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sábado, 24 de julio de 2010

bendito y maltratado espacio

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entrada importada y conservada intacta del espacio original, junio 2009
intento de rehacer el bautismo del espacio y posterior edición impresa.

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Antes de empezar, diré que esta entrada sería de ayer. Por una maldita costumbre reincidente (sí, hoy también hago lo mismo) no boceteo en word lo que están viendo aquí; esto mismo es un borrador automático y sobre la marcha, así, sin censuras ni pulidas previas. Y es más actitud que táctica este ir viendo lo que sale solo, sin una claridad anterior que la determine ni circunspecte. Entonces trataré de recordar lo que decía ayer, que es lo mismo que decir hace milenios.


Le hablaba a este espacio, a la mismísima Bitácora del Ácaro Náufrago, entraba en sus territorios preguntándome si tal vez no me odiaría un poco cada vez que me observaba volver gris y cabizbajo y de rabo caído a su rectángulo endeble y mal iluminado, a esta suerte de bar a la vuelta de una muy lejana esquina del tiempo, un anacronismo inasible y desdibujado.

No se queja explícitamente, claro, pero su forma de mirarme al volver después de tanto hace pensar si no se sentirá un poco usado, un poco una puta amarga y bastante poco complaciente. Pienso... en seguida se me ocurre que a nadie más vuelvo así, como si nada hubiera pasado desde la última lejana vez, como debería ser siempre. Y ese pensamiento es más evaluación propia que excusa a sus mudas recriminaciones, a ese encono tácito y desafiante.



Rodeo la mesa a la que se sienta, la única de esa opacidad rectangular, a veces abovedada, y respiro hondo para resetearme, un intento de empezar de cero, de hacer de cuenta que la montaña de muertos que se nos interpone no es más que un arabesco, una cortina que el tabaco dibuja condensando lo espeso de la escena con algo de incendiado, de mal sueño.

Respiro hondo y da resultado, cambio el aire y lo que pensaba. Vuelvo al principio de esta relación y me doy cuenta que nunca le hablé de frente sobre su génesis, de esta impensada aparición que ahora, barbuda, me mira sin entender.


En realidad primero fuiste soledad y dolor, algo que luego quiso llamarse naufragio, le digo. Rebolea la mirada, hace cara de ya saber lo que se viene y estar cansado de volver siempre a lo mismo... le digo que espere, que nunca supo como...


Después empezaste a ser una especie de... testigo, el único. La suma de esos dos estados interiores trajeron la noción de bichito, de poca cosa fugaz y aérea con connotaciones de plaga, de mal visto, de molesto y triste y sobrante, como quiste.


Anduviste bastante flotando, existiendo a tientas y un poco por las tuyas, nomás.



- Veo que la versión impresa no es igual a mí ¿Por qué?



Te estás adelantando mucho, le digo, y es como si en un remanso, los restos de los muertos comenzaran una extraña coreografía de abulia, a hacerse sentir allí.



- Sigue habiendo tanto occiso, no?



Te decía que primero naufragio, un crujir inevitable y doliente, sobrino de la muerte. Después, roído de tanta... cómo llamarla?

                                Compulsión, necesidad, naturaleza?

Un cronista de papel, así de importante y de grotesco a la vez. Un muñequito de migas sancochadas en que se presienten iracundos gusanos, pero no por eso menos reales.

Al tiempo como que esa estridente fetidez informe se coaguló /bajo leyes poco claras, desconocidas... no, desconocidas no: ignoradas/  en una criatura incierta y extraña.



Me levanto a poner música en el tocadiscos vetusto y grave, hago una lista que dure hasta que por fin el sueño venga a rescatarme alguna vez. Hay de todo un poco. Me ahorro la procesión de nombres para acortar el relato.


El resto fue tan fortuito como antes. Esa manía lúdica de sonidos y palabras. Primero náufrago, sin dudas, contundentemente soledad e incomunicación y encierro. Había asomado una esdrújula, una rata asquerosa y bigotuda desde alguna hendija de ese antro, que no miraba a nadie, pero se movía nerviosa y tan sigilosa que daba arcadas su temblequeo de hocico peludo y mugriento.

El testigo hace constar. Tu endeble condición, tu poca cosa, tu aspecto de papelito poco entre tanta tridimensión pesada y descolorida sonó a papel, a hoja ajada, a una debilidad que no podía durar tanto, entre tanta gravedad pendenciera y no estoica.


Como ya eras náufrago, te volviste además bitácora, testamento, teatro negro y vomitivo y carnal, en el peor sentido, una carne sin piel y llena de llagas, de pus, de mierda o de algo en ciernes de rotunda podredumbre.



- Pero yo no soy así. De ninguna manera soy eso...



El beso al vaso opaco al mismo tiempo, funcionó como una campana de ring out hecha de silencios, de respiros que buscaban desesperadamente algo de aire verdadero, hubo en la mirada alguna sombra de vergüenza, de respeto, de hermandad o condolencia.

Para cuando ya eras claramente náufrago y bitácora, dos en uno, oferta que nadie quiere, apestosas ratas siamesas crecidas que a cualquiera espantan, como que la ironía se había despertado de una siesta de meses y entreveía esta triste decadencia bajo lupas no desapegadas pero ya ajenas, otra cosa, la independencia de la rata que se consigue su propia mugre y a nadie debe rendir cuentas.

Como que las ratas de alguna manera se hacían respetar, sobrevivían dentro de la decadencia, emergían desde... no, al revés: todo lo demás se colaba a sí mismo impreceptiblemente  por un embudo enorme de días y obligaciones y las ratas seguían estando, pero la costumbre, o ese mismo trasmutar, la mostraban diferentes a la mirada.

Había dos esdrújulas ratas que en algún momento, de alguna manera, dejaron de serlo.

Raro que al acreditar mayor dignidad perdieran tamaño y negatividad y repulsión.

Un ácaro, un germen invisible, una cosita mínima que persistía en aquel entorno.



Pudo haber sido gusano, y lo es un poco, cualquier insecto, pero las ratas eran esdrújulas y la aliteración es casi natural, de la mano de la cacofonía... bitácora del ácaro, hubo un par de alternativas parientas de anagramas: yo, bitácora del ácaro tibio, /pero la palabra YO pesa demasiado/ y otras más, muchas impresentables que prefiero obviar por ahora.

Me reía de mí riéndome de vos... ya estaba. Y te bauticé entonces. Fui capaz de tomarme un poco más en broma. Cerré el círculo de solemnidad orinándome en ambos dibujos informes y tibios y sucios y propios y reales, tan innegables. Fluídos, sobras, escándalos sociales que se escurren por los cimientos de la hipocresía y se tapan con fragancias petiteras, con aromas de mentira plástica.



- Eso es todo? La historia de mi nombre no dice nada sobre mí.

- Qué nombre dice algo sobre uno? Un nombre suena y ubica un concepto abstracto, desigual, diferente, subjetivo, variable según quien lo diga, a cada uno le va a sonar a cosas distintas un mismo nombre.



Algo de distensión en el ambiente. Un suspiro hondo de aceptación, o de duda, o de aplazo.



Volvimos a beber, a oír la música y detrás los muertos diseccionados seguían, un poco más en calma, sus pasos pataduras de ese baile que exhalaba inaptitud y carencias.



- Ha pasado un tiempo... qué va a ser de mí?

- Seguiré volviendo cada tanto, si se dan las cosas... para qué planear?

- Pero no puedo salir de acá

- Acá está todo lo que necesitás... qué más querés!

- No te pongas nervioso. Ya sabés lo mal que caen tus arranques

- No jodás, bicho. No veo nada de malo. Este es tu lugar, tu hábitat, tu vientre

- Pero para andar mostrándome por ahí, bien que me bañaste y me vestiste y me adornaste, no?

- Vos sos el verdadero. Lo otro es un fantasma, no puede declarar ni defenderse

- Puede hablar de mí. En realidad, lo único que hace es hablar de mí!!!!



Intento explicarle. Al cabo de un rato que sudó en la frente y en las palmas de las manos pareció entrar en razón, aflojando un poco el ataque y mis defensas descansaron.



- El que entre a verme, aquí, podrá notar la diferencia. Sabrá que no soy ese

- Ese, como vos decís....


Pero ya sé que lo hace adrede; entiende bien pero intenta retenerme... acepto resignar otro rato como si no me hubiera dado cuenta de su juego y me relajo.



- Vos sos vos. Estar acá es verte a vos, contacto directo. El otro es como escuchar hablar de vos, un recorte, alguien que intenta delimitarte con sombras y aproximaciones imprecisas, algo así... un anticipo de vos, un fantasma tuyo

- Un fantasma medio mentiroso...

- No es menti...!

- Ya sé, che... te estoy jodiendo

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y desde entonces el bichito anda suelto por ahí. Vive? Quizá sí.
Evoluciona como ya se sabe: de a ratos artefacto nada, unicelular,
cada tanto algún instante dragonauta íntegro,
perdido dormido corto refrito roto mal pero mal mal mal en las virtualidades del ciberespacio,
latiendo en la sangre del mal padre, abierto a la peor disección posible,
durmiendo en los recuerdos de alguien cada tanto,
respìrando opacidades bajo la vaga delicuescencia de los injertos recientes
de vides y nosferatus.
El pasaje de ida a la nada, ida y vuelta gratis sin regreso, círculo vicioso.
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