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lunes, 5 de abril de 2010

El muro

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Negros del agua. Se trata, al parecer, de una leyenda originaria de Brasil (…) son enteramente negros y calvos. Sus manos y pies tienen membranas interdigitales, como las palmípedas. Según una versión, poseerían un solo ojo grande. Suelen andar en grupos, lo que es muy raro entre los seres sobrenaturales. En las siestas ardientes ahogan a los niños que se acercan al agua, o en las noches de luna, a los navegantes, tumbando sus canoas. Se los ve con frecuencia emerger de una laguna, pero al percatarse de que son observados se ocultan de inmediato.

Adolfo Colombres, Seres mitológicos argentinos, (Emecé, 2002).





De la pared acá

Me muero. En octubre Mattura decretó cuatro meses y ya es agosto; llevo más de tres semanas en su clínica. Medir el tiempo acá se complica lo indecible. Cuando lo elegí como médico personal, le pedí que fuera sincero, y ni se imagina cómo le agradezco lo directo que ha sido. Hasta parecía gozar de hablar tan llanamente. Cuando afecta al páncreas, dijo, no hay vuelta, es así. Pero conservaba alguna humanidad, algo como un respeto o una cercanía; eso era una alegría secreta para mí. Nada de aspavientos, ni ceremonias, ni grandilocuencias.

Pero ahora es de noche y estoy cansado. Lo peor es esta terapia intensiva que me pone de mal humor. En la habitación había luz y visitas, colores al menos, algún olor a naturaleza. Acá todos los días son el mismo, tartamudo.

Empecé con agitaciones en las inspecciones de obra. Replanteábamos la Ruta Nacional 12, en el tramo La Picada-Brugo y las comisiones duraban lo normal. Entonces pensé que los nervios, problemas de mis hijos, un par de pesadillas. No pesadillas, sueños sobre cosas que me dolía recordar. Cuando el puente Victoria-Rosario, fueron los primeros vértigos, y eso que estaba habituado a caminar por andamios a cualquier altura, desde siempre. Pensé que los cuarenta, el cigarrillo crónico, esas cosas. Intenté caminatas al anochecer y mejoré un poco, pero también perdí el poco sobrepeso que tenía. Y el apetito. Un día, controlando los cimientos del fideicomiso de unos judíos, me desplomé. Primero el mareo, a los que ya había aprendido a dominar, después un enjambre de puntitos grises, como la tele cuando se queda sin señal, y un zumbido; lo siguiente que recuerdo es que me mojaban la cara y el tantán latente del chichón.

Volvieron los sueños con más fuerza, esos que vomitaban mis verdaderos años de vida hacia este lado de la mampostería. Porque hay una pared de 30 con aislación acústica, térmica e hidrófuga que crece desde mis veintidós años.

Porque primero digamos por arriba lo de este lado. Augusto Pietro, ingeniero, viudo a los cuarenta; dos hijos, el casalito que todos soñamos, esas cosas, los datos filiatorios que nadie intenta recordar ni le interesa. Nada raro, se puede decir que me dejé llevar por la vida. Pero antes… porque Carolina fue un manotazo de mundo real, una buena mujer con todas las letras que nos dio dos hijos y me hizo feliz, dentro de sus posibilidades. Digo mal: me hizo feliz, fuimos muy felices, tanto como pudimos. Fue el sueño esperable de familia normal en todo sentido. Después se murió en un accidente y sufrí. Y me recuperé.

El problema es cuando la pared se cae porque no soporta el peso del alud del otro lado, de lo que no vemos. De este lado ladrillos parejos, rajaduras tenues que se tapan con pintura, enduído o llaves metálicas, cuando hay verdadero riesgo de derrumbe. A los diecisiete conocí a Sofía y no pudimos ni quisimos despegarnos. Para decirlo en una sola palabra: simbiosis.



Cimientos de la pared

Fue un martes de mayo. Nunca sabré por qué sé que era martes. Una lluvia ahondaba la indiferencia de esas tardes de otoño condenadas al olvido. Caminaba sintiendo el mal humor de la humedad a través de mis zapatos. Jonás quería que fuera a su casa para no sé qué. Las medias mojadas, amagues de estornudos, pero no hacía frío. Entonces ella de frente, sola, igual que yo. Hacia algún lado, igual que yo. Sin apuro, también como yo. Inútil negar que lo primero que pesó en los ojos fue cómo su pecho marcaba el ritmo de sus pasos empujándole insolentemente esa remera blanca con motivos pop fucsia. Entonces manos automáticas a los bolsillos de mi jean gastado, la desnudez de mi remera negra Harley Davidson y el rocío de las medias rebotando contra una sonrisa interna que intentaba no ser notada en su mirar minucioso. Su pelo. Los mechones desparejos que seguían las formas del aire sin perder unidad. Y la boca, sobre todo la boca. Ahí caí, estoy seguro. Suponía el aire que traficaba con la atmósfera, ese perfume. Primero un blanquear de dientes que no deja ver bien, como cuando se entra a un recinto oscuro desde el sol tibio. No se distingue bien nada, pero confort. Hasta que uno se acostumbraba a esa sala. Después formas húmedas y blandas, caprichosas cascadas que se entubaban un poco silbando hacia el alma de ese empujar remeras. Y el camino inverso, una bocanada viva que al salir se demora un buen rato todavía entre su coronilla y su cuello.

Resultó que Sofía, que vecina de Jonás, que miradas apenas… pero tan brillantes. Que empecé a ir más al barrio con un humor extremo al que tenía ese día, y sin que Jonás me lo pidiera. A poco, saludos de cabeza, de manos; luego Sofía, Augusto, mucho gusto, aunque ya sabíamos, cada uno por su lado. Recién para los carnavales hubo tiempos en común. Y desde ahí un carnaval extendido, pero nuestro nada más.



Crecen las hiladas de ladrillo

Claro, su familia fue una montaña de mierda en todo momento, del primero al último, y ella no podía pensarse sin su familia. Nos amábamos tanto que… inútil enumerar. Cuestión que un día me presenté a hablar con el padre para aclarar las cosas, y me encontré en una especie de asamblea familiar que fue demasiado para mí. Ya tenía diecinueve, me acuerdo. Todo iba bien, salvo que había tomado un poco y en el conciliábulo corrió más alcohol. Yo frenaba los misiles de la oratoria lo mejor posible y devolvía flores lúcidas, argumentos irrebatibles y una aguda capacidad de raciocinio; exasperante para los miembros masculinos de la familia. Entre las mujeres la batalla estaba ganada desde el momento en que puse un pie dentro de la casa, ese hecho significaba que yo “estaba en serio”, nadie entraba a esa casa si así no era.

El problema: el padre y los dos hermanos mayores; inquebrantables, cerrados, orgullosos. Ni idea cómo, en un momento las palabras subieron de tono y tuve que empezar a defenderme de las piñas que me llovían. Para peor, Andrés y Julio ligaron tupido. El padre no se metió y no sé si le hubiera pegado. De ciertos lugares no se vuelve. Los gritos de las mujeres despertaron mi razón y me fui. Ella parecía no haber estado ahí porque hubo una distancia desde entonces y ahí sí que sufrí en serio. O será que el primer dolor es el que más duele.



Asomándose al otro lado

Ahora digamos que la pared empezó a ceder dos años después de la muerte de Carolina. Entre las inconclusiones y los “qué hubiera sido si…”, una manada de bichos con forma de signo de pregunta me empezó a comer la cabeza de una manera insidiosa, como si tuviera diecisiete de nuevo.

Y fueron los primeros sueños, se repetían de a tres, en el mismo orden, con pocas variantes. O era uno solo en tres secuencias. Primera: voy caminando por las calles de mi ciudad natal y de repente oigo ruidos de cascos equinos. Miro a los lados y nada. Sigo andando y me canso, cada tanto paro. En un momento se me da por mirarme los pies y tengo patas, soy el que suena a cascos. A veces sueno a relojes o a agua. O camino entre el barro y el reloj es mi corazón, una mezcla propia de los sueños. Los caminos cambian pero siempre el ruido, el ritmo, a veces ando libremente, a veces tiro de un carro lechero, verdulero, cosas así. Lo huelo, porque no puedo darme vuelta a mirar, pero presiento que los que tiran del carro…

Otra cosa. Me empezó a parecer que ese sonido a cascos era el tic tac de mi reloj orgánico. Dirán: inferencia obvia de mi fecha de vencimiento. Pero no, era otra cosa. Algo me decía que mi lado animal, algo. Que se terminaba el viaje y faltaban cosas. No a mí, a alguna parte de mí que tenía descuidada.

Segunda: en algún momento del camino hay tomates. Sí, tomates. Veo alguno en el camino o los huelo atrás de mí al tirar del carro de las verduras, alguien come tomates a mi vista. Si no aparecen, el sonido de mi trote los alimenta, mi mente fabrica una tela roja, de terciopelo o de paño que ondea al capricho de un viento obtuso, oclusivo. Las papilas gustativas se me retuercen. Salivo mucho. El gusto a tomates me comprime las sienes. Mi saliva es jugo de tomate. Me demoro masticando las semillas. Por las venas su pulpa patente, tengo que cerrar los ojos y apretar los dientes para dominarme y volver a respirar a ritmo normal. En noches extremas he despertado amargo de sudor por haber estado en una tinaja de madera zapateando sobre una frescura suave de tomates que me ensangrienta hasta los tobillos. Como vino patero, pero de tomates. Y hubo noches de cópula. No pude ver su cara, aunque la recorrí en detalle y le hice las peores, las más hermosas porquerías que se pueden consumar en una bañera con tomates. Recuerdo que cuando quise acariciar su pelo, eran sogas pegajosas. Pero más, que en sus pezones terminaron naciendo dos pequeños huecos por donde metía mi lengua y no tocaba fondo, mientras ella me clavaba las uñas en la nuca y decía extraños parlamentos en una lengua muerta. U oraba, no sé.

Algo que siempre desemboca en perros es la tercera serie del sueño. Me torea el perro de un vecino que odiaba cuando chico, piso sin querer un perro que se cruza en mi trote, charlo con uno vagabundo que me acompaña un tramo del recorrido del día, y demás variantes. Sufro si me termino convirtiendo en perro. Mi cuerpo no es capaz de remolcar el carro. Si era nomás corcel, me pierdo, olvido la ruta, dudo. En las noches de sexo aparecen perros muertos a los costados, o por ahí, en cualquier lugar. Caen trozos frescos de perros muertos que todavía pueden moverse con sus últimos estertores de actos reflejos. Una sola vez el sueño par terminó con un feto de perro mojado entre nosotros, entibiándonos mientras descansábamos.

Recuerdo que esa mañana, además de despertarme excitado –porque cada vuelta de esas sesiones era un dolor generalizado que me parecía hacer pesar el triple, y más urgente ahí abajo-, había también un calor cremoso que llegaba hasta mis nalgas (duermo boca arriba) y empezaba a enfriar el nacimiento de mi pierna izquierda. Nada más que dos o tres veces en la adolescencia me había pasado. Era cierto que últimamente ninguna señorita, pero eso no quería decir nada. Ni en las peores sequías sexuales había pasado algo parecido.

Era cada tanto soñar así. Empeoró desde el diagnóstico del doctor Mattura. Una noche fue la peor de todas; tanto, que falté al estudio y dormí todo el día. A la tarde salí a caminar para despejarme y en la esquina de Sierra y Unamuno me encontré con don Hugo, mi vecino. Apenas nos saludamos porque iba con pasos apurados. Me di vuelta a mirarlo porque no era de andar así de acelerado el hombre. Fueron dos segundos de seguirlo con la vista, el claqueo de sus zapatos hizo que mis cinco sentidos volvieran a la realidad, porque al caminar por caminar siempre me pasa lo mismo, me hace como volar, evadirme. Llevaba una bolsa de tomates, y en la otra mano el collar del perro, que era un eco más fino y corto de su serruchar de baldosas. Entraba a la tómbola del barrio. Volví a mi rumbo, que no era ninguno fijo, como si nada.

Me empezó a picar la frente y entre los dedos. Con el tiempo había descubierto que esos signos eran un aviso, pero entonces no lo noté. Seguí caminando y volví a casa. Mientras tomaba mate y veía las noticias del día, ordenaba el living y la biblioteca. Encontré “el cartero”, de Bukowski, que don Hugo me había prestado un par de meses atrás. Lo dejé en la mesa para devolvérselo cuando lo viera asomado por ahí. Al rato oí voces enfrente, me asomé a la ventana y vi que estaba en la puerta de su casa; crucé y le pregunté qué número había ido a jugar tan apurado. Con el buen humor de siempre –y un poco irónico- que tanto disfrutaba de él, me dijo:

-El tres dieciocho. ¡La sangre! Es que mi mujer se cortó tres veces el mismo dedo en la
semana y sangró mares… es que ya está vieja y chota, la pobre, jejejeee.

Me ofreció un almanaque de mano, de esos que regalan para promocionar las agencias de quiniela. Lo guardé en el bolsillo y seguimos hablando un rato, hasta que lo llamaron a cenar. Saludé de lejos a doña Ángela, le elogié el olorcito del estofado que llegaba hasta nosotros, y bromeé que si los tallarines estaban igual de ricos, ya mismo traería un vino.

-¡Déle m´hijito, venga nomá sin trái nada!

Agradecí sonriendo, prometiendo que otro día… en ese mismo momento me vinieron a la mente varias veces como esa, en que había prometido futuras visitas que jamás cumplí. Amigos, conocidos, parientes. Nunca supe la razón de ese “no querer molestar” que me había alejado lentamente de todas mis relaciones. No era que estuviese arrepentido, pero me había vuelto una especie de isla humana. Una soledad ambulante, más aún desde mi viudez.

-¡Perómbre… no sea vergonzoso! Con los años que hace que nos conocemos y nunca comimos juntos. Déle, quedesé! Vamos! Viejo, decíle al mozo que no searisco!

Por sus palabras, pero más por el calor de ese deja vu que me humedeció la cara, me dejé quedar a cenar, aunque no fuera mi costumbre, y sí demasiado temprano para comer.

Charlamos de bueyes perdidos, de la familia, de las cosas de siempre. Agradecí el tacto de que no fueran muy preguntones. Dos horas después estaba de nuevo en casa. Antes de ducharme vacié los bolsillos en la mesa de luz y a la vuelta noté el almanaque de números y sueños. Fumé mientras escuchaba el preludio de Tristán e Isolda dirigido por Mahler, uno de los fragmentos que siempre me funcionaron como una ducha interna, y me acosté. Siempre era música clásica o jazz. Billy Higgins, Haden, Baker. Esa noche fui Tristán parejero, sin tomates. De Isolda, nones, pero la recordé hacia el final, cuando un perro muerto de hambre me toreaba como si fuera el diablo mismo.



Trepar antes de saltar

Era sábado de limpieza, los chicos no vendrían –de nuevo- y con total parsimonia me dediqué a un orden básico. Escoba, nada de baldes ni trapos de piso. En el dormitorio, la mesa de luz estaba atestada de cosas, como siempre. Una maldita costumbre que conservo de chico, por compartir la habitación con mis hermanos, allá en Liebig, entre la nada y los yerbatales misioneros, y millones de insectos. Mis abuelos habían venido de Brasil y nuestra casa, según su tradición, era básicamente un galpón común, sin divisiones, pero a nadie faltaba su mesita de luz. Fueron pocos años, pero se ve que caló hondo la automatización de poner siempre todo allí, el único lugar donde nunca te tocaban nada. Chinchiviras, monedas, figuritas, la escarapela, el único par de medias sanas, para que no se perdieran.

Entonces: un pantalón, la billetera, los cigarrillos, una servilleta usada de posavasos, dos encendedores –sí, dos-, el diario de algún día, un cd de Bach, algunas revistas y varios caramelos, más un botón que llevaba allí ya varios sábados porque no recordaba a qué prenda pertenecía, y el almanaque que don Hugo me había dado.

Me levanté de la siesta y me hice los amargos de siempre, descubriendo los números correspondientes a cada sueño, y viceversa; me puse a pensar en los míos y me reía solo al pensar en echarle unos pesos al caballo, a los tomates y a los perros. Veinticuatro, cuarenta y seis, cero seis. Los repetí de nuevo. Otra vez. Empecé a atar cabos… me dio un frío de nicho al darme cuenta que…

Desperté en el hospital sin saber dónde estaba, cuándo era. Me dijeron que me vieron salir pálido a la vereda de mi casa, con la mirada desencajada y me desplomé. No me acuerdo de nada, absolutamente. Ni de lo más mínimo.

A los pocos días me dieron el alta y volví a casa, con licencia de trabajo por diez días. Era el teléfono de Sofía, el de su casa en nuestro pueblo natal. Cuatro dos cuatro cuatro seis cero seis. Claro, al cuatro lo habían agregado unos años después, hacía ya algunos. ¿Cómo no fui capaz de darme cuenta antes? ¿En qué estaba pensando para no verlo? Era claro, innegable, obvio hasta la vergüenza. Pensé que la mente es un mueble extraño. Un buzón tan capaz de los detalles más insignificantes, como de las pérdidas más escandalosas.

Daba vueltas en mi casa. Levanté mil veces el teléfono y una más que esas lo colgué. Dejé sonar un par de veces algunas de las tantas y cortaba. Hasta que una vez, como en el aire, con el estómago al revés, con las palpitaciones que me hacían asirme a cualquier cosa en ese balcón de vacío, negro entero, no solo picándome la frente y entre los dedos, sino con el cuerpo entero fagocitado por un enjambre de ararás…

-¿ Hola…?



Del otro lado

Era ella. O lo que quedaba de ella. Requechos viejos y extraños. Una asquerosa y preciada alteridad alterada por los años y los desencuentros y los descuidos, las renuncias. Un punzón del pasado, ahora al rojo vivo, que millones de días de silencio habían alimentado hasta convertir en un taladro de pozo petrolero. Esa negritud que salpicaba el cielo y manchaba cada detalle hasta el delirio, hasta la náusea. Me acosté a dormir arrastrando los pies como si tuviera noventa años. Llegar a la cama me valió una campaña del desierto, me tiré a morirme, ni más ni menos. Calculo que debo haberme dormido antes de contactar la superficie áspera, amarga, fría de negaciones a contramano del colchón.

En algún momento desperté. Era de noche. Los ojos se me cerraron de nuevo. Anduve por las calles de la infancia. Vi el viejo Valiant de su padre, me enceguecieron sus faros ambarinos. Olía la primavera en los odiosos jazmines de la cuadra. El limonero de Don Reyes estaba más tupido que nunca y ese amarillo blanqueaba bajo el toldo de la noche. Crucé el portón de su casa en silencio. Me apoyé en la pared varios minutos, fumando. Me pareció oírla hablando en neutro con alguien ahí dentro. A los costados me empezaron a crecer todos los días juntos, desde el primero. Me perdí en ese laberinto equívoco, imposible. Oí su voz. No aguanté más, salí corriendo, me fui sin mirar atrás, mis pasos tenían un brío oscuro de perdedor.

Desperté de nuevo, el doble de desgano pero de día. Con la poca lucidez que conservaba llamé a una ambulancia. Ni moverme podía. No recordaba la última vez que había comido, pero igual estaba lleno de un cemento intangible, todopoderoso. Atiné a tocarme la cara y tenía la barba crecida, aunque el paisaje más allá de la ventana más próxima, era el mismo que cuando me dormí. ¿Cuánto tiempo había pasado? No podría calcularlo, pero mínimo dos días.

Y acá estoy. Me muero, me estoy muriendo doctor Mattura. Gracias por todo. Su cuerpo de enfermeras es aséptico y exacto. Siempre listas, muy poca emoción trasciende sus rostros. Parecen andar justo a tiempo en todo, aunque ya le dije que acá es un solo día, la misma hora. Así será la eternidad? Un asco esterilizado, una revulsión inmóvil, inmutable. Una verdadera mierda, doctor Mattura. Gracias por todo igual. Usted fue buena gente conmigo.

Me siento morir. De esta noche no paso, seguro. No tengo fuerza ni para abrir la boca, ni para intentar ser educado con quien se acerca a atenderme, esas eventualidades que trabajan, cumplen funciones, se ganan la vida en este circo fétido, como yo construyendo sus carpas apropiadas; ni de pedir un espejo que me encaje el patadón final al otro lado me dan ganas. Aquella asepsia de gusanos hirvientes que me termine de reducir.

Esta tiene que ser la última noche, por favor. No aguanto más tanto tubo. Mis venas, mi garganta, mis genitales son auxiliados por tuberías que drenan la bazofia. ¡Basta de extender la pesadilla esta! ¡Que se acabe de una buena vez!

Pero no tengo ánimo ni para decirles. En cambio me deleito viendo la transparencia del suero. Este goteo mudo, toda la acción que puedo ver aquí y ahora. Un espanto redondo, incoloro, un asirse a la gravedad arrastrándose entre los tubos, para perderlo de vista enterrado en mi muñeca, de donde me arrastra para conservar viva mi gravedad. Qué preciosa ironía. Cómo se reiría don Hugo si le contara que soy una especie de espécimen dentro de una cápsula plástica. Un feto de fetidez suspendido en caldo prístino a la vista de quienes circulan por el museo de la clínica, una bolsa de desangramiento que cuelga en lo alto, a través de una sonda hacia esa agonía, ahí abajo. Suspendido, me diluyo torrente lerdo por un tobogán hasta que todo se ennegrece.

Goteo mudo. Pero de alguna manera empiezan los cascos a ese ritmo. Soy liviano otra vez. Empieza un sonido y ya no estoy tan gris. Ahora veo en colores. Ahora lato el goteo, mis músculos se excitan y otra vez las luces del barrio, la música de los vecinos sentados en las veredas mirando a los extraños con caras de nada. Los saludan. Allá sí se saluda a los desconocidos que transitan las veredas del barrio.

Sonoro goteo. Blanco, redondo. Debe ser la pileta del baño. El de al lado de su pieza. El tapón hacía equilibrio y de alguna manera ha caído justito sobre el goteo y atinó el hueco. El sonido se agloba, se dilata, sube. La gota tiene algo de inercia y crece. No alcanzo a verla pero la siento, duerme. Está rodeada de sus cosas cotidianas, de todo lo que pude darle y hubiéramos compartido. Es pobre, no parece haber hijos ni marido. Una austeridad mustia. Los objetos sencillos y desgastados. Eso me entristece un poco, pero ella decidió. ¿Cómo obligarla a ir contra su voluntad?

Duerme en la misma posición de antes, de costado, de frente hacia la pared. Tiene canas, el pelo más corto y crespo. Su cuerpo no ha cambiado mucho. Ha perdido firmeza y deseo, goce y color. Es una merma de sí misma, una promesa tonta en su rincón con manchas de humedad.

Quiero verle la cara, y para eso debo esperar el crecimiento de mi frontera de agua. Los bordes de la pileta, las baldosas viejas, el vano de la puerta. La frontera acaba de salir del baño y estoy más cerca, ya puedo olerla. Mis confines alcanzan por fin las patas de su cama… ¿Responderá dormida, como antes? ¿Querrá explicarme aquél no rotundo, esa pared que nunca supe derribar?

Está por amanecer. Que se dé vuelta hacia acá antes de abrir los ojos. Me muero por verle la cara, me muero. Me estoy muriendo. Dale, por favor, date vuelta sin mirarme, sin despertarte todavía. Porque cuando abras los ojos y putees y agarres secador y estropajo, ya no voy a estar acá, y se van a haber caído todas las paredes.


.....................................................................Alejandro Cabrol

domingo, 4 de abril de 2010

Bailando con tu sombra (Alelí) de Victor Heredia

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De este lado empieza el otoño. Ya empezó, pero ahora se impone, se hace notar. Es abril y la melancolía, esas cosas. Me acordé de una canción bastante vieja y trágica. Linda melodía y gran letra. Les dejo el link.

Hoy es domingo, abril y otoño... por esooo!!!



http://www.youtube.com/watch?v=GPaKtSVYA5Q&feature=related


"¿Quién podrá quererte
como yo te quiero, amor?
¿Quién, pregunto, quién
podrá quererte como yo?"

Siempre lo decías y me atabas a tu piel
con ramos de besos y escuchábamos caer
sobre los techos de cinc
lluvias de otoño en abril.

Tengo esa nostalgia de domingo por llover,
de guitarra rota,
de oxidado carrusel,
Ay! Alelí... pobre de mí.

Yo te desnudaba para ver como era el mar
y el mar se enredaba mis deseos de volar
íbamos tan lejos que olvidábamos volver
nos traía el ángel ciego del amanecer
y se acostaba a tus pies
como un gatito siamés.

Tengo esa nostalgia de domingo por llover
de guitarra rota, de oxidado carrusel
Ay! Alelí... pobre de mí.

Esta noche quiero que bailemos otra vez
la canción que el viento nos cantaba en el ayer
ya sabrá el infierno como hacer para aceptar
que baile en mi celda con tu sombra sin parar

¿Cómo he podido matar a quien me hacía soñar?

Tengo esa nostalgia de domingo por llover
de guitarra rota, de oxidado carrusel
Ay! Alelí... pobre de mí.

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colofón

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colofón.

//1.m.
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arpa imposible
de noche
contra mástiles blandos
de un pez espada sin rumbo...

/dícese también/

de los torcimientos ambidiestros
que irremediablemente
nos dejan con sed
y la cara roja

//2.f.s.
.
arpón certero al ala izquierda
despiadado/púa impía/desangramiento
ella demasiado del otro lado
y enmudece

//3. v.tr.subj.
.
papeles que queman los ojos y viceversa

//4.rioplat.
.
si estuvieras aquí
no haría falta desembolsar
la ropa de invierno
ese peso áspero
que llena todo de pelusas

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miércoles, 31 de marzo de 2010

trip

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/U/

van a ser las siete
y te vas a despertar boca arriba
tu ombligo mira morar detrás mi llanto polar de anoche

mesa tumbada en silencio
sobras y manchas después de domingo al mediodía
con familia entera y una siesta antiesteparia entre tus piernas

sentirte dormida babear mi pecho:
numisma, corona, ese limbo lunar
para pastar orejano
donde orégano y nogales nos sitian
entre humedales


/E/

de una sola sentada me dije todo
me hallé de pie, a pie y en pie
tranquilo, ojos de agua
me fijé atrás y olí el mañana
en la mitad de un solo sendero sin deudas, era

no sé por qué vinieron tiempos de Villaguay
y ese olor a pasillos empedrados de La Habana
y el sonido verde de una tarde en Paraguay olor a alfalfa

la sopa de la abuela, las siestas de sandía o mandarinas
esas tardes de lluvia y tortas fritas, olor a barrio,
girasoles y semillas de mostaza; no comprendo
y un destello de vejez en soledad


/R/

me viste esperarte ahí, dijiste,
donde el neón se acuesta
en bragas marrones con líneas rosas,
y más nada
ni franela ni piyamas

de la punta del índice al pulgar
abarco justo tu muñeca
bestias verdes crepitan y es de noche…

somos velas
servimos balas
vuelos
bólidos
la tormenta apretujada contra el vientre
por los pechos mil rondas
entre danzas pintacaras
bajo el sol descomunal
de nuestros ojos


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tri


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/S/

merienda de tres a eme
entre montones de cables muertos
incisión a palos chinos preguntando arroces

eso y caer
madeja inmóvil
sin darse cuenta que ella…

juntar el vocablo virgen
que a la sombra de rincones juntapolvo
se arremanga tu pelo, tus pies, los ladridos de tu pubis
y te sufre políglota
como nonato

/H/

un sorbo late apenas
-------------/a penas/
mi sombra asalta una cuchara
y se afana por sonar que ella no está

arbustos albores
arteros ardores y hacer fuerza
hasta que el oxígeno oxide los orgasmos de mi sangre

limpiar la epidemia
que sueltan los sonidos
cuando invaden sus escamas
y se vuelcan y me acaban
sus esquirlas

/U/

nació ave
cae escorpión
y volará carnívora
con mis respuestas vueltas sus entrañas

su pecho fulgura desidias del cielo
huele a malta y menta
a mito y a monte

ostenta en el cuello mi sudor sin sueño
mis ásperas mantas monta
y azota ceniceros
contra muros de la noche



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mañana salimos

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Antes, una selva minada de insectos carnívoros. Pigmeos antropófagos desnudos. Víboras que no cabrían por la puerta de mi cuarto. Criaturas increíbles, indómitas. Seres con dudoso fin haciendo piruetas escandalosas alrededor del fuego, que quizá extrañe.

Ayer un viento cegador, y yo en medio del desierto. Ninguna ropa que me salve del castigo de esta erosión venenosa. Lengua de lija y sin agua. El cielo vuelto un rulo enorme. Me tomó medio día encontrar una roca y tirarme a su socaire hasta entrada la noche. Entonces marchar o congelarse, o las dos cosas. Había perdido el camello los primeros días de ese invierno. Nada que hacer. Las llamas o nada.

Ahora los humedales del Mississippi o de Misiones, ni idea. Lo sabría si viera un ser humano, algún artefacto, un elemento cultural de cualquier tipo. Apenas querer salir de la cama para tratar de no ser fagocitado por el limo y un vómito tibio hasta más arriba de los tobillos. Todo el tiempo quitando ramas, lianas, yuyos gigantescos. Quedarse quieto es ahogarse entre la exageración forestal o irse hundiendo en la pasta móvil del suelo. Ni siquiera una pulgada de tierra seca para descansar, recuperar las piernas. Marcas de uñas por todos lados, manos vegetales a cada rato. Magullones, ojos ardidos, muchísima sed. Barro barro barro, siempre.

Lo único que queda es treparse a un árbol hasta que los músculos se aflojen, pero ¿con qué ímpetu? Ni siquiera tengo machete para marcar camino. Un hervor omnidireccional de verdes. Un aire casi líquido. Insectos zumbantes taladran los oídos y la piel. Este aire húmedo hace transpirar más que la parrilla de los domingos que tanto nos gustaba.

Es tan arduo orientarse si no hay cielo. Hasta que con las últimas luces encuentro el árbol. Tiene una cavidad a poca altura. Con suerte queden unas gotas de lluvia de ayer.

Las junto en mis manos y no resisto restregarme la cara. Por fin agua. Tres, cuatro, cinco veces. Abro los ojos y entonces late la brújula. Me asomo al living. Arriba de la mesa, destapada, la urna con sus cenizas me avisa el rumbo de mañana.

Hoy mismo cumplo su última voluntad.



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domingo, 28 de marzo de 2010

la tarde que vas de madrugada

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.........
........
.......
......
.....
....
...
..
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como a un ciego decíme las formas de la felicidad
cerráme los ojos
abrime el alma

una vez que la tarde se canse de enrojecer las cosas

del pan derritemigas
por nudos entre dedos y días
del olor que se desanda y vuelve y entra
y abanica las hornallas del aliento
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murmullo de tren que humea
silbato alarma sentencia
pájaro de penas

con paciencia repetime si no aprendo
y sobre todo no te olvides
de insistirme
adioses

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X X H

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a los golems invisibles
y olvidados
a las chispas que suele supurar mi carne
y en un hálito de palmas son palomas contra el cielo

a las comisuras

al olvido de piedra y de saliva
a tus ojos

a los mares pétreos que marean los segundos afilados
esas monedas que nos acarician la nuca
como patas

a las fieras de aire
a las escaleras
al silencio

para que rebote en algo y vuelva
y sea

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sábado, 27 de marzo de 2010

X X X





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la noche intenta abovedarse
saca cuatro hojas de una alforja
donde demora anagramas viejos
y líquenes de tus talones
anidan en mis labios

me crece un geranio en los lagrimales
seis cactus en los brazos
un cedro y un olmo me valen de pies
----------------------y me ofrecen de pie

en tus crestas del pecho
cisnes y gallos
entreverados
braman tu nuevo parto
y picotean semillas
molidas por nuestro choques

parecen nylon las sábanas contra el esqueleto

vivero herbolario invernadero

me dejo tachar las horas del costado
con tus ojos
y dibujar de nuevo por tus dedos

soy otro:
el que somos

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art/r/ificio cuadrúpedo

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/cabeza/

en la frontera perno de cada poro
intratables torres
sacude-equinos
amanecen a la sombra de tu gusto

se quedan viendo el oasis de tu lengua

su trote intruso
tatúa mis tímpanos
morados

se sientan a oír desatornillar pérgolas de agua
y de noche pastan lentejuelas vivas
/ese semen fértil de la luna/

contra el trono interno del ombligo
las miríadas miran
de soslayo
cómo la muerte te arrebata
a mi lado

no sé decirme de otra manera



/lomo/

es el aire de tu aliento en mis comarcas

*un pampero perro, un tornado nado, y el tifón sifón, mi tazón salino*

salvo que dejes de agitar los ojos
de gemir gigantes de mi adentro
y de jalar jaulas al cielo

y después dormir dormir dormir
sin decir señales que desangren azafranes
abrazos de albahaca
a la luz intensa

esas que en la piel despliegan su alfabeto alado
sucesión decisiva
la filosa fila
que carcome el tiempo
se lo lleva

y al final hiberna en esquinas de tu tacto



/cola/

se cae
se cae
c. k. e. y sacude de lado a lado
látigos de marcha
fusiladísima

se cae a secas
y la sombra no la olvida
no sabría hacerlo ni en un rosario de siglos


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Donde manda marinero /AC/

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---hoy es uno de esos días-------------------basta aspirar una bocanada de aire para saberlo-----------hay que dejarse ir nomás----------------------------hay agua, una costa, poca gente, un puerto de madera-------------una canción para bajar un poco el ritmo y flotar a la par de uno mismo-----los celestes dominantes al atardecer, una especie de soledad abrigada de ella misma------una integridad o algo parecido a mirar a lo lejos sin esperar ver nada-----sin esperar ver nada------sin esperar ver---sin esperar---sin-----------------en todo caso hay aves y agua------------------mucho aire mientras el día concluye y es el turno de la tarde bajar sus mantos-----------mostrarle las rodillas al mar y esperar que su espuma las lama-------ideal para despejarse o flotar---aparte de ser un flor de tema, disfrute del viaje--------------es gratis, solo le energía eléctrica que gastaría en otra cosa y el servicio de internet, que ya lo paga mensualmente------------------------------------------chau


http://www.youtube.com/watch?v=ly0NvW_HeiI


y mientras oigas esta canción, morite todas las veces que puedas-----------hacete hoy ese favor-----ensayá las buenas formas de la peor actuación---------no hay límites-----que no se desdibujen alguna vez--------nuncaaa!!!-------nada que hacer------------------------------------------las márgenes devuelven agua que se incrusta en los espejos--------los espejos mienten y callan, se nos alejan------------------nos gobiernan en las horas de luz-----------------------después no pueden----temen a las sombras que se come cada contorno-----------------------------------



http://www.youtube.com/watch?v=x8qwWlJYkZE&feature=related




---------es lo que +/- te puedo dar------------ es lo de siempre----y no me alcanza, a quién le alcanza con eso nada más?--------ayer ventanas---------------después cortinas----------ahora...ahora...ahora...¿latidos crisálida?...ahora------ahora persianas a la hora del big bang-----cuando se tira la moneda al aire------------y ese girar hipnotiza-------si cayeran en los ojos o en la lengua ya se sabe-------pero quizá las arenas de la orilla no la recojan o se la traguen------paguen viles usanzas a deshoras---------y ahí si----------quiero decir-------------/ahí ya no/---------------------porque todos los parlamentos nos llegan ajados...algunos ojos----------despiden la luz en vez de aprehenderla--- y esos son los ojos que quiero--------los ojos sol----motor----semillas-------hachazos a los lados de la nariz que salpimentan el alma-----esos chispazos!------------/.../----------------




http://www.youtube.com/watch?v=zNn254_erzE&feature=related




------y después un himno-----------------------la caminata increíble de una noche cualquiera sobre la espina----------la espina cualquiera de una noche caminándose incrédula...qué risa-----qué podridos dientes tienen las carcajadas-------dejarse, hay que dejarse-----------------dejarse hacer autómata imposible----------------------------------------------------------------------------------------------------------...---------------...--------------....-------el estado comatoso del infierno a flor de labios...


http://www.youtube.com/watch?v=hFTEj-wgCZI&feature=related





algún himno llorará lo que no puedo---------alguna vez quizá lo sepa------------------esa manía estúpida de querer saber------SABERLO TODOOOO!!!-------inútiles matemáticas fermentadas en los bordes perfumados de la saña------------------------señas-------sueños----------ciñen-------decir azúcar o decir que nunca...------...----...----------...-----------------...--------------------------...--------------------------------------coma, no de comer--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------algunos instantes de éter, de cima, de cúspides filosas---------------varias horas de latidos que quizá valgan la pena-----------------------------------------------------------------una eternidad de abulia, de vacíos--------------------------------------------------------------------------------------


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lunes, 22 de marzo de 2010

susurro incisivo

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hay algo
que no dice
la distancia obscena

piedras armazón alambres

otra cosa
nace marismas
las mece
se mueven me miran
y murmuran

murmuran cemento moho piedras

y todavía un poco más allá
algo más oblicuo
que el silencio
calla

piedras piedras
calla
piedras


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domingo, 21 de marzo de 2010

luz, un canto inasible alunado /oda a-la marip(r)osa imprevista/

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DESCONSIDERACIÓN PREVIA: Una cosa es un automatismo con retoques, algo del momento que luego se hornea poco o mucho. En este caso, además de estar totalmente crudo, puede que ni siquiera haya dejado morir al animal antes de colgarlo. También puede ser que haya dado con un animal inmortal, de esos que se ven una vez en un millón. Más allá de eso, baste decir y saber que así es lo experimental, y que no debe valorarse desde o por, sus recursos técnicos. Aquí se rescata el momento mismo de su vuelo. Entonces mejor pensar que no es escribir, sino vivir. Y que, como la vida, sólo vale hacerlo en borrador, sin marcha atrás posible.
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*antes de las alas*

/celebro?/ amargamente la página mil ochocientos noventa de una bitácora nada, nadadora, anfibia –por qué no esperar a un número más redondo? contingencias inexplicables- y ya no me duele tanto; o capaz que me duela el doble, lo ignoro; todo es tan relativo que es un espanto. No pensaba hablar de nada pero los cristales chocan y sus astillas desangran con precisión quirúrgica, es increíble. Lo mejor es que no tenés memoria y si la tuvieras, no importaría demasiado. Te merecés lo mejor. Los castillos de palabras son peor que los de naipes, salvo que de éstos nadie guarda registro alguno. Anduvimos lugares que te son aire, cocinamos y esperamos malentendidos debajo de una mesa. No sos un rol ni una promesa. Eso del espejo rodante entre sí y no. Un compartimiento compartido pero separado y sin intereses mundanos. O prefiero quedarme con eso, con que sos eso. Ni bien concluyan de zumbar estas palabras, se irán con el viento… y ya no serán.



*alas en la noche*

descansas los ojos de tanto día;
has ido hasta el borde último
donde rebrotes primaverales
te preservan de los abismos
te alimentan, te…

dos antenitas

millones de papilas

lo que nadie piensa al ver tus colores
es que ser también te duele
como a cualquiera

es de noche y todo reposa:
tu libar diurno
las flores de tus esquelas
y los ojos de tus colores;
el ciclo se balancea

yo te he dicho el nombre que me inunda
que llueve en mi mundo
hoy mismo

a vos algunos nombres te abrigan
o apilan sus promesas
que no interesan

esa levedad te duele
su penumbra abandonada
tanto color que niega lo otro
porque lo de afuera no es más que un móvil
pero también martillo irremediable de lo interno

nunca vi dormir una mariposa
quien la haya visto
/alguna vez/
quizá entienda mejores plumajes
o guarde en su alma ese trofeo

los imanes de sus patas
sus serruchos
una caricia desacostumbrada
que a esta hora duermen
en plena vigilia


*los colores de día*

batir matices
dibujar guirnaldas en el aire
sellar pétalos con antenitas
en un lenguaje de clorofila
y atraer las miradas que te registren

tener un cuerpo con forma de tres ojos
y ser a la vez un manojo de radiaciones
un pulsar móvil y mínimo

no saber si el diseño de tu cuerpo es un mapa genético
una marca individual que pesa y molesta
otro idioma dentro de muchos
o un capricho cósmico
de madre tierra

algo de nave también
y de vagina
la cadencia frágil de un ingente útero itinerante

tuviste tu parto y tu crisálida
tu ser semilla cada vez
que cambia el ciclo



*el momento de reposo /o infame/*

qué quiere decir que dejes las alas abiertas?
y cerradas?
y cuando las movés de arriba abajo…
ensayo lerdo?

en todo caso me intriga tu idioma
sanamente
trazo paralelas desde varios sitios
esperando ver dónde y cuándo se dibujan
las respuestas

qué vergüenza querer certezas!
qué ingenuidad
imperdonable

a esta altura se cae por la tapita
que no hay soluciones
sino huevos de nuevas preguntas

por eso el silencio a veces

porque también intento descubrir el lenguaje
que duerme en venas de cada momento
que late intransigentemente

porque hablar es de alguna forma
un malentendido legal
una convención que lo niega
sin poder
matarlo

pobre quien no lo sepa

el ojo de la cámara te ha desnudado
para siempre
te ha robado un instante
que por suerte o desgracia
te hace eterna



*chau alas*

en esto del tránsito de efluvios de toda clase
nadie es inmune
ni siquiera la luz
que por querer mostrarnos
se abusa y ciega

ni las sombras susurrando sus simplezas
ni la memoria selectiva
ni las esquinas saltimbanquis
de errores y coronas
con fecha de vencimiento

me dejás decirte que te quiero?

no que te amo, no, lejos de eso
he aprendido a venerar esa palabra
porque me ha dolido
la he sufrido y tiemblo
ante su sencillez total

prefiero quedarme al borde porque el llanto…
y para mí llorar no…

soy poca cosa ante esa idea
que parece pintada a mano
por un dios pagano:
un viento sucio
una carroña
una de las muchas hojas verdes que una vez tus patas
bautizaron

no es la soledad, para nada
mejor un aprendizaje
individual
esa intransferibilidad
que conocemos

un poco como tu vuelo, no?
esa belleza sin peso ni garantía con finitud ensordecedora
pero que durante su mientras
vale mágicamente cada detalle bueno y malo

saber que estas balanzas
son incapaces de equiparar los polos
y si lo hacen
dura
un
segundo

ya te quise
no sé cuando podré hacerlo
otra vez

fuiste una mano
una horma
una fugacidad con pulso de acero

todo lo que seas de aquí en más traerá ese rumor a cuestas

nunca olvides tus colores
ni te arrepientas de mudarlos
donde te mande el olfato

que todo te siga doliendo en su justa medida
y acordáte de mí
cuando te falten lágrimas
porque siempre es bueno limpiarse por dentro
de la mano de esta energía

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jueves, 18 de marzo de 2010

palabras de piedra

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y si hoy no tuviera ganas de hablar…
qué?

no es que no quiera
las palabras son de piedra ahora
ruedan por vacíos a mis pies
y se las traga un sólo silencio
más que negro

voy a roerme precipicios
callar estas caídas
a guardarme en los pantanos del pecho
la/estrangulación/morada-a/besomuerto
sin aire

piedra inerte contra el vacío
cuesta abajo
inacabable


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perlas /X/

.................................. foto ...X... gentileza de Patricia Ortiz
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agonizan
los leños
inciensos de ombligo

antorcha íntegramente incrustada
en tus celajes
para que el barro se nos empiedre
implícito

para que el aire no duela
nos huela a flor
y a desquicio

a finales
con semillas del principio

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agosto del 86





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despertar, una mano abajo arriba
se templa y censa rápido cintura
para palpar falanges en la altura;
entre sábanas, pétalos y ojivas

hay misiles de guerra: tu lasciva
argamasa de pies sin armaduras
que desvela y al mismo tiempo cura;
tiño tus uñas a viva saliva;

despertar o dormir, despierto entonces
a este ensueño ronco de dos voces,
a tu hoguera, que cabe entre mis ojos,

a la fragua, al oro, cobre y bronce,
de tus manos emanan altos roces
que al amarillo y verde vuelven rojos.


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sábado, 13 de marzo de 2010

te trajo un viento /réquiem para los años viejos/

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te trajo un viento

diste vueltas y quizá me hayas mareado
pero ayer , agua inasible
maíz pisado que las gallinas… (*)

hoy las sombras, los ecos y las tardes
te pasean por desiertos en camellos
/son mis ojos/

te trajo un viento

el primer otoño verde que recuerde
y lo fue
todo

paleta a trescientos sesenta grados
donde ahora sobra madera
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que raja el viento...


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(*) A pedido de Mimí, modifico el post incluyendo la llamada, que permite agregar o completar la frase. Si bien este poema es de dominante triste, la modificación aporta la instancia lúdica que nunca deben perder los versos para conservar frescura. Siéntanse libres de delirar a gusto, gracias!

viernes, 12 de marzo de 2010

viernes de tarde, llueve

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entre el rumor desnudo de la lluvia
crecen presencias hechas dedos
olor a limón

y el aire dice sus saciedades
al ojo que retreta
recintos retratados

nada escapa a las instancias del trote:
es el pecho doblegado y crecido
a dos aguas, a cuatro manos

hay un muro contra el rastro de esta tarde
arden dos almas y las frutas
y mi sigilo

bajo el ópalo onde se muelen las mieles
del agua de esta sombra
palpitan los velos a guijarro erguido

los sus/piros son el soplo de esta lluvia
mientras la ciudad se deja morir
en la saliva de tus ojos
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miércoles, 10 de marzo de 2010

el color automático del viento

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/1/

a las opacidades intrínsecas reclamo
verdades ocultas de mi reino
catalejos
gárgolas
goletas
que descansen mis venas
mi garganta

no comprendo mis palabras
pero puedo desandar
su propia estampa

dentro las migas
la maga fuera
en el campo

y ahí: caos

soy la luz accidental de la mañana
y los ritos que segrega cada noche
un bocado de perfume por las tardes
y el motor de tus suspiros gusto a vino

soy la excusa de tu vuelo
la mano que tiende letanías
tan lejos como ojo llega
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/2/

cada vela
soy las aguas
tragaluz de tu comarca
que resbala
que carcome lentamente...

cada dedo puede entrar
y firmar su singladura
somos dedos
somos dados
dudas somos

y no está tan mal durar
después de todo

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negro






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Ante un único y grave cuervo prieto

hay cien gansos que ser cisnes ansían

sólo porque de blanco se atavían;

enajenados y al extremo inquietos

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¡tan oscuro resulta ese sujeto!

andan, graznan, salpican, desvarían

se reflejan, se encantan y porfían

ni sus lagos los lavan por completo

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patéticos elevan torpes voces

quieren colmar el aire de poesía

como el burro se escuda dando coces

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ha cerrado su oído el universo

y al negro pájaro le basta un verso

para honrar la pureza que no había


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martes, 9 de marzo de 2010

ice-cream





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walking around naked
inside the fallen
outsides

a masterpiece sorrow
against your fulled-up-fruits´ lips
without me

stare at the soul
still stairs
to nothing

´cause seems to you and me
standing to each other
like mirrors
like murderers
milk like

I´d rather have an ice-cream
with your taste
Oh… your taste!

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lunes, 8 de marzo de 2010

paseo





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andar por el bosque sin espadas ni nada
hasta que la piel
séanos follaje

hasta que los poros
imploren agua
y aire

caminar sendas habitadas
por el descanso
entre grillos y gallos

sendas de sándalo
sandalias sedosas

de llagas y agallas al mismo tiempo
un rechinar de bruces
de brazos
de brosa
de savia

con el hada y sus dagas
por el parto presto
de la mañana

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domingo, 7 de marzo de 2010

Metales de marzo

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Microcentro, martes dos de marzo de dos mil diez. Morgue local. Occiso NN.
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Él insistía. Hacía bastante que me lo estaba pidiendo. No que fuera repetitivo ni hablara demasiado al respecto. Pero cada bolsa de aire que exhala en mi presencia me jura sus salmos de imprecaciones, sus anhelos, sus silentes derrotas. Nada, se mueve desde ese lleno de algo amargo. Hasta su sombra, cuando juntos, calla el aire de las palabras que enjaula, que dispara sin decir y es incapaz de encerrar. Si sus ojos hubieran sido peceras… digo mal: por el cristal de sus ojos fantasmagóricamente empezó a destilar esas criaturas resbalosas que se me fueron adhiriendo como telarañas nítidamente grises; y peor los domingos: amargo pan de azúcar, de costado, entre mis dedos.

Calicos, Burbujas, Carpas; cuáles te gustan, mi cielo? Eran las tardes de sol y las noches de fuego. Un estreno de carmín, flores y bastos aquellos días que vinieron en un saco plástico, y ahora se han vuelto un ojo mínimo inmerso entre las hebras de este silencio de silicio acuoso que me creció branquias y aletas, y una tristeza que creía ida, ahora ampliada de golpe, con precisa claridad por la concavidad del vidrio que funciona cual lupa que me desnuda en un desierto, éste desierto en el que me aíslo cada vez más peligrosamente, por ser una abstracción que me enquista nada más que entre la espada y la pared, más todavía contra mi propio vidrio.

Del otro lado de mi ventana, nadie me mira, -igual pensarían mis maniquíes flotantes desde su redondez traslúcida, si cavilaran- la aridez de la ciudad es testigo letal y ciego al mismo tiempo, que no paga mis fervores, mis fulgores, mi fragancia estancada, mis fracasos; en cambio yo…delante de estas monedas vivas para un amor ahogado, simulando ventanillas de cobranza: Ballesta Negro, Gourami Enano, Labeo Bicolor; surtido heterogéneo del acuario, uno de cada uno, mi amor. Soy una máscara con esos tres testigos inermes que me ignoran ampliamente sin saberlo. Me asomo a la ventana. Abajo, coronillas de hormigas aéreas, acuáticas, casi inexistentes para mí, porque nadie ve esta boca cuadrada perdida acá arriba, entre la formación urbana de King Kongs cuadrados, desde donde miro. La pecera de aquí dentro es un vidrio curvo con tres testigos, tres vestigios solapados, regalos de una pasión inasible ahora, como si estuvieran afuera de su entorno líquido. Ya lo dije? Bueno, explico la otra: mi pecera es cuadrada, de cemento, y mi agua es aire. Alguna vez fuimos ese seno diáfano que deslumbra, que nos hacía flotar figuras curvas a toda hora, en cada sitio.





Él, que antes delfín, hoy tiburón. Pero entre el ahora solitario y el luego válvula, con bisagras que de un momento a otro le fabricarán sus dientes para cuando llegue, hay un abismo. Porque la válvula ochocientos catorce lo atiburona, como del goldfish ayer al presente tiburonáceo. Casi así diría, no sé explicarlo de otra forma. Y hay más, porque el sonido válvula ochocientos catorce que lo tiburoniza cuando entra, también lo desdibuja al irse. Un desdibujamiento raro porque lo multiplica, lo condensa desde esta ausencia que chorrea recuerdos, fusión de goldfish y tiburón. Y eso es lo que duele. Es eso, semejante mezcla.

Otra fase: entre ida y vuelta. Y aquí quiero detenerme, porque esa transición es el quiebre que busca mi nuevo aire de aquí, sin agua. El clic donde los dientes son débiles o al menos me dejan otra puerta. Antes de seguir pongo la trampa. Porque no tienen la culpa, pero ser tres es lo que pura y putamente cierra el ciclo. Hay que alinear el agua, el aire y las etapas, cómo no. Llevo la pecera a la pileta de la cocina y abro un grifo para cambiarles el agua. Es su cine semanal. Su salida al restaurante donde las mesas, los vasos y las voces; remedos del fulgor muerto que agregan algo de aire a sus miguitas diarias.

Sin pensar abro la otra canilla, las dos al máximo. Cuánto pueden demorar en cansarse? A mí me tomó tres años y ellos son tres. Todos somos tres. Lo habremos sido siempre? No es hora de preguntas. No es un show televisivo, aunque lo pueda ser cuando se cansen y lleguen los flashes de ÚLTIMO MOMENTO, URGENTE… porque la presión los secuestra contra el vidrio del fondo o los arrastra a la boca que da al abismo de acero inoxidable. Igual que a mí. Al menos tenemos opciones y eso siempre es algo bueno.




Cuáles princesa? Kois, Guppy y Coridoras Bronce, te parece? Ya la oyó; ésos, por favor.

Tan radiantes las sonrisas de entonces, hoy reducidas a estos cospeles animados cuando no habían tenido su estreno de manos todavía, detrás de su muralla cristalina, en la solapa de aquellos días. Es curioso que recuerde tanto la claridad de ese acuario. Debería volver algún día para comparar los recuerdos con los datos sensoriales. Me encantan, son preciosos mi vida, te amo. Pero iba por la fase entre ida y vuelta. Exactamente por el momento en que el tiburón cabe en un vacío que lo desnuda de sí mismo y de sus pantomimas. Eso queda evidentemente entre el plenilunio del desdibujamiento insoportable de la ida y la coronilla formícida ya reconocible, aún impersonal, que marcha hacia la celda, hacia los pies del King Kong compartido, que dentro de treinta metros empezará su ascenso para ochocientos catorce y tiburón letal.

Hubiera sido distinto ésto si entonces hubiese elegido dos, en vez de tres?

Antes de volver a la pileta de la cocina, le dejo sobre la cama mi mejor ropa interior, las primeras fotos juntos, el trozo de tela ensangrentado que atestigua la entrega; mi letra nerviosa a mano alzada, mi nombre completo, mi historia entera; todo le dejo, me dejo de pies a cabeza entre esas cosas que él sabrá entender… sabrá?

Gobio, Dardo de Fuego y Arlequín soportan mientras pueden minutos dialécticos en sus días de litros a doble grifo entre vidrio y acero, entre fondo de pecera y cornisa cascada hacia el acero. A uno de los tres ya le cuesta mantener la fuerza de nado necesaria para buscar el fondo, para alejarse del ahora cada vez más cercano alféizar de vidrio, que ve la cabeza del ex delfín camino a tiburón, hacia tan prístino acero inoxidable. Abierto el paréntesis de la debilidad metamórfica. Son apenas unos segundos y es tan fuerte el agua. Cómo le cuesta ondear y bajar, resistirse a la fuerza de los dos grifos. Qué poco falta para tiburón. Parece flotar un momento mientras su cola se suspende más allá de la frontera, en la catarata líquida. Allá viene, debe ser ese. Su siempre inconfundible forma de caminar, la cabeza apenas de lado y levantada, pero nunca mira acá arriba. Su mentón potente, una futura aleta y la abertura baja donde dos hileras de guillotinas puntiagudas no se alcanzan a ver todavía pero ya crecen. Boquea y oscila víboramente. Es tan bandera al viento tibio que le acaricia las escamas sin rimel, la burbuja apurada que se lleva el agua, esa lágrima inútil que se traga el aire de camino.




Nunca vio cazar tiburones con carnada, ni pensó plantarse ante sus ojos de tal manera: crujido incoloro contra el acero que dentro de ocho pisos asomará allá abajo, al cordón de la vereda, para mojar los rubíes que salpican las escamas del pez volador.

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cometa/pandorga/volantín -caligrama hecho para el día del niño 2008-

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sábado, 6 de marzo de 2010

autobombo II

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Gracias a la invitación de Nicolás Rigaudi /el anarcángel/ (adjunto enlace a su casa) hoy estaremos apoyando, esta vez desde la participación activa, esta velada + tertulia + reunión de amigos, en la tan conocida casa de San Martín al final que se dedica a la difusión de las voces más jóvenes de our city... donde no van a faltar los versos (ni los tragos, seguro). Linda oportunidad para reencontrarse con gente que por hache o por be uno pasa toneladas de meses sin siquiera cruzarse. Salud Eternos!!!

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Fuente: http://guison.wordpress.com/



EL CICLO DE POESÍA MÁS COPADO DEL MUNDO...!


El ciclo de poesía mas copado del mundo sigue su camino entre los mas ignorados poetas!

Si, así es… y esta vez, como no podía ser peor… cuatro poetas se enfrentan… a “una” poeta en un duelo sin precedentes! Quien beberá a raudales los mas exquisitos poemas…heeeeee!!!

Entérate este sábado a partir de las 21hs

Poesía+música+cantina


En Elefante Multispace

San Martin 1467

Paraná, Entre Ríos - Argentina

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autobombo I


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hace un par de semanas fui unos días a Buenos Aires y tuve la suerte de ser invitado por unas queridas amigas que conocí gracias a las redes a su cálido programa de radio "Al borde la de la palabra", que se emite por Arinfo.com.ar. Agradezco profundamente la invitación a Patricia Ortiz y a Liliana Varela, creadoras de este gran espacio que se dedica a rescatar y difundir las más diversas manifestaciones poéticas en habla hispana, microcuentos, y tiene una sección que reproduce poesía en su idioma original y luego traducen para que podamos disfrutarla en el nuestro. Resta decir que me sentí como en mi propia casa en su programa Patri y Lili. Buena suerte y sigan adelante. Un beso. Dejo foto de la visita, donde también aparecen las colaboradoras regulares del programa: Elisabet Cincotta (gracias por "Manos", tu adorable libro) y Silvana Alvarez Martinez, quienes encima de aguantarme, tuvieron que soportar mis mates fríos jajajaaa. También queda link al programa y a los otros espacios que también ellas generan. Les mando un abrazo.

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*** sepan que pueden descargar y/o escuchar on line el último programa de radio "Al borde de la Palabra" del martes 16 de Febrero de 2010 desde:

http://www.4shared.com/file/223582541/56cab0f6/91-alborde16-de-febrero-de-201.html





**********Igualmente en el blog de la radio**************
http://albordedelapalabra.blogspot.com

pueden descargar y/o escuchar los 91 programas emitidos hasta el momento.
sólo deben hacer click donde dice "programa del..." y listo


******Y en el mismo blog tienen las INSTRUCCIONES para APRENDER A GRABAR AUDIOS EN MP3. con dos programas a elegir:

AUDACITY
WavePad Sound Editor

¡¡y a grabar!!


"Al borde de la Palabra" http://www.arinfo.com.ar

Escuchanos todos los martes de 18 a 19 hs. (hora argentina): Liliana Varela / Patricia Ortiz


**Visiten la sección de entrevistas a invitados!!




--
"Fuimos de abril. Teníamos / una luz inefable, como un ala. /Flor o pájaro o nombre / del amor, en el sueño y en la rama." Leopoldo de Luis


***
http://lascosasporsunombre.blogspot.com
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http://elciberperiodico.com.ar
http://apalabrado.blogspot.com/

Srimati Tulasi Devi


"Al borde de la Palabra" www.arinfo.com.ar -
Escuchanos todos los martes de 18 a 19 hs.: Liliana Varela / Patricia Ortiz
http://albordedelapalabra.blogspot.com

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verde .1 /daguerrotipos/

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te ofrezco retamas
donde se nutren las pieles
de mi coraza

tus melgas emanan
la futura cicatriz
a cable y balde

en lo alto
de tu piel
mi mano aljibe

inmóviles sierpes
digitopunturan
calma

que se sirven mis ramas

a tus pies por miel
el retorno breve
de los duendes de mi comparsa
por el riel de tu alma

en tu piel acequias
cuando mis zorzales
desfogan ansias

en tu piel de malva


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vapor a pelo




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este dedo
trepan(a)do
al aire

las escamas dichas
de entre las todas tuyas
nos regresan aguijones
cuando al dormir habemos
extremos interiores
de la fragua

somos fuego

tapar los ojos y hallarse
ser pizca, algún incierto resto
que retiene remanentes de tu muerte

la horda zancuda, crines despabiladas de este abismo

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canastas de caña





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todo>se>lleva>el>agua>>>>>todo

río
abajo
canastas
de
vaivén
bambú
van
y
abrevan
en
tu
breve
vientre

bocetos a lápiz
del destrozo
gigantesco


el agua lo traga todo
ya ves: lodo y fondo, llaves
todo y no vuelve
ni algas ni puntos cardinales

todo al agua
menos tu letargo…

un suero largo
que tatúas dentro

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miércoles, 3 de marzo de 2010

DDJJ 2010 - I 2º / Declaración Jurada 2010 - Inciso Segundo /





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tengo memoria,
tiempo tengo,
de reinos y mares distante vengo
a no malgastar mis lamentos
sin antes ocuparme

tengo el pelo largo y la paciencia corta
los dedos gruesos, manos deformes
y la lengua inquieta

tengo una silla vacía y muchas preguntas todavía
un compás y mapas rotos
murmullos como pétalos
de días sin vernos
calor celestial propio de avernos

la cama
desordenada
y dos almohadas tengo

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DDJJ 2010 - I 1º / Declaración Jurada 2010 - Inciso Primero /




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tengo media docena de duraznos
unas ganas que me ponen colorado
cuchillazos de ríos en las venas
y los dientes
más radiantes de la cuadra

además de los duraznos tengo higos
avenidas y comarcas insulares
amistades inmortales
bienvenidas;
y una siesta en los feudos de tu ombligo

tengo el pulso acelerado
y escarlata
contra cuatro ventanales
donde sale, todo sale, sale sale
nada entra
y una fiesta en las cestas a tu abrigo

tres días de dos puertas cada uno
que dan a una calle angosta
que me lleva cada vez a un sitio nuevo
y manadas de rugidos la garganta
y tu nombre detrás de las orejas

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domingo, 28 de febrero de 2010

hoy ve color ámbar y duerme de costado

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es tarde y se acuesta
fagocitada
por rectangularidades
a las que vino
por su estuco
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corona nogal
del girasol bautismal
que desmonta este otoño
desde sueños hasta el suelo
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/b- elixir oliva
/a- lapso de alivio
/b- de leve luz
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lo que subyace al lago lúcido
mil alas de mariposas
empañavidrios
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hasta sueños de alivio empañavidrios

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C I U D A D A N O E X T R A S O L A R: H O M Í N I D O

C I U D A D A N O E X T R A S O L A R: H O M Í N I D O

viernes, 26 de febrero de 2010

azul.3 /daguerrotipos/





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canto con los dedos
pira pez patio pozo
y así…
hasta hurgar el delfín azul
que dormía en tu mano
y ahora surca
este pecho rengoherido

otras veces callo
y esplendores nos aplastan las ventanas
redondamente

laguna mutismo
cuando enumeramos
procesiones de infartos

morbidez atravesándonos

pero además
cuento tus dagas
lengua lirio luna labio
y también los arenques
que palpitan descalzos entre mis cenizas

canto cuento y callo
que algún día
abriré este ojo cárcel
hasta estirar tu noche
más olvidada

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jueves, 25 de febrero de 2010

Caro y Nico /micrones/

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Como cada domingo, Caro pasaría a la vuelta de ver la nona. Nico apenas si almorzó para poder verla más de cerca. La primera voló ansiosa y llena de veredas. La segunda se alargó demasiado y a lo último, un poco triste. Como ahí el sol le daba de frente a la siesta, al principio de la tercera hora de guardia lo pudo el sueño. Caro llevaba listo un saludo ensayado para no exagerar y quedar en evidencia, pero dejó escapar su mejor sonrisa de once años al ver los cachetes colorados de Nico dormido contra la ventana.

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el cuento del tío /2007/

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Tío Carlos conocía al dedillo las leyes de la calle y nos las reveló desde el vamos, aunque no siempre las respetara; aun cuando al infringir algunas arriesgara su vida. El más joven de los tíos, tan cercano como un primo más, en cierto modo supliendo a nuestro padre, muerto cuando mis tres hermanos y yo éramos niños, empujaba su negocio mayorista de pollos. Arrancó como un simple empleado hasta crecer y transformarse en competencia de anteriores jefes, gracias a su innata pericia para subsistir en la jungla de cemento. Su táctica no era justamente la honestidad; porque para trepar, no alcanza con manejarse lícitamente; y trampear, o ser más rápido que otros, le divertía sobremanera. A veces, hasta nos refería detalles de la lucrativa maniobra diaria que, por derecha, hubiera llevado meses conseguir.

Al ser yo el mayor de los hermanos, quise inculcar a los más chicos buenos ejemplos, hasta donde pude; igual crecimos al influjo de tío Carlos.

No habíamos dejado de ser niños y ya trabajábamos para él. Cuando fuimos grandes, influí en mis hermanos persuadiéndolos de encarar un negocio entre los cuatro, al ver que Carlos obtenía ganancias desproporcionadas a las nuestras; no le gustó la idea, pero no le dejamos otra opción, en una movida digna del maestro que tuvimos; luego repartimos el negocio a la mitad: una para él, la otra para nosotros y desde entonces no tuvimos noticias suyas.

Ya por nuestra cuenta, no preví el vigor, el liderazgo y la falta de escrúpulos de Marcelo y Martín, los del medio, quienes tomaron las riendas del negocio sedientos de fortuna a cualquier precio, con el tío en un arraigado pedestal de modelo a imitar. Incluso creí advertir en ellos demasiada convergencia genética como para tener a mano evitar que siguieran sus pasos.

Para el noventa y cinco nos habíamos afianzado en el mercado provincial y emprendido una amplia red sumando Corrientes y Misiones a nuestra ruta, auxiliados por la facilidad crediticia de la época. Contactamos un masivo productor brasileño. Por diferencia cambiaria, triplicábamos ganancias sin faenar, solo revendiendo. Todo iba viento en popa. Ni tío Carlos hubiera soñado conseguir tamaña proyección comercial.

Durante un viaje al norte, me enteré de que cerraban Frigorífico Santa Clara, uno de los estatales más notables de la provincia. Dos parlamentarios encargados de ese establecimiento me citaron planteando abiertamente vendernos bajo cuerda, un portentoso lote de cajones de pollo existente en cámara a precio irrisorio. Hasta insistieron en mostrármelo mientras lo tasaban oralmente. Me dieron una tarjeta de presentación donde sus nombres y celulares eran amparados bajo la sagrada investidura del gobierno provincial. Solo teníamos una semana para decidirlo y dos para concretar el trueque, en Casa de Gobierno. Cuando les expuse la oferta, mis hermanos ni dudaron. Sus ojos inflados de codicia emulaban la imagen de Tío Carlos. Expuse mis reservas al respecto; olía mal que fuera tan barato, precisábamos calmarnos y pensar; confirmar que la mercadería no estuviese vencida, tomar los recaudos posibles, hasta el más mínimo cuidado parecía poco teniendo en cuenta semejante transacción. Cincuenta mil pesos por una cantidad vendible en tres meses, cuando menos, si nos proponíamos ampliar nuestra venta. Con ese monto se podían construir dos casas modestas, o comprar siete autos cero kilómetro. Debíamos andar con pie de plomo, sopesar hasta el último detalle. Pasaron tres días hasta tomar una decisión. No había cómo razonar con los dos del medio, intratables e irascibles de ansiedad por cerrar el trato; el más chico no decidía y sabiéndolo, ni opinaba. Yo me opuse firmemente, pero no había Cristo que los persuadiera. “Si no lo hacemos nosotros, lo hace otro”, decían. Salomónicamente acordamos que el riesgo y las ganancias serían solo de ellos dos. Eso los conformó y concluyó el debate.

Una semana después de hacer la oferta nos visitaron en nuestra empresa; mis hermanos los examinaron con ojo clínico buscando la quinta pata del gato, dispuestos a comprender el yeite escondido que los delatara. Ambos funcionarios se miraban y sonreían, mofándose de la inocultable desconfianza de esos comerciantes que pretendían estar a la altura del caso, pero a quienes su lenguaje corporal los probaba inexpertos. Martín y Marcelo se sintieron vergonzosamente muchacheados. Pusieron punto final a la negociación conciliando los últimos detalles. Los representantes oficiales recalcaron la confidencialidad del arreglo.

Anduvieron de aquí allá a las corridas, cobrando facturas, pidiendo entregas a cuenta a clientes de confianza, luego de exponerles brevemente la causa, quemando bienes conjuntos que los endeudó con nosotros dos. Por último, no les quedó otra alternativa que acudir a préstamos de parientes, amigos, y hasta de extraños.

El día fijado fuimos con tres térmicos a Casa de Gobierno para efectuar la operación. Nos aguardaban en la esquina posterior. Yo cuidaba los camiones. Marcelo y Martín entraron con ellos a una oficina situada en el entrepiso donde le presentaron a un tercer funcionario, superior de ambos, que saludó mostrándose ocupado y entró enseguida a una oficina contigua. Una vez que los cuatro rubricaron el contrato, uno de los agentes provinciales le sugirió a Martín que fuera ubicando los camiones a la vuelta de donde estaban, para trasvasar la carga. Martín fue hacia donde yo estaba y entre los dos trasladamos los tres mastodontes al sitio indicado maldiciendo el tránsito de la hora pico. Adentro, Marcelo recibía las órdenes de carga legalmente selladas. Luego, uno de los oficiales se excusó por un momento, llevando a que su jefe firme el contrato y cuente el dinero. Marcelo y el otro quedaron charlando de nimiedades a la espera del tercero. El otro ofreció a Marcelo algo de beber. Sí, un café estaría bien. O algo más fuerte, si tenía. Tomó el teléfono para pedirlo al mayordomo, le habló con la típica actitud de confianza híbrida proferida a subalternos. Al colgar sonrió resignado, manifestando que si a Marcelo no le molestaba, iría a buscarlo él mismo, aduciendo que si lo esperaban tardaría una eternidad. Ahí quedó mi hermano, nervioso a la espera de ambos sujetos. Pasaron cinco minutos y se alarmó. A los siete, como aún no habían regresado, salió urgido al pasillo temiendo que algo anduviera mal. Preguntó a cuanta persona se cruzó por los hombres que hasta recién habían estado con él en esa oficina. Nadie los conocía. Ni con sus nombres completos pudo dar con ellos. No figuraban en la nómina de empleados, ni siquiera eran autoridades oficiales. Nos buscó alterado de incredulidad y desconcierto. Por más que rastrillaron la zona con agentes de Policía durante cinco horas, les fue imposible ubicar el paradero de esos tres individuos. Durante cinco meses, diariamente, Marcelo y Martín rondaron Casa de Gobierno infructuosamente, avergonzados de haber sido víctimas de tan perfecto cuento del tío. Ah… Hablando del tío. Al año siguiente, me enteré de que Carlos había puesto un supermercado enorme en Goya, Corrientes.


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miércoles, 24 de febrero de 2010

silencio, insomnio



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de todas las costumbres del silencio
prefiero la rayana al rayo
la más andariega

esa que hincha las uñas en luna nueva
y nos crece las dulces pulgas
infinitamente

de las tan exquisitas pieles del insomnio
camino la que te ciñe la cintura
esta de algodón blanco
que espera en el primer cajón de arriba
incendiar voces absortas
de tu sopor

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collar viviente


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/algunos manuscritos distraídos, handwritting a mano alzada/
---------------------------destraídos
---------------------------destruidos



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ave


era para olerte
para soldar mi gusto
a tus contornos

para dejar de respirar
de urdir
de arder
incertidumbres
/urdimbres de cierzo/

para parar este paréntesis
desbocado
entumecido
para desbocarse a labios y manos
mecido en ti

así no vale
tijeras y tinajas
tajos destejidos del ojal
un jabón sangriento huelemuslos
que al caminar te llama


: : : : :


mamífero


desflorar siete/trece versos
con impulso y saña
de atardecer

dormir despacio
esta media pesadilla
impune

batir (a)las con ganas
de que nos hagan levitar
por enésima vez

/se está nublando/

banco verde de plaza
indecibles contingentes
políglotas

falta tu idioma a media mañana

/y hay mucho viento… cada vez más/

las palomas rajan la superficie
sus zancas tres veces
graban en las gravas
historias con sonidos
que te estampillan

/ahora llueve, decididamente llueve/

miro fijo sin ver nada
soy esta estatua
debajo de la lluvia que la mancha




: : : : :




¡ay! /protozoo/



hay sol
bullicio
malas aves
y un desastre
de ojos vidriosos que no laten

hay luz
lirios que se estancan
en el encastre de ángulos míos entre tus valles

calles hay y olores vacíos
del reflejo añil que crece en las ancas
de los delirios que te revuelven con su dedo roto

y también hay
/hasta sobra, te diría/
un manojo de faltantes
que no aprendió a contar tus plumas
los dedos que escurren estas piernas



: : : : :



untittled /invertebrado/


sin que el aire nos deje su tristeza
colgada en los pómulos
nacer para eso
un enredo milimétrico de ansias
y olmos añosos

las raíces no olvidan
y siguen chupando la carne de la tierra
estos minerales binarios

una hoja sola que se suelta
el viento escolta al olvido
y vos vas a barrer fuera de tu patio
ya seca
dentro de algunos meses


: : : : :



untittled too /or 2/ ovíparo impar


antes que nadie bostece ropa:
remera vieja
para jarabes amargos

después que todos nos tiren ostras
y algún cardúmen
/vanamente hacinado/
nos salpique su espuma...

habré de despintar
el pasado de tus párpados
hoy con aire
con telones mañana



: : : : :




subacuático alado



sí, sí… hay algo que odio más
que a las despedidas:
la postergación de esta bienvenida

pero río y sopor/to
porque después vendrán enjambres...
aunque ahora mi índice derecho
por las sinuosidades del laberinto
en plena noche

binariamente
izquierda/derecha
hasta la barbarie de muñón pelado



: : : : :




crustáceo artrópodo asépalo


hago la fila anónima del tren letargo
Singapur - Bombay
/la palabra: extranjera en este reino/
nadie dice nada ni se adelanta ni desespera
y guardan distancia

el silencio es un carnaval paralelo
en blanco y negro
repetidas veces

nada más

una anciana alarga la lengua
y el insecto desaparece:
eso es lo más cercano a cualquier palabra

cuando llego al final de la fila
soy un desbande de iguanas
entre sombras y garras de un halcón



: : : : :




acelomado con deuterostomas



no tengo alas, pero...

este incienso sur
/nevado/
circundante a la ceguera
sin tacto firme... será escapar de la gravedad?

esos escarabajos
que ocluyen la garganta
hiervevenas... ovarán en tu cielo?

aquel fulgor alargado
que me acomete la frente
y la tuerce.... no será un olvido antimateria?

tanto aroma lila
cuentahistorias
a contracurva que inunda el pecho...

no será volar?

no será palpar las cumbres
de hiedra de aire
de nunca más?

podría ser
/cómodamente/
cada baldosa blanca
de esta plaza
agitamigas
que las palomas sacuden
y metabolizan en bólidos de sus alas

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terapia de sueño






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Besáme con todo el cuerpo, hasta con la mente, yo hago eso cuando ando haciendo equilibrio en una cornisa triste; te beso un millón de veces a la vez y de a poco voy alejándome del vacío que me pide estrellarme contra la solidez gris con un sacudón de pecho, hasta llegar nadando a yacer en tu boca, hasta quedar tan rojo como ese entorno;

Y brillo, brillo mucho.

Quedo suave, relajado y tu boca es un estanque perfumado. Después te dejo reposar en mi pecho y acaricio tus contornos, te abrazo para que te sientas anclada a algo, segura, confortable en un entorno que te hace falta.

Recorro tus hombros con todo el sigilo que requieren roces sin despertarte, y escucharte respirar en paz a mi lado es una música aún muchísimamente mejor que la de las proverbiales sirenas.

Y brillo, brillo mucho, de una manera prodigiosa.

Entonces me voy convirtiendo en tus raíces. Nos crecen desde las venas lianas blandas, legumbres lenguadas (leguas de luengas) que acarician y nutren la piel; la erizan, la mecen, la estremecen.

Somos una isla los dos en medio de la noche, un barco un poco, una maderita a la deriva que no teme ni duele ni se fragmenta; se deja llevar con una tranquilidad uliginosa por esa superficie que exhala lluvia y sal, y algo de aire plateado, difícil de explicar. Y así vamos por el útero de la noche a la deriva.

Nos dejamos lavar con la marcha las manchas del día, limpiamos el alma en ese viaje, y aunque no estemos copulando, es hacer el amor inmóviles, nada más amoldándonos a nosotros mismos.

Mis manos huelen tus bordes, tus flancos y soy suspiros, soy aire aire aire que intenta quedarse estático para no flotar y desvanecerse. Y cada tanto te movés, apenas dos centímetros la cara a un lado, un milímetro más entreabiertos los labios, algo tan sutil. Eso hace que un vaho de perfume se agite en mi dirección y las aletas de mi nariz se abran, mi lengua golpetee a los costados, arriba, abajo, en círculos para hacer rodar tu gusto en la caverna de mi boca, que al instante se puebla de faquires y diamantes, de anémonas y vaquitas de san antonio, de lentejuelas y pelusas, y rizomas de palabras y ventisca tibia.

Dos fulgores juntos en uno mismo, brillando aún bastante después de mucho.

Se empiezan a correr a sí mismos como una maratón interminable dentro de la boca: los líquenes y los elefantes, los san bernardos y las cigarras. Al final no se sabe bien si es una maratón bucal o un resumen del arca de Noé, al amparo de la lluvia de la corriente liquida que nos arrulla y nos disipa las manchas de la marcha del día, haciéndonos brillar muchamente mucho; un satélite del sol que flota mansamente al ritmo del agua que se lo lleva.

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martes, 23 de febrero de 2010

perlas /VIII/




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ecos guturales
rebotando todavía
sus últimos ayes
rincones llenos de marcas y lamidas
dos marionetas desarmadas
máscaras blancas adormiladas
enredo de piernas boca arriba
y olor a mujer nevando fuegos
en el cuartel del cuarto

y más allá de la ventana
añicos de una noche
desordenada

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perlas /IX/




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detrás de las cortinas una espalda
en la espalda un braille lento
se inflaman las cortinas
la espalda arqueada

y el cabello otras cortinas
vaivén rítmico
de península y bahía

aire, perfume
suavidad de alas

bautismo intenso

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