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martes, 30 de septiembre de 2014

: escaleras




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Cuento contamos una y otra vez: seiscientos dos pasos hay hasta las puertas del cielo, cada uno un mundo diferente: los hemos nomenclado como ovejas esquiladas a ojo y diente, los andamos todavía; fragor pelado de argonauta a la vera de una canoa roja en las mismas marismas prístinas donde húmedamente se salan nuestros sueños; antojo antiguo de entes, entre antes y unto: sus vísceras biseladas a calicanto y arrope de chañar: su integridad untuosa en las crismas remarcando números del cero al seiscientos dos, hasta llegar ante las puertas del cielo mientras te cuento.

domingo, 28 de septiembre de 2014

J, tr 14;21



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132- las cicatrices no son más que mapas vivos a través del trayecto equívoco del mientras tanto: una corona, ojeras, patas de gallo, cinco puntos de sutura en la parte posterior del hombro, una mancha en las rodillas; que tu piel te cuente a los demás mediante las marcas que la vida te va tatuando in itinere...no podrás dejar mejor testimonio que ése…






133- el trote de las bestias en lo enjuto de la noche contra un frío que se demora más en el almanaque que en los huesos; la huella fija de animal suelto en lo suelto del polvo del camino, imprenta instantánea de mensajero por llegar a través de tu geografía; cerrazón de niebla y no importa, el sendero late en la sangre dentro, la misma que sella en la carne la página lo que los tipos de las herraduras van diciendo, sin parar de decir, ni de andar...










134- justo cuando las fauces de silencio iban a hincarse en los muslos de la noche hasta cercenar sus huesos, apareció el chasquido de tus labios y el beso fue un morderse de manzanas.





J, tr 14;19





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4916- señal titila imperceptible a los radares, salvo que apoye la punta de la lengua sobre la superficie de la fuente; así suena el agua y su gusto derriba los párpados: implosión descontrolada de la nariz a los talones; los últimos ecos del espasmo no pueden evitar que los dedos de los pies se estiren y se encojan haciendo curvas caracol hasta caer nuevamente en el sueño de agua, resumiéndose a sí misma



4917- pero, [los peros son como pulgas en esta ciudad] siempre queda algún punto suspensivo, y cuando alcanza a leer bien la sangre a media luz, o se queda tirado a oír el mar detrás de su ombligo, cada piedra vuelve a su sombra y repara las formas exactas del conjuro; luego se dejan mojar los pies iniciáticos en esa playa 



4918- y cuando sopla huele el olor a cera, y a la vera de sus contornos, sombras hormiguean caracteres en el aire; cae, se deja ir por la ribera del texto: es cuento que luego despierte, las palabras lo han tatuado en un lugar sin brújula



4919- se había llevado la noche para reposar con su monito al hombro, doblando un mantel tejido a mano, la tarde después tuvo que traerla a domicilio y ese delivery arrinconó al quijote hasta que juntó en el mantel las sobras de una cena cósmica, luz de cada color de la gama positiva, al otro día de la noche alimentada por las semillas de sus manos









miércoles, 10 de septiembre de 2014

lino/9

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http://www.tprat.com/web%20tprat%20index%202.html

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hay que ver esa desnudez después de la lluvia; como que el agua hubiera ido cada velo de las cosas, o las hubiese arrastrado al suelo para amagar filigranas de abono a nuevas capas de sedimento

: tanto como un llanto limpia la mirada

mojarse las muñecas frescamente bajo el grifo mientras por las venas el hormigueo leve deja abrevar las sienes y se deja ir uno por el suelo blando tapizado con murmullos verdes, intentando olerle la piel a la perfección, si es que tal cosa existe

una parición al aire libre y un azul que se pierde más allá de donde alcanza la vista

¿cuál ritmo habrá quedado sin bailarnos en lo frugal de la hora? ¿cuál ismo? ¿cuál anestesia todavía? de la nada, a lo lejos, ecos de la raíz de un trueno desordenan un poco el olor del aire y remueven el orden con que los recuerdos desfilan por el pisadero: paso a paso por el lodo, la catarata

entonces no hay ojo capaz de abarcar la carne de ese ganado

barriletes a destajo, el penúltimo destello de una sonrisa, picazón de palma de la mano y redobles en el pecho desaciertan la senda a pie pelado; no hay fulgor posible que quede por ser respirado porque todos se mudaron aquí, como no queda otro tacto que a babas del diablo colgando a todo el largo de los cables de alta tensión al borde de la ruta

es inminente la tormenta; más allá, una tríada de grises ornamenta la película gigante, los elementos empiezan a esperar la bendición mirando arriba quién sabe con qué ojos; más acá: un desastre invisible, más que desastre, estampida, enorme cubilete de dados etéreos baraja el paisaje

debe ser entre junio y agosto, sí, todavía se huelen las semillas hábil, hormigamente desordiseminadas; antes que llegue el niño será la etapa de trilla y jofainas, cuando se llenan los ojos de azules y el agua trae ese gustito áspero que rumiamos hasta ahora: aguágora, dulzuragua, lluviarde, lluviáura, la enumeración cadenciosa de procesos y momentos irrepetibles en que somos purificados

pero hay que ver esa desnudez de agua que esponja la lluvia, por eso se queda sentado cuidando de hacer el mínimo movimiento posible, sin prender la radio, apuntando la vista como una toma digital con ojo de pescado, intentando que todo quepa en ese embudo azul, azul lino, cubilete de paisajes sin paño ni fichas... barriletes por doquier detrás de los cables de alta tensión con pegajosas guirnaldas vegetales que dejan pensando en las cosas que pueden hacerse después de la lluvia, parición a la intemperie y un azul que se va perdiendo más allá de donde alcanza la toma digital; enfocar allí, en la frontera posible, para adivinar los contornos de dos minutos después fuera de encuadre 


quieto sentado a la hora del amargo, recordando esa disertación foránea que enumeraba floridamente /y le da cosquillas esa palabra, de tan acertada/ las utilidades y peculiaridades del lino; luego se había acercado y sí, el joven ingeniero vestido de lino, de punta a punta, industria nacional, había dicho, con un brillo en la cara parecido al de esta tarde, menos ahora que es inminente la lluvia; pero a merma de luz, multiplicidad de aromas, capas de agua, de verde, de azufre, de tierra mojada se van ganando por las aletas de la nariz


otro amargo y un suspiro, latir los mismos espirales que esta escena a cielo abierto, celeste y gris a manojos cruzados con algunos trazos de verde emparentando la esencia íntima de los ritmos que nos han bailado


y será porque adentro amagaba un chaparrón inusitado, que afuera está concertándose este ojo de buey al revés, abanicando la cara con la proyección cinematográfica que espeja lo de adentro sin marcos ni butacas ni pororó


mentalmente apaga la luz, ceba otro amargo y deja la película correr, que para mejor no tiene espacios publicitarios, y va por la parte de: tanto como un llanto limpia la mirada




mojarse las muñecas frescamente bajo el grifo mientras por las venas el hormigueo leve deja abrevar las sienes y se deja uno ir entre el suelo blando tapizado por murmullos verdes intentando olerle la piel a la perfección, si es que tal cosa existe


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martes, 2 de septiembre de 2014

lápiEdRa

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cuando llueve
la zorra de la siesta hamaca su cintura,
mece un vaivén capaz
de hacer olvidar las piedras



llueven rincones
y gota vuelve a casa,
al ver la zorra de la siesta
del péndulo de sus pechos piensa:
"hace cantar a las piedras
que intenta hacer olvidar"




atisbo por donde lluvia
siente la casa dentro del pecho
en una ciudad verde y roja,
la zorra de la siesta mece su péndulo
en cuello
y un murmullo cuenta crónicas de piedra




las tardes que llueve parecen domingo,
hacen sentir la casa adentro,
uñas de tren a través de la nuca
donde la zorra de la siesta
arma almohadas de piedra




pedí que en mi tumba no escribieran nada
para que cuando llueva en casa
los domingos
se oiga el trepar de piedras
de la zorra de la siesta


 
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Colaboración en Octubre

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J, tr 14;17



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                                              señales de la zafra:




 sonata aún hormiguera entre minúsculas de enclítico


                           con luces debajo de las nubes





                          cadencia, alguna fiesta circular


                                     ruido de gente marchando demandas nocturnas


                  y réplicas diurnas que nos curten tan tarde como en vano





                                        crepitación


                                        espabilar herido de cifra baila igual


    atisbo de tolva con semillas a contrasol: hazlo en la hora curva


                       cuando sol sangre tañe oblicua la mirada


                                        de abejas también circulares


                                        y un pichón de tero aprende a volar sin hacer ruido










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N A N


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este cansancio dulce

de andarnos tanto

a través de arrozales y horizonte



el gusto a fruta

a flor de lengua

paladar confundido con cielo



iterar cada cumbre en Desideria

y volver al volcán de musgo y piedra

hasta ceguera


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