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viernes, 28 de febrero de 2014

Incienso de Acacia

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El ejercicio del invierno cae desde la frente, tiembla de camino en cada párpado, tiende rubores guerreros por los pómulos y siembra en los labios la sal que mañana nos dará sed. Despierta de un pudor ciego a la sombra del almendro, antes de florecer las frutas del silencio sobre un lago impar, impúdico, impuesto por la astucia de la hora en el terreno. 

Necesita espacio para respirar azules en la misma melga donde fue concebida. Ocurrir precisa, seguir andando con la amarilla sencillez de la luz, la irrepetible magia de un parto al aire libre. Caer de los ojos con el ejercicio del invierno, más arriba que las lágrimas, pero casi casi la misma sal, vertida de idéntica alma.


Verla dormir despacio, ciclos de aire meciéndola apenas, oler la curva de la espalda para palpar después el último declive, donde oscuridad justifica la futura intuición de la ceguera, cuando funciona la fogosa fruición de las papilas. Haber vertido los flujos exclusivos de lo oscuro, espesa marea; músico con todo el cuerpo para un instrumento solo, equivalente a la mejor orquesta. Haber tenido el tacto de hundir a fondo el resto de quemar todas las naves. Haber podido arder como morirse, como vertirse íntegro, y poder ver el naufragio desde arriba. 

Haber subido a ver su vida.

Su olor retumba todavía en los valles de la comarca, cada flor le copia a su piel la forma de exudar, de sellar con sombras la saliva hormonal que nos unifica y a la vez nos vuelve únicos. Su perfume. Su amplio tramo de madriguera. La forma en que las perlas adornan la puerta de entrada a la caverna donde nos trocamos por emisarios de dios, como cuando Prometeo se tatuó los fuegos para dárnoslos. Memorizar el calor del pasadizo y pintarse la cara con las mieles compartidas

Enterrarnos, quedarnos adentro, volver. Asomar nuestra crisma por el ombligo, duendes locos a la par del horizonte, a la hora del amanecer, contemplando, ensayando los ejercicios del invierno anticipado en el recuadro irregular del alma por las noches. 




domingo, 23 de febrero de 2014

Púa & Pluma

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al sagrado le queda la pulcritud 

                           de los dedos



querría tener las garras del animal que 

         [las ostenta sin saberlo y]

siempre será incapaz

          de componer 

            una sinfonía

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viernes, 21 de febrero de 2014

Silencio de acacia


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2, 13
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Tenías en la cara el gesto de ver volar un cansancio en mil pedazos. 

Para dejarle pistas a la luz, corrí las piedras.

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2,15 

No de tanto gozar volviste al suelo ni perdiste tus gemas en el bosque. 

                           Encantada de gritar ardores nuevos te sacaste la cara 

y me la diste. 



Ahora quiero verte respirar desnuda así, 

cómo podrás llorar, sangrar, mecerte al ritmo de una mueca prendida a los tobillos. 

Con cascabeles de hacer llover adentro por si fueran a caer peras de nuevo 

                                                               en la canasta anterior a tus rodillas. 

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jueves, 20 de febrero de 2014

lino-dos

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El número del pasaje impar, bien. Asiento contra la ventanilla, del otro lado de donde hubiera dolido ver. La Pastora es una máquina moderna, nunca imaginará que tres generaciones más tarde jugarán con ella, en la arena, pintada de negro "La Pastora, 1929" en una laguna de arena enjaretada por asfalto; al costado del río, que en vida jamás conoció. Fierrada notable hecha para el campo, ahora mirando el agua.

El color del campo le baja dos tonos el tinte de los ojos, más cielo que otra cosa, más despedida que cielo ahora. La valija irrisoria. La valija que pesa por la casa de donde viene. Entera la casa debe venir para que pese así. Hubiera querido hablarle, despedirse. Más al andar tan lejos. Por lo menos una mirada a los ojos, algo. No este desquicio de puntos cardinales como semillas para nunca. Entre las piedras. Hasta el tuétano. Sin palabras. Con una casa en la valija. Entre ríos. Años en medio. Ninguna agua. Ninguna nada, ni las cartas. Basta, dice, basta. El sombrero de paja, las alpargatas. El petiso moreno comiendo ahí, tal vez.

 Aunque sea las cuerdas se hubiera traído, alguna carcaza encontraría, pero no, ni eso. Impar el número de boleto y algo pareciendo aire, que no corre, a la altura de los botones de la camisa otrora blanca. Un rumor de aljibe y ese chasquido aspergiendo la hora. La ida. Mira al fondo del pozo como si pudiera ver un rostro.

 Respuestas. Se mira la mano decir "Adiós..." por dentro. Y entonces la tormenta donde el aire se estancaba en los botones. Pañuelo al cuello, sonríe de costado, nunca mejor imagen, se lo afloja. Si pudiera, no dejaría de pasar hasta que salude. Adiós. desgarrando el sombrero de paja y tirándolo como aquellas semillas de puntos cardinales que ya no. Boleto impar, contra la ventana. Cincuenta años después, las letras. Una emboscada de tinta que lo cercena contra las cuerdas que no pudo llevarse.


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domingo, 16 de febrero de 2014

4.167

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Por el ocio de las calas pasean sus patas los bichos que construyen el día a día, 



en un laberinto de baba que el aire vuelve papel. 


Ahí vas a trazar tus rosarios paganos con sangre muerta. 


Y antes de irte, dejarás como miel el grave olor 



de tu sombra.

sábado, 15 de febrero de 2014

: final al fin

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ahora despleguemos un ritual en cuadrante azul

donde sólo el fulgor de tu voz 
se palpe 

mientras desgranas las acacias

y tus ojos van a otra parte

y sin embargo


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martes, 11 de febrero de 2014

104


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Cuelgo de los vagos bordes que huelen a vetas de verano al ras de agua; paso por las piedras que la miran con su monito al hombro: un manojo de sombras; cabeza descubierta, ojos cortos para tanto porque la mayoría del cielo queda afuera, arriba. Cuanto más, me llevo un par de tragos contra la garganta, mientras las chicharras remedan al reloj, pero sin presumir de poder contar el tiempo; y de pronto una ráfaga de ahora nos estampa contra todas las pupilas posibles

101

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a las dos de la mañana todavía tiene gusto a sol en las pupilas

y muestra sus flamantes monedas en la punta

de la lengua como un trofeo.

CIII


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contáme lo que dice el texto del reverso de tus palabras



lo que el párpado

pare

para pájaros



a    c  o  n  t  r  a  l  u  z



en los cables



durante este otoño en la plaza, mientras el ritmo del ocaso es un viejito alimentando palomas que vuelven de hurgar lo celeste




antes de esconder la cara entre las sábanas 


por si las bestias de lo oscuro

lograran oler tu placer

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lunes, 10 de febrero de 2014

CII


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puestos del revés


contra el puente lerdo de esperar espumas


nubes de crisálidas no dejan ver bien


el medio donde floreceremos tarde y lejos:


temblor, temblor como trino


endiablado


entre los árboles






por la digresión de su ramaje


gestado con la tarde


un fulgurar de chicharras


compone la canción


que me oprime la garganta


como si tu lengua me llegara al corazón


a pleno






: ahogo puro del pirómano :






en esta hipnosis de flores


un verano que se te hunde hasta debajo de las uñas


quiero verte quejarte del grosor de placer que te amotina


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sábado, 8 de febrero de 2014

¿Así que quieres ser escritor? (CHARLES BUKOWSKI)











Si no te sale ardiendo desde dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.


A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.



Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del ordenador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.



Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.


Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.



Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.



Si te cansa sólo pensar en hacerlo,

no lo hagas.



Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.




Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.




Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia

o a tu novio

a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.




No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.




Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.



A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.




A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo 
hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.