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jueves, 29 de enero de 2015

lo renaciente

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             con la sombra de tus piernas dibujando animales en las praderas de mi pared...


con la música de tu respiración juntando conchas en la playa de mi pecho a intemperie de atardecer y redes de sed colgadas bajo el sauce al costado del rancho costero, divago entre espuma y arena

             por tu ombligo se resume el mar, y con la sal que me queda escribo mensajes en tu espalda destinados a los nocturnos insomnes que no consiguen reposo al faltarles tu sabor en la punta de la lengua...


           dejas las huellas de tus pies en la arena tibia del verano. Cada pizca que pisas se vuelve oro; se arremolina en tus tobillos y forma una pulsera sonora, cascabeles marcan el ritmo de la marea

           ningún agua alcanza a abarcarte...se retira y el paisaje de los sueños se amolda a tu cintura. Sentimos la noche demorarse en los médanos. Las aves ascienden, hacen sus figuras y retornan a sus nidos.  La danza avanza a pie desnudo por la playa. Los cangrejos resguardan su naranja para evocar tu espalda. Sigo los rastros del agua. Algo con tu perfume agita el aire de la noche. El verano cóncavo estalla en mis sienes murmurando tu nombre.  Tu nombre evita las cicatrices y la desmemoria

Con la sombra de tus piernas dibujando animales en las praderas de mi pared...
Con la música de tu respiración juntando conchas en la playa de mi pecho, por tu ombligo se resume el mar, y con la sal que queda escribo mensajes en tu espalda destinados a los nocturnos insomnes que no consiguen reposo al faltarles tu sabor en la punta de la lengua...

Dejas las huellas de tus pies en la arena tibia del verano. Cada pizcas que pisas se vuelve oro. La arena se arremolina en tus tobillos y se forma una pulsera sonora, cascabeles en tus tobillos marcan el ritmo de la marea. Ningún agua alcanza a abarcarte...se retira y el paisaje de los sueños se amolda a tu cintura. Sentimos la noche demorarse en los médanos. Las aves ascienden, hacen sus cabriolas y retornan a sus nidos.  La danza avanza a pie desnudo por la playa. Los cangrejos resguardan su naranja para evocar tu espalda. Sigo los rastros del agua. Algo con tu perfume agita el aire de la noche. El verano cóncavo estalla en mis sienes murmurando tu nombre.  Tu nombre evita las cicatrices y la desmemoria...

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miércoles, 28 de enero de 2015

madrughada

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de todas las formas que le robamos a la noche, la curva es la que mejor se ajusta a la germinación de tus contornos. estiro los dedos de los pies por si pudiera soplarle tu reflejo al azogue del agua que nos mece. 



Sonido azul azota despacioso la superficie de tu sonrisa entre los juncos ardiendo y mi ceguera a mano cambiada



de cada costumbre sida por colmar silencios, guardo la imagen naranja de tus rodillas juntas de cara a poniente, tu mirada colmena, catarata a punto de saltar, y en el trayecto cielo de mientras tanto, leve zumbido de las mieles del ocaso



sabor distinto te surca 
mecido sobre el lienzo de apagarse 
apenas un naufragio que desoiga los muelles 
pintados con tu nombre dicho 
con la voz de recién haberte amado



no te mezquines a la golpiza de mi olfato, a prueba de mis sienes piedra vienen las flores que te empapan te pululan y me asaltan: soy lo feroz sangrante de este arresto



doy vueltas en las sábanas alucinado, la sed aplica sus garras en mis vados mientras dibujo con saliva tu nombre de dormir en el revés de mis párpados



que la sed te desee no es milagro, ni que seas polvareda caravana trajinar en pelo a contraviento



                           lo filoso del frío hasta la nuca es el puñal que me arrebata y te resta de estos flancos a la guerra desnudamente



         dormida de madrugada


         deambulo entre las dalias para aspirar el confín de tu cintura y en el aire tus esporas fabrican el festín fértil que me aguijona hasta rincones donde los duendes  de durar despiertos hacen fila para beber las aguas traídas a tu molino: muelo la luna con fervor hechicero y en el trecho hasta la casa de tablas esparzo el polvo que queda por nombrarte


         caí azorado al perfume rústico de tus flores coloradas



         ya no queda huérfano placer alguno en tus muñecas

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miércoles, 7 de enero de 2015

ttn-10

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de la verdad a las palabras hay un espacio desmesurado, imposible de conciliar con el tiempo; los hechos y los cambios operados entre dentro y fuera desde entonces, y que se han instalado definitivamente, supuran ingentes huestes de energía neutra, desconocen entre sí las puntas del ovillo

las piernas se cruzan como el viento podrías agitar ramas de sauce

un vaso se cae en la oscuridad. suena como un trueno a escala y hay que tener cuidado descalzos por la casa; alguien abre una ventana y entra más del mismo calor de la noche, una boca donde caben todos los cuerpos; se mece una silla al compás de la cópula de dos siluetas sierpes y el olor a sexo es una especie de guillotina mínima y aérea

las manos se pierden & censan, mojan & faenan la plaza mientras no queda pupila

han traído todas las clases posibles de trampas para el vacío que se consiguen de noche por las calles; no conozco ni la mitad que ha inaugurado este zoológico revuelto y desnudo. como no alcanzan las piezas, el espectáculo en cada sitio asombraría a más de uno... la busco, creí oír su voz un poco a mi izquierda hace un momento, pero nada

el tacto es el ojo ahora y habrás de justificar mi vocación de ceguera

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alforjas


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mañana, al sur de nunca más, el fulgor que alumbraste acá va a sacudir la matriz ignífuga que debió despertarme entonces; su sabor a terruño fresco hará elevar tus ojos hasta llenar el cielo de agujeros, donde al tercer intervalo orquídea, verde te descubriré



[entre tus rodillas y el alba

hay un abismo mayor

que el horizonte]



y luego en el anverso de tu muñeca izquierda, como breve epílogo, dejaré la bandada de las aves que respiraron este atardecer de tus rodillas para que resuenen nuevamente los ecos de las campanas que te anunciaron; su único contenido será el posterior silencio, y mi ceguera




[ entre mi frente y tu pubis

pastan mansas bestias

cuadrúpedas ]






conmigo por el rubor de renovar sacrificios, sin mí la mano abierta ofrece el hueco de la llave por donde entra luz suficiente para inundar tus piernas; conmigo con el yunque y el martillo, férreo & maleable al rojo vivo por dejar en la piel las marcas de mientras tanto, los golpes despiertan guerreros de antaño y las formas de a poco empiezan a parecerse a las épocas de guerras que aún merecemos ganar


[ entre entonces y ahora

una bandada de patos cruza el cielo magullado

y deja en las horas puestas un gusto a ron que da más sed ]



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jueves, 1 de enero de 2015

agua va



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el eterno borrador desplegando sus cerrazones de incendio en las uñas filosas de una picazón morosa, la piedrita del zapato, ella con una esclava de fechas en las muñecas como cascabeles, todas las veces que puedas que quieras que tengas que salga que sientas que borres los besos viejos contra uno recién nacido

                                      así también las algas sus gorjeos al cemento 

hasta que bastante después, en las perfumadas azoteas con el verano resbalando por las orejas, cuando todavía parezca que intentás volver a mirar sonar el agua por las alcantarillas persistentes de entonces, y no te quede lo suficiente como para desandar el camino este, el del este, el de los estambres enjutos de ojos mansos, archipiélago, cantera, criadero de duendes indecorosos que desfilan interminablemente cuando los ojos se van cerrando, o ya la noche les deje un vado libre por el que colarse al mundo del sueño, no te olvides de cerrale los ojos al día, a esta caparazón de vidrio y sonoridades fugadas, fugaces

el borrador interminable, la zarza de palabras improbables, un juicio prematuro en las tarimas resecas

                esfinge cuyas facciones mutan a partir del sol que refleja en distintos ángulos

jueves a jueves en calle Austria, donde Salem a buscarla sin escobas ni verrugas; o los martes en la esquina que ningún tren humea, ni memorias, andenes anquilosados de verdor grisáceo introproyectándose hacia arriba en una calma que no guarda frontera hasta su evaporación final mientras los otros miran embobados los fuegos fatuos de año nuevo

el siempre borrador sobre hojas sueltas que el viento va juntando en el rincón de mojarte los pies de madrugada


XXIV

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                                   veda frágil de sonido, aplazamiento;

                                                                    caricia que rompe sienes con suavidad de brisa: mirada larga hacia otra vaguedad vacía


                                   vacía los sitios que respira: aspira restos de un espasmo contrariado pero no





                                   ¿vas a seguir dejándome crecer en la cara estos silencios?



                                   ir a bordo de cobaltos, la cara de llena de hacia-la-cruz-del-sur sin contornos ni retorno


                                   y esparcir sobre la tierra del atardecer semillas de memorias venideras

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