careta carente ya de propósitos. Antes de ocupar este inerte vacío en el silencio, lo vi guardar sin cuidado entre sus ropas los harapos que otrora fuesen mis facciones, inaugurando la disgregación gradual de mi existencia, que se borrará del todo cuando el último que guarde memorias de mí, también deje para siempre esta montaña.
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