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domingo, 9 de enero de 2011

M u d a n z a

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este extranjero en la ciudad del soneto
quiere dejarle su pasaporte vencido
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le queda el soplo apenas suficiente

para intentar la tregua; tal vez tarde

demasiado en sentir que desde el mar de

sol es por fin nacido. Su relente



se empalma natural con la corriente:

ya es pluma, paloma; no hay que emparde

tanta altura, algún ave, y arde

en su aura el compás de ese torrente



que encandila de lejos y es estela;

algo ido, de ayer, memoria vuela

por si alguien recuerda y mira arriba



procurando saber cuál gema esconde

al ser querido muerto, que responde:

¿qué importa el cuerpo aquél, mientras yo viva?



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miércoles, 29 de diciembre de 2010

XXVIII

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senderos a fuerza de tanto andar los mismos lados
jauría de minutos al ombligo del sendero
mientras armamos la noche
/grafito infame, 9:59/
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XXVIII
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de un momento a otro, volvimos a robarle la escalera a dios

y a susurrar rutas insólitas del insomnio de las aves

para inaugurar dinastías inauditas

en donde cruzas tus talones

mientras caminas



¿o danzas?



luego, mirábamos desde lejos la áspera espera

quemarse como vampiro al sol de enero

tirados en este cono de sombras

lerdos lamiendo la espalda

de la hora que se iba


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sábado, 30 de octubre de 2010

oktubre.4

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abril

abismo breve y vago del suspiro

límpidamente impropio




reminiscencia

anestesiada desde un fulgor

que anda y suena y huele y canta

por las semillas pretéritas a los pétalos de octubre




abril

calor temprano

durmiendo hasta en el perfume

de las gargantas

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abril de gasa

flanco obsceno

un espejo colorado

imposiblemente blanco




abril reflejo

abril tan viejo

que te recuerdan

en las rodillas de octubre

cruzando la vívida frontera

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todos los gerundios de abril

tan sonrosados

en mi sonrisa doliendo más que cachetazo

bien dado

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abril pelusa abril melindre abril helado

en tus retretas, herraduras

me dibujan




abril barbudo  abril fetiche  abril pelado

sin las arduas mariposas de tus cielos

van a vernos destejer babas del diablo

cada uno por su lado

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viernes, 15 de enero de 2010

Knock turno




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este silencio cegador
de madrugada
sangre negra que me envenena la lengua

un paseo de dedos
por tu espalda
sin despertarte

dejar abiertas las ventanas
oler la noche
y sorprender ahí restos de tu sexo

indefensa a mi derecha
tu piel habita el limbo festejado
y frágil y desmedido y demasiado

*
*
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martes, 12 de enero de 2010

1780 (24/05/09)




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hay una esfera azul
incandescente
entre tus manos
tus ojos
no se ven
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la dejas caer
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(siglos en llegar al piso)
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el impacto trasunta
las esquirlas
en millones de hormigas voladoras
que a su vez
mutan en otros seres al rozar algo
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después se reúnen de golpe
obedeciendo mudos mandatos
y un secular bedel de la puerta cero

(creo que dice llamarse Urigh...
pero no se oye)

suspende a la altura de su frente
una luminosidad confusa
que me despierta de tu cintura
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sábado, 9 de enero de 2010

Hormigueo

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hormigas mínimas caminan
mis venas,
donde repta tu nombre
entre sonrisas y hay luz esparcida
a cuatro vientos
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repica el sueño de anoche un par de veces,
ronda tu garganta y anida ondulado
en las mariposas del volcán,
ciudad capital:
tu ombligo
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tu sabor de fruta
y un aroma a almendras
me empapelan perennes
palabras
en podios del paladar
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me tiendo entonces
a entonar
tremendos truenos
metiendo la lengua entera hasta la garganta
del silencio que me inunda por tenerte enfrente
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viernes, 8 de enero de 2010

Inexorable

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(Prosa poética dedicada a Félix García, y a quien esté atravesando períodos de sequía)

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El memorioso emisario de las musas afirma con hondo pesar, al círculo íntimo, estar seco de voces. Mientras lo dice, su mirada cae con rigor pétreo y un hondo suspiro lo vacía. Lamenta que sus días se gasten en silencio, atemperados apenas con familiares y letras de amigos que la vida ha sedimentado. En los peores momentos juzga insuficiente ese abrigo para la insoportable crudeza del invierno que debe enfrentar solo.

Los del jueves esbozan sonrisas de padre, alternan su rol unos momentos, lo consuelan; con paciencia le recuerdan que tal cosa es imposible. Le cuentan de Agamenón y su ejército sitiado por el hambre y los infieles, al pie de la montaña, cuando le bastó una sola palabra para que ésta se abriera y los salvara de la muerte. Sus huestes jamás la repitieron, pues su poder de fuego era privativo del gran Agamenón. Y del fragmento de las escrituras: “Una palabra tuya bastará para sanarme”.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera; sucesivos ciclos complementarios de día y noche precisos para convivir en armonía. Dolientes, sí. Quizá demasiado prolongados intervalos.

El sabe de sobra que mirarse al espejo es lo opuesto a verse; que para ver en serio hay que cerrar los ojos e intuir arcanos corpúsculos tras los párpados. Quiere, elige seguir volando, mas se siente abatido. Aunque la secreta impresión sea la de ya no pertenencia al estrato puro donde se arraigó, a ese nimbo que le fue predestinado desde su alumbramiento. Como si fuera una incierta intuición del cercano final. Mientras, observa con incredulidad los mojones que ha sembrado en el camino; algunas veces como a débiles cenizas del victorioso fuego a través de indómitas lágrimas, otras con sencillo pero profundo orgullo que eriza la piel. Le cuesta reconocer que esos cisnes perlados o aquellas ardientes epifanías de singular belleza sean de su propia creación, si ni siquiera ha precisado barro o polvo para animarlos, sólo un inusitado bache de aire y poca tinta han sido suficientes.

Llegará, como siempre al fin llega, un día cualquiera en que la chispa arderá: de una azarosa imagen, una mirada, un aroma (lo mejor de la chispa es que nunca se sabe cómo surgirá). Primero será una melodía que hacía tiempo no tarareaba, después un calor en la cara, en el pecho, en las sienes; cierto sudor en la palma de las manos y gota a gota, un torrente de palabras irá mojando rituales páginas con sangre cósmica, mientras en la espalda resurgirá el casi olvidado escozor de mágicas alas, regresando todo a su lugar.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera. Dolientes pausas multiplicadas por la inexorable herrumbre del tiempo. Claro que habrá un último espacio entre la última oda y la despedida final, pero éste no lo es, ya verás. No hay silencio en ti; olvídate del silencio, Félix.
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viernes, 18 de diciembre de 2009

1732

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los poros se erizan
avisan que has traspasado fronteras
invasión tan esperada

sus invisibles látigos
nos humedecen salados
nos acelera el pulso
exquisito intruso
en la piel y en el remanso
de las sensaciones
inmateriales que nos animan

ayer te vi cercar de nieve
mis solitarias latitudes
ayer estuve

oteando al amanecer
desde mi guarida
el corcel negro y bravío
que en su luenga sombra
aquí te traía

cuando desensillaste
ya era la tarde
de otro día

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