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miércoles, 30 de julio de 2014

i k e b a n a


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pierdo el pulso

y un viento amarillo me borra sombras de un plumazo;

pelusas de ombligo a medio camino

entre nieves y cenizas

sepultan la tarde al costado de un camino de tierra

la señalan con esquirlas de ramas secas

dibujan un esquema incógnito

a ojos cerrados

y la marcan con banderitas que agitan

la inicial de tu nombre




por ser este 

amarillo germinar del humo

del musgo cundiendo en volutas lerdas por abrojos

que abrazan la embarcación hasta las rodillas

y la sombra se abate ciega contra los muslos del animal herido

sus velas huelgan la noche, el tiempo blanco gotea en su ombligo blanco

latiendo blanco







huelo lo que cuenta el viento

cuando demorando su tránsito de pies desnudos

baila intemperies lerdas

por lo denso del follaje



de camino

lame mariposas

y esa miel moja chicharras

que cierran los ojos a la fuerza



lo trunco del grito

hincha el cuello

marca una vena en la frente antes de caer al vacío

donde reina el silencio del placer

derramado de la copa




martes, 22 de julio de 2014

Hoy, hoy, hoy

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Tan brillante está el sol hoy que las cosas, detrás de su color, estallan contra los ojos
su transparencia verdadera, su plenitud enredada de vida. No es un estado de ánimo.

Quizá sea el albor del verano que se anticipa al almanaque en el clima, en la piel, en
los perfumes del aire picante. Y más allá de eso, alguna imagen perdida entre la luz
nueva se despliegue sin moverse, sin inmutarse, sin siquiera desprenderse de las
diáfanas retinas expuestas al fulgor total. Total total, sin atenuantes.

No es un estado de ánimo. Por lo menos no es lo más externo, ni lo segundo, ni lo
que aunque sea por asomo llegue a la superficie. Es como una rebelión de luz
desnudando transversalmente los objetos, mostrándolos como nunca antes, o de
una manera ya olvidada de verlos, si es que así se mostraron alguna vez.

Entonces: esperar...entonces... ¿¿¿esperar???






sábado, 19 de julio de 2014

Jr, 1;17

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Nunca es suficiente festejar la muerte. Por ejemplo ahora, entre estas líneas griegas sobre piedras a la hora en que las sombras calan hasta los huesos. Descalzo, cansado, sin bajar la cabeza con ojos amarillos gastados. La luz suelta, en ese ángulo, a esa hora de la tarde fagocita la mirada rapaz de todas las demás miradas, mientras el pecho es una cripta secular abandonada. 


Silencio y quietud, suficiente para festejar la muerte. Negro dejarle abrir sus surcos de tiempo pétreo en las líneas de la mano con el filo del metal forjado por única vez. Invisible, indivisible, irrepetible, fatalmente trunca. Todos los colores callan hondo al festejar la muerte.


Nunca es poco para honrar la muerte, poeta transfigurador de rostros añejos, escrivividor de vidas paralelas, catalizador de palabras hechas carne. Redundando frases frescas, viejos versos, fragmento por fragmento de todos tus yo, tomados prestados por un rato, vehículo de claves insondables. Y después, solo y a oscuras, husmear un trozo de piel para amar, como endeble venganza. Poniéndole la cara del día al placer precoz. 


Triste destino el de la palabra sola para festejar la muerte, para que encima nunca sea suficiente. El sol calienta como en el desierto, pero me da frío al pensar su sombra. El sol calienta y son sus ojos. No sus palabras. Son sus ojos . Sus ojos no permutables por palabra, en lindes de poema. 


Sus ojos de palabra ya dicha, recordada desde la niñez y que a la vez vive en el aire tibio que respira cuando vibra, luego muere. Esos instantes antes que se enfríe y ya no sea más que esfuerzos de la mente. Elaboraciones tarde, atardecidas. El poema que no quiero escribir por honrar su pena, para festejar la muerte. Y nunca es suficiente.


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miércoles, 16 de julio de 2014

Oh! Jas de Otoño

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Viste que vas por ir, soplado por la inercia del tiempo, por andar a la deriva de los días? Bueno, así. Y en otoño, cuando se larga a llover, y la insinuación del agua es ya toma de poder de donde ande, cada gota que va cayendo por el vidrio es un minuto más que se te despega de la piel, un día entero de agua hacia atrás y una persona que pasa sin mirar adentro.

Y al caer van armando ramas invertidas, precisiones quebradas de savia al ritmo de tic tac verde, preciosidades azarosas redondeadas por el agua, desnudando tiempo.

Y cuando cruza la puerta ves esa mirada más mojada que la lluvia. Ese color que en el mismo momento te esta latiendo en la lengua, hace esos temblequeos en tu paladar.

Quien sabe lo que pase mañana o la próxima vez que llueva. Cuáles aguas por dónde y cuándo…la magia consiste en no esperar nada y que llegado el momento de saltar, te sepas puente, mariposa, latido.


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domingo, 13 de julio de 2014

Otro pájaro le cuerda al mundo (Bruno Di Benedetto)

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OTRO PÁJARO LE DA CUERDA AL MUNDO

escucho al pájaro
que picotea los cedros del Líbano

hay banderas sobre ataúdes
que, puestos de pie, no llegarían
a tu cintura de esplendor

ataúdes de cedro
para los niños del Líbano
tallados en serie
por un pájaro loco
que no se cansa de cantar.


B.D.B.

sábado, 12 de julio de 2014

lino/7

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día 25:
qué poner cuando la última palabra se coma la jaula
y nos deje la lengua llena de plumas?
/grafito infame, 5:11/
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viaje de vuelta del incendio, los pasos escarcha verde a diez dedos líquida, olfato repleto; parapárpados lluvia de silencio horada retina, la estación lejos; todavía perfumado con sus muñecas lleva el alma en vilo y abraza el árbol de niñez preguntándole un nombre, pidiéndole agua, sur, un mapa al menos

tres vueltas arremanga su pantalón con mojarrero al hombro, hombre al Clé arrastra estelas de imágenes acogotadas por almanaques de piedra; deja un par en el bolsillo para cuando arroye



se tiende setiembre, zozobra de marzobroza, arena enera diciembre y octubre de mármol, va contando los pasos y así se fueron los años o vinieron todos juntos y se le subieron al hombro como loros barranqueros que espantan la siesta verdeando entre el celaje azulado de lino; la cima nevada pero mirada idéntica al cielo, igual siempre

no está allí, quizá su fantasma terquée nuevamente el camino, o será que el aroma lo confunda entre ríos con algún agua parisina; largo de memoria y sin hacer sombra: caña, hilo, anzuelo pescándolo de la camisa, lombrices en cualquier parte antes que arroye mientras sus ojos se pierden en el cielo para seguir confundiendo sus colores

julio lujo; agosto, a gotas, gasta su gesta infame de bolsillo, edición barata para no perder la cuenta de sus pasos

"todos los almanaques juntos podrían equivaler a esa cuchilla(*) de ahí enfrente", piensa el de aquel lado que el de este lado piensa, eso y un carmín de tiempo para foresta, así lo reverdecería: entonces queda claro, todos sus años se han venido geográficos a patearle paño a sus ojos fundidos con el cielo

anda, sigue mental goteando escarcha líquida a diez dedos sin perder la cuenta, hasta que arroya delante, una implosión acuosa cuyo brillo parece la desnudez misma de su pelo anochecido, el de entonces

¿cómo se verá ahora? ¿seguirán las anémonas mandando en su jardín? lirio fresia malvón azalea jazmín narciso lino, y especies foráneas que su padre acostumbraba encargar y le enorgullecía regalarle,  azul lino, luna y lino, tanta retreta de noche estival cuando soñaba ¿soñaba? con su almohada hecha de hierbas caseras, silencio y saudades; de perfume hipnótico amniótico óptico cosechado a mano el mismo día de estreno; estreno que nunca llegó, o pasó de largo como esta agua de arroyo a paso de hormiga, tenaz tenaza

se la acordaba diferente, geografía verde rebelde: memoria emotiva del agua, su danza par en los diamantes susurrando fertilidad, reconcertando fronteras nuevas cada vez; antes de ir de lleno, se sienta a cierta distancia para dejar que sus raíces aspiren los bordes del agua, desde los ojos primero

febrero-orfebre-respirabril, su libra áspera, mayo a las cinco de la tarde en otras latitudes, qué increíblemente otros los colores que se van naciendo cuando arroya; luego cruza las piernas, se tiende de costado y mientras una bocanada honda le verdea un halo, su bolsillo acusa los almanaques de piedra; el aire de la mañana le palmea las mejillas como aquel brocal de agua que describiera como esa eternidad absoluta

revisa sus bolsillos y va apilando los meses, montañita parsimonia; los mira: payanca, tótem, punta de flecha, mejor sapito ahora que arroyó, pero no todavía

parecen pasar milenios, abre los ojos, ya barba, el césped que ha crecido mientras, le impide despegarse en el primer intento; ríe en silencio, aparta lo verde del silicio y lo sostiene un momento entre las manos, imposible saber qué mes es cada piedra, nominar la espera, el tiempo, lo indeclinablemente indecible

"almanaques cuchillas(*)", piensa; payanca, tótem, de perfil empuñando la flecha hacia lo eterno: en sus ojos el agua, ahora

todo el tiempo cabe en la mano izquierda, toma un mes sin saber su nombre, examina su textura que afila un poco el sol enero arena, calcula la superficie más plana y en un chasquido suficiente:

diciembre encuentra su propio calendario al otro lado, después de caminar sobre el agua, y saludarlo

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(*) las cuchillas son un accidente geográfico propio de la mesopotamia argentina, especie de montañas que ondulan el paisaje entrerriano; las dos más grandes /de Montiel y Grande/ están paralelas, en el centro de la provincia, semejantes a una doble columna dorsal verde que constituyen una divisoria de aguas para los ríos que desembocan en el Paraná y los que lo hacen en el Uruguay.