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lunes, 16 de febrero de 2015

al despertar I

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Cada vez que abrís los ojos sucede un milagro sorprendente. Algo te devuelve brevemente de este lado, aunque ya no ande marcando con cruces tu camino cotidiano, de a poco volvés a dejar tus huellas acá, a tener noción del propio cuerpo en dominios fluviales, vas recalando en lo que te rodea fragmentariamente como para asegurarte la vuelta, rearmás el rompecabezas a mano con retazos de pigmentos recordado en parajes de entresueño, un sol distinto te enrojece; efímero perfume de atardecer se cuela por tu ventana abierta para tatuarse tu perfume en las costillas, entrar su impronta en la casa e irse más fresco. Las sombras empiezan a retirarse mansamente, metamorfosis, amanecer. Vuelven de a poco las piezas del puzzle a su lugar, tu flanco derecho va recortándose entre la bruma.






Extiendo los dedos y los muevo como si supieran ejecutar instrumentos musicales, es mi débil remedo de conjuro en este lado; voy a visitarte de noche para volver a las puertas de esas curvas voraces con sed cruda, el hambre acecha los huecos incandescentes del alma; me demoro, doy vueltas para retener cuanto pueda el placer de estar a un paso de oler tu espalda y dejar que la sangre se engulla cada poro, las piras de la noche van haciendo mojones entre rincones del paisaje cerrado de tal verano húmedo contra el ombligo. Los pies se mojan y quieren mar, mar, mas mar aún...a la deriva hacia donde quiera la corriente de este lado.



Mientras allí se acerca la hora de amanecer, las sombras dominantes van abdicando su reinado levemente perceptible, la evolución de sombras y contornos se diluye a favor de tus figura, tu imagen palpable de a poco cada vez más hasta la absoluta nitidez a horas de sol
Ya no faltan piezas. Abrís los ojos de este lado.






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Hantel & Gresel


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voy por el sendero ambiguo de madrugada siguiendo trazos del silencio por líneas de la mano, ínfimas huellas a través del caudal del parque titilan como las migas del cuento, yacen fértiles donde duermen pájaros lerdos mientras apenas el agua es capaz de espejarse en sí misma; en esa calma previa a la tormenta intento alcanzarlos desde hace mucho para sorprender y repetir la chispa con que tus pupilas me enseñaron las insignias del más profundo ser.



sábado, 14 de febrero de 2015

El último organito


El último organito (óleo)
Juan Carlos Limmo (Argentina)



audio versión del grandioso Goyeneche


Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco, un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclen luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.



El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.



"...El ciego inconsolable del verso de Carriego..."

En este precioso tango compuesto por don Homero Manzi, se pueden observar dos sonetos alejandrinos encadenados que comparten y utilizan como estribillo sus tercetos. Evoca un paisaje barrial ya perdido y se hace referencia al poeta paranaense Evaristo Carriego. El texto al que se refiere  pertenece al libro póstumo llamado "Poesías" editado en 1964 por Los libros del mirasol



Has vuelto

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
........El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven... la novia... ¡quién sabe!
Alegrías, penas,
vividas en horas distantes. ¡Qué suave
se le pone el rostro cada vez que suenas
algún aire antiguo! ¡Recuerda y suspira!
Has vuelto, organillo. La gente
modesta te mira
pasar, melancólicamente.
Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.

¡Adiós, alma nuestra! parece
que dicen las gentes en cuanto te alejas.
¡Pianito del dulce motivo que mece
memorias queridas y viejas!
Anoche, después que te fuiste,
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste-
lloraban los ojos del ciego.

martes, 10 de febrero de 2015

Hálito

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Manotazo de magia, curvatura lavamente roja abriga lacera amotina, colmado ya túnel sigue dando coletazos. El perfume eléctrico blanquea los ojos de un soplido, cientos de peces se escapan de las manos en medio del agua.

La lengua es ojos intentando abarcar el colosal paisaje, suspendida a mitad de camino hacia la zafra florida, estirando su felpa a la sal vital. A siego de hoz se escurren semillas entre el linar, su lluvia, esa repetición bajo la cúpula; ningún jueves antes semejante marea azul.

Músculos tensos piel erguida humedad caliente enloquecen los sentidos por viaje de ida. Y luego la luz la luz la luz, cachetazo breve y hábil de agua dorada despertando tanto.


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jueves, 5 de febrero de 2015

A h o r a / 2


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ver tu miel los pájaros de mi sangre alimentar
para que siga oliendo a las flores que crecen en tu ombligo
en la curva que me esconde, en tu color devorador de sombras
y devuelve cada moneda que hemos tirado al agua
al pedir un deseo

quiero verte reír así,
porque sí
porque hace un día precioso
se oyen tambores de corazones contentos
y tus labios son las ventanas de mi ciudad

por ser testigo y causa del abrazo
satisfecho hasta los huesos de tu pelo
por receptor y consecuencia a mano abierta
me dejo lamer por sol y viento un rato más
sin perder el gusto de tus espasmos
de hace un rato

escucharte latir entre mis manos
con canciones que te mueven la cabeza
retener tus dos pies entre mis manos
para taparme los oídos sin soltarlos
y vuelen largo como palomas recién soñadas

duermo donde decrece
la esquina de tu espalda y tu regazo
en el mapa de tus pecas hay constelaciones
sólo para mi y mi hipnotismo
allí escucho tu zumbar de avispas
tu pulso de tren
tu cansancio festivo
y despierto en las espumas de tus hombros
para encontrarme con el eclipse de tus ojos
que dicen las palabras justas de bendecir el día

¡libélula buen día!



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./L


A h o r a / 1

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f a n t a s e a r  c o n  m a t a r    e l   e s p a c i o   e n   m e d i o


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tu espacio huele a domingo por la tarde con aspas de verano


         aquí, ciegos de ropas y de ausencias
                  sueltos en la senda del descalzo
         ardidos al sol de mirarse en tus ojos
                                lo que hubiera preferido
          es que el mismo silencio te incinere
      en vez de decirte al oído cada palabra 


escribirte en la espalda con imprenta mariposa
el estupor del silencio y la distancia
escanciando las dos copas en la cúpula
y el rumor del mar recién servido
despuntando sus lenguas en tu ombligo

nunca estuve tan desnudo como al influjo de tu sonrisa
hamacando recuerdos venideros
ni tan cómodo y descalzo ante la lluvia adivinando tu sabor de madrugada

quiero verte beber la vida misma
del cuenco de cada día
y esperar sin apuro a que amanezca
para contar los pájaros que espasman sinfonías 
                   al despertar en el pentagrama de tus piernas

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domingo, 1 de febrero de 2015

anoche

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Anoche, antes de dormir en tu nombre desfogarse, un fulgor hacia lo oscuro fui. Las palabras volvían de las canciones como mirlos a sus nidos cuando se larga a llover. 

                                                                                                                                    Escucha, una jauría mansa se acerca para abrevar en tus pies la melodía que la trajo desde el fuego a la madrugada porque ahí dentro, sin soltarse las manos, ojo frente a ojo, hasta el mar sirgaron cadencias, bandada de siete patos en ve hacia la primavera contra un cielo negro a las tres mientras miraban arriba.

            De su garganta vibran celebraciones breves, aceleraciones de tren con sus vapores, da vuelta la cara de pedir tregua y el entorno se colma con nubarrones que son agua desde siempre.

                Depende de por donde vaya el ojo, una piel que se moja es un espejo, las palabras mordidas son pan duro y paciencia caminar descalzo entre el sembrar y el ya ver plantas por caminos de rumiarte con palabras y unas chirolas para el barquero del Estigio, no olvidar dos monedas para el viaje los ojos.


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