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lunes, 25 de agosto de 2014

e s p a c i o

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Tengo ojos sin cuerpo que te ven. Por eso me duelen, porque incluso saben olerte a tientas entre las fauces de lo oscuro. Lamo tus sueños dentro de mi cabeza para que mañana espabiles con la misma sonrisa que hipnotiza pájaros y arrumba las mareas. Olerte como respirar de nuevo, frutas y madera mezcladas al rumor del mar, tibio y breve hamacando una pulsera en tus tobillos.


Vago por la tibieza de todos tus intersticios, es mi triste venganza por no tenerte. La espuma, la sed, el vapor en el vidrio, la boca inmensa de la noche, nada ni nadie que quite el hambre eterno, despiadado. Todo sobra, todo falta, todo es pesar por el vacío del espacio que tendrías que estar ocupando iluminando mi costado. 

Olor a flores de frutas con pizca de mar. Tu pelo por si la lluvia vuelve a desatarse, las llaves. Los sonidos agudos de la noche contra tu piel, el agua no alcanza, avanza más. Tus imágenes van encendiendo mi imaginación como una bandada de loros entre los sauces a la siesta. Me pongo barroco, me vuelvo barro. La luz tenue, tu piel en una trinchera dulce de la casa. Las velas, las venas en vilo, la lengua creciendo al ritmo del Sahara. Erecta, ágil, vengativa, ciega por la trama de tu cintura, enredaderas de Babel en tus tobillos, las ganas se trepan hasta la guarida de la serpiente dulce. No me calmo. No me colma ya no verte y que duelan en mis manos los vacíos de tu espacio. Retengo el aire un momento antes que se desvanezca la luz que de mi nariz a los talones me clavó al madero de tu nombre. Claudicar, claudico, a la corona ya la tenés puesta y al cetro lo prendimos fuego para borrar la palabra invierno.

Nada que no sea llenarme las manos y el costado con tus clavos puede calmarme. Vinagre espero desde las columnas de tus piernas por bautismo. Tu pelo, tu cara, tus ojos impregnando la lumbre de las velas. Velas que se apagan por el vendaval de los cuerpos en alta mar. Marea, me mareas. Me hago una máscara con tu piel. Ya no soy yo. He sepultado mi cara en tus caderas, me tajás. He aprendido tu contorno de memoria y vuelvo al mundo en un hilo de tu voz sutil, con los pies en el agua y las manos llenas de duraznos. Algún día alguien habrá de encontrarme en una tumba sin nombre, y a contra sol vas a estar vos, tendiendo sábanas blancas al calor de la mañana de un día feriado, vestida con todos mis nombres olvidados.


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viernes, 22 de agosto de 2014

linocho

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un día cualquiera encontró la fórmula escrita en un papel amarillento
y aunque no sabía leer matemáticas
el fuego posterior se la grabó para siempre
/grafito infame, 3:45/
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lino de noche, espejismo trémulo, un olor infante a tientas como morral estrenando manos; ocho leguas de caminata interna... increíble que fuera agua, y sin embargo

porque una cosa es de día, pero el lino de noche
                                                                                                 mereceuncapítuloaparte

y no sólo eso: historia nueva, otra cosa: linocho, linoche, línea interminable en la negritud, agitando ahí su cetro por madurar mientras lo que por dentro late, afuera aflora en sonidos

porque son los días ardientes, anfibios, ambiciosos, urgentes de las palabras

linoche, un andar al parecer pacífico que por dentro agita tifones, algo con garras y sed de sangre tomando de las pestañas al transeúnte para comérselo: Jonás nonato suelto en las hectáreas azulando negritud y entonces el vientre ahí, en plena desnudez y cielo abierto mostrando sus recintos, linocho interminablemente

linocho despeinado que el viento agita con una suavidad obscena, voluptuosa, al ritmo impar de las criaturas que tapizan con tangentes perspectivas y música su pecho, dividido en dos mediante una línea siempre cambiante y equilibrista

ante tanta oscuridad, estigmas fugaces de luciérnagas desveladas pasean sus esquirlas por el aire lleno de perfume y de pulsión, navidad diseminada sin pinos ni adornos que significan el verdadero regalo

otra cosa: linocho esdrújulo, el aviento singularmente dulzura impalpable, semillas de cenizas para fogatas futuras que olerán a las caderas preñadas de linoche, leche azul iridiscente

porque son las noches de días voraces, carnívoros, fervientes, urgidos de palabras

y alguien por ahí que intenta no ser visto, calmo a través de aunarse a los cardúmenes aéreos de linoche

vivo linocho vivo vivo vivo, tanto que parece una criatura vegetal dentada, con ojos de nutria y aliento a las cañadas que espejan los tapices donde estrellas y luciérnagas estrellan su ajedrez eterno sin línea divisoria

dedos ínfimos, interminables, ejecutan la sonata estrepitosa de un silencio pulcro a la altura indefinida del deseo

y alguien por ahí rumiando una canción como si fuera tabaco, la aproximación a la madurez de las semillas de fogatas, alma catalizadora en la noche vórtice de las palabras

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miércoles, 20 de agosto de 2014

ala manecer

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Son tus ojos de hoja los que perduran, lo que prende el fuego que duerme en la lengua de la lluvia; lo que hiberna y pica en los labios son tus ojos de agua, los que inauguran los rituales de la noche sin vendas, a pleno vendaval de desnudez sagrada donde laten los caballos que nos estallan en las sienes imágenes martillo. 

Y el deseo de nombrarte con lo arcaico empiedra las calles internas mientras en la plaza principal se erigen los bronces que voy a dejar blanquear a lo largo y curvo de tu espalda...

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domingo, 3 de agosto de 2014

ojos de vidrio

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en las sombras más desnudas que recuerde, a la hora de sol roto, 

        sigo temblando sin parar, todavía espejado 

ante la marca de mordidas de un cono de goce

                                                                 ingobernable






y en el espejo ninguna de las historias me contiene






las piedras de la playa parecen bichitos de luz

ojos de ofidio

testigos de la sangre

que me dijo y permanece

perfumando el circuito de su frente




a tientas busco tocar mi pecho para saber cuántas balas

han hecho de mí un animal de trofeo

esta noche

y lo que fueran manos siguen de largo

como por un cielo



sobre la mesa, en silencio

con calidad quirúrgica 

sacan lo que sobra

lo que no sirve va a la bolsa negra



comida para cuatro en una cena

a la que hoy nadie

me ha invitado


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