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viernes, 28 de octubre de 2016

Infancia

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Para Nito
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Para que me devuelvan 
el mundo
sin rejas ni etiquetas
miro atrás seguido
con el orgullo y la nostalgia
de que nunca 
haya sobrado nada, 
al contrario.


Vuelvo los ojos
con la paz
de abrir la puerta
y que todo 
sea patio y cielo
sumergido en aquel niño 
enmudecido
por temas que no entendía
pero respiraba,
carrero de animales raros
del mundo 
de los grandes.


Con él y con el tiempo
aprendí a copiar al ocaso
las partituras de adioses 
que el otoño garabateaba 
en los rincones 
de mis paredes.


La sangre que me hizo
trajo de lejos migas de pan
para sembrarlas muy hondo
entre el trigo y los maizales.


Dormí viendo gotear
en la frente de mis mayores
esquirlas de sacrificio
y las más de las veces
un callar alegre
que cada tanto silbaba
lo que le dictara el alma.


          Ese perfume
todavía me colma
en las tardes 
de llover.


Nos llevaría horas
contarte cada prodigio de entonces,
pero por ejemplo,
en verano:
los pájaros armaban canchas
de payanga en la tierra
y tramaban juegos 
de escondidas
que heredamos 
como antídoto de hastíos.


Y, sí, aunque no lo creas
querido amigo,
logramos sobrevivir
sin electricidad
ni teléfono ni plástico
hace casi un siglo.

Sabíamos nombre y alias
de todos los integrantes
de todas las familias
seis leguas a la redonda.


Nuestra biblioteca,
lejos de ser muebles,
encarnaban en abuelos
que labraban la tierra
y jugaban a las bochas
mientras contaban historias
que sustituían 
a las naves espaciales
inventadas 
varias décadas después.


El espacio 
del paisaje se abría 
en cada momento
sin cesura.
Horizonte interminable.


Hablábamos el lenguaje
de los grillos,
entendíamos parlamentos
de distintas aves,
oíamos al borde de la maravilla
el dialecto del arroyo
y respetábamos el idioma
de silencio
de los viejos.


El futuro era una mano que se abría
en surcos interminables
de la infancia
que nunca acabábamos
de recorrer.


Las niñas eran los pájaros
más asombrosos de todos.


Incursiones semanales
hasta el pueblo
a caballo,
aquellos buenos
hermanos obedientes,
para buscar arroz
y correspondencia.


Aquellos viajes
de todo un día
hasta el arroyo
para traer arena.


El único reloj que teníamos
viajaba amarillo
en el medio del cielo:
daba la bendición,
la hora de comer
y de recogerse
a esa mágica siesta
que resistíamos.


Padre pedía
que lo recuerden
a las tres
porque había
que armar fardos
o pialar la chancha.


Madre ordenaba todo
desde la cocina
y su cuarto de costura
burlándose con anticipación
de Channel, 
de Dolce y Gabbana.


¿Aventuras?
Cada día 
era una nueva.


¿Edén?
Infancia de niño de campo
de hace ya tanto
que parecen haberme
trocado el mundo
por palomares espejados
en un laberinto de cemento.


Si pudiera volver a entonces,
regresar allí
con el artilugio de las palabras,
repetiría minuto a minuto
ese largo y sencillo milagro
de volver a vivir
con un arroyo en los ojos.


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sábado, 22 de octubre de 2016

I

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Antes que venga la aurora

    tus párpados se desploman

y espabilan blancos peces

en el fondo

                     del estanque.

Agitas mil mariposas

errantes entre las sombras.

Detrás de tu ombligo crecen

canciones,

                      flores gigantes,

recuerdos inolvidables

que me queman los papeles.









Dormirás con las palomas

escondidas ahora

en árboles, dinteles,

altísimas

                 catedrales

mientras el mundo y sus cosas

también reposan

con esta calma de jueves

y con la esencia 

                             imborrable

de las estrellas brillantes

que en tu espalda ahora crecen.


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sábado, 15 de octubre de 2016

Los Entes VII




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    / XXVII /


De los veinte que habíamos llegado en misión, entrando de a uno sin ser vistos por la zona de vieja bahía, solo doce llegamos al encuentro, pactado para tres meses después, en la cueva que da al sur del volcán olvidado. Cada uno debía, durante el trayecto, asegurarse de cumplir las acciones asignadas en su lista personal, y no ir al sitio pactado hasta concluirla. La orden era precisa. Por si acaso quedara alguno más, convinimos en esperar tres semanas algún posible retorno. Mientras, establecimos comunicación con los enlaces secretos, cuidando de no quedar al descubierto ni por descuido.

miércoles, 12 de octubre de 2016

M a p a s T u y o s




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No hay cielo que no estampe tu perfume

en mi sien, ni repítame al oficio:

bruñir el bronce, tu escudo. Me vicio

al mapear costas y grutas que tú me




abres; el centro del mundo me sume

en mares y montañas a revisio-

nar cardinales. Estoy al servicio

de acabarlo, el tiempo se consume:




Al norte y como sol está tu ombligo,

el motor que da al sur son tus dos piernas,

en las estrellas de tus ojos sigo




buscando marcas de futuros hados,

pues la verdad total es que me infiernas

y al pintarte, sé cuánto hemos andado.



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jueves, 6 de octubre de 2016

Savoir Faire (Bruno Di Benedetto)



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No se le hacen pataletas a la muerte.
No se le saca la lengua.
No se la desprecia.
No se le da la espalda.
No se le hace pito catalán.
No se le tira tizas
no se pegan mocos debajo
de los bancos de su sala de espera.
No se puede ser malcriado
desafinado
ni chambón.


No hay enojo posible:
la muerte no es mamá.

El temblor tiene que salir nítido,
como un miedo al rojo
vivo
cimbrando en agua fría.

Mientras, se canta y se baila
en este baile de la muerte
que, con algún disimulo,
llamamos vivir.



B.D.B.






lunes, 3 de octubre de 2016

A t a r d e c e l d a



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                te izas al oblicuo hacer de los espejos con el ímpetu de asirte a la

sombra inmanente en las esquinas del cuarto; tus facciones emergen

despaciosamente de la espuma del espacio




                fantasma encerrado en días luminosos, ahora vagas por lo oscuro

                esperando el bisel que te libere



                aparecida al terminar la tarde, tu piel en el pretil de la ventana

que da al sur, juega a las escondidas con los últimos ímpetus de sol:

                                                                  combustible de las formas



                el sonido de tu cadena dorada y el de las imantadas pieles

inaugurará la sinfonía improvisada con que recibiremos los oficios

de esta noche:

paladar negro, cielorraso caracol, espesos humores por doquier




                marcha de hipocampo iterando confines imposibles,

con delectación hamacándose a ritmo de melga & trasiego

a través innato, a punto de fuga




                cada forma tuya perdura en aquella casa,

celda en el tiempo, poses, figuras y susurros resuenan todavía

cuando se invade de semiluces



                 te irás del paisaje por el rabillo del ojo,

dejarás tu perfume de delirio y patas de gallo

           en el hipnótico esclavo de tus labios.




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sábado, 1 de octubre de 2016

Descalzo por las flores

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Tu sonrisa

espabila del letargo

al ejército de gólems

que pacen en mi sangre.





Impaciencia

de redesandar

el paisaje de tus piernas

descalzo en noches de luna llena.





Los dos lados del dolor

se deciden por la sed

interminable

de la distancia.





Pupilas, ombligos, ranas,

cada cuenco reclama 

el humedal

de la lluvia cercana.





Cruzo la noche en silencio

como esos pájaros solos

que vuelven tarde

de sus liturgias.



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