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domingo, 8 de septiembre de 2013

Cadáver XXXIX

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con Marina Kohon
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Corpse XXXIX




la piel de la página retiene apenas
versiones de cada estación
donde dijimos verano


la luz escupe su miedo
entre cada renglón
que se abre al aroma


un caracol se sube al libro
tres soles le ocupa cruzar su cuerpo
hasta que elige reposar en un remanso de agosto


en el blanco despojo de la luz
de un mundo mucho más pequeño
-ábrete sésamo de letra apretujada-
late a líneas una mano


en el rastro de baba se lee la simiente
del idioma que hurga el sueño

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sábado, 25 de diciembre de 2010

Cadáver XII (*)

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vamos en formación v y nos turnamos para cortar el viento
así y todo, algunos quedan de camino en cada viaje
/grafito infame, 5:86/
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(*) con Marina Cecilia Kohon
http://poemasenlabahiasalitrosa.blogspot.com/

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XII

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luces de intrigas de una costa

una sonoridad inexistente

de la hora de la cadencia muda

que se cuelga, se nos cuelga



luces de la lucha interna, angosta

espasmos del cataclismo

las bocas de piedra:

ramas del pelo



luces que abrevan lento

toda la herrumbe

ríos de lava, bocas de piedra



lava y luz que nos asura

barros pretéritos

aire soplado a los ojos...

ya sos de piedra, ya sos de piedra



agua en la sed constante de esa frontera

las piedras y agua

magín de soñar el horno

que nos arpegia



tierra, raíz y hojas

/simiente fértil /

vientre de madre que sueña

nombrarte siempre



aire de cocerse el cuerpo

móvil que aferra

el alma caída al horno

como trigales



de agua, de aire y tierra

somos un vuelo,

muñecos en sol mayor

adentro el fuego...


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domingo, 6 de junio de 2010

Solitudes.hoy

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/a/
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si vieras mi sombra sola

bailar de a retazos

tus vestigios



sudar cáscaras

y un poco después

el pasaje de tus piernas
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/ab/
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ay si la vieras

aunque más no sea por un segundo

una tapita de tiempo nada



si la vieras dibujar rombos ridículos

al ritmo de un revés a mano alzada

sin paso fijo



si nos vieras

agitar las madreselvas desaforados



ay si nos vieras!



llamarte cuando bosteza el ojo

abismos equidistantes al silencio

y a tus rodillas



conjurar un par de ráfagas de aliento

en un idioma inasible y terco

de sangre tibia
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/ac/
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si pudiéramos asir tus ojos

a voluntad

un breve rato



y encender en las lámparas dormidas

un hogar un velo y tregua



o despertar el tercer olvido

de entre los muertos



si supiéramos cómo hacer!



otro día aparcará de nuestro lado

y el silencio seguirá rey de tus comarcas




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sábado, 29 de mayo de 2010

La Gran Salina / Ricardo Zelarrayán

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La Gran Salina


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La locomotora ilumina la sal inmensa,

los bloques de sal de los costados,

los yuyos mezclados con sal que crecen entre las vías.

Yo vacilo....

y callo....

porque estoy pensando en los trenes de carga

que pasan de noche por la Gran Salina.

La palabra misterio hay que aplastarla

como se aplasta una pulga,

entre los dos pulgares.

La palabra misterio ya no explica nada.

(El misterio es nada y la nada no se explica por sí misma.)

Habrí­a que reemplazar la palabra misterio

(al menos por hoy, al menos por este "poema" )

por lo que yo siento cuando pienso en los trenes de carga

que pasan de noche por la Gran Salina.

La pera trepida en el plato.

La miel se desespera en el frasco cerrado,

para desesperación de las moscas que le acechan posadas al vidrio.

Pero yo no me explico

y hasta ahora nadie ha podido explicarme

por qué me sorprendo pensando

en la Gran Salina.

El hombre de chaleco del salón comedor

se ha quitado los anteojos.

Los anteojos trepidan sobre el mantel de la mesa tendida.

Todo trepida,

todo se estremece,

en el tren que pasa a mediodía por la Gran Salina.

Yo me he sorprendido mirando

la sombra del avión que pasa por la Gran Salina.

Pero eso no explica nada.

Es como una gota que se evapora enseguida.

Hay que distraerse, dicen.

Hay que distraerse mirando y recordando

para tapar el sueño

de la Gran Salina.

Un piano colgado como una araña del hilo

se ha detenido entre los pisos doce y trece...

Un camión pasa cargado de ventiladores de pie

que mueven alegremente sus hélices.

En 1948, en Salta,

fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,

y la conversación se apagó con el fuego del asado,

abrumados como estábamos por el cielo negro

y estrellado.

Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas

hasta quedarnos sin pilas.

Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,

con pilas para radios a transistores.

Ni por qué sueño con lamparitas de luz,

delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.

Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto

de una lamparita quemada.

Nunca he visto...

nunca he podido imaginarme

la lluvia cayendo sobre la Gran Salina.

Yo no tengo objetivos pero me gusta objetivar.

Desde chico intenté cortar una gota de agua en dos

(con una tijera).

Aún hoy intento,

apartando las cosas de la mesa

o ahuyentando amigos,

imitar, imaginarme, la lluvia sobre la Gran Salina.

Tomo una plancha caliente y le salpico gotas de agua.

Pero aunque pueda imaginarme todo,

nunca podré imaginarme

el olor a salina mojada.

Anoche llegué a mi casa a las tres de la mañana.

En la oscuridad, tropecé con un mueble...

y allí­ nomás me quedé pensando

en lo que no quería pensar...

en lo que creía bien olvidado!

Pero en realidad me estaba escapando

del sueño estremecedor de la Gran Salina.

Y ahora me interrogo a mí mismo

como si estuviera preso y declarara:

"La Gran Salina o Salina Grande

está situada al norte de Córdoba,

cerca (o dentro, no recuerdo)

del lí­mite con Santiago del Estero."

Estoy mirando el mapa...

pero esto no explica nada.

La caja de fósforos queda vacía

a las cuatro de la mañana

y yo me palpo a mí­ mismo, desesperado,

con el cigarrillo en la boca...

Habría que inventar el fuego, pensarían algunos.

Yo en cambio pienso en los reflejos del tren

que pasa de noche junto al río Salado.

No puedo dormir cuando viajando de noche

sé que tengo a mi derecha

el rí­o Salado.

Paro aún así­ sigo escapando del gran misterio...

del misterio de la sal inagotable de la Gran Salina.

Recuerdo cuando arrojábamos impunemente naranjas chupadas

al espejo ciego y enceguecedor de la Gran Salina.

A la siesta, cuando la resolana enceguece más que el sol.

Esperábamos llegar a Tucumán a las siete

y a las dos de la tarde tuvimos que cambiar una rueda

junto a la Gran Salina.

Un diario volaba por el aire...

el sol calcinaba las arrugadas noticias del mundo

del diario que caía sobre la Gran Salina.

Y vi pasar varios trenes

y hasta un jet...

Los pasajeros de los Caravelle

o de los Bac One-Eleven,

no saben que esa mancha azulada,

que a lo mejor están viendo en este mismo momento,

desde ocho mil metros de altura,

esa mancha azulada que permanece durante escasos minutos,

es la Gran Salina,

la Salina Grande.

Pero el jet anda muy alto.

La Gran Salina no conoce su sombra que pasa.

Los pasajeros del jet duermen...

se sienten muy seguros.

En el jet no hay paracaídas.

Los jets no caen. Explotan.

Hace unos años,

un avión que no era un jet volaba, creo, sobre Santa Fe.

De pronto se abrió una puerta

y una camarera tuvo que obedecer calladita

a las sagradas leyes de la física,

y demostrar su inequí­voco apego a la ley de la gravedad.

Una ley dura como las piedras metidas en la boca de Demóstenes

que, según dicen, hablaba mucho.

Aquí­ hay que hacer un minuto de silencio.

Primero, por la dócil camarera sin cama del avión.

Después, por las palabras muertas,

muertas por no decir nada...

misterio, por ejemplo,

que sirve para no explicar lo inexplicable,

lo que yo siento cuando pienso en la Gran Salina,

lo que traté de no pensar un día que caminaba por la Gran Salina

tratando de distraerme y de no pensar dónde estaba,

escuchando una canción de Leo Dan

que pasaba LV12 Radio Aconquija

y el Concierto en sol de Ravel por la filial de Radio Nacional.

¿Qué pensarí­a Ravel, el finado,

si caminara como yo en ese momento

por la Gran Salina.

Ravel, púdico sentimental,

te imagino tocando el piano que hoy vi colgado

entre el piso 12 y el piso 13.

Sí­, pobre Ravel de 1932

con un tumor en la cabeza que ya no lo dejaba componer.

Ravel tocando solo,

de noche (pero eso sí­, absolutamente solo)

los "Valses nobles y sentimentales" en medio de la Gran Salina.

Estoy seguro que se hubiera interrumpido

al escuchar el silbato lejano de la locomotora,

para ver el haz de luz a la distancia

y la penumbra sobre la Gran Salina.

Dí­as pasados fui al Hospital.

Hace años yo andaba por allí­,

despreocupado y con mi guardapolvo blanco.

Pero ahora, de simple paciente,

sentí el ruidito angustioso

¡Trank!

de la máquina de sacar radiografí­as.

¡Y que pase otro! gritó el enfermero.

Pero el otro no podrá explicarme

por qué tengo sed,

por qué voy detrás del agua cautiva de la botella

y de la sal capturada en el salero,

yo, tan luego yo,

capturado en el sueño de la Gran Salina.

Un amigo, alto funcionario estatal,

me ofreció su pase libre para viajar por todo el paí­s.

Total, me dijo, es un pase innominado,

cualquiera lo puede usar...

si se lo presto.

El pase sin nombre me deslumbró

como la marca de la cubierta que leí­ y releí­

cuando cambiábamos la rueda junto a la Gran Salina.

Pero después pensé en Tucumán

(mi segunda provincia)

y en las vértebras azules del Aconquija

horadando las nubes blancas.

Ahora me entero que mi amigo,

el del pase sin nombre,

se separó de la mujer.

Aquí­ me callo...

Pero el silencio me hace pensar ahora

en lo que no quise pensar cuando miré el pase sin nombre que me ofrecían,

en lo que dejé de pensar hace un momento...

cuando vi pasar el ascensor con una mujer silenciosa

que no me quiso llevar.

Olvidemos el ascensor perdido

y pensemos de nuevo, de frente, en la sal

(cloruro de sodio)

y en el misterio...

Pero como nada es misterio

hagamos una traducción de apuro:

miss Terio

o miss Tedio

o chica rodeada de teros asustados

o algo por el estilo.

Pero no hay distracción que valga.

El ayudante de cocina del vagón comedor

se rasca la cabeza de tanto en tanto

pero sigue pelando papas sin distraerse

en el tren que se acerca a la Gran Salina.

Y el ascensor perdido con la mujer silenciosa

sigue recorriendo kilómetros entre la planta baja

y el piso quince.

El sastre de enfrente que ya comió

se asoma a tomar aire con el metro colgado en el cuello.

Yo pienso en comer, como se ve...

Son exactamente las 14 horas, 8 minutos, 30 segundos.

Y también, no sé por qué,

pienso en el acorazado de bolsillo Graf Spee

que en los comienzos de la última guerra

se suicidó antes que su capitán

frente a Punta del Este.

El Graf Spee yace a treinta metros de profundidad.

Ya nadie se acuerda de él.

Ni siquiera los hombres-rana

que bajaron a explorar sus entrañas.

Pero hasta los hombre-rana

salen a comer al mediodía.

Y a veces, para comer,

sólo se quitan las antiparras y los tubos de oxígeno.

Todavía hay gente que se asombra viendo comer a esos hombres...

con patas de rana.

Los hombres-rana reclaman al mozo la sal que se olvidó

Dale!... Dale!

Hoy almuerzo con amigos

(si es que no se fueron).

Miraré de costado la sal y pediré pimienta en vez,

porque tengo miedo de quedarme callado,

ya se sabe por qué.

No quiero quedarme callado

ni distraerme,

ya se sabe por qué.

En realidad no se sabe nada

del sueño de la pilas,

de la lluvia sobre la sal,

de la chica del ascensor,

del sastre asomado con el metro colgado

o del tren que pasa de noche indiferente

junto a lo que ya se sabe

y no se sabe.

....................................................

....................................................

....................................................

Hace años creía

que "después del almuerzo es otra cosa"...

es decir que las cosas son otras

después del almuerzo.

Este poema (llamémoslo así­),

partido en dos por el almuerzo

y reanudado después, me contradice.

No comí­ postre.

¡Siento la boca salada!

Pero no voy a insistir.

El domingo pasado,

en casa de un amigo poeta,

conocí­ a un chileno novelista e izquierdista

que se fue a Pekí­n y que, posiblemente,

no vuelva a ver en mi vida.

Tímidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista,

metí­ una frase de Lautrèamont

que como buen franchute es uruguayo

y si es uruguayo es entrerriano.

Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:

"Toda el agua del mar no bastarí­a para lavar una mancha de sangre intelectual"



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Ricardo Zelarayan nació "a mediados de la década del veinte" en Paraná. Vive desde joven en Buenos Aires, conservando intacta su condición de provinciano en eterno conflicto con el porteño. Escribió mucho, publicó poco, perdió y tiró bastante. Sus libros publicados -La obsesión del espacio (poesí­a, 1973, reeditado en 1997), Traveseando (cuentos, 1984), La piel de caballo (novela, 1986, reeditada en 1999), Roña criolla (poesí­a, 1991)- representa menos de la décima parte de su producción. Su personalísima obra en todos los géneros -ha escrito también explosivos panfletos- tiene una música inmediatamente reconocible, que se nutre del habla popular, de la calle, de ciertos giros coloquiales del interior del paí­s.



A comienzos de los setenta, formó parte de la revista Literal, que significó un punto de inflexión en la evolución de la cultura argentina. En los últimos años se dedica a la traducción, a escribir fragmentos y a influir involuntariamente en las nuevas generaciones de poetas argentinos.



Bajar La Obsesión Del Espacio (libro en donde se encuentra este poema):

http://www.4shared.com/file/81877000/e7ccf4b0/la_obsesion_del_espacio.html

martes, 25 de mayo de 2010

carabela rapsoda

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/la santa/

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los barcos y los botones

        abanican en tu pelo

                   una negrura

clavada al lazo ileso del exilio



                        en las barandas



en la balaustrada oriental del laberinto



                           aquí



  en el patio a cuadros



una audiencia, un concurso de silencios

pero más

del de tu imagen gritona




deus ex machina



deuteronomía

nada más que en mis papeles

eufonías filosas que sonríen cada tanto desde lejos




.
/la niña/
.


palabras exasperadas

gargantoprimido

/aire fino/

exhalación irresuelta

ylaexhalaciónlaexhalaciónlaexhalación



si las plantas dicen que no vasvenís

desde los días de uvas



parangón

para puentes

y fortuitos cadalsos



una moneda apretacuellos

                       solo una, la única



nada que hacer más que callarse, amague de primavera,

                  y fisgonearte

una vez bandeado el recodo sur








.
/la pinta/
.


ver al cielo amplio

una caravana el agua sin fronteras

hasta equinoccio equino

de equis ecos

punto y aparte



otra tarde sin bajas en el frente

ni altas en los papeles estos



el ejército impune sin sangre

tendón hinchado



bandera blanca, un mármol insoportable



la capital quieta

te ve irte y no se aguanta

el olor provinciano que le queda


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domingo, 16 de mayo de 2010

c a t é t e r e s

.
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SM/3

. . . . .



                                           librar
                    lebreles                                 legüeros

           en                                                                       lenguas

            
de     lino                                                                                     y     luna


                       leones                                                                             lecanomantes

                                             sus                                    laceraciones
                                                                 lentas



hasta que sitien y se coman

 todas las palabras
  que te dicen

    porque
     ya
      no 
        aguanto

             estar

                /culpa tuya  libando litros de letras/



                                        con
                                            los
                                                ojos
                                                   llenos
                                                       de
                                                        payasos


--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.--x.




XL/5


. . . . .



Bestseller, no

ni Longseller

Poesía Completa tampoco



un papel cualunque

     hojita    ajada    una

que se refleje un poco en tu cara



y en una de esas, quizá



/con suerte/



sepa hacer llover tus ojos







AC/7


. . . . .





escuchar música vieja un domingo de tarde

hasta que el disco se derrita

en las leves comarcas

de tu lengua











AC/12


. . . . .



martillazo veinte del daño primero sin culpa de nadie



salvo muescas árticas

que aún muertas

sangran



trece especies de pasos

de espaldas a algo que nos bate a duelo

y un solo filo metálico para ordenar el destino

callar las quejas

del ardor encontrado





AC/13


. . . . .





contar catorce

dieciséis

ciento veinte



respirar hondo antes de abrir los ojos



darse vuelta

y esperar que el espectro gatille

dispare

se vaya en sangre



adiós







XXL/


. . . . .



el crac

graba un relámpago desde la cabeza del fémur

hacia arriba



una línea rota



que siempre nos deja del lado de afuera



MX/4


. . . . .



parafrasear hasta el descaro las gotas de lluvia

hasta sonar a ellas

soñarlas

y serlas



.

.

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domingo, 28 de marzo de 2010

la tarde que vas de madrugada

*
*
*




..........
.........
........
.......
......
.....
....
...
..
.
.
.
.

como a un ciego decíme las formas de la felicidad
cerráme los ojos
abrime el alma

una vez que la tarde se canse de enrojecer las cosas

del pan derritemigas
por nudos entre dedos y días
del olor que se desanda y vuelve y entra
y abanica las hornallas del aliento
.
.
.
murmullo de tren que humea
silbato alarma sentencia
pájaro de penas

con paciencia repetime si no aprendo
y sobre todo no te olvides
de insistirme
adioses

.
.
.

domingo, 21 de marzo de 2010

luz, un canto inasible alunado /oda a-la marip(r)osa imprevista/

.
.
DESCONSIDERACIÓN PREVIA: Una cosa es un automatismo con retoques, algo del momento que luego se hornea poco o mucho. En este caso, además de estar totalmente crudo, puede que ni siquiera haya dejado morir al animal antes de colgarlo. También puede ser que haya dado con un animal inmortal, de esos que se ven una vez en un millón. Más allá de eso, baste decir y saber que así es lo experimental, y que no debe valorarse desde o por, sus recursos técnicos. Aquí se rescata el momento mismo de su vuelo. Entonces mejor pensar que no es escribir, sino vivir. Y que, como la vida, sólo vale hacerlo en borrador, sin marcha atrás posible.
.
.







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.
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*antes de las alas*

/celebro?/ amargamente la página mil ochocientos noventa de una bitácora nada, nadadora, anfibia –por qué no esperar a un número más redondo? contingencias inexplicables- y ya no me duele tanto; o capaz que me duela el doble, lo ignoro; todo es tan relativo que es un espanto. No pensaba hablar de nada pero los cristales chocan y sus astillas desangran con precisión quirúrgica, es increíble. Lo mejor es que no tenés memoria y si la tuvieras, no importaría demasiado. Te merecés lo mejor. Los castillos de palabras son peor que los de naipes, salvo que de éstos nadie guarda registro alguno. Anduvimos lugares que te son aire, cocinamos y esperamos malentendidos debajo de una mesa. No sos un rol ni una promesa. Eso del espejo rodante entre sí y no. Un compartimiento compartido pero separado y sin intereses mundanos. O prefiero quedarme con eso, con que sos eso. Ni bien concluyan de zumbar estas palabras, se irán con el viento… y ya no serán.



*alas en la noche*

descansas los ojos de tanto día;
has ido hasta el borde último
donde rebrotes primaverales
te preservan de los abismos
te alimentan, te…

dos antenitas

millones de papilas

lo que nadie piensa al ver tus colores
es que ser también te duele
como a cualquiera

es de noche y todo reposa:
tu libar diurno
las flores de tus esquelas
y los ojos de tus colores;
el ciclo se balancea

yo te he dicho el nombre que me inunda
que llueve en mi mundo
hoy mismo

a vos algunos nombres te abrigan
o apilan sus promesas
que no interesan

esa levedad te duele
su penumbra abandonada
tanto color que niega lo otro
porque lo de afuera no es más que un móvil
pero también martillo irremediable de lo interno

nunca vi dormir una mariposa
quien la haya visto
/alguna vez/
quizá entienda mejores plumajes
o guarde en su alma ese trofeo

los imanes de sus patas
sus serruchos
una caricia desacostumbrada
que a esta hora duermen
en plena vigilia


*los colores de día*

batir matices
dibujar guirnaldas en el aire
sellar pétalos con antenitas
en un lenguaje de clorofila
y atraer las miradas que te registren

tener un cuerpo con forma de tres ojos
y ser a la vez un manojo de radiaciones
un pulsar móvil y mínimo

no saber si el diseño de tu cuerpo es un mapa genético
una marca individual que pesa y molesta
otro idioma dentro de muchos
o un capricho cósmico
de madre tierra

algo de nave también
y de vagina
la cadencia frágil de un ingente útero itinerante

tuviste tu parto y tu crisálida
tu ser semilla cada vez
que cambia el ciclo



*el momento de reposo /o infame/*

qué quiere decir que dejes las alas abiertas?
y cerradas?
y cuando las movés de arriba abajo…
ensayo lerdo?

en todo caso me intriga tu idioma
sanamente
trazo paralelas desde varios sitios
esperando ver dónde y cuándo se dibujan
las respuestas

qué vergüenza querer certezas!
qué ingenuidad
imperdonable

a esta altura se cae por la tapita
que no hay soluciones
sino huevos de nuevas preguntas

por eso el silencio a veces

porque también intento descubrir el lenguaje
que duerme en venas de cada momento
que late intransigentemente

porque hablar es de alguna forma
un malentendido legal
una convención que lo niega
sin poder
matarlo

pobre quien no lo sepa

el ojo de la cámara te ha desnudado
para siempre
te ha robado un instante
que por suerte o desgracia
te hace eterna



*chau alas*

en esto del tránsito de efluvios de toda clase
nadie es inmune
ni siquiera la luz
que por querer mostrarnos
se abusa y ciega

ni las sombras susurrando sus simplezas
ni la memoria selectiva
ni las esquinas saltimbanquis
de errores y coronas
con fecha de vencimiento

me dejás decirte que te quiero?

no que te amo, no, lejos de eso
he aprendido a venerar esa palabra
porque me ha dolido
la he sufrido y tiemblo
ante su sencillez total

prefiero quedarme al borde porque el llanto…
y para mí llorar no…

soy poca cosa ante esa idea
que parece pintada a mano
por un dios pagano:
un viento sucio
una carroña
una de las muchas hojas verdes que una vez tus patas
bautizaron

no es la soledad, para nada
mejor un aprendizaje
individual
esa intransferibilidad
que conocemos

un poco como tu vuelo, no?
esa belleza sin peso ni garantía con finitud ensordecedora
pero que durante su mientras
vale mágicamente cada detalle bueno y malo

saber que estas balanzas
son incapaces de equiparar los polos
y si lo hacen
dura
un
segundo

ya te quise
no sé cuando podré hacerlo
otra vez

fuiste una mano
una horma
una fugacidad con pulso de acero

todo lo que seas de aquí en más traerá ese rumor a cuestas

nunca olvides tus colores
ni te arrepientas de mudarlos
donde te mande el olfato

que todo te siga doliendo en su justa medida
y acordáte de mí
cuando te falten lágrimas
porque siempre es bueno limpiarse por dentro
de la mano de esta energía

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miércoles, 10 de marzo de 2010

el color automático del viento

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/1/

a las opacidades intrínsecas reclamo
verdades ocultas de mi reino
catalejos
gárgolas
goletas
que descansen mis venas
mi garganta

no comprendo mis palabras
pero puedo desandar
su propia estampa

dentro las migas
la maga fuera
en el campo

y ahí: caos

soy la luz accidental de la mañana
y los ritos que segrega cada noche
un bocado de perfume por las tardes
y el motor de tus suspiros gusto a vino

soy la excusa de tu vuelo
la mano que tiende letanías
tan lejos como ojo llega
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/2/

cada vela
soy las aguas
tragaluz de tu comarca
que resbala
que carcome lentamente...

cada dedo puede entrar
y firmar su singladura
somos dedos
somos dados
dudas somos

y no está tan mal durar
después de todo

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miércoles, 24 de febrero de 2010

collar viviente


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/algunos manuscritos distraídos, handwritting a mano alzada/
---------------------------destraídos
---------------------------destruidos



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ave


era para olerte
para soldar mi gusto
a tus contornos

para dejar de respirar
de urdir
de arder
incertidumbres
/urdimbres de cierzo/

para parar este paréntesis
desbocado
entumecido
para desbocarse a labios y manos
mecido en ti

así no vale
tijeras y tinajas
tajos destejidos del ojal
un jabón sangriento huelemuslos
que al caminar te llama


: : : : :


mamífero


desflorar siete/trece versos
con impulso y saña
de atardecer

dormir despacio
esta media pesadilla
impune

batir (a)las con ganas
de que nos hagan levitar
por enésima vez

/se está nublando/

banco verde de plaza
indecibles contingentes
políglotas

falta tu idioma a media mañana

/y hay mucho viento… cada vez más/

las palomas rajan la superficie
sus zancas tres veces
graban en las gravas
historias con sonidos
que te estampillan

/ahora llueve, decididamente llueve/

miro fijo sin ver nada
soy esta estatua
debajo de la lluvia que la mancha




: : : : :




¡ay! /protozoo/



hay sol
bullicio
malas aves
y un desastre
de ojos vidriosos que no laten

hay luz
lirios que se estancan
en el encastre de ángulos míos entre tus valles

calles hay y olores vacíos
del reflejo añil que crece en las ancas
de los delirios que te revuelven con su dedo roto

y también hay
/hasta sobra, te diría/
un manojo de faltantes
que no aprendió a contar tus plumas
los dedos que escurren estas piernas



: : : : :



untittled /invertebrado/


sin que el aire nos deje su tristeza
colgada en los pómulos
nacer para eso
un enredo milimétrico de ansias
y olmos añosos

las raíces no olvidan
y siguen chupando la carne de la tierra
estos minerales binarios

una hoja sola que se suelta
el viento escolta al olvido
y vos vas a barrer fuera de tu patio
ya seca
dentro de algunos meses


: : : : :



untittled too /or 2/ ovíparo impar


antes que nadie bostece ropa:
remera vieja
para jarabes amargos

después que todos nos tiren ostras
y algún cardúmen
/vanamente hacinado/
nos salpique su espuma...

habré de despintar
el pasado de tus párpados
hoy con aire
con telones mañana



: : : : :




subacuático alado



sí, sí… hay algo que odio más
que a las despedidas:
la postergación de esta bienvenida

pero río y sopor/to
porque después vendrán enjambres...
aunque ahora mi índice derecho
por las sinuosidades del laberinto
en plena noche

binariamente
izquierda/derecha
hasta la barbarie de muñón pelado



: : : : :




crustáceo artrópodo asépalo


hago la fila anónima del tren letargo
Singapur - Bombay
/la palabra: extranjera en este reino/
nadie dice nada ni se adelanta ni desespera
y guardan distancia

el silencio es un carnaval paralelo
en blanco y negro
repetidas veces

nada más

una anciana alarga la lengua
y el insecto desaparece:
eso es lo más cercano a cualquier palabra

cuando llego al final de la fila
soy un desbande de iguanas
entre sombras y garras de un halcón



: : : : :




acelomado con deuterostomas



no tengo alas, pero...

este incienso sur
/nevado/
circundante a la ceguera
sin tacto firme... será escapar de la gravedad?

esos escarabajos
que ocluyen la garganta
hiervevenas... ovarán en tu cielo?

aquel fulgor alargado
que me acomete la frente
y la tuerce.... no será un olvido antimateria?

tanto aroma lila
cuentahistorias
a contracurva que inunda el pecho...

no será volar?

no será palpar las cumbres
de hiedra de aire
de nunca más?

podría ser
/cómodamente/
cada baldosa blanca
de esta plaza
agitamigas
que las palomas sacuden
y metabolizan en bólidos de sus alas

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