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lunes, 20 de septiembre de 2010

777

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siete

setenta y siete


setecientos setenta y siete






el ruido en las monedas duerme


con volutas de nubes equidistantes


a mis mal dientes y a tus bordepiernas






apretajurarte un poco hasta que te despinpeines


y no dormirse al hojear fotos nunca sacadas


si sé lo que hiciste con tu última tristeza






setecientos setenta y siete


setenta y siete


siete…






…barruntos de monedas posapárpados




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/III/

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   /III/

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anatomía imprecisa a yema cruda


y un fulgor rebosante de portales


que silencian tanto muro






mirasoles mariposas


lampalaguas


el precio del charter hace bostezar


como cualquiera de Antonio Machín o Miguel Bosé


pero claro que resorte en el momento preciso…


fuegos artificiales implosionables






crecen, claro, siguen creciendo:






las uñas los dientes lagartijas asonantes


y un par de espasmos en el huesito dulce


todo lo que atacamos defendiendo algo más






la hora de tatuarse los omóplatos


o borrarte a lengüetazos de la ingle


esas malas decisiones, lejanas iniciales


de algún cartel que olvidaste con mi noche


o en mi obsesión percudida de sátiro fúnebre





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q 22

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y si oyes señales con un nombre parecido




al que de noche se nos cuelga dentro



habremos de brillarnos tercios



infinitesimalmente



desnudos


 
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dátiles

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y es que quizá


seamos una vez quebrada



estallar estupores en postigos póstumos








reminiscencias de mil que no fueron por cada uno sido








llenos de arpones y de márgenes


con los ojos así descalzos


vamos lastimados




 
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in par (*).3

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(*) Cicero dixit ex Creta
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     mañana, ágora sugiere urano

   notables generaciones grabadas en el granito pulcro



impar




          pergaminos heredados, repetidos Pater Patriae

entre barbas, coronas,

        palmas de olivo y túnicas punzó

               de nunca más






impar  la  lengua





           y las líneas de la mano emparentadas con el sol



hasta el principio del tiempo


     calor de arena, olor a sangre




         impares crines, trote impar

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in par (*).1

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(*) Cicero dixit
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impar,

             panes y peces



surcos en la arena con varas de caoba o de haya


          s e g ú n   e l   r a n g o


para marcar los puntos cardinales



cuentas y balanzas, arroz, cerámicas



          sacos en el carro hacia casa



el rumor del atardecer soplando naranjas


                         a través de las cortinas


                     entre murmullos calmos

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domingo, 19 de septiembre de 2010

in par (-)

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(-)Cicero dixit
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impar, número preferido a la hora de la borra, del bronce, de las tripas de palomas y raíces negras para tatuajes

                                        leer incendios, inciensos

sandalias equivocadas, no por hado: por falta de olfato

    y las huellas expoliadas en el tiempo

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Hay / o "2276" in the name of William Churches(*)/

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(*) Guillermo Iglesias, el King Kong de Moreno

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hay las patadas y las espinas, paladas y las pardas, hay peladas y peludas, pelados y pelucas... sí, gatos también, qué va! los olvidos y las carretas, los teléfonos caídos en el colectivo. hay barbudos y beodos, patatas y bellotas, hay mares de aridez y pan oreado: querés? hay heladeras y heladeros que sudan la gota gorda, gordas que sacan buenas notas y patines, bicicletas, kayak, barcos





hay canales panameños y novelas de las siete, caramelos media hora y media hora de caramelos que ojalá duraran más; hay paciencia /no acá/ y medias rotas que usamos para colar café; hay que afeitarse seguido para no ser tanto templo, hay macedonios y más hediondos, y maestros recordados o maestras todas feas





hay anteojos horribles y las espadas del texto, letras chicas en contratos que te rompen bien las medias como si fueran arena; hay de cal también, y de cemento, pero por lo general hay que atarlo con alambre para que no se vaya o porque dura poco o por falta de biyuya.





hay kamikazes y cazadores, casatas y camisetas, canastas y canoplas, casimires y casimiros que viven en el noveno b, por azar el casero es tío del portero, cuya hermana hace pan casero... querés? total todo queda en familia. hay noches como esta, por ejemplo, y ejemplos que enseña la noche; hay coches, cachos, cachavachas, cachiporras querandíes que sonaban de bonito...!





hay que irse, hay que quedarse, ay que fulera es tu suegra, ay que fulgor que marea, hay que hacer como si nada, pero haciendo siempre el bien, hay que pagar los impuestos y hay que imponer en los pagos que hay que descongelar la heladera donde hay huevos duros... querés?





hay que tender bien la cama y lavar el baño el sábado, hay que comprar detergente y detenerse en la gente que se baña, sobre todo los sábados





ay que locura que tengo: qué lo cura? los curas... querés?





hay que hacer mucho ejercicio y alimentarse más sano, hay noches como esta que se encuentra gente como vos





hay que besarse más... querés?





hay que desyunar como rey y tomar mate todo el día: y no hay yerba... querés...?



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erogenie de futuro conurbano

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es hora es retacear textos un poco, voy guardando algo para la edición física, real cien por cien en algún momento del año que viene, si se puede abril o mayo; se aceptan ideas, donaciones, monedas y buenos deseos, jajjaaajjaaaa au revoir!

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tell us where you go with that gun in your hand /head/ /that silver-bullet gun ahead again/
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puesto es esos términos, chiquita, /o sea entre la espada y la pared/ es justamente una pared, como si dijéramos: hay unos patines y un tren bala... qué hacemos?

la respuesta se cae por la tapita

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y un día vamos a despertarnos de verdad /en una de esas.../
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o sea que textos ocultos exclusivos para el papel, sí
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mientras tanto seguiremos el camino de hormigas

                                           o mirando por la ventanilla de los aviones

PD: no vale empañar ni mojar el vidrio, las puertas se van abriendo /y se van cerrando/ de a una a la vez y de cuando en cuando
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Quince

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Ocho y siete, quince; después cinco, falta la u entre tanto tánatos de nota abierta con dos semicerradas y me crecen llagas en los labios, caricias ácaras intentan inaugurar su hormigueo desde adentro y en breve erupciones por la abstinencia, punto, pero no



Nueve y seis, quince; más cuatro que no se pronuncian de una y alguien pretende apretar como rasgo de lo dulce que no aparece o casi nunca, pero no



Esto iba a ser la sangre desnuda antes que lloviera, el grito parco cara a cara, los dos minutos de evanescencia aunque se bajaran después todas las persianas y la patada me devolviera a las tribunas; esto iba a ser decirte, mostrarte, plantarte delante lo que atenúa el encantamiento deletéreo de verte; quiso ser la saña cruda, la antítesis, el correlato, el antídoto para la logística del tedio, pero no llega, siempre en los bordes de afuera de esa línea donde empieza a vichigearse tu esencia, las encimas de tu encina sana, pero no



En vez de las cuentas que dan quince /de tu lado doble gatillo dental, del mío nada más que grandes reminiscencias históricas que tampoco se animan a desbordarse/ este recuento de martillos, aire verde y pelo lacio, fogonazos para parques y trituras que huelen al silencio insomne y desgarbado que prospera ante la inminencia de la cercanía; esta astilla paralizante que me llena los dedos de postergaciones y de volver a cero, y cómo no… pero no



Y después las calas, bah… estos pétalos amagados de siempre que se parecen bastante a un proyecto de calas o de cal, a las hojas que crecen ante la absorta comprobación del fenómeno herbívoro propio in situ; antes del tronco desnudoliente donde alguien las iniciales que no nuestras, a navaja fácil casi alegre; y después de las calas un rumor de pájaros en septiembre llenos de alas para buscar semillas que no alcanzan a crecer en ninguna mano por ahora, punto, pero no



Cuatro que resumen el magma del mantra simple y bifiloso contra cuatro que se velan, que se callan, que no cuadran en la escala del quince; lo sutil, incapaz de esconderse en una garra añeja y cansada o desmedida o a destiempo, pero no cuatro y cuatro, no



Cuatro contra cuatro, choque, la inercia desparrama lo rojo después de comprimirlo bestialmente y cuando alcanzo a darme cuenta de que tengo cuerpo soy llevado hacia algún sitio donde quieren ayudarme y ante cada pregunta atino a decir:



ocho y siete quince, la fiebre del oro vivo y esquivo,

una sanguinolencia aparente que huele a cántaros



- ¿Cómo te llamás, pibe?



Nueve y seis quince, antipromesas aunque me guste o lo deteste

y la cara del tedio, la angustia del ocio, un oso lampiño y vago



- ¿Dónde vivís? Decíme tu dirección



Cuatro contra cuatro, el otro oasis y este oculto

igual nadie va a visitarme a la montaña blanca



- ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?



Ocho y siete quince, de golpe, como un tren morocho... pero qué piernas, qué sonrisa, imposible no enmudecer



- Habláme, decíme algo, no te quedes callado, no te duermas



Aparece con sombra y se pierde enseguida por alguna puerta, es el sol suelto en la tierra, pero lo peor de todo es el silencio…¡No! Hay algo peor que eso; cada tanto un par de líneas y entonces se incendian las hojarascas que sueltan en el tropel de plumas los pavos reales; ni siquiera puedo recordar su olor, aunque ahora mismo cada detalle, cada gesto y el timbre de voz; ocho y siete más cinco que quedan fuera con cuatro que no se dicen, para qué…



- Abran rápido, alguien que me ayude, traigo un herido, sangra mucho



No es sangre, pasa que quince deja lo colorado a presión, es una falla en la escala cromática, habla y las aves se enloquecen, habría que verlo bien, estudiarlo, te juro que nunca me había pasado; cuatro series de dos notas a la vez y el caos total, también funciona con las dos primeras nomás

¿Cómo explicarte? Fero, faro, foro, pero más sencillo, como la palabra mágica del ilusionista, algo así. Ya vas a ver cuando te pase.



- Un médico por favor ¿Dónde queda la guardia?



Sin galera ni goletas ni galones, así nomás, cuatro: cuatro contra cuatro



- Pase por acá, rápido, venga venga

- ¿Ahí es el quirófano?



Aqueronte quiromántico, sí, puede ser, pero cabe en la palma de la mano y en un segundo su voz…



- Sí, adelante. ¿Qué tiene?

- Ni idea, lo encontré tirado en un charco de sangre.

- Está blanco, debe haber perdido bastante.



Que no es sangre te digo, es la primavera interna, el refugio de los dientes invisibles, una astucia inmóvil, soplo puro… ¿Entendés?

Ya me estoy cansando de hablar.



- Siga hablando niño ¿Cómo se llama?

- No sé, no me dice, habla pavadas.



Nueve y seis, pistola inútil, algoritmo inasible. Algunos creen luz pero no tanto, apenas alguna chispita incierta por momentos. Se equivocan, se embelesan culpa del cuatro inicial. ¿Dónde vamos?



- ¿Me podés decir tu nombre por favor?



Esqueleto de locomotora vacía, arpón enfermo, la noria errada del costado desconsuelo de plumas con sueños de aire y gravedad cero



- Debe estar loco, doctora.

- Llene esas planillas, por favor.

- Me niego, ni lo conozco.

- A título formal nada más. Llénelo, por favor.

- ¿No le digo que no lo conozco? ¿Que jamás en mi vida lo había visto?

- Hágalo de inmediato o llamo a la policía.

- ¡Ni loco! Después me va a llover todo el fardo a mí…

- ¡Agente! ¡Agente! ¡Este hombre se resiste…!

- Ma sí… yo me rajo, por tener un buen gesto me voy a comer el garrón.

- ¡Policía! ¡Rápido, que se escapa!



Llévenme a casa ya, no se preocupen, esto me pasa todos los días, juro que no la miro nunca más…




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Azucena a su cena

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La habían invitado para una charla sobre nenúfares a la hora del florecimiento. Nadie sabía su nombre. La capelina de pana le mezquinaba más de media cara. A la hora de la cena se fue, olvidó su cartera. Corrieron. Siguieron el camino de pétalos que acababa en un rincón de tierra húmeda de un baldío de la otra cuadra.
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Payanga(") de Agosto

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(") Payanca, payanga o payana: juego infantil que consiste en hacer una serie de pruebas de habilidad manipulando con una sóla mano cinco piedras chinas o guijarros.

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Agosto tiró de las solapas y se llevó a las abejas que zumbaban sus insidias en las venas del vidrio para acá; se las llevó al otro lado del trópico, donde quizá mejores panales las esperen para otras alquimias de heredades más dignas que este prender y apagar prender y apagar prender y apagar prender y apagar y así, la luz cansada, para jugar arabescos de silencio y olor a pelo con el réquiem de tu sombra, que un rato delirante le hace escucharle a tu sombra verdadera encer/r/ada en la penumbra, e intenta tomar nota como puede, dentro de ese derretimiento de carretillas con manos mojadas.



Agosto cierra su morral, calla detalles y mira a lo lejos mientras empieza a caminar con su ritmo de peregrino eterno. Aprieta un poco los dientes como para sosegar lo que silencia y se decide a seguir viaje sin mirar atrás, pero a la vez con los ojos llenos de atrás. Lleva los pies hinchados de vendas, pinchados por el almanaque, la albahaca y los alcornoques, llenos de polvo de facundia y aullidos lobeznos que habrán dejado su marca /quizá, alguna vez/ en el reverso de los párpados y también de las venas estas azules.



Agosto y sus ramas, agosto y las letras recicladas de una futura marcha fúnebre que por ahora viborita lánguida para muslos y hule, donde huele todo bien. Agosto y agujas, mojones de una acupuntura invisible, que sin embargo…agosto y guijarros para la payanca: la del uno viene hecha justito apenas antes de decirse hola; la del dos con los ojos cerrados, como en los besos cardúmenes de malva, esos herbolarios tortuosos que mejor viveros de mandubés o de carpas; la del tres también, cómo no: pesquisa tenue, torpe, torpedos tentáculos enredados en los vestíbulos de pisos de parqué, pero mejor la del cuatro, a tientas oliendo mientras el hálito de las flores no nacidas todavía y sus semillas de cebolla, laten heredades de plenilunios a la sombra del perfil fenicio…



Antes de la del cinco un recreíto de inundaciones lacerantes que magullen un poco, como para recordar que anduvieron los hormigueros y los nidos, los esófagos y las falanges, los dedos y los dados, los brazos y los vasos con el bazo lleno de humo de tántalo y tarántulas, esas pilosidades para dolores vagos y a veces demasiado malos. Algún sopapo estilo satén o terciopelo, y tu sonrisa pijuda(*) lloviendo mares y mares y mares de mareas mareadas de nácar y alcanfor, apenasmente(-) saladitos pero no tanto, lo justo nomás como para que la lengua descanse de la abeja reina y se vuelva un poco zángana o no tan reptil, ofidio sinuoso y ojo rojo… descansar un poco de fagocitar centurias mientras el túnel de juncos se ensaya a sí mismo como una marisma de pañuelos y sábanas intactas, esas sabanas que las empresas forestales se relamen por talar, hasta de raíz respirar y que lo celeste reverdezca y alverre, ya medio mareado Agosto porque las lingas y las motosierras hacen parar los pelitos de la nuca y del antepecho de sus balcones que sin push up aletargan a más de una plástica planta de adorno que te mira de soslayo como diciendo pero querida qué máquina ruuum ruuummm



(*) ver diccionario please
(-) y los caballos sin zancos aturden al peregrino que llega tarde, aún para los premios, y le toca la cara más fulera de la cuadra, pobrecito


Pero Agosto no, Agosto se queda callado aunque le sea una incontenible, incontinente tortura china multiplicada varias veces por su misma masa logarítmica no mirar. Respira hondo, se tira al suelo y siente en la espalda el buen recibimiento de la f/l/oresta(&) y sus huéspedes, los bichitos hacendosos que planean nuevas rutas y planean bajo, desagradecidamente por parte de Agosto que se concentra en olvidarse de los dientes jugosos de balcones, que se aplica a la tarea

(&) de los yuyos, de la flor esta, de los futuros árboles cuyas semillas lo miran desde abajo reposar sus lunares un buen rato, oliendo a ellos casi

/para no saltar y atacar y matar y nacer y perder ganando, todo al mismo tiempo/



de llenarse los ojos de celeste y la espalda de verde, vuelto una extraña paleta de colores con el torso torvo, mucha cabeza para los hombros, chupetín de bleque y pelota de pelos, sin saber ya si se va a levantar muerto, Hulk o cenicienta del pecho de la abeja, que mientras tanto acumula cajones cling cling cling como hacían los kiwis contra la puerta imperdonable y las vacas se daban vuelta a mirar tanto intercambio comercial que les hicieron saltar los guantes y tener accesos de fiebre famosa hace unos años



Agosto Anguloso y Crescencia Indrémora tomando Baileys o absenta durante los paréntesis de la saña soñada y de la guerra ceñuda desorbitada, despaciosa, el humo manda mensajes que los gusanos entienden y no contestan, el humo huele a hola de nuevo, en los mientras se va el cling cling, vuelve la máquina al ruummm ruuummm y Agosto decide que es hora de cambiar los guijarros por piedritas chinas para retomar la payanga y hacer la del seis, porque la del cinco fue uno en cuatro sin vacas mironas pero mas kiwis, las verdulerías llenaban bolsas de consorcio para el comedor del barrio, las destilerías se esconden junto a toda la sapiencia, que duerme en la iglesia, y a la hora de la siesta no queda ningún negocio abierto /así son los pueblos/ mientras Agosto se prepara otra vez y suelta las ojotas por los aires, qué tanto gregré querida, afiná la motosierra que hay que despachar un equipo de mandrágoras a la frontera y otro de abedules para Socorro, la hermana no tanto tampoco que viene a hacer los pedidos domingos y feriados, siempre ella. A barrenar las barreras del oporto sin oprobio, a salpicar cada senda con viruta. Agosto atesta su morral de aserrín, pero para eso hubo de vaciarlo antes sobre el balcón carnal/oso y esperar el turno de otra ficha para seguir fabricando alces y muñecos de trapo, que invariablemente terminaban pegajosos no de miel ni de linimento, sino de algo superior, de agostidades intrínsecas oliendo mucho mejor que con una buena ducha matinal y desayuno.



Las capas se despegan, se despliegan imantando el aire con su fragancia, y nunca terminan de surgir, ni dejan de/2/-volverse anémonas que cambian de color a medida que los ojos desfilan por cada vereda de sus ventanas, de los cajones de su melaza.



Agosto a cuatro manos ya por la del siete en la payanca silente pero no muda, habilidades de mimo mimoso mimetizado con las crestas del pastizal imperdonable, queriendo encontrar petróleo además de miel. Cada tanto le falta aire, la reina no perdona las caronas y él, que ensilla y estriba y agosta angosto antes que los relinchos despierten a las vacas que siguen masticando lo mismo que ayer. Esto lo hace detenerse a pensar en qué pensarán tanto las vagas vacas, además de en engordar ollas y carpas o adornos, esos ojos no dicen nada señorita, vuélvase a poner su guante mientras seguimos topando esta tundra a mano alzada, sin calzado adecuado ni ropa de protección, que las astillan fecunden garabatos, agostitos y feriados por favor, dame un descanso, perdonáme aunque sea una, reina toposa del trópico rummm rummm, qué combustible para tu máquina que no hace humo pero suena.



Va la del ocho, especial apropiación de pose y pasos, nunca veleidades que lo dejen muchachearlo ni por asomo, ya es más difícil, los ojos cuestan, el aire pesa, las piernas tiemblan y el morral es una incomodidad innecesaria. Queda entonces de almohada para la reina que lo mira atontada por la improvisación de confort, o de escalón en las ancas, o al costado para oler el aserrín recién cortado, su espuma plumas, por favor. A la reina se le agranda la boca y ya los pastos les crecen por encima de las molleras, las vacas miran pero no ven, chau ojotas, manotazo de ahogado al morral, que no se pierda, no te pierdas, que se repitan toboganes sin túnicas esta vez.



Cuesta por las venas que aparecen en la frente, en el cogote, son coyotes comekiwis corraleras comemiel, angustia agostada y ganas de llover, pero ya la del nueve, si hubiera tribunas se harían ricos o venderían miel y cuero de vaca, famosa frutería autogestionada de barrio trasciende a nivel ultramarino, de lejos caen a buscar su postre generales en galenas, goleadores en goletas, cenicientas en cenizas y poetas en saetas cupidicarias al peor postor, nunca joya apenas taxi gratarola pa que se copen.



Vamos por las veredas

porque afuera…

vinimos sin carbón

y volvimos cocinados



Lentejuelas zarigüeyas espejismos tu esperanto

más hablado que la jerga de los ciegos

chorus:

no te espantes sólo dime la verdad

chan chán



Las gargantas no aguantan y se asoma la del diez, Agosto se para al borde de la del diez, la mira la huele; la reina se arroba en su robe de chambre punto com y se pregunta qué mi máquina, qué mi amor, dale que falta para llenar el camión y encima acaba de entrar un pedido de afrecho para Holanda, andan cortos. Sí sí, ya sé, pará. ¿Cómo pará? Sí, pará… cuál de todas las del diez querés: la de Sandro en el Madison nainchin sicstináin; la clásica de Creedence, la de Pink Floyd en vivo o la que yo me aprendí en mi barrio de chiquito?

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a esta altura del relato todo se ha ido al diablo
no hay secuencia posible
al narrador se le mueve el encuadre, pierde foco
y encima está oscureciendo en Acarolandia
todo el mundo a dormir que mañana hay que laburar!
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/228/

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fragor de saña estruja con jalea en tu mirada uno de sus más filosos artificios últimamente



las pupilas le quedan pegajosas, como a nosotros las yemas de los dedos

y las papilas a los gusanos de seda



la furia del amor ha durado tanto como un vaticinio y sus faldas arquean todavía algún

que otro tendón fatal, aquí , allá

a la deriva



la furia del amor ha durado tanto como un vaticinio y la muerte que rondaba definitivamente nos ha empapado sus crines espumantes lejos de las huellas que veníamos gritando a los cuatro vientos; el ocaso sopló ayes a las huellas, y el amanecer se cenó al ocaso antes de que el cenit nos desnudara para despedir a esta mañana naranja



la furia del amor había vaticinado todo lo que ha durado, ahora que las ventanas se quedan cortas de ojos para tanto llanto patas arriba



y nadie llora del otro lado de la ventana

o la noche nomás exhala sus aristas veteadas de jade e inmóvil juerga



quedan todavía los postigos ocres de las piernas brillando un poco sus temblores



el aire es el hilo de muñecos que nos emana, al mirar las pecas del cielo raso

que nos convida amagues de nuestras sombras hasta hace un rato, cuando dejabas que

cupieran mis semillas y te veía empequeñecerme hasta lo imposible



ningún daño más que rastros haciéndose memoria, detalles de las vainas lánguidas que somos para tormentas,



paramedicados,



paracaídas y pirañas,



pararrayos de poros, pulsera persa tu aliento

encima





cuando las llaves sonaron a felpa torpe de frutas mareadas que trasegaban elixires de

mañana

cuando sobraron migas para tácticas del camino propio



y los dedos fueron compases inaudibles inauditos inabarcables

en tus mapas pétreos de tesón y saña



y los dados dijeron su destinumérico de esta nochelo y sus adagios

en tus pomas postre de tazón y savia



decía entonces que el imperio pare sus cálices fértiles

sus vastas ciudades

sus castas concavidades

para que cuando el ecuador llegue a cinco, podamos percutir cada estertor eterno eternamente



y el amanecer despega del sol insaciable el fragor de la saña dos minutos antes

que suene el teléfono y me traiga de las pestañas a intentar armar este rompecabezas



esta renuente certeza que en alguna vida vieja bebimos nuestra sangre una noche de lujuria y fue pacto que nos hace encontrarnos cada vez que nos cruzamos en las vidas nuevas



una noche caliente entre las piedras

mientras renunciamos a que le crezca el pelo al tiempo



y volvemos a intentar armar rompecabezas



volvemos a intentar armar rompecabezas



intentar armar rompecabezas



armar rompecabezas



rompecabezas



rompe cabezas







juntos, ambos, los dos:



engranajes mínimos de la misma maquinaria cósmica



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mano abierta

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no me alcanza



/ni me importa/



la carnosa vacuidad

/sucesión/

de sal y cielo



la mortífera arquetípica

sin tierra

en los talones



ni las monedas de cobalto y sus vertientes



porque hay coronas y derrotas

               despiadadas todavía

         en las noches del morral


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preguntanto

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¿qué nos estalla?







llenarnos las manos de diluvios


hasta las uñas


/ muñecas /


/ codos /






y que el florecimiento de lagos


nos desflore líquidos






la temperatura y el guante


de las copas


algodón crepital


emerger aire






y una conicidad con eco fónico


de farolas a media luz


en los entornos


de tus imperios

a la deriva

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domingo 6am

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sí, está bien,


pero en un rato


cuando pueda respirar






primero convocarme de las sábanas


del aire hormonal, de los cráteres lunares, la tierra,


de las plantas ahí, que nos miran y sueñan su propio canibalismo






dejáme que entre un poco el aire


y me acuerde cuándo soy, quién estoy


dónde somos estos romboides redondeados






sí, claro


después del agua


de ver las aves tragarse el cielo:


como la boca tremenda nos comió a los dos






¿cómo fuimos?






al menos minutos


para sentir las piernas


degustar el olor que sobrevive


y volver acá, una pieza, quinta sed


junto a las encabritadas erosiones de arena






sí, en un momento más


si la nuca se alivia de corriente;


cuando por fin el cielo vuelva a estar arriba


y recuperemos el sentido de todo lo que se ha fugado






bajarse del carrusel


antes que cierren el parque


y tengamos que mudarnos dentro






sí, ya vamos


un segundo más


por unos instantes


no se te ocurra pedirme


que abra los ojos o me mueva






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domingo, 12 de septiembre de 2010

mepalea

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me dejo por la miel




/pausa/



y las esporas hacen lo suyo

en resabios de otoño

que persistían



/púa/



sutil secuela cuesta arriba

por aires cortos

vapor agreste



/paso/



aquí

en el barr/i/o

ante los agujerojos

detrás de las esquivoces

me dejo por la miel
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y casi piel guedejas

cabellera de caballerías

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boceto de buraco(*)

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(*) agujero, hueco, /lunfardo argentino/
/XXIX/
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Cordelia agrega maderos al hogar y se deja pasar por encima por un reloj de arena en la mecedora que heredara; ahora ella también debería ser abuela, pero ningún hombre llegó a colorear sus pómulos a lo largo de las décadas.

Entre todas las peleas, la última la dejó afuera de una oportunidad digna y quizá sea en eso en que piense ahora, mirada absorbida por la forma de las llamas.

Se mece. Mata tantas horas de esa forma que siempre es el mismo momento de antes, que es igual al del día anterior, cuyo anterior resulta idéntico al año de... todos se parecen o se disfrazan del anterior; y así, ad eternum.

Se somete a esa imprecación interna increpándose a sí misma una y otra vez con una calma asfixiante y enjundiosa, sin saber si las respuestas son excusas aparentes o ventanas inservibles.

Percibirse flácida, seca, dejada, intacta irremediablemente, le da asco, pero su cara destila una altanera amargura aristocrática, tan intocable como sus labios o su himen.

Entre los trapos que le abrigan los inviernos austeros /no como antes, y también algo de eso pueda ser lo que hace que las llamas la hipnoticen/ sigue buscando el calor juicioso de la fogata, meciéndose.

Nada queda de aquella espiga que oliera a promesas de cosecha y oro; ni rastro de algo cerca de la idea de hembra. Cada tanto escapa de las llamas y la constante renguera de cenizas, ese crepitar de resinas, le parece cada uno un naufragio, un no, un rechazo de su gracia y de sus primicias, la danza de amagues que nunca entregara por culpa de su padre, de su abuelo, de los escudos de la familia rastreables hasta la sangre misma que bautizara a Henry I.

Amarillo y naranja, algún azul lateral cada tanto, fagocitado por las lenguas del madero. Nunca el rojo orgulloso sobre blanco, la coronación, el quiebre. Nunca máculas, fervor, fulgor, rubor, crúor. Jamás lágrimas visibles tampoco, para bien o para mal.

Cordelia leyendo cartas viejas en cartapacios resecos, mirando macilentos papeles familiares que de alguna manera increíble se salvaron de los saqueos, como ella; increíblemente más deteriorada que las hojas que lee, y a la vez que intacta. Soñaba a veces con instancias de tinta masculina, ser firmada de una vez, la mancha orgullo por fin.

Cordelia muriendo en vida, pulcra hasta en los labios y pensamientos de los demás. En cambio su boca no puede ya exfoliar sonido alguno que le pertenezca, ni estirar los labios a fuerza de buenos recuerdos; quizá por eso se le ajaron prematuramente. Se odia con podredumbre de semilla vana.

El único lazo es la cadena de plata que no muestra, corona para los días que le retumban en el pecho a grito suelto de lo que no fue. Todo se quedó a metro y medio del fuego de la carne, como ella, que fantasea curarse con las llamas para encontrar los testamentos desaparecidos.

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sábado, 11 de septiembre de 2010

sabbath

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/XSE/
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     pero no, literatura no es geranios ni panes con pedigree, apenas un hachazo en el pecho, un autohachazo que derribe los yuyales de palabras mal dichas y peor vistas a la hora en que no queda nada

                      /pero nada nada nada nada, eh/

                                                                                                                                     y no más que salir a oler a tientas sinsabores y pedruscos desplazados por la lluvia ya olvidada, cuando cada pájaro ha guardado sus encierros en las tejas de terrón, y entre metales azules se nos convida algo intangible y emplumado

     había dicho que el suicidio de las estufas, y pájaros en vez de ventiladores obturados para nada, para nadie... entonces ni geranios ni lombrices, ni esta seda incolora entre lengua, paladar y perorata, buscando añoranzas entre un surco marcado por los carros estivales de las jaurías furiosas y embanderadas vigilias de cartón a contrapié

      ves apenas la vertiente viniendo y ya vas volando a enverdecerte sin saña ni señas, la cara te queda con los sellos de las fustas vivas o por lo menos coloradas a causa de los sueños de metal... cinglados todos tanto comer cingiberáceas, los vidrios rotos por todos lados: ¿en qué momento?

      sin darnos cuenta que habíamos despegado en la danza oxigenada y megalítica, ninguna palabra acababa de decirse, apenas los rebordes, los borrones, los bocetos, microbios de algo que no necesita ser dicho porque corre paralelo a la piel, porque entonces las palabras duermen en sus jaulas y nos miran alimentarnos de veras a vida pura, con cataplasmas de sus abuelos orientales llegados en plena noche vamos llegando a los resabios septentrionales del ocaso, del fracaso, del Parnasso, de los frascos, y cuando nos damos cuenta y por azar abrir los ojos nos pasa, estamos rebalsados resbalándonos en los elixires recientes, exquisitos, ay

     pero no, tampoco ésto, no...

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      HOY

... estoy contento...


                                        y quería dejarlo anotado en algún lado


                                                                                    .   .   .    o    en    el    agua   .   .   .





 
     hoy


               sí


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sábado, 4 de septiembre de 2010

q 21

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tomar el camino que aleja de las hiedras


justo antes del abismo, doblar


y parar para tomar agua


del bendito cráter


con tu olor






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