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martes, 1 de marzo de 2011

disección

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.                                                        : : : mariposa : : :

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            después
            detrás   

            desde la semiluz

             que te descruza

                      y estira

        los brazos
                      .
                     .
                      .
                         .
                            .     ardo    .     .    .


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domingo, 23 de enero de 2011

poema con delay

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de cornisa a cornisa pareciera no haber tanta distancia
hasta que por fin se intenta el pasaje
y al otro lado se llega viejo
/grafito infame, 3:87/

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she at f/l/s/night

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he ido
antes que te extranjeres
siguiendo estos rastros de agua


e n m i s p l a n t a s a g r a d e c i d a s


funambulismo
desquiciante
de puntillas


camino de cinco tactos delante de una curvatura
mojando el ritmo amarillo
de panales


trono verte entre rodillas naciendo peceras
equidistantes al cielo
y al infierno

porque cada piedra
es un nuevo desajuste
ardiendo lo celeste
.
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domingo, 21 de noviembre de 2010

intuís

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B:
a la magia del Parque se la heredaron los Chanás
residentes originarios de estas tierras
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hay algo en el agua, en el aire, en la luz ladeada del atardecer
que hace que las cosas cobren ese encanto que se ata a los
corazones de los transeúntes; un halo póstumo tiñe la piel de
cobre y cuerdas, con barro y madera volvemos a las plumas,
a los pájaros que no dejan de ser los mismos a través de siglos 
.
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mientras se va lo último del aire que quedaba

el pie deja una marca en lo rojo apenas

y entonces: verse

sentirse

irse



sentir sed

la nariz hiperestimulada

esa picazón



y una esquirla de brillo a los costados del ojo

nos mira desde arriba

como si no fuéramos nosotros

los que nacemos

estos colores



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sábado, 26 de junio de 2010

isla

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/XX/
y de las alas no quedaba más que la picazón de su pérdida. de la lluvia una lágrima inasible. cada vez se ponía más límite y se asemejaba menos a las otras. entonces nos empezaron a crecer ojos en los poros
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el mar

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el mar me llama


me lame

límame

limo arenoso

destapaporos



su rugido su zurrar apenas

tumba la arena que fuese roca

siglos distantes



cada amanecer lo horada dorado

y de tarde lo degüella

en altares celestes



una danza circular porsiemprizada


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sábado, 29 de mayo de 2010

La Gran Salina / Ricardo Zelarrayán

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La Gran Salina


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La locomotora ilumina la sal inmensa,

los bloques de sal de los costados,

los yuyos mezclados con sal que crecen entre las vías.

Yo vacilo....

y callo....

porque estoy pensando en los trenes de carga

que pasan de noche por la Gran Salina.

La palabra misterio hay que aplastarla

como se aplasta una pulga,

entre los dos pulgares.

La palabra misterio ya no explica nada.

(El misterio es nada y la nada no se explica por sí misma.)

Habrí­a que reemplazar la palabra misterio

(al menos por hoy, al menos por este "poema" )

por lo que yo siento cuando pienso en los trenes de carga

que pasan de noche por la Gran Salina.

La pera trepida en el plato.

La miel se desespera en el frasco cerrado,

para desesperación de las moscas que le acechan posadas al vidrio.

Pero yo no me explico

y hasta ahora nadie ha podido explicarme

por qué me sorprendo pensando

en la Gran Salina.

El hombre de chaleco del salón comedor

se ha quitado los anteojos.

Los anteojos trepidan sobre el mantel de la mesa tendida.

Todo trepida,

todo se estremece,

en el tren que pasa a mediodía por la Gran Salina.

Yo me he sorprendido mirando

la sombra del avión que pasa por la Gran Salina.

Pero eso no explica nada.

Es como una gota que se evapora enseguida.

Hay que distraerse, dicen.

Hay que distraerse mirando y recordando

para tapar el sueño

de la Gran Salina.

Un piano colgado como una araña del hilo

se ha detenido entre los pisos doce y trece...

Un camión pasa cargado de ventiladores de pie

que mueven alegremente sus hélices.

En 1948, en Salta,

fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,

y la conversación se apagó con el fuego del asado,

abrumados como estábamos por el cielo negro

y estrellado.

Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas

hasta quedarnos sin pilas.

Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,

con pilas para radios a transistores.

Ni por qué sueño con lamparitas de luz,

delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.

Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto

de una lamparita quemada.

Nunca he visto...

nunca he podido imaginarme

la lluvia cayendo sobre la Gran Salina.

Yo no tengo objetivos pero me gusta objetivar.

Desde chico intenté cortar una gota de agua en dos

(con una tijera).

Aún hoy intento,

apartando las cosas de la mesa

o ahuyentando amigos,

imitar, imaginarme, la lluvia sobre la Gran Salina.

Tomo una plancha caliente y le salpico gotas de agua.

Pero aunque pueda imaginarme todo,

nunca podré imaginarme

el olor a salina mojada.

Anoche llegué a mi casa a las tres de la mañana.

En la oscuridad, tropecé con un mueble...

y allí­ nomás me quedé pensando

en lo que no quería pensar...

en lo que creía bien olvidado!

Pero en realidad me estaba escapando

del sueño estremecedor de la Gran Salina.

Y ahora me interrogo a mí mismo

como si estuviera preso y declarara:

"La Gran Salina o Salina Grande

está situada al norte de Córdoba,

cerca (o dentro, no recuerdo)

del lí­mite con Santiago del Estero."

Estoy mirando el mapa...

pero esto no explica nada.

La caja de fósforos queda vacía

a las cuatro de la mañana

y yo me palpo a mí­ mismo, desesperado,

con el cigarrillo en la boca...

Habría que inventar el fuego, pensarían algunos.

Yo en cambio pienso en los reflejos del tren

que pasa de noche junto al río Salado.

No puedo dormir cuando viajando de noche

sé que tengo a mi derecha

el rí­o Salado.

Paro aún así­ sigo escapando del gran misterio...

del misterio de la sal inagotable de la Gran Salina.

Recuerdo cuando arrojábamos impunemente naranjas chupadas

al espejo ciego y enceguecedor de la Gran Salina.

A la siesta, cuando la resolana enceguece más que el sol.

Esperábamos llegar a Tucumán a las siete

y a las dos de la tarde tuvimos que cambiar una rueda

junto a la Gran Salina.

Un diario volaba por el aire...

el sol calcinaba las arrugadas noticias del mundo

del diario que caía sobre la Gran Salina.

Y vi pasar varios trenes

y hasta un jet...

Los pasajeros de los Caravelle

o de los Bac One-Eleven,

no saben que esa mancha azulada,

que a lo mejor están viendo en este mismo momento,

desde ocho mil metros de altura,

esa mancha azulada que permanece durante escasos minutos,

es la Gran Salina,

la Salina Grande.

Pero el jet anda muy alto.

La Gran Salina no conoce su sombra que pasa.

Los pasajeros del jet duermen...

se sienten muy seguros.

En el jet no hay paracaídas.

Los jets no caen. Explotan.

Hace unos años,

un avión que no era un jet volaba, creo, sobre Santa Fe.

De pronto se abrió una puerta

y una camarera tuvo que obedecer calladita

a las sagradas leyes de la física,

y demostrar su inequí­voco apego a la ley de la gravedad.

Una ley dura como las piedras metidas en la boca de Demóstenes

que, según dicen, hablaba mucho.

Aquí­ hay que hacer un minuto de silencio.

Primero, por la dócil camarera sin cama del avión.

Después, por las palabras muertas,

muertas por no decir nada...

misterio, por ejemplo,

que sirve para no explicar lo inexplicable,

lo que yo siento cuando pienso en la Gran Salina,

lo que traté de no pensar un día que caminaba por la Gran Salina

tratando de distraerme y de no pensar dónde estaba,

escuchando una canción de Leo Dan

que pasaba LV12 Radio Aconquija

y el Concierto en sol de Ravel por la filial de Radio Nacional.

¿Qué pensarí­a Ravel, el finado,

si caminara como yo en ese momento

por la Gran Salina.

Ravel, púdico sentimental,

te imagino tocando el piano que hoy vi colgado

entre el piso 12 y el piso 13.

Sí­, pobre Ravel de 1932

con un tumor en la cabeza que ya no lo dejaba componer.

Ravel tocando solo,

de noche (pero eso sí­, absolutamente solo)

los "Valses nobles y sentimentales" en medio de la Gran Salina.

Estoy seguro que se hubiera interrumpido

al escuchar el silbato lejano de la locomotora,

para ver el haz de luz a la distancia

y la penumbra sobre la Gran Salina.

Dí­as pasados fui al Hospital.

Hace años yo andaba por allí­,

despreocupado y con mi guardapolvo blanco.

Pero ahora, de simple paciente,

sentí el ruidito angustioso

¡Trank!

de la máquina de sacar radiografí­as.

¡Y que pase otro! gritó el enfermero.

Pero el otro no podrá explicarme

por qué tengo sed,

por qué voy detrás del agua cautiva de la botella

y de la sal capturada en el salero,

yo, tan luego yo,

capturado en el sueño de la Gran Salina.

Un amigo, alto funcionario estatal,

me ofreció su pase libre para viajar por todo el paí­s.

Total, me dijo, es un pase innominado,

cualquiera lo puede usar...

si se lo presto.

El pase sin nombre me deslumbró

como la marca de la cubierta que leí­ y releí­

cuando cambiábamos la rueda junto a la Gran Salina.

Pero después pensé en Tucumán

(mi segunda provincia)

y en las vértebras azules del Aconquija

horadando las nubes blancas.

Ahora me entero que mi amigo,

el del pase sin nombre,

se separó de la mujer.

Aquí­ me callo...

Pero el silencio me hace pensar ahora

en lo que no quise pensar cuando miré el pase sin nombre que me ofrecían,

en lo que dejé de pensar hace un momento...

cuando vi pasar el ascensor con una mujer silenciosa

que no me quiso llevar.

Olvidemos el ascensor perdido

y pensemos de nuevo, de frente, en la sal

(cloruro de sodio)

y en el misterio...

Pero como nada es misterio

hagamos una traducción de apuro:

miss Terio

o miss Tedio

o chica rodeada de teros asustados

o algo por el estilo.

Pero no hay distracción que valga.

El ayudante de cocina del vagón comedor

se rasca la cabeza de tanto en tanto

pero sigue pelando papas sin distraerse

en el tren que se acerca a la Gran Salina.

Y el ascensor perdido con la mujer silenciosa

sigue recorriendo kilómetros entre la planta baja

y el piso quince.

El sastre de enfrente que ya comió

se asoma a tomar aire con el metro colgado en el cuello.

Yo pienso en comer, como se ve...

Son exactamente las 14 horas, 8 minutos, 30 segundos.

Y también, no sé por qué,

pienso en el acorazado de bolsillo Graf Spee

que en los comienzos de la última guerra

se suicidó antes que su capitán

frente a Punta del Este.

El Graf Spee yace a treinta metros de profundidad.

Ya nadie se acuerda de él.

Ni siquiera los hombres-rana

que bajaron a explorar sus entrañas.

Pero hasta los hombre-rana

salen a comer al mediodía.

Y a veces, para comer,

sólo se quitan las antiparras y los tubos de oxígeno.

Todavía hay gente que se asombra viendo comer a esos hombres...

con patas de rana.

Los hombres-rana reclaman al mozo la sal que se olvidó

Dale!... Dale!

Hoy almuerzo con amigos

(si es que no se fueron).

Miraré de costado la sal y pediré pimienta en vez,

porque tengo miedo de quedarme callado,

ya se sabe por qué.

No quiero quedarme callado

ni distraerme,

ya se sabe por qué.

En realidad no se sabe nada

del sueño de la pilas,

de la lluvia sobre la sal,

de la chica del ascensor,

del sastre asomado con el metro colgado

o del tren que pasa de noche indiferente

junto a lo que ya se sabe

y no se sabe.

....................................................

....................................................

....................................................

Hace años creía

que "después del almuerzo es otra cosa"...

es decir que las cosas son otras

después del almuerzo.

Este poema (llamémoslo así­),

partido en dos por el almuerzo

y reanudado después, me contradice.

No comí­ postre.

¡Siento la boca salada!

Pero no voy a insistir.

El domingo pasado,

en casa de un amigo poeta,

conocí­ a un chileno novelista e izquierdista

que se fue a Pekí­n y que, posiblemente,

no vuelva a ver en mi vida.

Tímidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista,

metí­ una frase de Lautrèamont

que como buen franchute es uruguayo

y si es uruguayo es entrerriano.

Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:

"Toda el agua del mar no bastarí­a para lavar una mancha de sangre intelectual"



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Ricardo Zelarayan nació "a mediados de la década del veinte" en Paraná. Vive desde joven en Buenos Aires, conservando intacta su condición de provinciano en eterno conflicto con el porteño. Escribió mucho, publicó poco, perdió y tiró bastante. Sus libros publicados -La obsesión del espacio (poesí­a, 1973, reeditado en 1997), Traveseando (cuentos, 1984), La piel de caballo (novela, 1986, reeditada en 1999), Roña criolla (poesí­a, 1991)- representa menos de la décima parte de su producción. Su personalísima obra en todos los géneros -ha escrito también explosivos panfletos- tiene una música inmediatamente reconocible, que se nutre del habla popular, de la calle, de ciertos giros coloquiales del interior del paí­s.



A comienzos de los setenta, formó parte de la revista Literal, que significó un punto de inflexión en la evolución de la cultura argentina. En los últimos años se dedica a la traducción, a escribir fragmentos y a influir involuntariamente en las nuevas generaciones de poetas argentinos.



Bajar La Obsesión Del Espacio (libro en donde se encuentra este poema):

http://www.4shared.com/file/81877000/e7ccf4b0/la_obsesion_del_espacio.html

domingo, 18 de abril de 2010

----/ cadavre exquis /----- juegos en Grupo Equis

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Hay más de una versión. Colguemos la "literaria", porque Nito y sus bromas hablan de bueyes y sus partes mojándose en el agua, en las otras...cosas así.

Doblar la hoja tipo abanico de ikebana e ir pasándola uno a uno, solo viendo lo que puso el anterior, para que tenga más emoción o misterio.

Una de entre otras tardes equis en lo de Nito, Clara, Rosana o mi casa /pocas veces/ inolvidables, divertidas, cálidas, entre amigos y el infaltable mate amargo. Fue durante 2007, según recuerdo. O a principios de 2008.
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N: Nito
Cl: Clara
R: Rosana
A: yo
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miércoles, 31 de marzo de 2010

trip

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/U/

van a ser las siete
y te vas a despertar boca arriba
tu ombligo mira morar detrás mi llanto polar de anoche

mesa tumbada en silencio
sobras y manchas después de domingo al mediodía
con familia entera y una siesta antiesteparia entre tus piernas

sentirte dormida babear mi pecho:
numisma, corona, ese limbo lunar
para pastar orejano
donde orégano y nogales nos sitian
entre humedales


/E/

de una sola sentada me dije todo
me hallé de pie, a pie y en pie
tranquilo, ojos de agua
me fijé atrás y olí el mañana
en la mitad de un solo sendero sin deudas, era

no sé por qué vinieron tiempos de Villaguay
y ese olor a pasillos empedrados de La Habana
y el sonido verde de una tarde en Paraguay olor a alfalfa

la sopa de la abuela, las siestas de sandía o mandarinas
esas tardes de lluvia y tortas fritas, olor a barrio,
girasoles y semillas de mostaza; no comprendo
y un destello de vejez en soledad


/R/

me viste esperarte ahí, dijiste,
donde el neón se acuesta
en bragas marrones con líneas rosas,
y más nada
ni franela ni piyamas

de la punta del índice al pulgar
abarco justo tu muñeca
bestias verdes crepitan y es de noche…

somos velas
servimos balas
vuelos
bólidos
la tormenta apretujada contra el vientre
por los pechos mil rondas
entre danzas pintacaras
bajo el sol descomunal
de nuestros ojos


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viernes, 12 de marzo de 2010

viernes de tarde, llueve

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entre el rumor desnudo de la lluvia
crecen presencias hechas dedos
olor a limón

y el aire dice sus saciedades
al ojo que retreta
recintos retratados

nada escapa a las instancias del trote:
es el pecho doblegado y crecido
a dos aguas, a cuatro manos

hay un muro contra el rastro de esta tarde
arden dos almas y las frutas
y mi sigilo

bajo el ópalo onde se muelen las mieles
del agua de esta sombra
palpitan los velos a guijarro erguido

los sus/piros son el soplo de esta lluvia
mientras la ciudad se deja morir
en la saliva de tus ojos
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miércoles, 10 de marzo de 2010

negro






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Ante un único y grave cuervo prieto

hay cien gansos que ser cisnes ansían

sólo porque de blanco se atavían;

enajenados y al extremo inquietos

.

¡tan oscuro resulta ese sujeto!

andan, graznan, salpican, desvarían

se reflejan, se encantan y porfían

ni sus lagos los lavan por completo

.

patéticos elevan torpes voces

quieren colmar el aire de poesía

como el burro se escuda dando coces

.

ha cerrado su oído el universo

y al negro pájaro le basta un verso

para honrar la pureza que no había


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viernes, 12 de febrero de 2010

a h o r a





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ahora es el instante,
no hoy
ni mañana

a-----e
h-----s
o------
r-----y
a-----a

mismísima hora que se fragmenta en azotes de sol
a contraluz

este obnubilarse de aire fresco,
rumores de mar
indómito

es ahora mismo
cuando se sacude la sangre y la vida lo invade todo

eso:
la vida invade vados evadidos
de ayer

todo cambia

y seguimos dentro de la rueda como hamsters
pero sabemos que las jaulas son mentales
nada más estados del ánimo
periferias-estratos
ruedas-escalones

la vida acude
y el amor no mora solo en Roma
como las moscas

pican las alas olvidadas de la espalda
nos invitan a volar

dejarnos ser larvas un momento
para saber cómo sabe
tanto color


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domingo, 31 de enero de 2010

panóptico




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he caído de nuevo en los dominios
que llenan de arena de oro
mis tobillos

policromías pancrónicas
parecen pasearse
por palabras propuestas
para puertos,
parafinas, portapulpos, plumas pendulantes
preciosos premios

así y todo,
un cardumen se obstina en habitarte cada tanto
aquí y allá

algún árbol que silba tus sendas
se inclina a saludar la tarde
moribunda

sonidos sacros, señales

peces que se espejan en las retamas
de anteayer...
o son miradas del mañana?

quién podrá saberlo...
mientras tanto huelo el aire
y un ondular vibrante
suele susurrar secretos sempiternos
a la sombra de los cedros

se va muriendo esta tarde
y no tiene quien la entierre,
ninguna autopsia,
nadie encuentra el cementerio
de los elefantes

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domingo, 24 de enero de 2010

voilà



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ataviada de eternidad
aras de sonrisas tristes, así
y un mutismo curvo azul alado
pegado a las lágrimas inenarrables
que jamás liberaremos, porque son el alma
el alba, las borrascas, una espera entre palabras
-------------------------- o las palabras que esperan
viento a favor
para seguir
volando
.
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viernes, 8 de enero de 2010

Inexorable

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(Prosa poética dedicada a Félix García, y a quien esté atravesando períodos de sequía)

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El memorioso emisario de las musas afirma con hondo pesar, al círculo íntimo, estar seco de voces. Mientras lo dice, su mirada cae con rigor pétreo y un hondo suspiro lo vacía. Lamenta que sus días se gasten en silencio, atemperados apenas con familiares y letras de amigos que la vida ha sedimentado. En los peores momentos juzga insuficiente ese abrigo para la insoportable crudeza del invierno que debe enfrentar solo.

Los del jueves esbozan sonrisas de padre, alternan su rol unos momentos, lo consuelan; con paciencia le recuerdan que tal cosa es imposible. Le cuentan de Agamenón y su ejército sitiado por el hambre y los infieles, al pie de la montaña, cuando le bastó una sola palabra para que ésta se abriera y los salvara de la muerte. Sus huestes jamás la repitieron, pues su poder de fuego era privativo del gran Agamenón. Y del fragmento de las escrituras: “Una palabra tuya bastará para sanarme”.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera; sucesivos ciclos complementarios de día y noche precisos para convivir en armonía. Dolientes, sí. Quizá demasiado prolongados intervalos.

El sabe de sobra que mirarse al espejo es lo opuesto a verse; que para ver en serio hay que cerrar los ojos e intuir arcanos corpúsculos tras los párpados. Quiere, elige seguir volando, mas se siente abatido. Aunque la secreta impresión sea la de ya no pertenencia al estrato puro donde se arraigó, a ese nimbo que le fue predestinado desde su alumbramiento. Como si fuera una incierta intuición del cercano final. Mientras, observa con incredulidad los mojones que ha sembrado en el camino; algunas veces como a débiles cenizas del victorioso fuego a través de indómitas lágrimas, otras con sencillo pero profundo orgullo que eriza la piel. Le cuesta reconocer que esos cisnes perlados o aquellas ardientes epifanías de singular belleza sean de su propia creación, si ni siquiera ha precisado barro o polvo para animarlos, sólo un inusitado bache de aire y poca tinta han sido suficientes.

Llegará, como siempre al fin llega, un día cualquiera en que la chispa arderá: de una azarosa imagen, una mirada, un aroma (lo mejor de la chispa es que nunca se sabe cómo surgirá). Primero será una melodía que hacía tiempo no tarareaba, después un calor en la cara, en el pecho, en las sienes; cierto sudor en la palma de las manos y gota a gota, un torrente de palabras irá mojando rituales páginas con sangre cósmica, mientras en la espalda resurgirá el casi olvidado escozor de mágicas alas, regresando todo a su lugar.

Hay épocas de sequía, le dicen, como si él no lo supiera. Dolientes pausas multiplicadas por la inexorable herrumbre del tiempo. Claro que habrá un último espacio entre la última oda y la despedida final, pero éste no lo es, ya verás. No hay silencio en ti; olvídate del silencio, Félix.
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.
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lunes, 21 de diciembre de 2009

Ojo I I I


.
.
.  .  .  Párpados  .  .  .
.
.
.

caerse inmóvil
al puente intrépido de esta noche
mirarlo distraído
bostezar sus líquenes de litio
.
o que las venas palpen
sin fervor
ni extrañamiento
el grito insospechado
debajo de sus uñas
.
.
.

.   .   . Iris  .   .   .
.
.
.

hasta la nuca un desfile de viernes
babosas hormigas asfixiantes
pero lunes por la tarde
a través de los destellos
intercalados
.
ningún vapor
me quitaría
tu aroma
.
de piedra
.
.
.

 .   .   .   Pupilas  .   .   .
.
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dormir en algún tren…
más que despierto
aplicarse intenso
a la mecánica
nada
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mientras descruzas las piernas
como pidiendo permiso
al aire trasnochado
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y que alguien, alguna vez, sirva de nuevo la copa
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A la luz negra (set 06)

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Al vaciarme de fluidos
quedo lleno de vacíos
que me suelen carcomer
disparándome preguntas
que casi nunca me gustan
ni consigo comprender.

Cierro los ojos en vano
pues los impulsos profanos
quedan del lado de adentro
y dejo a espaldas el fuego
aun sabiendo que luego
de rehuirle lo encuentro.

Al restregarme los ojos
desvelados, más que rojos,
fijo fotos censurables
traídas por el insomnio
al interno manicomio
de mi mente irrefrenable.

Abro ventanas y puertas
buscando aire y respuestas
intentando apaciguar
agudos rastros salobres
de energías superiores
que intuyo del más allá.

Pateo piedras descalzo
en camino a cielos falsos
como queriendo enmendar
tantos errores pasados,
heridas que habrán quedado
para siempre sin curar.

Enfrentando la corriente
pertinaz, indiferente
con anzuelos desmañados
a capturar esos peces,
o a convencer altos jueces
de ser por fin liberado.

Viene el sol exorcizante
de fantasmas urticantes,
de a poco se desvanecen
aplazando la tortura
de otra noche de locura
multiplicada mil veces.

Qué raro! la luz apaga
azules siluetas vagas
que en la oscuridad se mecen.
Vendrá de nuevo la maga
sin importar lo que haga
para evitarla... aparece
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